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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2019

Uruguay
Usos y abusos de los juegos demcratas: entre nacionalismos y chovinismos el gran abrazo

Eduardo Camn
Rebelin


Nunca como hoy la cuestin de la democracia ocup un lugar tan destacado en las luchas polticas y sociales de Amrica Latina. La reciente contienda electoral en Uruguay, nos deja algunas enseanzas para reflexionar profundamente sobre los usos y abusos de la democracia, en ese profundo desuso de la ideologa, que se podra resumir como una derrota (la izquierda) con sabor a triunfo y un triunfo con sabor a derrota (la derecha).

Es as que, en ese vale todo, el tiempo del hombre poltico actual parece destinado a reducir a fogononazos efmeros los esfuerzos tendientes a instaurar rdenes de convivencia, que se suean para abarcar los grandes ciclos histricos, ignorando aquellas enseanzas de que los hechos sociales slo cobran valor en su conjunto, segn el ritmo que la medida del tiempo define y dosifica.

Una visin de la democracia con sus reglas de juego electorales se ha puesto en marcha sin contar con los que esperan. En poca de globalizacin, no es el tiempo quien aguarda a los hombres, sino los hombres quienes han de buscar la ocasin de montar en marcha el tren electoral del tiempo democrtico. La argumentacin claro est, se basa en las concepciones de democracia en general sin precisar su caracter clasista.

Un hecho puede ilustrar nuestra argumentacin. Cuando asistimos a un encuentro entre militantes de las fuerzas en contienda de centroderecha y centroizquierda que entre banderas partidarias y smbolos patrios se fusionaron en un gran abrazo, cantando a viva voz el himno nacional, este significativo hecho tuvo una lectura sesgada a travs de las redes sociales.

Pero creemos que plantear as el problema, fuera de las clases sociales, pretendiendo considerar la nacin en su conjunto, es sencillamente denegar su propia historia. Por eso la defensa que se hace de la democracia burguesa por medio de discursos, gritos y lgrimas hipcritas no hace ms que defender al reformismo burgus.

La innovacin, como ansia, exigencia, o consecuencia de toda accin poltica ha de contar con la novedad. Sin embargo, el tren del tiempo democrtico, arrastra los vagones del desarrollo, progreso y realidad, pero pensar los posibles vnculos de unidad entre democracia y desarrollo obliga a definir claramente el proyecto social y los postulados ticos-polticos a las que obedece.

Si adjetivamos el desarrollo como democrtico estamos manteniendo una concepcion de la sociedad y la accion poltica fundada en los valores constitutivos del ser humano.

Pero hablar de democracia implica como supuesto necesario plantear el tema de su capacidad de audeterminarse, es decir, de fijarse sus metas en libertad, atendiendo las exigencias de sus pueblos. Por lo tanto es evocar el tema de la dependencia en que se encuentra l regin en el plano del capitalismo internacional, y conduce por ello mismo a entender la lucha por la democracia en tanto que lucha por la liberacin nacional.

El desarrollo en su conjunto de esferas que lo constituyen, es decir, lo poltico, lo social, lo cultural, lo econmico, es un todo indivisible y slo si entendemos la democracia como el fundamento que explica, da sentido y orienta el desarrollo humano podramos construir un proyecto democrtico. De no ser as, se produce un castracin en la concepcion terica y en la puesta en prctica de la misma como opcin poltica.

Desarrollo y democracia son complementarios si se mantiene el contenido de ambas categoras y se piensa en ellas sin limitar o reducir su explicacin. Si eliminamos los contenidos polticos, sociales econmicos o culturales del desarrollo y de la democracia, nos encontraramos con conceptos que pierden su significado.

La teora del desarrollo capitalista contempla la democracia como un factor dependiente del crecimiento y amplitud del mercado y del acceso de los ciudadanos al llamado consumo de masas de una sociedad.

En realidad el desarrollo para el capitalismo, es democrtico cuando las grandes masas de la poblacin pueden acceder sin ms restricciones que las de su vala personal a los beneficios del progreso : cuando se generaliza el derecho al crdito y se puede consumir y mantener un mnimo nivel de ahorro para tiempos de crisis; cuando el proceso de crecimiento econmico es lo suficiente estable para favorecer la negociacin de sueldos, salarios y mejoras en las condiciones de trabajo y creacin de empleo, es decir cuando hay cierta estabilidad.

El gobierno del progresismo uruguayo, condicion en parte- su funcionalidad, a la doctrina de transformar el desarrollo al servicio del desarrollo econmico como bsqueda de la eficiencia en el consumo y el mercado. De esta forma la democracia transfiere as su existencia a la esfera econmica desde la cual queda definida como factor destinado a potenciar dicha eficiencia, perdiendo toda su vitalidad poltica.

La nueva poltica econmica de Uruguay ser mas de lo mismo. Tal vez en lo que atae al liberalismo la burguesa nacionalista lo toma como arma para privatizar en su beneficio el capital social an en manos del Estado y limitar la capacidad de regulacin de que dispone el Ejecutivo, ya sea transfiriendo partes de las atribuciones al Parlamento, ya sea apropindose ella misma de la otra parte en nombre de los derechos sagrados de la iniciativa privada.

Bajo este principio de explicacin, el desarrollo es un continuo proceso de mejoras en la racionalizacin del mercado y el grado de consumo de la poblacin y la democracia el procedimiento poltico que hace posible su existencia.

La identidad generada entre democracia y mercado capitalista favorece el establecimiento de las doctrinas que idelogicamente contemplan el subdesarrollo como etapa previa en la construccin de una economa de mercado.

Los eufemismos pases en desarrollo o emergentes o procesos de modernizacin no es ms que filantropa occidental que potencializara a su maxima expresin la bofetada de la miseria. La crisis del capitalismo no disminuye, se multiplica exponencialmente, amenazando con destruir ya no la clase trabajadora sino a todo el planeta, su cultura y su civilizacin.

Pero sabemos que no ser en el marco de las actuales tendencias, que aunque sean necesariamente opuestas en el plano general de lo ideolgico, se hacen compatibles con los diversos aspectos particulares del ejercicio poltico, de la democracia impidiendo la respuesta necesaria bajo el manto adulador del inters nacional, cmplice de la prevaricacin que justifica las irresponsabilidades del aparato de Estado.

Eduardo Camn. Periodista uruguayo, corresponsal de prensa de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, www.estrategia.la)

http://estrategia.la/2019/11/28/usos-y-abusos-de-los-juegos-democratas-entre-nacionalismos-y-chovinismos-el-gran-abrazo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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