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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2019

Acuerdo antidemcratico

Felipe Portales
Rebelin


La aspiracin mayoritaria de la poblacin de obtener una Constitucin democrtica a travs de una Asamblea Constituyente, que pueda iniciar un profundo proceso de transformacin del modelo econmico, social y cultural legado por la dictadura, se ver nuevamente frustra- da, de confirmarse los qurums establecidos en el acuerdo negociado por parlamentarios de la derecha y de la ex Concertacin. En efecto, el qurum de dos tercios exigidos para que la Asamblea apruebe sus textos significa, en la prctica, que la derecha minoritaria va a imposi- bilitar el establecimiento de una Constitucin que pueda fijar los marcos para una democrati- zacin del conjunto de la sociedad que ella impuso a travs del rgimen de Pinochet. En defi- nitiva, con aquel qurum, nada que no quiera la derecha quedar en la nueva Constitucin.

De este modo, se har muy difcil, sino imposible, que en el catlogo de derechos se establez- can diversos derechos econmicos y sociales. Seguramente, la derecha no aceptar, por ejem- plo, reconocer en la Constitucin el derecho al trabajo o a una compensacin digna en caso de no poder obtenerlo. O que el derecho a la seguridad social se estipule de manera de tener que sustituir las AFP, al excluir un sistema de simple ahorro forzoso de capitalizacin individual ad- ministrado por instituciones privadas; y de terminar con los privilegios de que disfrutan las Fuer- zas Armadas y Carabineros a este respecto. O que el derecho a la salud se garantice a travs de un sistema universal pblico de salud, sin perjuicio de que existan proveedores de atencin de salud privados.

Ser muy difcil tambin que la derecha acepte definir los derechos laborales de forma tal de impedir la sistematizacin del trabajo precario o su tercerizacin, con lo cual se eluden en mu- chsimos casos las obligaciones previsionales de los patrones o se sobreexplota a los trabajado- res; o la definicin de los derechos sindicales en lnea con los Convenios de la OIT que el propio Estado de Chile ha ratificado. Tambin ser muy difcil que acepte la estipulacin de un efectivo derecho a un medio ambiente libre de contaminacin, que impida la existencia de zonas de sa- crificio; o establecer una efectiva funcin social del derecho de propiedad, estipulando que, por razones de bien comn, y a travs de la ley, se puedan efectuar formas de expropiacin de bienes con pagos diferidos.

Menos aceptar la derecha estipular como una de las funciones y deberes fundamentales del Es- tado en lugar de un carcter subsidiario- el de generar las condiciones -a travs de una planifica- cin indicativa y de estmulos tributarios, crediticios, arancelarios y de diverso orden- para un de- sarrollo cientfico-tecnolgico y una industrializacin de nuestras materias primas, con efectivos sistemas de vigilancia pblica para impedir que dichas actividades se manchen con formas de co- rrupcin. Y tampoco aceptar que se establezca un dominio del Estado del agua y de los yacimien- tos mineros, sin perjuicio de su explotacin o uso por parte de privados a travs de concesiones administrativas; o en sociedades mixtas con el Estado.

Por otro lado, difcilmente aceptar la derecha reconocer constitucionalmente a los pueblos ind- genas y sus derechos especficos, en concordancia con los tratados internacionales en la materia. O establecer el plebiscito como una forma de resolver los conflictos sobre reformas constitucio- nales entre los poderes Ejecutivo y Legislativo; o de aceptarlo como iniciativa de accin pblica por un nmero significativo de ciudadanos. O terminar con las atribuciones de virtual superpoder que tiene actualmente el Tribunal Constitucional. Tambin ser muy improbable que la derecha a- cepte quitarle la autonoma operacional de que disfrutan las Fuerzas Armadas y Carabineros, pese a la pattica experiencia sufrida recientemente por el gobierno de Piera al respecto. Por cierto, ste no constituye un listado exhaustivo de las cosas que la Constitucin no podr incluir, debido al poder de veto que tendr la derecha en la Asamblea, de mantenerse el qurum de los dos tercios.

Evidentemente que este qurum repugna a lo esencial del concepto de democracia de que las mayo- ras son las que deben tomar las decisiones que comprometen al conjunto de la sociedad. Por esto es que virtualmente todas las Asambleas Constituyentes del mundo han operado bajo el principio de mayora. La excepcin que se ha mencionado al respecto es la de Sudfrica, en el que el tratamiento de siglos de la minora blanca a la mayora de color fue tan brbaro e inhumano, que gener un terror de aquella de quedar entregada a la mayora, de tal modo de condicionar el fin del apartheid a com- partir el poder, al menos por un cierto tiempo. Pero, llegar a sumarnos a la excepcionalidad sudafricana, revelara una bochornosa concepcin de nuestro pas. Es cierto que nuestra historia ha sido tremenda- mente autoritaria, racista y clasista; estando muy lejos del mito democrtico con que se nos ha infatua- do desde pequeos. Pero, de all a irse al otro extremo, y de plantear que aquella ha estado al nivel de inhumanidad de Sudfrica es demasiado! Adems, que revela una gigantesca mala conciencia de nues- tra clase alta

Por otro lado, es loable querer que nuestra Carta Fundamental sea lo ms consensual posible e, incluso, estipular normas reglamentarias que estimulen aquello, pero no socavando el esencial principio demo- crtico de mayora! En este sentido, podra perfectamente estipularse que, en principio, deberan darse por aprobadas todas las disposiciones que obtengan al menos los dos tercios de los asamblestas en ejer- cicio. Y que respecto de las disposiciones aprobadas por mayora absoluta pero que no alcancen los dos tercios, se deje abierta la posibilidad de que la minora apele al pueblo -el real soberano, en definitiva!- para que este ltimo resuelva en un plebiscito ratificar la postura mayoritaria de la Asamblea, o aprobar la propuesta respectiva de la minora.

Adems, no se ha reparado que siguiendo la lgica de los dos tercios, las disposiciones relativas a las re- formas constitucionales en la nueva Constitucin debern establecer que cualquier modificacin de sta requerir tambin de los dos tercios. Y que la ex Concertacin tendr que allanarse a ello ya que, de lo contrario, no habr norma sobre ello! Y evidentemente ningn texto constitucional puede ser aproba- do sin que incluya una norma respecto de sus eventuales modificaciones futuras

Pero este qurum de los dos tercios no slo es antidemocrtico, sino tambin absurdo, en la medida que podra dejar una Constitucin mutilada, respecto de materias propias de ella sobre las que no se alcanzacen acuerdos con dicho qurum. Es por ello que constituye un elemento esencial de la tcnica jurdica respecto de rganos colectivos, que contemple todas las eventuales conformaciones de opinin en orden a obtener finalmente una decisin colectiva.

Asimismo, el planteamiento hecho por algunos asesores constitucionales de la ex Concertacin, en or- den a que las materias que no obtengan resolucin en la Asamblea, podrn ser aprobadas posteriormen- te por los congresos por simple mayora, no es efectivo. Generalmente estas materias tambin estn cu- biertas por las leyes orgnicas constitucionales vigentes (que continuarn como estn mientras no sean explcitamente modificadas!) cuyo qurum es de 4/7, salvo que este sea modificado por la Asamblea; ob- viamente, con el acuerdo de los dos tercios

En definitiva, el acuerdo constitucional concordado entre la derecha y la ex Concertacin (y al que se su- maron algunos partidos del Frente Amplio, hecho por el que se provoc la fractura de ste!) es antide- mocrtico, puesto que no permitir que las grandes mayoras populares que desean un profundo cambio de nuestro sistema poltico, econmico y social, puedan obtenerlo; de mantenerse el infausto qurum propuesto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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