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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2019

A vueltas con el federalismo

Llus Rabell
Blog personal


El pasado viernes, 29 de noviembre, se celebr en Barcelona un interesante encuentro, organizado por la asociacin Entesa Federal. Su presidente, el sindicalista Llus Torrent, invitaba a reflexionar sobre la situacin en Catalunya, as como acerca del papel de las izquierdas y la vigencia de la perspectiva federalista. El debate cont con una ponencia de la diputada Eva Granados, portavoz del grupo parlamentario PSC-Units per avanar, que abord centralmente la relacin entre esa situacin, en su vertiente ms social, y los efectos del procs. He aqu las notas de la intervencin que, por mi parte, tuve ocasin de hacer, tras agradecer una iniciativa que, sin duda alguna, merecera ser replicada por los distintos agrupamientos federalistas que empiezan a florecer en localidades y comunidades autnomas.

Pocos discuten ya esta evidencia: Catalunya se halla inmersa en una severa crisis poltica, institucional y social. Los consensos y parmetros que rigieron la vida de la sociedad catalana en los ltimos cuarenta aos han quedado profundamente agrietados. El proceso independentista ha abierto en canal aquel catalanismo que ampar durante todo un tiempo los principios de unidad civil y convivencia democrtica. Unos valores singularmente acuados por las izquierdas en la lucha contra la dictadura y durante la transicin. El catalanismo, en su vertiente ms popular, se caracterizaba, junto a la defensa de una lengua y una cultura maltratadas, por su voluntad social integradora, al tiempo que representaba el compromiso con la construccin de una Espaa democrtica y de clara vocacin europea.

Es cierto que la derecha nacionalista, liderada por Jordi Pujol, tuvo que aceptar de modo formal y por la fuerza de las cosas esos postulados. Aunque nunca dej de sembrar la semilla de una catalanidad herderiana que ha eclosionado impetuosamente con el procs. Y siempre mantuvo una visin patrimonial sobre las instituciones catalanas. Todos recordamos a la inefable Marta Ferrusola exclamando Es como si nos hubiesen entrado a robar en casa! ante la llegada del tripartito de izquierdas a la Generalitat. Sin embargo, hace apenas unos aos hubiese costado imaginar la degradacin que han alcanzado las instituciones de autogobierno. Esas instituciones protagonizaron algunos de los recortes antisociales ms crueles de toda Europa durante la ltima recesin; fueron escenario de una indita violacin de la democracia poltica en otoo de 2017 y hoy permanecen sumidas en la inoperancia, mientras el pas empieza deslizarse por la pendiente de la decadencia.

Pero no habr marcha atrs. Las causas que nos han llevado a esta situacin son mltiples y poderosas. Y tienen que ver con los cambios inducidos por la globalizacin. Para entender lo que nos sucede, conviene que nos acostumbremos a considerarlo como una expresin local, especfica por cuanto se refiere a sus rasgos nacionales, de las grandes evoluciones y tendencias que se desarrollan a nivel mundial. En lo que hemos dado en llamar el procs encontramos la combinacin de distintos factores. En primer lugar, los desajustes del modelo territorial, con la retroalimentacin entre la pulsin centralizadora del nacionalismo espaol y un nacionalismo cataln excluyente que rompa el molde del catalanismo y el impacto de la crisis econmica mundial sobre una sociedad que se hallaba ya en plena transformacin. El procs y su deriva nacional-populista no se explican sin la entrada en ebullicin de unas clases medias que han atisbado con angustia su declive. No se equivoca Tomas Piketty cuando identifica esa dinmica como un movimiento de masas dentro de una de las regiones ms ricas de Europa en pos de una salida insolidaria al trance general de las naciones postindustriales.

Pero hay tambin otros factores. Dos de ellos tienen particular inters para nosotros: la crisis de las izquierdas y la implosin de la representacin poltica tradicional de las clases acomodadas. La crisis de las izquierdas en un sentido amplio, referido a partidos, sindicatos de clase, movimientos asociativos, etc., se ha traducido en un debilitamiento y en una evidente prdida de liderazgo. Ello resulta de factores histricos el hundimiento de las utopas del siglo XX y la consiguiente hegemona neoliberal -, as como de las transformaciones en el mundo del trabajo y en todos los mbitos de la vida social y cultural. Esas mismas fuerzas han determinado tambin toda una serie de desplazamientos por arriba.

La vieja burguesa catalana que tuvo su representacin ms conocida en los industriales textiles es historia desde hace muchos aos. Las grandes familias han globalizado sus negocios o actan como comisionistas locales, asociados a grandes inversores. Una fuerza como Convergncia, en quien esas lites reconocan a su interlocutor natural, se ha ido deslizando hacia la identificacin con las clases medias altas y la mesocracia de la administracin pblica autonmica. De manera acelerada en los ltimos aos, los cuadros han estado substituidos por activistas y la poltica reemplazada por relatos. La atmsfera se ha ido contagiando de la zozobra y, por momentos, la exasperacin de la pequea burguesa. Los prohombres han desertado instituciones emblemticas un puado de agitadores de la ANC ha sido capaz de asaltar la Cmara de Comercio de Barcelona. Los mismos grandes empresarios que vieron con distante simpata el giro de Artur Mas hacia el independentismo, cuando la irrupcin del procs permiti neutralizar la conflictividad social, se apresuraron a trasladar las sedes de sus compaas cuando la situacin se descontrol.

En ese contexto, donde proliferan aprendices de brujo, charlatanes y aventureros, y en el que se han desatado energas que acaban por tener vida propia, ERC ha credo llegado por fin el momento de convertirse en la nueva gran fuerza nacional, capaz de vertebrar y liderar Catalunya. Lo cierto, sin embargo, es que ERC, partido de las antiguas y modernas menestralas, est condenada a la subalternidad por razones congnitas, oscilando siempre entre la bravuconada y el miedo ante su propia audacia. En ltima instancia, o bien es subyugada por el nacionalismo conservador, o bien se ver empujada a pactar con la izquierda social hoy por hoy, muy lejos an de poder revertir la situacin del pas. La lucha inacabable por el poder y la hegemona del campo soberanista entre posconvergentes y ERC ha determinado la dinmica enloquecida que hemos vivido, as como el actual bloqueo y desprestigio de las instituciones.

La situacin ms flagrante y potencialmente ms peligrosa se dio en otoo de 2017. La Ley de Transitoriedad, votada el 7 de septiembre en el Parlament, fue la nica propuesta articulada que lleg a formular el independentismo acerca del Estado que aspiraba a construir. Y el modelo esbozado fue el de una Repblica autoritaria que representaba toda una regresin democrtica en relacin a la monarqua parlamentaria espaola. Una Repblica, la de Puigdemont, destinada a subsistir, en el mejor de los casos, como semiparaso fiscal, un juguete en manos de los mercados financieros y las intrigas de las grandes potencias. Los contactos entre hombres de confianza del president y supuestos allegados de Putin, entrevistas en que se habra evocado un intercambio de reconocimientos el de la independencia de Catalunya contra el de la legitimidad de la anexin de Crimea por parte de Rusia -, son reveladores de los delirios de grandeza de estos dirigentes provincianos. Pero, al mismo tiempo, de su impotencia, doblada de irresponsabilidad.

En ese sentido, el mayor dao del procs ha sido el que ha sufrido la sociedad catalana, cuya actual divisin, de hacerse crnica, podra derivar en una fractura comunitaria difcilmente reversible e incluso en enfrentamiento civil. Ante el riesgo de una nueva recesin, cuando an sangran las heridas de la anterior crisis, con una desigualdad agravada y unas bolsas de pobreza enquistadas, la inoperancia de la Generalitat resultara toda una amenaza para la democracia, si la ira social y la frustracin enarbolasen banderas identitarias.

Qu hacer?

Slo las izquierdas en un sentido amplio ese amplio espectro que va desde la socialdemocracia hasta el espacio de los comunes pueden declinar el conflicto en trminos polticos y no emocionales, articulando finalmente una salida. Un gobierno progresista de coalicin en Espaa sera el primer paso. Seamos conscientes, no obstante, de lo que cabe esperar de ese gobierno, si finalmente llega a conformarse. En un plano econmico, social y medioambiental, difcilmente podr ir ms all de atenuar las desigualdades, iniciar el camino de la transicin ecolgica y preservar o restablecer derechos en materia de igualdad, de servicios pblicos o de capacidad negociadora de los sindicatos Los mrgenes de maniobra se vislumbran estrechos bajo la frrea disciplina fiscal de Bruselas y en el marco de una economa que, an creciendo en trminos de PIB, empieza a emitir seales de desaceleracin. No hay que subestimar el peligro de que, si el gobierno de izquierdas no consiguiese mejoras perceptibles en la vida de la ciudadana, la extrema derecha, tras irrumpir con fuerza en el Congreso, trate de alzarse como portavoz de los desamparados.

En el plano territorial, ese ejecutivo debera actuar sobre todo como un gobierno de distensin. No hay solucin, a corto y medio plazo, para el conflicto cataln. Sin embargo, dentro del propio marco constitucional, es posible adoptar medidas beneficiosas para la gente. Hablamos de financiacin autonmica, de inversiones estatales, de proyectos como el corredor del Mediterrneo Pero tambin de competencias recortadas por la sentencia del TC sobre el Estatut, susceptibles de ser recuperadas por va de leyes orgnicas. Sabemos que un dilogo fructfero no ser efectivo hasta encontrar una salida adecuada a la situacin penal de los dirigentes independentistas condenados por el Supremo. Se trata ahora de generar un clima que permita abordar esa cuestin. Y desde luego no va ser fcil, bajo el fuego cruzado de la derecha y de Vox, por un lado, y de Puigdemont y la CUP, por otro. Reunir ERC el valor necesario para resistir a esas presiones y soportar la acusacin de traicin? Hoy por hoy, la investidura de Pedro Snchez est en manos de ERC. Y es evidente que el fracaso de esa opcin nos llevara a un escenario repleto de amenazas. Pero, esa es slo la foto fija del momento. En clave de futuro, lo determinante ser la capacidad de entendimiento de la izquierda social y federalista.

Y esa debera ser una apuesta estratgica. No nos cansaremos de repetirlo: la clase trabajadora constituye un terreno lo bastante amplio y frtil como para sostener diferentes proyectos de emancipacin. Pero la relacin entre la socialdemocracia y la izquierda transformadora debe ser la de una competicin virtuosa: los debates, legtimos y necesarios, deben perseguir la movilizacin de los respectivos espacios y el incremento de la politizacin general de la ciudadana sin hipotecar la unidad de accin.

La crisis del modelo territorial es buena prueba de ello. Los cambios slo pueden ir en el sentido de una involucin centralista o en el de una reforma federal que d acomodo a la diversidad nacional y lingstica de Espaa. Distintas objeciones son posibles a la perspectiva federal. La principal es sin duda que una reforma de la Constitucin que, entre otras cosas, transformase el Senado en una cmara de genuina representacin territorial requerira amplios consensos que hoy se antojan imposibles. Y es cierto. Una reforma federal no puede basarse en la voluntad de las izquierdas, exige un pacto de Estado con otras fuerzas. Pero, por lejana que aparezca esa perspectiva, slo fijndola en el horizonte podemos orientar nuestros primeros pasos. Y hay que echar a andar. La transformacin federal de Espaa no se producir de un plumazo, de la noche a la maana, como una mutacin del Estado, sino por acumulacin de reformas parciales y prcticas administrativas, generando una cultura federal en el seno de las instituciones y en la conciencia de la sociedad. El actual Estado de las Autonomas ofrece posibilidades que pueden ser desarrolladas en ese sentido: cooperacin entre comunidades, legislacin para impedir el dmping fiscal entre unas y otras, organismos de concertacin Hay que explorar decididamente esos caminos si queremos alcanzar algn da objetivos ms ambiciosos.

Pero, si la idea de un Estado federal no es patrimonio exclusivo de las izquierdas, los objetivos de esas izquierdas se declinan necesariamente en clave federal. Todas las corrientes histricas del movimiento obrero han sido federalistas. Y es que el federalismo representa mucho ms que la propuesta de organizacin de un Estado compuesto. Representa toda una filosofa y una visin, propia de la clase trabajadora, de entender el trnsito hacia el socialismo a travs de la fraternidad y la cooperacin. Por eso el federalismo debera ser el cimiento de una estrecha colaboracin entre las izquierdas, imprescindible para afrontar los desafos que tenemos por delante. En eso estamos.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/11/30/a-vueltas-con-el-federalismo/



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