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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2019

Tipos malos y gente buena de la calle

Esperanza Casares
Rebelin


I. La triste metfora

Una columnista-testigo en un diario nada sospechoso de izquierdas, ha relatado lo sucedido cuando cae Dilan Cruz, el joven asesinado por un disparo de la polica durante las protestas en Bogot: No vi ni un vndalo, ni un solo acto de agresin. Lo nico que vi fue estudiantes que trataban de recoger los gases y los lanzaban de vuelta. Si la polica no hubiese adelantado una estrategia de hostigamiento, de persecucin y de aplastamiento de la protesta pblica, todo hubiese transcurrido normalmente en la plaza (https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/sandra-borda-guzman/cronica-de-una-tragedia-columna-de-sandra-borda-437256). Es la metfora de la violencia en Colombia: Dilan lo nico que hizo aparte de gritar, fue devolver, romper simblicamente desde el lugar de los de abajo; lanzar de vuelta en insumisa inferioridad de fuerzas lo que desde arriba nos han arrojaron desde hace siglos: impotencias.

Las cmaras de vdeo no dejan mentir. Haba varias. Estn los registros en Internet. Se ve cuando sin provocacin alguna le tiran al estudiante. Los agentes del Escuadrn Mvil Antidisturbios (ESMAD), se animan entre s a disparar, a cualquiera de los manifestantes.

Quien lanz la primera gran piedra en este conflicto es el sistema que esa polica defiende con brutalidad. Hoy un Rgimen de oprobio con figuras como Duque, presidente gracias a Uribe Vlez, cono menos transitorio, provisionalmente procesado estos meses por solo uno de sus innumerables crmenes en relacin con el paramilitarismo. Duque sigue recibiendo instrucciones de gobierno de ese capo, de su partido, por supuesto, y acaba de recibir el claro apoyo de Trump, quien a travs de su secretario de Estado, Mike Pompeo, saluda el dilogo nacional puesto en marcha, como una oportunidad para que la poblacin colombiana colabore para avanzar hacia la paz, la seguridad y la prosperidad.

Este abrazo del patrn, a tres semanas de haber votado Duque en la ONU contra Cuba en prctico apoyo al bloqueo que ejerce EE.UU. sobre la isla, debe ser tenido en cuenta en el momento de agitacin que vive el pueblo colombiano.

Dilan buscaba el derecho a la educacin para todos. Debe haber cientos de Dilan que tambin repudien que sean aceptadas las orientaciones que le llegan a Duque de la ms feroz derecha estadounidense, incluyendo la plataforma anticubana de Miami.

II. Contra Cuba y lo pactado para el dilogo

En el plano internacional, obsesionado desde su posesin con atacar a Venezuela, ha emprendido ahora una escalada contra Cuba, Garante del proceso de paz. Duque presiona a ese pas para que viole el derecho internacional y cometa perfidia, argumentando que tras una accin del ELN en enero de 2019 contra la principal escuela donde se forman militarmente los oficiales de la polica, deben, dice l, ser extraditados a Colombia los y las integrantes de la Delegacin de Dilogos de esa guerrilla, que sigue a la espera que desde Bogot decida el gobierno retomar conversaciones. Una carta pblica al Secretario General de la ONU, llama la atencin sobre la perfidia que comete el Estado colombiano (https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/cuba-intelectuales-de-todo-el).

Pero esas conversaciones con el ELN, comprometidas por su antecesor, el presidente Santos, en nombre del Estado, no le gustan a Duque: teme lo que ellas significan; no tiene todava calidad dialctica mnima para encararlas, porque su poca voluntad est en deuda y es de otros. No encajan esos dilogos interrumpidos por su incapacidad en las cortas ideas de administrador secundario, cuya misin es ganar tiempo en el engao, faltar a la palabra del Estado.

Temporalmente dice s slo a otras conversaciones que l arruina de entrada, que son un ejercicio forzado que l junto con el uribismo buscan controlar, y que acabar fracasando si no tiene como necesario complemento el reinicio de los dilogos con el ELN, en cuya agenda ya estaba pactada la participacin de la sociedad en el debate nacional para encaminar transformaciones bsicas y reformas de democratizacin real (http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/dialagos-eln/Paginas/Comunicados-conjuntos/marzo/Acuerdo-de-dialogos-para-la-paz-entre-el-Gobierno-Nacional-y-el-Ejercito-de-Liberacion-Nacional.aspx).

III. Conversacin nacional

Duque ha tenido que abrir ese espacio de conversacin nacional ante las movilizaciones ciudadanas de este noviembre de 2019, que denuncian la ilegitimidad de sus polticas econmicas, el asesinato de activistas sociales y los incumplimientos referidos a los acuerdos de paz firmados por el Estado.

En esa conversacin nacional, que tiene todas las caractersticas de instrumentalizacin de la inconformidad para neutralizarla, uno de los temas o eje es el de paz con legalidad. As, condenando las violencias que no sean las suyas (su polica puede arrojar proyectiles y matar; los otros no pueden ni intentar devolverlos!!), claramente, podr desvirtuar, fragmentar e invertir a su favor el gran descontento y rebelda popular que de forma espontnea acontece, sin duda fruto de aos de frustracin acumulada, que no ha sido articulada an por una propuesta poltica alternativa. Propuesta en la que adems de pan, empleo y escuela haya cmo volver a hablar de soberana.

La insurgencia, cuya vocacin es esa, la de ese proyecto, no lo hizo hace aos estando las dos guerrillas ms fuertes (ELN y FARC), en condiciones de acompaar en una dimensin de resistencias y acuerdos, las demandas y procesos de levantamiento y transformacin. No haba cmo. La guerra sucia haba destruido ya organizaciones insobornables.

A la vista de tres aos de la firma de los acuerdos finales con las extintas FARC, pese a que los acomodados ex dirigentes de esta guerrilla aplaudan lo hecho por el Establecimiento, la conclusin es demoledora. El statu quo, que ya haba avanzado con el terrorismo de Estado, gan con la negociacin, para que ante momentos de explosin social, de revuelta, de conatos de sedicin, no hubiera un sujeto poltico rebelde con armas, o sea con una composicin revolucionaria haciendo parte de las referencias del cambio.

IV. Que se destruyeran Gracias seor Acuerdo!

Los rditos no son slo de Duque, ni de Uribe. Son de todas la elites. Fue el xito esencial de Santos en nombre de la parte ms inteligente y avezada del sistema. As lo confiesa en das recientes el ex vicepresidente Humberto de La Calle, su delegado en los dilogos con las FARC. Fue quien encabez la comisin oficial, y quien acaba de concluir: Creo que el Acuerdo logr su finalidad, y me parece que es una pieza compleja. Es como un reloj suizo o como un castillo de naipes, si usted le quita una pieza se desbarata. Por lo tanto, el mejor acuerdo es ese, porque fue el que permiti que estos seores entregaran las armas, se destruyeran, formaran un partido poltico y reconocieran el sistema democrtico en Colombia (https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/el-acuerdo-logro-su-finalidad-humberto-de-la-calle-articulo-892537).

Y la misma frmula la quiere copiar sectores del poder hegemnico que hacen parte de la plataforma Defendamos la Paz para mediante posiciones sesgadas poner contra la pared al ELN, grupo guerrillero que no ha claudicado ante la estrategia militar, poltica, de disuasin psicolgica y terror aplicado sistemticamente por el bloque dominante.

De la Calle dice con claridad abogando por los dilogos para acabar con esa organizacin rebelde: El ELN desbarata un baln, yo no he negociado nunca con ellos, pero me he enterado. Realmente es una cosa difcil, pero no por difcil debemos dejar de emprenderla. Yo creo que ah hay una tarea pendiente para terminar y cancelar definitivamente la nocin de una guerrilla en Colombia (https://www.bluradio.com/nacion/el-eln-desbarata-un-balin-pero-hay-que-buscar-su-desarme-humberto-de-la-calle-232472-ie435). Cancelar no la injusticia, la corrupcin, la desigualdad, sino cancelar definitivamente la nocin de una guerrilla en Colombia.

De la Calle, quien relata que un da uno de sus seis nietos le pregunt: Cmo es posible que obtengamos algo bueno hablando con tipos malos?, ya le tiene a su nieto una respuesta: desarmar la gente mala, que se destruyan, y luego, con subsidios abordo, ayuden, como hace Timochenko y cia., a mantener grandes privilegios para la gente buena.

De la Calle, ms inteligente que Duque, sin duda, ha visto cmo la poblacin se moviliza y cmo puede reencaucharse el sistema canalizando formalmente ese conglomerado de voces. As, uno y otro, tan perverso el primero como el hoy mediocre presidente, que terminar llamando a De la Calle y a otros del club para hablar de paz con legalidad, abonarn con sus seguidores que esta protesta es una conquista del proceso de pacificacin, en tanto se pueden tramitar los descontentos por caminos democrticos.

Remata De la Calle con esta joya sealando la alarma por las manifestaciones ciudadanas de estos ltimos das: Piensen por un momento en esto: qu tal esta situacin con las FARC activas? Gracias seor Acuerdo! (https://twitter.com/delacallehum/status/1198015289113403393).

S. Pensamos cmo nosotras-os estaramos en otro estadio de la lucha no por migajas sino por transformaciones, si otros no hubieran claudicado.

V. Aqu no hay una negociacin del Estado

Seguramente Ivn Duque sobreviva este chaparrn, lo har en tanto se debiliten las expresiones que gritan que se vaya (ya esa consigna languidece); y lograr, por la capacidad instalada en los medios de comunicacin, los partidos polticos, las iglesias encubridoras y por supuesto en los aparatos represivos (fuerzas armadas, polica, sicarios paramilitares), seguir arrastrando un perodo neoliberal de enriquecimiento veloz para sus crculos, pero nefasto para las mayoras empobrecidas. Gobierno en el que al final, en agosto de 2022, entregar la silla presidencial a otro de su casta. Al mismo De la Calle o a alguien de plataformas que diseen la defensa de la pacificacin neoliberal, su ingeniera social y cultural, y la nueva fase de legalidad con paz.

Continuar frente al ELN la obra de Santos, demostrable en la pauprrima situacin de las FARC, as haya que tolerar por medio de la combinacin de diversas formas de mando, legal e ilegal, la supremaca del orden, como el Establecimiento colombiano lo ha hecho con impunidad para los ms altos cargos y estrategas, salvando de cualquier examen el papel de sus fuerzas armadas y de polica.

Ya el gobierno Duque ha dicho que hay temas vedados. No se tratan en esas mesas con actores sociales; nada de la polica se discute; nada que tenga que ver por ejemplo con el ESMAD, donde laboran los autores del asesinato de Dilan, quien luchaba por estudiar no para polica sino para servir a su madre, hoy en una crcel, a su familia y a su pueblo, en un pas con alguna justicia social.

Diego Molano, portavoz de Duque, ya a ha sentenciado: Particularmente el Esmad no est en discusin. El gobierno nacional tiene claridad de que sus Fuerzas Militares y de Polica hacen parte del Estado; aqu no hay una negociacin del Estado, aqu lo que hay es una conversacin para encontrar soluciones a problemas concretos, a unas problemticas sociales que se han planteado (https://noticias.caracoltv.com/politica/el-tema-del-esmad-no-estara-en-la-conversacion-nacional-advierte-gobierno). Nada que toque su fuerza, su legalidad dura, su paz.

El Rgimen de Duque y De la Calle as se blinda. Mientras tanto el dolor social se extiende. Y no viene siempre con l la lucidez. Vendr con probabilidad la divisin y el miedo, la amenaza de la paz con legalidad o de la legalidad con paz (sustantivos fetiches), que es el derecho de unos a seguir disparando contra los indefensos de abajo. Por lo tanto viene ahora la condena de quienes se rebelan. De quienes se han rebelado histricamente. De quien pueda con dignidad, teniendo la cabeza en alto, enarbolar propuestas de cambio y por lo mismo no se somete.

Camilo Torres Restrepo, sacerdote y comandante del ELN, ya deca que el pueblo tiene derecho al poder. Y que haba que preguntarles a las oligarquas como lo van a entregar. Si en una transicin violenta o una transicin dialogada en la que ese traspaso sea real. Una parte minscula pero esencial de las muchedumbres que hoy claman en las ciudades colombianas por un poco de democracia y respeto, tiene conciencia de ese germen. Que estos das son apenas una batalla. Esa conciencia ms profunda debe encarnarse en interlocutores sociales y polticos coherentes, que no se vendan, que no se destruyan moralmente.

Cuestiones fundamentales para intentar sanar con la razn, con dilogos y compromisos de verdad, como el debate de la doctrina militar de los brazos represivos, siguen sin estar en las mesas, las que no hay por la perfidia del Estado; quedan en el vaco, truenan y hieren, porque ellos, desde arriba, desprecian esas lluvias que se harn tormentas.

Querrn Uribe, Duque y De la Calle, o sus nietos en el club, a quienes heredarn tambin el conflicto, cuando los ecos que huyen de la guerra en campos y ciudades se junten con las multitudes y les obliguen como gente buena, a hablar no de las sobras en la mesa sino del poder, de las herramientas que justifican el Estado, y por lo tanto de los cambios bsicos urgentes. Hablar con las tipas y los tipos malos: de este lado no slo la guerrilla que no se rinde, sino nosotras, las que tambin compartiendo la idea de rupturas realmente revolucionarias, nos acercamos ms a los rebeldes primitivos, como en 1959 el historiador Eric J. Hobsbawm llam a esos seres y colectivos indciles en busca de su historia desde abajo, en el torrente de forcejeos frente a los ricos.

Querrn entonces en ese club, pero antes no. No hay fuerza suficiente an de nuestro lado. Nuestros hijos y nietos no la tienen todava frente a ellos, frente a su prepotencia e indolencia. Ahora en cada bando nos preparamos. Es el tiempo de las siembras.


Esperanza Casares, Colectivo de mujeres en lucha.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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