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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2019

Dominio grupal

Antonio Lorca Siero
Rebelin


En algunas sociedades avanzadas, la generalidad ciudadana asiste impasible al avance incontrolado de grupos sociales que, aprovechando los medios de comunicacin para tratar de imponer sus pretensiones o simples ocurrencias, hacen rehenes de las mismas a las dems personas con las que conviven, obligndolas a asumirlas como vlidas. Pese a las libertades, no hay lugar para la discrepancia. Los poderes pblicos incluso las apoyan, colaborando en el proceso de imposicin de tales pretensiones en el mbito de la generalidad, o simplemente se inhiben ante sus demandas, dejndolas estar, pero en ningn caso amparan expresamente a los ciudadanos frente a la agresividad natural del grupo dirigida a arrollar la autonoma personal.

Individualmente considerada, la persona est resultando socialmente irrelevante, salvo casos puntuales en los que destaca en una actividad, y el poder de influencia se empea en darle cuerda, en los dems casos es un nmero que forma parte de la masa. Esto sucede tanto en esas sociedades progresistas como en las que han perdido el tren del progreso. Cindonos a las primeras, con la excepcin de esos iconos e influencers que explotan lo de ser objeto de atencin de las masas, los ciudadanos, aunque acogidos a un compendio de derechos y libertades ms o menos reales, prcticamente parecen no interesar al poder en trminos de relevancia social, salvo para pagar impuestos y recibir, en su caso, una cuota del reparto de los beneficios derivados de vivir en el primer mundo.

Si la individualidad est abocada al silencio y la alienacin, no sucede as con los grupos de inters que emergen como setas en otoo al reclamo de cualquier circunstancia. Convertidos en promotores de exigencias sociales diversas, los individuos han encontrado en el grupo la proteccin de la que carecen al ir por libre. En ellos puede verse como una especie de refugio de esa individualidad irrelevante que aspira a hacerse notar al calor del conjunto. Los grupos han resultado ser los nicos con capacidad de hablar y ser escuchados en la sociedad de masas. Sus exigencias van dirigidas tanto al poder oficial como al resto de la sociedad. Esos asociados, mientras van medrando en trminos pacficos apenas suenan, pero no por ello permanece ausente el estado de tensin latente, con el objetivo de imponer a la sociedad su voluntad de poder grupal e individual, arropados ambos en la fuerza del colectivo. La posibilidad de conseguirlo ofrece un aliciente, que los afines consideran a su alcance con la simple adhesin al proyecto; de ah su atractivo.

Como resulta previsible, es un negocio para los adheridos pertenecer a determinados grupos, rotulados utilizando una diversidad de trminos y objetivos para definirse, porque su imagen cobra protagonismo, aunque a costa de diluirse su individualidad. De manera que cada causa que aparece en escena en realidad el inters coincidente de sus miembros est respaldada por los asociados, con lo que el sujeto adscrito a la misma cuenta con el apoyo de todos. Es ms, el individuo hurfano de individualidad parece estar abocado a integrarse en la accin grupal para subsistir socialmente.

Amparndose civilmente en el derecho de asociacin, de un lado, hacen ver su presencia ante los poderes pblicos en virtud de la legalidad, pero siempre tratando de dar un paso ms y ser reconocidos por la sociedad. Este reconocimiento grupal, con matices hegelianos, si bien natural porque si no te reconocen no existes, busca algo ms, y es situarse en condiciones de superioridad sobre las dems personas. Todo grupo que busca reconocimiento social en realidad a lo que aspira es a jugar con ventaja, distanciando a sus agrupados de la condicin de miembros de las masas, en virtud del reconocimiento generalizado de su supuesta condicin diferencial. Si se les desposee de adornos jurdicos y humanitarios, su pretensin real a efectos civiles y polticos no es otra que romper con la igualdad e imponer el privilegio para una minora.

La pregunta ahora es, quin patrocina la maniobra?. No es ningn secreto que, como sucede en casi todo lo que se mueve en las sociedades modernas, solo puede ser el capitalismo. Entindase las empresas que manejan el flujo del dinero, las que estn por todas partes imponiendo sus leyes escritas y no escritas para continuar dominando el mundo. Por eso la creacin, funcionamiento y explotacin de estos grupos no queda al margen de sus competencias. Si se quiere ver basta con levantar el velo.

Otro interrogante, por qu unos grupos prosperan y otros se desvanecen?. No hay que darle vueltas, se trata de un asunto de mercado. Ese olfato comercial propio del empresariado permite determinar qu grupo dispone de mayor potencial, y es a este al que se le da proporcionalmente cuerda. El argumento es sencillo, cualquier demanda con proyeccin social, primero, debe ser sometida a control del que realmente manda y, segundo, hay que darla un sentido comercial y explotarla para obtener beneficios, porque no hay que pasar por alto que se trata de sociedades capitalistas. Poco importa el legtimo inters pblico o el simple sentido comn frente a la primaca del inters del dinero. De ah que la estupidez sin lmites que en estos tiempo vende mucho, a veces arropada como expresin del progreso, llegue a imponerse interesadamente sobre la racionalidad, simplemente porque es rentable para el empresariado. De otro lado, resulta ms provechoso vender mercancas al por mayor que al por menor, si en ambos casos se realiza al mismo precio.

Buscando otros patrocinadores y examinando el asunto desde el lado de la poltica, aunque ms corta en sus pretensiones, sucede algo anlogo. Hay que atenderle debidamente por una cuestin de clculo, ya que el voto del grupo agradecido pondera mucho ms que el del annimo ciudadano votante. Y si aquel es relevante, con mayor motivo. As, el grupo socialmente reconocido, asentado en una realidad con proyeccin econmica, acaba siendo utilizado para atender a estos intereses. En cuanto ha consolidado ese protagonismo social que inicialmente demandaba, con el correspondiente respaldo econmico y utilizado por los intereses polticos para sus propios fines, resulta que tambin est en disposicin de aprovechar la situacin para impulsar socialmente los suyos. Por tanto, es natural que, gozando de especial proteccin pblica, sobre esta base construya su poder social desde una posicin de privilegio. Respaldado por el poder poltico, el grupo est en posicin de exigir ahora a la sociedad algo ms que el reconocimiento del que ya disfruta, impone sumisin generalizada a sus principios y reconocimiento incontrovertido de su superioridad.

Mitificadas por la publicidad, las demandas de algunos grupos de inters, en gran medida empeadas en ser entendidas al menos en lnea con la marcha del proceso de civilizacin y que realmente no se trata nada ms que de pretensiones minoritarias interesadas a imponer al conjunto social, sale a la luz su utilidad. Si prosperan sus reivindicaciones, a partir de aqu el dogma que propugnan se desarrolla como doctrina, al amparo de la proteccin de los poderes dominantes, para reafirmar ellos mismo su condicin dominante en la sociedad. Comienza la caza de brujas para perseguir a los que disienten. Quien no comulga con la doctrina que ha pasado a ser oficial es excluido en cualquiera de esos reinos modernos de libertad,por hereje. Curiosamente se habla de tolerancia en las sociedades democrticas de primera lnea, pero esa tolerancia es pura ficcin, porque si se discrepa de la doctrina grupal, elevada a la condicin de oficial, ya no hay tolerancia y la condena puede ser la hoguera. La conciencia colectiva acaba siendo suplantada por el inters del grupo dominante, y ni el avance del progreso real es capaz de derribar los nuevos tabs que se consolidan, facturados como falsos avances sociales. Al fondo, aparando las creencias, se observa la siniestra mano del llamado totalitarismo capitalista.

Con el paso del tiempo, las doctrinas grupales se han hecho globales, atravesando fronteras sin mayores dificultades hoy se observa casi a diario, no tanto por mimetismo como porque alguien con demasiado poder las mueve en su propio inters. Resulta que el grupo y su dogma es utilizado por quienes disponen del poder real para totalizar a las masas, entregando despus su elemento diferencial y la parafernalia grupal que le acompaa al mercado, para que lo exprima por su cuenta. Esta doble dimensin, frecuentemente presente en cualquier grupo, les convierte en singularmente tiles. Si bien lo que llama la atencin es ese gran poder en el plano global, lo que prima sobre l, y as lo considera la direccin del espectculo, es su valor en trminos de dinero, para complacencia de las empresas que lo explotan.

El dominio grupal, al amparo de los poderes pblicos y del capitalismo, ha cobrado un protagonismo social incuestionable, pero hay que estar prevenidos y dispuestos a raspar el barniz que embellece las distintas causas para tomar posiciones. Convendra no pasar por alto que las ltimas consecuencias de los grandes errores las soporta la propia sociedad engaada, que deja de ser abierta para acabar encerrada en la intolerancia grupal, a la que curiosamente los grupos progresistas llaman LIBERTAD.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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