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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2019

Mujeres haitianas
Hait y la raza, tensiones y contradicciones para el feminismo antirracista y plurinacional (II)

Diana Carolina Alfonso
Rebelin

En la bsqueda plurinacional los feminismos deben prestar atencin a las relaciones de poder para evitar caer en el miserabilismo y el esencialismo.


El discurso antirracista en los ltimos Encuentros de Mujeres y Disidencias en Argentina, es epicntrico para el fortalecimiento programtico de la lucha por el reconocimiento plurinacional de la sociedad. Siendo Hait un ejemplo sin precedentes en la batalla anti colonial y negra, bien podramos tener en cuenta sus trayectorias, resistencias y an ms sus contradicciones. Los puentes de mundo que se abren entre las sujetas expuestas al pillaje colonial abren historias que tensionan las buenas intenciones de algunos sectores del feminismo.

El negrismo

Durante la dictadura de los Duvalier, la raza negra fue usada como argumento de unidad nacional, retomando la bandera rojinegra de Jean-Jacques Dessalines y el pargrafo 14 de la Constitucin Revolucionaria que rezaba: Todos los ciudadanos, de aqu en adelante, sern conocidos por la denominacin genrica de negros. Como advierte el historiador haitiano Michel-Rolph Trouillot, la creencia de que negritud es igual a esclavitud es un mito colonizador. Hacer de la raza un argumento totalizador nubla la posibilidad de ver las tensiones de clase y gnero.

Los dictadores en Hait han sido negros y negristas, varones patriarcales de una tradicin de poder que tiende a resquebrajarse en los ltimos aos con la participacin activa en los movimientos sociales de lideresas campesinas y urbanas. Ren Depestre inquiere al negrismo totalizador en un brillante artculo titulado Buenos das y adis a la negritud.

En ste pone en tensin los lugares de poder que el negrismo encubre, entre otras, porque la raza no puede equipararle a un pueblo rebelde con sus dictadores, por negros que sean. Entre otras cosas, la negritud no es ni un color ni un fsil venido de los barcos esclavistas. El semblante pattico de la lectura cromatolgica y fosilizada del negrismo, no es ms que un derroche de miserabilismo y condescendencia racista.

Trenzar o entrenzadas.

Sobre la apropiacin cultural En Montrouis, departamento de Artibonito, quisieron hacernos un regalo a las mujeres de los dems pases: Puerto Rico, Dominicana, Brasil y Colombia. Lo importante en el respeto intercultural que implica el trenzado, sum Merline Alcius -la militante que nos tena el pelo-, es la transmisin de la tcnica. Las trenzas tienen esttica, cmo no, pero ms importante son el mtodo y la tica que hacen a la transmisin generacional y territorial de este tejido ancestral.

Mientras escuchaba el debate pensaba que en Hait el invasor colonial teja una definicin muy precisa. Hoy son los marines norteamericanos, la escuadra violadora de la ONU y la elite mulata. La trenza no es exclusividad africana. Existe en Amrica a travs del mestizaje. Se transmite y se respeta.

La pretendida solidaridad cromtica

En Colombia las lites blancas, negras y mulatas del Caribe son responsables del aniquilamiento del pueblo wayuu en la Guajira. Entre las llamadaslites de colorno media ningn vnculo de solidaridad con los pueblos indgenas de la pennsula. Todo lo contrario. Los recursos hdricos son claves para el sostenimiento del colonialismo interno que ellos y ellas encabezan.

Los y las responsables del despojo y la muerte, es decir, los y las responsables de los megaproyectos mineroenergticos, con todo el apoyo internacional y militar del paramilitarismo, hoy tienen que vrselas con la Fuerza de las Mujeres Wayuu de la Guajira(Stsin Jieyuu Wayuu). sta organizacin es la potencia de la resistencia y la bandera del buen vivir de un territorio que vive en medio de una asolada colonialista, racista y neoliberal.

Al igual que en Hait, la intromisin norteamericana en la Guajira dej a su paso nias violadas y mujeres asesinadas. En Repblica Dominicana se han establecido dos mitos que hacen de la frontera con Hait un cordn sanitario. El primero es un discurso de odio hecho poltica de Estado.

El mito cuenta que despus de romper las cadenas de la esclavitud, los y las salvajes haitianas invadieron Santo Domingo. Discurso falaz si se tiene en cuenta que en inmediaciones al triunfo de la revolucin, Repblica Dominicana no exista como nacin. La preexistencia del Estado Nacin es un recurso de xenofobia. El segundo mito habla de Dominicana como un pas blanco. Aunque cueste creerlo, Dominicana entiende su blanquitud en oposicin a la negritud haitiana.

Si bien ambos pases fueron un eje estratgico para el comercio esclavista, el colonialismo interno y el odio de clase han terminado por recrear un peasco de inhumanidad entre ambos pueblos. Por lo dems, cada tanto se ven por las calles de Santo Domingo nias haitiana que blandiendo un francs acosteado, pretenden escapar a la hostilidad e incluso disputar cierto ascenso social con la lengua enredada y la cara empolvada.

En Argentina el feminismo revela la mentira blanca

En los primeros encuentros preparatorios del ENM se vivenciaban largas jornadas de catarsis de mujeres que descubriendo antepasadas negras o indias, sufran en delay los dolores de las cadenas que les haba dejado, de repente, el trfico esclavo. En Argentina el feminismo desvelaba la mentira del proyecto de blanqueamiento y entre heridas y culpas el pas se empez a parecer, tantico ms, al resto del continente. Con todo, el victimismo no nos puede conducir a una lectura lineal de la raza, la clase y el gnero.

Las que hoy desde la comodidad de sus escritorios se auto enuncian como las hijas de las esclavas, pierden de vista la movilidad de clases y razas en los ltimos 300 aos de historia continental, fosilizando la memoria y proyectando imposibilidades de accin para las que hoy realmente sobreviven a la desgracia de la semi esclavitud racializada.

El colorismo, como bien lo dice la feminista negra Alice Walker, es producto del racismo. En Argentina los lugares de semi esclavitud los viven las mujeres recluidas en centros clandestinos de produccin textil. La mayora de ellas provienen de pases limtrofes como Bolivia, Per y en menor medida Paraguay. Recientemente la llegada de familias haitianas al pas ha sumado un nuevo contingente humano a esta degradacin compulsiva de la vida laboral.

Serhija de la esclavitudno es una cuestin meramente cromtica o capilar. Ser hijas de la esclavitud, en medio del neoliberalismo, es ser hijas del lastre del modelo econmico pauperizador, racista y clasista del colonialismo, basado en la expropiacin y explotacin humanas. A su avance podremos responder solamente aprendiendo. Hait (y Bolivia) marca las coordenadas del ejercicio tico de la sororidad de clase en medio de una ocupacin militar estratgica.

Como las mujeres de Potos y Hait: aunque herederas del sistema de explotacin que les expulsa a la miseria inducida por el revanchismo colonial, la lucha por las condenadas de la tierra, con las condenadas de la tierra, debe continuar hasta romper la ltima cadena.

Sea en las minas, en los campos, en los talleres textiles o en las villas, la libertad exige esfuerzos en comunidad. Slo con sorora tenacidad triunfaremos.


(*)La Autora es Integrante de la Ctedra de feminismos populares y latinoamericanos Martina Chapanay

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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