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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2019

Revisin actual
Feminismos

Rosana Alija Fernndez y Antonio Gimnez Merino
Rebelin

Una mirada a la pluralidad del movimiento feminista en la actualidad.





Despus de dcadas de penetracin de las corrientes identitarias, el feminismo, por un lado, presenta hoy un rico pluralismo en su interior, cierta institucionalizacin y una destacable fuerza movilizadora y de presin puertas afuera, siendo uno de los actores sociales con ms consistencia en la lucha por las desigualdades en este pas.

Pero por otro lado, la unidad de accin expresada en el exitoso 8-M corre el riesgo de romperse por tensiones internas que pueden tener que ver con el abandono, por un sector amplio de mujeres, de una perspectiva poltica transversal que site los problemas del feminismo en el marco ms amplio de otros problemas clsicos de la emancipacin, como la desigualdad por motivos de clase, procedencia o raza.

Esta reflexin viene a propsito de la oleada de ataques registrados de un tiempo a esta parte contra los colectivos de trabajadoras sexuales (trmino que se prefiere a otros por considerarse el ms descriptivo y despojado de connotaciones morales) y contra los sectores sociales que prestan apoyo a sus demandas.

Primero fue el desaguisado del ministerio de trabajo en torno al registro del sindicato OTRAS vanse los nmeros 171 y 174 de mientrastanto.e, jaleado por un amplio frente prohibicionista y refrendado por la sentencia 4239/2018 de Sala de lo Social de Audiencia Nacional, que allana el camino hacia una regulacin abolicionista. Y ms recientemente, en septiembre, la cancelacin impuesta a un debate sobre la prostitucin organizado en la Universidad de la Corua por el mero hecho de dar voz a las trabajadoras del sector.

Lejos de conseguir su objetivo, estos vetos han motivado una reaccin enrgica e imaginativa en el propio campo de las universidades en defensa de la libertad de expresin y el pluralismo un signo ms de la vitalidad del feminismo, si entendemos que el movimiento se refuerza a travs de la suma de alianzas y movilizaciones.

Veintids de ellas han lanzado el movimiento #UniversidadSinCensura mediante la organizacin de actividades diversas, con la intencin de dar visibilidad a un problema que concierne no slo a las mujeres prostituidas sino tambin a la inmensidad de mujeres que padecen una explotacin manifiesta en campos como el trabajo en el hogar o el sector servicios.

La voluntad de que todas ellas afectadas por una desproteccin legal en sus mbitos laborales y por una impa ley de extranjera tengan voz en los debates es posible imponer una opinin que pretende hacerse ley sin siquiera or la de las personas concernidas por el objeto del debate? ha sido contestada por una sucesin de actos amenazadores (en las redes sociales, con la presencia altamente coactiva de reventadores de actos, a travs de cartas amenazadoras y pintadas de una violencia simblica desmedida, mediante notas de prensa e intervenciones pblicas) cuya intensidad y moralismo revelan la existencia de un problema de gran envergadura.

Esta lgica perversa involuntaria pero prcticamente afn a los nuevos tiempos que corren es coherente con la estructura victimaria que canaliza y da impulso a las constantes reivindicaciones punitivistas a favor de soluciones coercitivas para los problemas atinentes a las mujeres (sobre el peligro de esto, y la instrumentalizacin del problema de la trata, vanse en este nmero el ensayo El discurso de la prostitucin, rehn histrico de la trata de personas y el artculo Abolicionismo y prostitucin: la gobernanza del simulacro). Una estructura que presupone contra toda evidencia que las trabajadoras sexuales son incapaces de tener una opinin propia e informada y que maneja amplificndolos con xito datos no contrastados y rebatibles, como el tpico que cifra el nmero de mujeres en situacin de trata en torno al 90 % (sobre esta falacia y otras que propaga el abolicionismo, vase el reciente y documentado trabajo de Mariona Llobet, Prostitucin y abolicionismo: Es emprica o valorativamente sostenible?).

Este enfoque prohibicionista centrado en la prostitucin y no, en cambio, en el porno, los centros de masajes, los bares de alterne o los espectculos erticos, s regulados dentro de otras categoras profesionales pierde de vista cuestiones mucho ms amplias, todas ellas urgentes por afectar a un lecho enorme de mujeres en situacin de pobreza.

Lo ejemplifican las dificultades para encontrar trabajo de las personas trans, o la frustracin del proyecto de vida de muchas mujeres que migran a Espaa con la esperanza de un futuro mejor y acaban atrapadas en formas de explotacin laboral manifiesta por cierto muchas veces envueltas en situaciones de acoso sexual, como sucede en los trabajos de cuidado desprovistos de cobertura laboral.

Para tener una informacin amplia con la que forjarse una opinin sobre estas cuestiones se hace preciso que la voz de esas mujeres sea escuchada. Singularmente, en el caso que motiva esta nota, la de las personas que padecen un alto ndice de violencia no cuantificada, por cierto, en las estadsticas sobre violencia de gnero por ejercer una profesin estigmatizada y por no tener reconocidos unos medios bsicos para evitar la dependencia de terceros. Seres humanos que, organizada y pacficamente, han alzado su voz para reclamar el reconocimiento de su dignidad a travs de una serie de derechos elementales.

Contrariamente a lo sustentado por aquellas voces que viven todo esto como una amenaza o una traicin a la causa de las mujeres, las trabajadoras sexuales, como las trabajadoras del hogar o las limpiadoras de hoteles, adems de reivindicar el derecho a tener derechos, son hoy portadoras de un discurso feminista rico y plural. Razn por la que, como ha recordado oportunamente Nuria Alabao (El feminisme que es mira al mirall del conservadorisme), no es gratuito insistir en algo tan elemental como que la suma de ms demandas y movilizaciones es precisamente lo que potencia el movimiento.

Si lo que se est buscando es abordar de un modo eficaz el trfico de personas con fines de explotacin sexual, tratar de amordazar la voz de quienes carecen de derechos no parece el mejor modo de alcanzar propuestas moralmente consistentes y eficaces en la prctica con el fin buscado.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-185/notas/feminismos


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