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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2019

Cincuenta das en la calle
El pulso por el futuro

Ral Zibechi
Rebelin


La revuelta chilena ha sido atacada por los carabineros y cercada meditica y polticamente por los partidos polticos. Sin embargo, no pierde su fuerza y se ampla con la masiva participacin de mujeres jvenes y, progresivamente, de los pueblos originarios.

Volvimos a ser pueblo: un sencillo cartel pintado sobre papel, colocado por una comunidad de vecinos sobre la avenida Grecia, es un grito de protesta contra el neoliberalismo que convirti a las gentes en apenas consumidoras. Pero tambin conforma todo un programa poltico y una tica de vida, en apenas cuatro palabras.

No muy lejos de all, la cntrica Plaza de la Dignidad, nombre con el que la revuelta chilena ha rebautizado a la Plaza Italia, parece zona de guerra. Los comercios estn cerrados en varias cuadras a la redonda, engalanados con pintadas multicolores que denuncian la represin e incitan a la revuelta contra las ms diversas opresiones. Los y las jvenes no la quieren abandonar. Sostienen que el da que la protesta abandone la calle estar todo perdido. Una lgica implacable, pero difcil de sostener despus de 50 das de movilizaciones.

La mayora de las pintadas en muros de los alrededores, y en muros de todo Chile, cientos de miles, denuncian la violencia de Carabineros. Nos violan y nos matan, No ms abuso, Pacos asesinos, Paco culiao, y as indefinidamente. Sobre una lgrima de sangre que resbala por una pared se puede leer: Vivir en Chile cuesta un ojo de la cara.

Los medios de la derecha destacan que los muros rayados, que se pueden ver hasta en los ms remotos rincones de la ciudad, ensucian Santiago. Como suele suceder, conceden mayor importancia a las prdidas materiales que a los ojos de los 230 manifestantes cegados por los balines de los carabineros y que a las vidas de las casi tres decenas de asesinados por las fuerzas represivas desde mediados de octubre.

Adems de los dedicados a Carabineros, abundan tambin los muros feministas, donde se ataca frontalmente la violencia machista y el patriarcado. Pintadas en tonos violetas y lilas que se entremezclan con las jaculatorias contra la represin. Pero la palma a la creatividad en las protestas se la lleva la performance Un violador en tu camino, creada por Las Tesis, un colectivo interdisciplinario de mujeres de Valparaso. Ha sido reproducida millones de veces en las redes y replicada en casi todas las capitales latinoamericanas y europeas.

Incluso los medios del sistema (desde Radiotelevisin Espaola y Cnn hasta el argentino Clarn) debieron dar cuenta de esa intervencin callejera, una denuncia a ritmo de rap que pone en la mira tanto al gobierno como a los jueces y la polica. El seguimiento masivo que ha despertado muestra tanto la indignacin mundial con la salvaje represin en Chile como la creciente influencia del feminismo en las protestas, con voces y estilos propios.

Las estatuas son un tema aparte. Se dice que son ms de treinta las figuras de militares y conquistadores que fueron grafiteadas, desde Arica, en la frontera con Per, hasta el sur mapuche. En la Plaza de la Dignidad, la figura ecuestre del general Baquedano ha sido pintada y tapada parcialmente. La historiografa de arriba lo considera un hroe de la guerra del Pacfico contra Per y Bolivia, cuando el pas vecino perdi su salida al mar.

En Arica, los manifestantes destruyeron una escultura en piedra de Cristbal Coln, que llevaba ms de un siglo en el lugar. En La Serena, rod la estatua del colonizador y militar Francisco de Aguirre y en su lugar los vecinos colocaron la escultura de una mujer diaguita. En Temuco removieron el busto de Pedro de Valdivia y su cabeza fue colgada en la mano del guerrero mapuche Caupolicn.

Pedro de Valdivia est en la mira de los manifestantes. El militar, que acompa a Francisco Pizarro en la guerra de conquista y exterminio en Per, fund, con el mismo mtodo, algunas de las principales ciudades de Chile, desde Santiago y La Serena hasta Concepcin y Valdivia. Es una de las figuras ms odiadas por la poblacin. Su estatua estuvo a punto de ser derribada en la cntrica Plaza de Armas.

Pero el hecho ms simblico sucedi en Concepcin, 500 quilmetros al sur de Santiago. Cientos de jvenes se concentraron en la Plaza de la Independencia, donde derribaron su estatua el mismo da, 14 de noviembre, que se conmemoraba el primer aniversario del homicidio de Camilo Catrillanca, comunero mapuche muerto a manos de Carabineros. El crimen suscit una amplia reaccin popular en 30 ciudades del pas. En algunos barrios de Santiago hubo cortes de calles y caceroleos durante ms de 15 das. Un ao despus, la mapuche es la bandera ms ondeada en las protestas chilenas.

Trawn mapuche en Santiago

El ltimo sbado de noviembre, la Coordinacin de Naciones Originarias, nacida durante el estallido, convoc a un trawn (encuentro, en mapudungun), en el centro ceremonial de Lo Prado, en la periferia de la ciudad. Acudieron mapuches de diversos barrios de Santiago (Puente Alto, uoa, Pintana, entre otros), donde ya han realizado varios trawn locales. El encuentro se inicia con una ceremonia dirigida por tres longkos (autoridades comunitarias), seguida con cnticos y rezos de unas sesenta personas bajo un sol vertical. Luego de que la Pachamama les concediera permiso, se iniciaron las discusiones en dos grupos para abordar cmo deben posicionarse en los debates sobre una reforma de la Constitucin.

Las mujeres, engalanadas con trajes tradicionales, participaron tanto o ms que los varones, ataviados con vinchas azules. Rpidamente se constataron dos posiciones. Una propona participar en las elecciones para la Convencin Constituyente a celebrarse en abril (vase recuadro). Como los partidos que firmaron el pacto denegaron la posibilidad de que los pueblos originarios tengan un distrito electoral especial, el debate se traslad para discutir los caminos a seguir. Esta posicin ha venido creciendo desde el estallido, aunque naci hace casi dos dcadas, y recibe el nombre de plurinacionalidad. Ya que los mapuches no quieren ser elegidos en los partidos existentes, algunos participantes (varias de ellas mujeres) propusieron la formacin de un partido electoral mapuche. Esta corriente de pensamiento tiene mayor arraigo en las ciudades, particularmente en Santiago, donde viven cientos de miles de mapuches. Su ncleo est en las y los universitarios que emigraron del sur y hoy estn establecidos en la ciudad. Emite un discurso coherente y potente, y argumenta que hay poco tiempo para tomar este camino, ya que la convocatoria para elegir constituyentes se concreta en abril.

La otra corriente defiende la autodeterminacin y la autonoma, posiciones tradicionales de las comunidades mapuches del sur, las ms afectadas por la represin del Estado chileno, por la militarizacin de sus territorios y por el despojo a manos de las empresas forestales. Esas son tambin las comunidades que encabezan la recuperacin de tierras y las que mantienen viva la llama de la nacin y la identidad tradicional mapuche. Durante el trawn, una mujer de mediana edad recordaba que ya tenemos nuestro propio gobierno y nuestro parlamento, no necesitamos de los polticos. Y un joven vehemente se preguntaba: Realmente queremos tener un escao dentro de la poltica winka [blanca]?.

Asambleas, barrios y clases

El colectivo Caracol, que trabaja en educacin popular en los espacios y territorios de las periferias, sostiene en sus anlisis semanales que el acuerdo de paz firmado a las tres de la madrugada del 24 de noviembre por todo el arco poltico menos el Partido Comunista le otorg una sobrevida al gobierno de Piera (colectivo Caracol, 25-XI-19).

El propio nombre del pacto delata a sus inspiradores. Si se trata de paz, dice Caracol, es porque hubo una guerra, que es lo que viene diciendo Piera desde el primer da del estallido. La convocatoria a una convencin constituyente acordada en contra de una asamblea constituyente como la que defienden los movimientos impone varios filtros.

Esta Convencin no estar compuesta por ciudadanos ni representantes de los movimientos sociales y populares, sino por quienes designen los partidos polticos existentes, estima Caracol. Agravio al que deben sumarse los dos tercios requeridos para que se apruebe cualquier propuesta, lo que supone un veto mayor para las propuestas de la calle. Han demostrado que los cabildos abiertos que se han desarrollado por todo Chile no les interesan, porque no les interesa la deliberacin popular, sigue el colectivo Caracol.

Daniel Faur, fundador de la organizacin, analiz en dilogo con Brecha que la decisin del gobierno de convocar a una constituyente se tom cuando contempl la confluencia entre la protesta callejera y el paro nacional, la unidad de accin entre trabajadores sindicalizados, pobladores y jvenes rebeldes. Es el boicot a las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawn, seal.

Llegados a este punto, debemos recordar que la dictadura de 17 aos de Augusto Pinochet se aboc a una profunda reconstruccin urbana con fines polticos. Cuando Salvador Allende lleg al gobierno, en noviembre de 1970, casi la mitad de la ciudad de Santiago estaba conformada por campamentos, espacios tomados y autoconstruidos por los sectores populares, que de ese modo se configuraron como sujeto poltico, bajo el nombre de pobladores, y fueron centrales en el proceso de cambios cegado por la dictadura.

En la actualidad, y segn un mapeo de Caracol, existen en Santiago unas 110 asambleas territoriales, organizadas en dos grandes coordinaciones: la Asamblea de Asambleas Populares y Autoconvocadas, en la zona perifrica, y la Coordinadora Metropolitana de Asambleas Territoriales, en la zona central. Estas asambleas contrastan, y a veces compiten, con las ms institucionalizadas juntas de vecinos. Aunque hubo un trabajo territorial previo importante, la mayora de estas organizaciones se form durante el estallido. Realizan actividades culturales recreativas, organizan debates entre vecinos, ollas comunes, asisten a los heridos y detenidos en las marchas y promueven caceroleos contra la represin. Muchos de sus integrantes participan en las infaltables barricadas nocturnas.

Pero al igual que en los tiempos del dictador, tampoco el Chile pospinochetista puede aceptar el activismo de los pobladores. Su clase dominante chilena no puede concebir que los rotos salgan de sus barrios, que hablen y ocupen espacios. Un relato de Caracol sobre un enfrentamiento ocurrido a fines de noviembre, cuando un grupo de pobladores fue a manifestarse a un shopping del sector ms exclusivo de Santiago, lo dice todo: Bast que un grupo de personas de la clase popular se aparecieran en el patio de su templo del consumo en La Dehesa para que la clase alta saltara despavorida llamndolos a volver a sus poblaciones de mierda, rotos conchadesumadre (colectivo Caracol, 25-XI-19).

Si es cierto que la revuelta de octubre de 2019 cierra el ciclo iniciado el 11 de setiembre de 1973 con el golpe de Estado de Pinochet, tambin debe ser cierto que se abre un nuevo ciclo, del que an no sabemos sus caractersticas principales. Por lo que se puede ver en las calles de Santiago, este ciclo tendr dos protagonistas centrales: el Estado policial brazo armado de las clases dominantes y los sectores populares, afincados en sus poblaciones y en el Wall Mapu o territorio mapuche. El pulso entre ambos configurar el futuro de Chile.

https://brecha.com.uy/



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