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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2019

Entrevista a Franck Gaudichaud
Amrica Latina, ofensivas conservadoras y vuelta a la guerra de clases

Antoine Pelletier
Viento Sur


Los pases de Amrica Latina estn viviendo actualmente conflictos de clase muy potentes y una represin con actuaciones enormemente violentas por parte de las fuerzas reaccionarias y estatales. En esta entrevista, Franck Gaudichaud 1/ aborda la situacin en algunos pases y las dinmicas de las luchas populares en curso en toda la regin.

Antoine Pelletier: Hace algunos meses atrs se comentaba el fin del ciclo progresista en Amrica Latina. Ahora, parece que se empieza a gestar una nueva situacin. Por una parte, las clases dominantes estn a la ofensiva, por otra, las resistencias al neoliberalismo se expresan tanto en las calles, como en las urnas.

Franck Gaudichaud: Efectivamente, ha habido un debate sobre si asistimos sensu stricto al llamado fin de ciclo de los gobiernos progresistas, nacional populares o de centro izquierda: desde el violento fin de la gestin del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil hasta la crisis sin fin en la Venezuela de Nicols Maduro, pasando por Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador... En realidad, lo que se confirma ms que un fin es el reflujo turbulento de esas experiencias y lo que aflora ms que nunca son los lmites estratgicos y las contradicciones de estos diferentes proyectos y sus regmenes polticos. Me remito al ensayo que acabamos de publicar sobre este tema con Jeff Webber y Massimo Modonesi 2/. Especialmente, con la crisis econmica mundial y el agotamiento ms o menos profundo segn los pases de los proyectos neodesarrollistas y neoextractivistas progresistas, se entr en una coyuntura catica y difcil, en la que las clases dominantes, los sectores conservadores, las lites mediticas, las burguesas financieras, las iglesias evanglicas y la extrema derecha militarista estn a la ofensiva por todas partes. Esto es particularmente cierto tras la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, pas clave en la geoestrategia regional; victoria que se inscribe en la estela del triunfo del golpe de Estado parlamentario contra Dilma Roussef, y despus con el encarcelamiento ilegal e ilegitimo de Lula.

Al mismo tiempo, no existe ninguna estabilidad para esta ofensiva conservadora y/o reaccionaria; parece que las clases dominantes no encentraron la llave para asentarse de nuevo en el poder, con cierto nivel de consenso, y para construir una nueva hegemona neoliberal-autoritaria. En Argentina, el neoliberal Mauricio Macri ha sido descabalgado por las urnas y su mandato ha estado marcado por un hundimiento econmico dramtico, a pesar de -o ms bien deberamos decir a causa de- la ayuda gigantesca del FMI dirigido por Christine Lagarde. En Mxico, apareci un progresismo tardo con la victoria de Lpez Obrador (centro izquierda), que, seguramente, no encarnar esa gran transformacin anunciada, pero que, sin embargo, constituye un freno relativo a comparacin con los ejecutivos neoliberales precedentes. En Venezuela, la ofensiva de la oposicin apoyada a duras penas por Washington con la autoproclamacin de Juan Guaid (a finales de febrero de 2019) y la asfixia econmica del pas, fracas lamentablemente. Sin embargo, el gobierno Maduro permanece enormemente debilitado, y sigue marcado por el autoritarismo, la mala gestin y la corrupcin masiva, tampoco es capaz de remontar la pendiente de la economa cuando en paralelo las sanciones estadounidenses pesan mucho sobre las condiciones cotidianas de vida. Pero, hecho fundamental para el gobierno bolivariano, las Fuerzas Armadas Bolivarianas han permanecido leales al poder madurista. Otro ejemplo de la coyuntura indecisa actual, Uruguay, donde la derecha acaba de poner fin a quince aos de gobiernos socialdemcratas del Frente Amplio, despus de una apretada victoria en la segunda vuelta de las elecciones, con el apoyo de la extrema-derecha militarista.

Frente a esta ofensiva conservadora no estabilizada, se constata una recuperacin de fuerzas populares descontentas y de las resistencias colectivas que se expresan indirectamente en las urnas con, por ejemplo, la victoria peronista en Argentina, pero, sobre todo, por abajo, con un reguero de luchas sociales. Tambin se ve con la gran victoria democrtica de la puesta en libertad de Lula (sin que por ello haya salido libre del proceso judicial) en Brasil. En resumen, hay una recomposicin de la lucha de clases muy potente que configura un periodo marcado por la incertidumbre, tanto desde el punto de vista del poder como de las clases populares. Estas intentan reorganizarse, pero en un contexto degradado y sin siempre hacer el necesario balance crtico del periodo anterior, el de la edad de oro progresista (2002-2013). Otro dato importante: la amplitud de la represin estatal y de la criminalizacin de los movimientos populares con decenas de muertos en toda la regin (de Chile a Honduras pasando por Bolivia), prcticas de tortura, violaciones y feminicidios por parte de una polica militarizada, desapariciones y detenciones ilegales. Desde mi punto de vista, la urgencia est polticamente ah para quienes vivimos en Europa: qu campaa de solidaridad internacionalista, amplia y unitaria, hacer para poner freno inmediatamente a estas prcticas de terrorismo de Estado? Cmo aumentar la presin sobre nuestros propios gobiernos y la UE, que mira para otro lado y apoya de lleno los Estados responsables de estas violaciones sistemticas de los derechos fundamentales?

A. P.: Chile, Ecuador, Hait y ahora Colombia, la lista de los movimientos populares se alarga. Qu se puede decir de estos movimientos, de sus races y sus perspectivas?

F. G.: Segn diversos observadores, despus de las primaveras rabes o el movimiento de los indignados en el Estado espaol, estamos en un contexto de revueltas globales y las insurrecciones latinoamericanas resuenan con los ecos lejanos de Lbano, Irak, Argelia, Hong-Kong o incluso, con los chalecos amarillos de Francia. Quizs es una generalidad decirlo, pero se trata de resistencias al neoliberalismo y contra el autoritarismo en un contexto de crisis de legitimidad de los sistemas polticos actuales, percibidos como dominados por castas polticas donde reinan el clientelismo, la soberbia y la corrupcin. Si se habla de Chile, de Hait, de Ecuador, de Colombia, est claro. No obstante, no se trata de luchas globalizadas, dependen antes que nada de consideraciones locales y relaciones de fuerzas nacionales (incluso si existen influencias mutuas reales, especialmente, va redes sociales y circulacin de repertorios de accin). Este rechazo del sistema tiene diferentes dimensiones ms o menos fuertes segn el pas: la cuestin de la corrupcin, central en Hait, la del modelo econmico y el autoritarismo en Chile, en Ecuador y en Colombia. Se trata de crisis que nacen de la precarizacin generalizada de la vida, de la naturaleza y del trabajo en la era neoliberal en los pases del sur global. Es necesario tomar el pulso al descontento acumulado a lo largo de los ltimos decenios, a las dificultades cotidianas para millones de personas para vivir y tener vivienda en las grandes ciudades o en los espacios rurales contaminados y controlados por las multinacionales, etc. y tambin entender la dimensin de la rabia de las y los de abajo al constatar la incapacidad de regmenes polticos muy poco democrticos para responder a estas expectativas mientras que la riqueza se acumula en un extremo de la sociedad. En el caso chileno, se trata nada menos que de poner fin a la Constitucin de Pinochet, todava vigente, hoy, en 2019

A. P.: La pequea burguesa (las clases medias) juega un papel importante en las manifestaciones populares, pero con trayectorias diferentes.

F. G.: En Chile, asistimos ante todo a una explosin de la juventud precarizada, es el alumnado de colegios e institutos, a menudo muy jvenes, que han saltado las barreras del metro y han rechazado pagar los treinta cntimos de aumento para los billetes del metro ms caro del mundo (en relacin al poder adquisitivo). Verdaderamente, es una juventud que sale de los sectores populares o de las capas medias precarizadas. Globalmente, en los pases del sur, amplias capas de la pequea burguesa estn muy precarizadas, endeudadas, sin trabajo estable y en algunas coyunturas- acaban por seguir y acompaar las movilizaciones populares. Un elemento importante es el nivel de escolarizacin. Actualmente existe una juventud latinoamericana (urbana pero tambin rural) escolarizada, ms diplomada que antes, conectada a las redes sociales, menos afiliada a los partidos polticos y sindicatos que en los aos setenta y que entra en la lucha de forma ms o menos espontnea y muy explosiva frente a medidas inmediatas, aunque obvio - en momentos diferentes en cada pas.

El contenido antiliberal, antiautoritario, democrtico de los movimientos sociales antagnicos actuales es muy claro en Chile, en Ecuador, en Hait y ahora en Colombia, con una huelga general de una amplitud que no se haba visto desde hace dcadas. Al mismo tiempo, hay ingredientes locales esenciales. Por ejemplo, la cuestin del proceso de paz en Colombia que el gobierno de Duque y el uribismo han intentado torpedear por todos los medios. En Chile, la arrogancia patronal de Piera y la militarizacin del espacio pblico han acelerado la movilizacin (reactivando la memoria traumtica de la dictadura de Pinochet). En Ecuador, el gobierno Moreno (salido de Alianza Pas), se aline con el neoliberalismo, el FMI, Estados Unidos y la patronal de Guayaquil. En Hait, el elemento fundamental es el rechazo a la casta corrupta y al ejecutivo de Jovenel, pero tambin las consecuencias de quince aos de ocupacin del pas por tropas de la ONU, en particular brasileas.

Bolivia tom un camino distinto: tambin existe all un descontento social real acumulado pero no frente al neoliberalismo, sino ms bien frente al caudillismo de Evo Morales, que se present a las elecciones para un cuarto mandato a pesar del resultado del referndum de 2016 [en el que result derrotada su propuesta de poder hacerlo], gracias a una decisin un tanto polmica del tribunal constitucional. Aunque durante los 14 aos de evismo, la pobreza haya disminuido muy significativamente y se haya construido un Estado ms social y plurinacional, tambin existen crticas sobre el modelo de desarrollo extractivista y un creciente divorcio entre la gestin gubernamental y una parte del movimiento popular. Sin embargo, el hecho fundamental para explicar el golpe de Estado contra Evo es la capitalizacin poltica de este descontento ciudadano por la derecha dura, por el comit cvico de Santa Cruz y las corrientes evanglicas reaccionarias. Camacho, el lder neofascista de las llanuras orientales, aprovechando la debilidad del MAS que perdi parte de su capacidad de movilizar a sus bases histricas, encabez este movimiento heterogneo donde se encuentran sectores populares, latifundistas, organizaciones indgenas, patronal, etc. Estamos en un equilibrio de fuerzas diferente. El giro de una parte de las nuevas clases medias apoyando el golpe jug tambin su papel: despus de aprovecharse de la buena gestin del MAS, del triple aumento del PIB y hoy tienen expectativas a las que el MAS no dio respuesta. Al mismo tiempo, la gestin profundamente clientelar de las relaciones entre las organizaciones populares y el MAS (que ms que un partido es una especie de federacin de organizaciones sociales) no contribuy a blindar el gobierno frente a este tipo de desestabilizacin. En fin, tambin habra que desarrollar ms y entender en detalle lo que tiene que ver con la accin del imperialismo en el golpe, que cada da aparece como ms decisiva, no solo a travs de la OEA en la denuncia del fraude electoral, sino tambin a travs del apoyo activo, desde 2005, a los sectores de derechas y a los separatistas de la parte oriental, que buscaban derrocar a Morales.

A. P.: El movimiento feminista parece especialmente potente en Amrica Latina. Podemos hablar de una nueva ola feminista que atraviesa todo el continente?

F. G.: Las luchas de las mujeres y el movimiento feminista son un actor clave en la recomposicin de la lucha de clases y del movimiento popular antagnico en la regin. Estn fuertemente ancladas en la juventud y no solamente estudiantil. Han logrado establecer vnculos con una parte del movimiento sindical y del movimiento campesino. Eso se ve, por ejemplo, en la importancia del movimiento de mujeres y feminista en las luchas populares de Brasil y del Movimiento Sin Tierra (MST).

Al mismo tiempo, es un movimiento amplio, continental, transnacional, con especificidades locales. La dinmica argentina tuvo influencia en Chile, especialmente con el potente movimiento Ni una menos y con la lucha por el aborto, con el smbolo del pauelo verde que se convirti en emblema internacional. Este movimiento desbord las fronteras e inspir al otro lado de la Cordillera, las luchas feministas chilenas. Estas tienen sus reivindicaciones y dinmicas propias; sobre todo, despus del movimiento universitario en 2018 con la masiva ocupacin de las universidades en contra los abusos sexuales y la educacin sexista. El movimiento en Chile se dispara con la gran huelga de marzo de 2019 y la creacin anterior de la Coordinadora del 8 de Marzo que agrupa a decenas de organizaciones. El movimiento feminista latinoamericano de la ltima poca demostr que es posible articular enfoque unitario y radicalidad, convirtindose en un movimiento de masas y popular. En mi opinin, encarna una gran esperanza para cualquier transformacin democrtica profunda, no solo antipatriarcal sino tambin decolonial y anticapitalista. Es un movimiento que se define contra la precarizacin de la vida e integra trabajadoras y trabajadores, migrantes, las reivindicaciones indgenas, las luchas LGBTQI+, etc.

En Mxico, la lucha contra la violencia neoliberal y los numerosos feminicidios (no solo en Ciudad Jurez) constituy un eje central de este movimiento sin que, hasta este momento, llegue a transformarse en un movimiento nacional masivo. Tambin hubo avances en relacin a la despenalizacin del aborto (en el estado de Oaxaca y en Mxico capital). En Brasil, las luchas feministas con la campaa Ele No (l no) contra el ascenso de Bolsonaro, o incluso la gran marcha de las margaritas de centenares de miles de mujeres rurales en agosto de 2019, confirman ese compromiso. Esta ltima fue una marcha masiva, nacida en el feminismo comunitario campesino. Se articula con el papel jugado por militantes de la izquierda radical, ms urbana, como lo era Marielle Franco, asesinada por los esbirros de Bolsonaro.

Hay una nueva ola feminista pero no en el sentido europeo o estadounidense. Es ms bien, un momento histrico, muy importante, de las luchas de las mujeres y de los feminismos (que son plurales), con tambin algunas influencias venidas del norte, del movimiento del Estado espaol y la huelga feminista que une a tericas como Silvia Federici, Cinzia Arruzza y otras, pero que parte y, sobre todo, est anclado en las entraas de las especificidades de la Amrica Indo-Afro-Latina.

A. P.: Otros actores especialmente importantes en Latinoamrica son los movimientos campesinos e indgenas. Cmo se puede comprender el papel progresista de esas fuerzas y en particular, su relacin con el movimiento obrero?

F. G.: Ahora que conmemoramos los 25 aos del surgimiento de la rebelin indgena, campesina, antineoliberal y anticapitalista neozapatista en Chiapas, creo que tendra un gran mrito extraer las lecciones de esta experiencia capital y tambin reactivar las redes de solidaridad con el proceso zapatista que dura desde hace un cuarto de siglo en un territorio tan grande como Blgica y que emprendi la construccin de formas alternativas de gobierno y de vivir en un mundo al borde del colapso... El zapatismo ha logrado resistir los asaltos de las fuerzas militares mexicanas y construir, en positivo, un nuevo relato de cmo intentar, a duras penas, forjar una perspectiva poscapitalista, estando abierto a todas las luchas internacionalistas, conectado con el pueblo kurdo y con otras muchas luchas, poniendo en marcha la cuestin del comunalismo, pero a partir de las coordenadas de los pueblos mayas de Chiapas, elaborando la confluencia entre los territorios indgenas y la construccin de un poder poltico democrtico innovador, etc. Esta experiencia es fundamental para pensar las alternativas para el siglo XXI. Por supuesto que hay lmites y muchos problemas no resueltos (especialmente, en el plano econmico), como lo reconocen all mismo. La relacin con las otras izquierdas mexicanas tambin es difcil, a menudo. Pero cuando se ve el hundimiento del chavismo en Venezuela, la ausencia de transformaciones estructurales en Argentina, la trayectoria del PT en Brasil o del Frente Amplio en Uruguay, el balance de quince aos de progresismo es bastante limitado y contradictorio. As que, a mi modo de ver, hay que volver a la experiencia zapatista y su concepcin del poder desde abajo sin caer en la cantilena estratgica de cambiar el mundo sin tomar el poder: cambiemos el mundo transformando el poder parece que nos dice el zapatismo...

En relacin a los actores movilizados en el resto del subcontinente, se podra aventurar que asistimos al retorno de la emergencia plebeya destituyente, como a finales de los aos 90 o principios de los aos 2000, durante las grandes confrontaciones frente al neoliberalismo, con la CONAIE 3/ en Ecuador, la dinmica del Movimiento Sin Tierra en Brasil, la guerra del agua y del gas en Bolivia, el qu se vayan todos en 2001 en Argentina e incluso ante las revueltas urbanas del tipo Caracazo en Venezuela. Son actores variados, salidos de formaciones sociales en las que lo popular engloba una gran multiplicidad de fracciones de clase. En las ltimas semanas, vimos de nuevo movilizados -segn el pas- movimientos indgenas y de la clase trabajadora, las y los sin techo, gente parada (los piqueteros), jvenes, las y los mismos que haban abierto un nuevo ciclo poltico posneoliberal a principios del siglo XXI.

Hoy asistimos a una nueva explosin plebeya, en la que las y los indgenas, se ha visto en Ecuador, juegan un papel central. Son capaces de hacer temblar al gobierno neoconservador de Lenn Moreno. En Brasil, habr que ver cmo se va a posicionarse el MST, porque los vnculos con el PT han sido muy fuertes durante mucho tiempo, lo que le ha paralizado ampliamente. Pero, con el movimiento contra las represas (MBA), el movimiento de las margaritas, las luchas ecoterritoriales alrededor de la Amazonia y frente a la ofensiva de la extrema derecha, hay una reactivacin de las resistencias. Los sectores campesinos e indgenas estn en el centro de los ataques del neoliberalismo, se encuentran tambin entre los decepcionados de las experiencias progresistas y, por lo tanto, encarnan un actor muy importante. Mientras Evo Morales y Garcia Linera estn en el exilio en Mxico, son los Ponchos Rojos 4/ quienes llevan la ofensiva para responder a la dimensin ultra violenta del golpe de Estado boliviano.

Esto no impide que tambin haya resistencias obreras y urbanas; son fundamentales pues estn el corazn de la relacin capital-trabajo. En Ecuador, ha sido la unin de los movimientos urbanos e indgenas la que ha dado dinmica nacional a la revuelta contra Lenn Moreno. En Chile, el movimiento sali, sobre todo, de las poblaciones urbanas, de la juventud urbanizada y escolarizada, de una parte de la pequea burguesa, pero tambin del sindicalismo: la Unin Portuaria de Chile est en el centro de la revuelta actual y del movimiento de la huelga nacional, al igual que una parte de las organizaciones sindicales en la Mesa de la Unidad Social alimenta esta rebelin. En mi opinin, incluso es ah donde se va a jugar la salida de la crisis chilena: la capacidad de la clase trabajadora de entrar en movimiento nacional y bloquear la economa ser la batalla decisiva contra Piera y contra la represin del Estado, indita desde 1990.

Pero tambin hay contradicciones desde este lado: en Bolivia, una parte de la direccin de la Central Obrera (COB), con su llamamiento a la renuncia de Morales para pacificar el pas, se puso de hecho del lado de los militares y, por tanto, apoy el golpe de Estado! El movimiento obrero no est siempre listo para la lucha, lejos de eso. Las grandes centrales, la CUT chilena, la CUT brasilea, tienen grandes dificultades para volver a articular un movimiento de resistencia frente a los gobiernos de extrema derecha o neoliberales, porque desde hace tiempo son correas de transmisin de varios partidos progresistas. Y uno de los desafos del periodo es precisamente reconstruir un sindicalismo combativo e independiente de las instituciones, arraigado en los lugares de trabajo y territorios.

Artculo publicado en el mensual LAnticapitaliste (NPA)

 

Traduccin: viento sur

Notas:

1/ F. Gaudichaud es profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Toulouse Jean Jaurs (Francia) y miembro del comit editorial de la revista Contretemps: https://www.contretemps.eu.

2/ En castellano, disponible en lnea: http://ciid.politicas.unam.mx/www/libros/gobiernos_progresistas_electronico.pdf.

3/ Confederacin de las nacionalidades indgenas de Ecuador (NdelT).

4/ Milicia de la etnia aymara, originaria de la regin del lago Titicaca en el cruce de Bolivia, Per, Argentina y Chile (NdelT).

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article15383



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