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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2019

Cuaderno de augurios 4
De recesiones y monopolios

Albert Recio Andreu
mientras tanto


1. La economa espaola ante la recesin

Nadie est seguro de que estalle otra crisis a corto plazo, pero existe un temor generalizado a que en los prximos meses decaiga la actividad econmica. Desde el Gobierno ya han tratado de tranquilizarnos: Estamos mucho mejor que en 2008, la economa ahora es ms slida. Nada sorprendente; los gobiernos siempre tratan de vender optimismo y tranquilidad. Hay en ello bastante de propaganda y, tambin, de voluntad de evitar que la propagacin del pnico agrave los problemas.

He participado en el III Congreso de Economa y Trabajo de CCOO, un encuentro bianual bastante interesante con intervenciones sobre economa, negociacin colectiva y sociedad (se pueden encontrar las ponencias en la web de la Fundacin Primero de Mayo, www.1mayo.ccoo.es). En la apertura el secretario general de CCOO, Unai Sordo, en el curso de una brillante intervencin sobre la situacin laboral del pas, introdujo el mismo tipo de reflexin: ahora tenemos una economa ms slida. Entonces mi memoria retrocedi en el tiempo y volv a situarme en 2008 parece que la historia se repite, cuando el Gobierno Zapatero se negaba a reconocer la crisis (y alardeaba de que la banca espaola ya haba llevado a cabo las reformas necesarias para evitar un desastre financiero) y en alguna de las jornadas de sindicalistas en las que particip varios lderes sindicales argumentaban que la existencia de acuerdos y compromisos con los empresarios y las administraciones permita abordar la crisis sin altos costes sociales. Por esto me asaltaron los recelos. Ante esta situacin, lo bsico es analizar los datos y ver en qu se sustentan los buenos augurios.

Hay ciertamente una base racional en la valoracin optimista sobre la economa local. Esta se sustenta bsicamente en la notable mejora de la balanza comercial y de pagos, en la reduccin del endeudamiento y, en menor medida, en el cambio de estructura productiva. La posicin exterior de la economa espaola ha mejorado considerablemente respecto a la que exista cuando estall la crisis de 2007. En aquel momento el dficit de la balanza comercial era del 35% (por cada 100 euros de bienes importados se exportaban mercancas por valor de 65), mientras que hoy la balanza comercial est casi en equilibrio (el dficit es slo del 1,4%), lo que sumado al supervit que suele generar la balanza de servicios, sobre todo por los ingresos del turismo, deja una situacin favorable de la economa espaola respecto al exterior. A esta mejora se ha llegado por una moderacin de las importaciones y un claro crecimiento de las exportaciones, un cambio al que han contribuido diversos factores y que no puede resumirse recurriendo a una explicacin simplista. Segn esta, habra sido la devaluacin interna, o sea el ajuste salarial trasladado a precios, lo que habra permitido cambiar la dinmica, algo que casa mal con la evidencia de que los precios de exportacin han crecido ms que los de importacin, lo contrario de la devaluacin interna. Una parte de la mejora se debe al notable abaratamiento de la factura energtica debido a los bajos precios del petrleo y del gas y a la apreciacin del euro. Otro factor ha sido sin duda el esfuerzo exportador de muchas empresas espaolas cuando experimentaron el hundimiento del mercado interno. En este sentido, la crisis oblig a replantear muchas polticas empresariales organizacin interna y de mercados, tipo de producto, etc., y ello puede entenderse como un impacto positivo de la crisis. Ejemplos de ello son el buen comportamiento del sector de produccin de material ferroviario aprovechando el renacimiento mundial del tren y el tranva, o el de ciertos sectores de la industria alimentaria. En otros casos el cambio estructural se ha debido menos a factores internos que a polticas multinacionales. El ejemplo ms obvio es el del sector automovilstico, donde las plantas espaolas han vivido una nueva fase expansiva. Y, si del comercio exterior pasamos al anlisis del conjunto de la actividad econmica, lo ms sustancial ha sido la prdida de peso de la actividad constructiva (hoy se sita en un 50% de lo que era antes de la crisis) y una mayor diversificacin de las actividades, aunque en gran parte el principal sector de impulso ha sido la actividad turstica.

La segunda mejora reside en el endeudamiento. El endeudamiento externo de la economa espaola ha bajado del 250% al 171% del PIB. La deuda bruta tambin se ha reducido, pero en este caso hay trayectorias divergentes. Ha disminuido la deuda bruta de las empresas, de 141% al 94% del PIB, una reduccin que es en parte fruto de la mejora de la actividad, pero que tambin se ha debido a las ventas de filiales que han realizado muchas grandes empresas siguiendo un patrn clsico de la economa de la deuda (sobre todo los grandes grupos espaoles, que en muchos casos se han tenido que desprender de partes de sus viejos negocios). Tambin ha bajado la deuda de las familias de un 85% al 58% del PIB, bsicamente por el fin del auge del mercado inmobiliario y la menor alegra crediticia. Pero, por el contrario, ha crecido el endeudamiento pblico: la deuda bruta de todo el sector pblico se sita en el 135% del PIB. Cabe destacar que este aumento del endeudamiento se produjo sobre todo en el perodo 2010-2014, en gran parte a causa de dos polticas combinadas: el coste del rescate del sector financiero y el impacto macroeconmico de las polticas de ajuste. A partir de 2014 el endeudamiento pblico se ha mantenido ms o menos estable, y el hecho de no proceder a nuevos ajustes del gasto pblico ha tenido sin duda un efecto beneficioso sobre la actividad econmica.

Hay por tanto razones que avalan este diagnstico optimista. Hay indicios de una cierta transformacin productiva, una mejor posicin exterior y un menor endeudamiento global. As pues, cabra esperar que una recesin global tuviese un impacto ms moderado que la crisis anterior, cuando el desplome de la actividad constructiva arrastr al conjunto de la economa a un pozo del que el empleo no se ha recuperado an del todo.

Pero este diagnstico optimista debe ser complementado con una serie de anotaciones crticas que suelen olvidarse. En primer lugar est la cuestin del endeudamiento. Si bien este se ha reducido, el sector pblico ha visto como aumentaba. En la actual situacin monetaria, este endeudamiento es fcilmente soportable debido a los bajos tipos de inters, pero puede jugar de forma negativa en caso de un crecimiento del nerviosismo de los mercados. No slo porque puede producirse un repunte de los tipos de inters de la deuda, sino sobre todo porque el Estado espaol puede ser forzado, de nuevo, a realizar una poltica de ajustes (como ya se est empezando a plantear desde la Unin Europea), y ello puede impedir que en un contexto de recesin contemos con una poltica pblica compensatoria o expansiva que evite recaer en una depresin. En segundo lugar, aunque la estructura productiva parece ahora ms equilibrada que en el pasado, no hay garantas de que esto no pueda volver a cambiar. El auge del turismo puede encallarse (por la propia recesin o por la mejora de los destinos alternativos), la industria automovilstica se enfrenta a un importante cambio de orientacin, etc. Pensar que un buen cuadro macroeconmico garantiza la facilidad de un ajuste es bastante insensato. Si algo hemos aprendido del pasado es la enorme variabilidad que caracteriza al perodo neoliberal. Y faltan polticas y anlisis ms detallados sobre qu tipo de respuestas podran adoptarse en caso de que las guerras comerciales u otras causas alteren la situacin exterior.

Este anlisis convencional ignora, adems, otras cuestiones centrales. De la crisis hemos salido con ms pobreza, con ms precariedad laboral, con graves problemas de vivienda..., y cualquier debilitamiento del gasto pblico derivado de nuevas demandas de ajuste puede provocar un nuevo desastre social. Un desastre que ya forma parte de la vida cotidiana de mucha gente y que podra alcanzar cotas insoportables. A la crisis anterior se lleg con mucha gente endeudada, sobre todo en hipotecas que acabaron en desahucios masivos. Ahora han aumentado los empleos de bajos salarios y los problemas de vivienda estn lejos de solucionarse, y en esto las entidades del tercer sector muestran mucha ms perspicacia que los economistas ortodoxos. Una nueva recesin podra tener efectos letales para mucha gente y abrir un escenario no previsto en los cuadros macroeconmicos oficiales.

Est asimismo el tema del cambio climtico y la crisis ecolgica, una cuestin habitualmente olvidada (o despreciada) por el enfoque econmico dominante pero que cada vez es ms difcil de soslayar, sobre todo en un pas con una ubicacin complicada segn los analistas del calentamiento global, con muchos impactos potenciales que afectan a elementos sustanciales de nuestra estructura econmica. Las recientes inundaciones en el sudeste peninsular y el desastre ambiental del mar Menor (claramente provocado por el modelo de agricultura imperante en la zona) deberan considerarse avances palpables de lo que puede ocurrir en los prximos aos. Y si para algo es obvio que no estamos preparados es para hacer frente a impactos graves derivados de nuestra mala gestin ambiental.

En definitiva, el optimismo decae cuando se amplan los factores que se introducen en el anlisis. Es bastante probable que no vaya a repetirse el tipo de colapso que gener el fin de la burbuja inmobiliaria, pero subyacen suficientes elementos disruptivos para pensar que una nueva recesin traer consigo un insoportable recrudecimiento de la tragedia social que ahora ya vive una parte de nuestra poblacin. Urge empezar a plantear medidas orientadas hacia un modelo econmico diferente.

2. De cmo actan los monopolios cuando se siente agredidos: el caso Agbar

Esta es una historia ejemplar del poder de algunas empresas y de los mecanismos que lo reproducen. Agbar es un grupo empresarial que tiene su origen en la Sociedad General de Aguas de Barcelona, empresa que desde 1882 ha tenido en sus manos la gestin del suministro de agua en Barcelona. (La de esta ciudad siempre ha sido una sociedad liberal, y la gestin de servicios pblicos bsicos como el agua o la recogida de residuos siempre ha estado en manos privadas.) Con el paso de los aos la empresa ha creado una enorme red empresarial que constituye el principal grupo privado espaol del sector. Actualmente es una filial de la multinacional francesa Suez Environment, que en 2009 compr la participacin mayoritaria de La Caixa.

Poco despus, en un pleito privado, un juez decret que Aguas de Barcelona careca de un contrato con el Ayuntamiento de Barcelona y, por tanto, su situacin estaba en el aire. Ello abri un flanco preocupante en un momento en que en toda Europa renaca una tendencia hacia la gestin pblica directa (que ha hecho que Suez pierda la gestin en plazas tan emblemticas como Pars y Berln). La empresa reaccion con presteza utilizando su red de contactos polticos. Por una parte, alcanz un acuerdo con el Consejo General del Poder Judicial para organizar cursos a jueces sobre derecho del agua, y por otra lleg a un rpido acuerdo con Convergncia i Uni y el PSC (ahora nadie se acuerda de la sociovergencia que mand en el pas durante mucho tiempo) para crear una nueva empresa, Aguas de Barcelona, que integrara toda la actividad del ciclo del agua en 23 municipios del rea Metropolitana, integrando compaas del grupo Agbar y activos pblicos. (Algunos ayuntamientos no se sumaron, bien porque tenan empresas mixtas con otros grupos, bien porque contaban con eficientes empresas pblicas, como es el caso de El Prat de Llobregat.) Todo se hizo con bastante celeridad y poca transparencia. El objetivo era dar un encaje formal a los intereses de Agbar, que pas a controlar el 85% de la nueva empresa, quedando el resto para el rea Metropolitana de Barcelona (AMB).

Agbar haba ganado la primera batalla, pero tuvo que hacer frente hasta tal punto a la creciente campaa pro gestin pblica impulsada por Aigua s Vida (una entidad animada por grupos ecologistas y vecinales) y la oposicin de sus competidores (Acciona, Sacyr...) que vio la posibilidad de hacerse con un negocio suculento. En 2015, en el nuevo ayuntamiento de los Comuns, figuraba como concejal Eloi Badia, uno de los lderes de Aigua s Vida, que pas a controlar el rea de medio ambiente de la AMB. Y en 2016 la cosa se complic an ms cuando el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya dictamin el carcter ilegal de la nueva empresa por razones obvias, como que haba sido creada sin concurso, que en 16 de los 23 municipios Agbar no tena contrato anterior y que la valoracin que se hizo en su da de los activos que aportaba la empresa y el sector pblico era inadecuada. Era una sentencia demoledora que abra las puertas a una municipalizacin a coste cero, puesto que no exista ninguna concesin que rescatar y la valoracin de activos encargada por la propia AMB mostraba un saldo ligeramente favorable para el sector pblico.

La respuesta de la empresa no se limit a plantear un recurso al Tribunal Supremo, sino que tambin puso en marcha una campaa total que hemos padecido directamente los movimientos sociales favorables a la municipalizacin.

- Una intensa campaa publicitaria no slo en medios convencionales sino tambin a travs de un plan de esponsorizacin de entidades.

- Una campaa de acoso y derribo en la que se han combinado dossieres de prensa contra entidades, amenazas con recursos judiciales y actividades de espionaje.

- El culmen de esta campaa se alcanz tras la aprobacin por parte del Ayuntamiento de un nuevo reglamento de participacin (largamente reivindicado por todo el tejido asociativo local) que inclua la posibilidad de convocar consultas tras recoger 15.000 firmas de apoyo. Cuando las entidades promotoras de la municipalizacin recogimos 30.000 firmas en apoyo de la consulta, Agbar lanz una ofensiva general, bien directamente, bien a travs de sociedades impuestas o bien recurriendo a bufetes de abogados con los que existan contactos obvios. Una ofensiva de cuarenta recursos que ha tenido xito cuando el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, en una sentencia inslita, ha decretado la suspensin de todo el reglamento de participacin.

Finalmente Agbar ha triunfado. Hace unos das el Tribunal Supremo ha dado un vuelco completo a la sentencia del TSJC y ha decretado la legalidad de todo el proceso de creacin de la nueva empresa y de las valoraciones tan favorables a los intereses de Suez. Sorprende un giro tan radical. Sin haber ledo an la sentencia, creo que pueden aventurarse algunas hiptesis. Una es de tipo formal: si la ley permite una interpretacin tan diversa es que seguramente su redaccin es tan ambigua que deja mucho espacio a los sesgos ideolgicos de los jueces. Otra es de tipo estructural y tiene que ver con la cultura dominante en la casta judicial, siempre proclive a salvaguardar el statu quo y los intereses dominantes, siempre recelosa de abrir vas al desorden; conozco lo suficiente a las lites econmicas como para pensar que lo mismo es trasladable al sector judicial, y ratificar la sentencia de Catalunya era abrir la va a municipalizar el negocio central de una gran empresa. Y una tercera hiptesis es de tipo conspirativo: la formacin que Agbar dio a jueces hasta al menos 2015 igual ha dado sus frutos, sin contar el papel de los lobbies que han interferido en todo el proceso. Lo hemos vivido intensamente en Barcelona. Agbar est implicada en diversos casos de corrupcin (Pokmon, Cantabria, etc.) y tiene tentculos muy largos que llegan a gente importante, y posiblemente ahora habrn intentado jugar esta baza. Con la hiptesis estructural basta, pero esta ltima no es del todo descartable.

Agbar ha conseguido imponer sus intereses en Barcelona (y sigue incordiando en Terrassa y Valladolid, donde no ha podido parar la municipalizacin), y para ello ha utilizado sus poderosos medios y su falta de escrpulos. No slo es una cuestin econmica, sino tambin de derechos sociales (pues existe una enorme opacidad sobre cmo gestiona las ayudas sociales a las personas pobres) y de democracia (ha preferido cargarse todo el modelo de participacin de Barcelona a tener que enfrentarse a una consulta no decisiva sobre la gestin del agua).

Hemos perdido una gran oportunidad de municipalizar el agua, y habr que plantearse cmo seguir actuando. Hay al menos alguna noticia buena. Durante el ltimo mandato municipal (2015-2019), la AMB, que tiene la ltima palabra sobre las tarifas, ha impuesto un recorte del 9,5%, mientras que la empresa haba planteado aumentos del 25% (pese a esta distorsin ha seguido ganando 20 millones de euros anuales y repartiendo dividendos). Ello demuestra que la presin ha limitado su actuacin monopolstica y que con voluntad poltica es posible hacer frente a los desmanes de este tipo de empresas. Es una va menos radical e inmediata, pero no deben despreciarse las vas indirectas para conseguir que la gestin del agua sea ecolgicamente eficiente y que el servicio garantice el acceso universal y a un coste adecuado a un suministro que es esencial.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-185/notas/de-recesiones-y-monopolios

 



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