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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2019

El pas que no me entiende
Las masivas marchas contra la poltica de Duque

Juan Alberto Snchez Marn
Rebelin


Los plantones continan en Colombia. El repique de cacerolas no deja de orse en Bogot y en muchos municipios del pas. Son concentraciones pacficas en puntos determinados, pero se preven nuevas movilizaciones masivas para los prximos das, y, con toda certeza, muchas para el prximo ao.

Los medios hablan poco de las demandas del Paro. Antes hablaron en exceso de vndalos y encapuchados malvados; ahora, se regodean en las contrariedades que encarnan las marchas.

Las prdidas de los comerciantes, hasta ahora, segn la Federacin Nacional de Comerciantes (Fenalco), ascienden al billn de pesos (unos trescientos millones de dlares). Un menoscabo considerable, nadie lo niega, injustificado e injusto.

Menos que nada, desde luego, al lado de la corrupcin desbordada de quienes esquilman al Estado, y le dan bro a cualquier protesta. Y como si fuera que sin marchas esos comerciantes pudieran hacer cuentas alegres en un pas lleno de frusleras para ver y pocas monedas para comprarlas.

Los medios tambin hablan de los trancones que ocasionan los marchantes. Que no respetan los derechos de los no marchantes, y que estos deben caminar durante kilmetros porque no funcionan los sistemas colectivos de transporte.

Como si esas protestas no fueran tambin por los no marchantes que viajan apiados en buses que otros ni siquiera tienen con qu pagar. Como si las concentraciones no fueran contra la violacin de los derechos, esos s fundamentales, que estado y gobierno acometen contra marchantes y no marchantes por igual.

Claro que hacer valer los derechos de la poblacin mayoritaria significa restarle prebendas a la minora que las detenta.

Dos magnitudes inversamente proporcionales, aqu y dondequiera que sea: la disminucin de pobres y miserables en un pas equivale a un incremento sensible en la rabia de sus lites. Y con razn. Pues se disminuyen las riquezas a acaparar, los capitales para especular y los esclavos de los cuales disponer.

Motivos ms que suficientes para negar la protesta social y atacar sin piedad a rebeldes y marchantes. Arremeten contra ellos los que tienen cmo y con qu, y se valen de lo que hallen a la mano.

Desde los grandes medios de comunicacin de su propiedad, hasta las fuerzas policiales a su servicio. Desde el gobierno a su servicio, hasta las instituciones a la medida, los legisladores gregarios, la Justicia a justiprecio.

Qu vendr luego de la tempestad, nos preguntamos muchos?

No la calma, por supuesto.

La protesta tendr una pausa en Navidad y fin de ao porque para los colombianos primero lo primero.

El gobierno calcula que la temporada del consumismo enfriar los nimos. Como si hubiera dinero para comprar, cuando se protesta precisamente porque el dinero de sobra de aquellos pocos le falta a todos, o a casi todos.

Con un dlar por las nubes, se volvi inasequible lo importado, y lo nacional fue liquidado para abrirle paso a la importacin que no hay con qu traer.

Yerran tales clculos y cbalas. Para enero, todos los bandos, marchantes, caceroleros, encapuchados, y SMAD acorazados, volvern por sus fueros, con las pilas recargadas.

Las pilas y, bueno, tambin, las pistolas paralizantes, recargadas quin sabe con qu, y esos rifles no letales que ya llevan cuatro muertos .

El gobierno, en la pausa, amarrar las vacas sueltas con inslitos decretos y disposiciones.

Los marchantes volvern pertrechados con cacerolas nuevas, seg n el correspondiente estrato , repartidas por Santa Claus, Pap Noel o el Nio Dios. Los nicos que en este pas, quizs, todava concedan algo sin tener que marchar ni aguantar tundas o balazos.

Y, entonces, asoma una pregunta prioritaria:

Qu conquistar la sociedad con tal montn de paros masivos y protestas tan repetidas?

Las movilizaciones tendrn proyeccin vlida slo en la medida en que sean un revs para el presidente Duque y sus polticas. La descarnada no es la frase, sino la gris realidad con la que l pretende pintar el vividero nacional.

Otra vez, las magnitudes inversamente proporcionales.

Pues entre ms polticas consigan implementar Duque, Carrasquilla y dems combo, menos justicia social. Ms represin, menos garantas para los ciudadanos. Menor cumplimiento del Acuerdo con las FARC, mayor resurgimiento de la guerra en campos y ciudades.

Porque es una trampa el cuento de que juntos saldremos adelante. Duque representa los intereses concretos de sectores especficos, y chapotea en un pantano de extrema derecha con caimanes an ms a la ultraderecha.

Con esos grupos financi la campaa, por ellos fue elegido, para ellos gobierna. Tal vez en los asuntos de la casa contradiga casi a diario lo que dice con lo que hace. Pero ni chista al seguir las prescripciones contraproducentes de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmicos ( OCDE ), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con esa sumisin despabil la resistencia en su contra.

Su llamado al dilogo nacional revela lo que digo. No se pueden meter al mismo saco las ambiciones de unos y las reclamaciones de otros. A empresarios de arriba con desempleados de abajo. A quienes tienen toda la tierra, junto a los que no tienen ni adonde caerse muertos.

Los unos, disfrutan de los privilegios, pero quieren ms. Son los barriles sin fondo que fabrica el neoliberalismo en los talleres del mercado. Los otros, en cambio, tienen una educacin que no sirve o no les llega, un sistema de salud que los mata, unas viviendas que se las llevan los aguaceros y los torrentes.

Saborean las bondades del capitalismo, desde el otro lado de los escaparates. Estn acostumbrados a recorrer las bellezas del pas en folletos tursticos y mapas de escuela, hasta no hace tanto, por una guerra sobrante, hoy en da, por la plata faltante. En otras palabras, por lo mismo.

Han nacido en un pas donde las transnacionales se hacen pasar por tienditas de esquina, y en el que los nativos, parafraseando con atrevimiento los versos del poeta Giovanni Quessep (1976), son extranjeros de todo, maldecidos por la dicha, solos y a solas hablando de un reino que no existe.

Disfrutan por la televisin la vida feliz de la que carecen. Dejan escapar ms lagrimones por ricos ficticios, con padecimientos de libreto, que por ellos y su familia, con las tragedias cotidianas y de verdad. Hay que reconocerle al sistema que ha sido cruelmente listo.

Ese pas que no me entiende

Una economa que mejora, pero una miseria que aumenta. Las grandes empresas creciendo, el empleo disminuyendo. Y el soldado de la patria con la esperanza de que lo maten antes de tener que suicidarse.

Oye, t, mujer, hombre, nio, trabajador, empleada, negro, indgena, recua de pobres, pero, sobre todo, t, viejo, de qu me hablas con estos paros sin justificacin y esa rabia inexplicable?

Pareciera que dos o tres siglos despus la mayor parte de los colombianos al fin supiramos lo que el presidente aparenta no or. Que nos hubiramos percatado de repente del cuento trasnochado. Y eso es, por lo menos, esperanzador.

Todo indica que ahora nos damos cuenta que Duque recurre al mismo ardid utilizado por el linaje que nos ha gobernado desde siempre: el de hacerse el bobo. Y no hay tal. Puede que Duque no tenga idea de hacia dnde conduce al pas, pero entiende bien a qu apeadero debe llevar a los que importan.

Por eso, incluso, en los momentos de peor gobernabilidad, en plena cspide del paro, las ratas prestas a saltar del barco, Duque firma uno de los decretos ms dainos de los ltimos tiempos para el pas. La cereza en el pastel de cuatro dcadas de privatizaciones fren tica s.

La creacin del Grupo Bicentenario, el conglomerado bicfalo que, por un lado, simplificar y justificar mediante cifras, ttulos y acciones el fin ltimo de privatizar lo que an queda del Estado, y por el otro, entre tanto, le cede el patrimonio pblico a los tejemanejes de la intermediacin especulativa para que los ladrones hagan de las suyas sin estorbo.

Duque se ha baado en la fuente donde nace el ro de aguas sucias que ahora lo arrastra. Y los ros todos van al mar, y el mar no se llena (Eclesiasts 1:7). Por lo visto, la mar del sapiencial libro tambin era neoliberal.


Bibliografa

El Espectador. (2019). Los cacerolazos se hicieron o r en Bogot en el und cimo d a de manifestaciones . 1 de diciembre. En: https://bit.ly/2LdclPG

AA. AA. (1960). La Biblia. Versi n Reina-Valera . Sociedades B blicas en Am rica Latina, 1960.

La FM. (2019). Cerca de $1 bill n, las perdidas de los comerciantes por el paro. 29 de noviembre. EN: https://bit.ly/2DCocmf

Quessep, Giovanni. (2010). Quiero apenas una cancin. Antologa. Cercana de la muerte. p. 19. (1976). Universidad Externado de Colombia: Bogot.


Juan Alberto Snchez Marn, Periodista, escritor y director de televisin colombiano. Analista en medios internacionales. Colaborador del Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE). Fue consultor ONU en medios. Productor en Se al Colombia, Telesur, RT e Hispantv.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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