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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2019

Un gran acuerdo poltico nacional para salir de la crisis

FARC-EP


El gobierno del presidente Duque empeado en la continuidad de la mafia uribista en el poder puede pasar a la historia como uno de los peores desde la fundacin de la Repblica. Vivimos los colombianos una poca de calamidad. Durante un ao y dos meses hemos tenido un presidente distrado de la realidad social pero muy concentrado en derrocar a Nicols Maduro y en la desestabilizacin de Venezuela. Siempre mirando la paja en el ojo ajeno, mientras mucha gente busca comida en los basureros, deambula sin salud, sin empleo, sin vivienda digna, y sin posibilidades de una buena educacin.

Colombia es un barco sin capitn frente a la catstrofe. 600 lderes comunitarios asesinados y 170 excombatientes que creyeron en la paz, abaleados, no conmueven el corazn de piedra del gobierno. Sobre este drama humanitario desde el Palacio de Nario solo salen discursos demaggicos y vacos. No pueden negar que este gobierno intent revivir los falsos positivos y que oficiales manchados con estas prcticas fueron ascendidos y mantenidos en las mximas jerarquas; as como sostuvieron a un ministro inepto como Botero en la cartera de defensa, que sala frente a estos casos, con las explicaciones mas peregrinas e inverosmiles.

Nada ms delirante que oponerse al sentido comn que desde hace tiempo est clamando paz para Colombia. Si Duque hubise respetado y acatado el Acuerdo de La Habana, seguramente no habran surgido las turbulencias de la inconformidad que hoy estremecen al pas, ni el estallido de las movilizaciones sociales, ni los paros, ni los cacerolazos que lo obligan a apretarse la cabeza entre sus manos.

No le da ninguna gloria ni galardn histrico haberse conjurado con la faccin uribista para hacer trizas la reconciliacin nacional. El eufemismo de la paz con legalidad, no es otra cosa que el retorno al derecho penal del enemigo, que haba sido superado en aras de la concordia de todos los colombianos. Simula el mandatario la defensa de la paz, pero a lo que realmente apunta es al ocultamiento de la verdad de lo sucedido en el conflicto para favorecer la impunidad de intocables agentes del Estado.

El largo conflicto colombiano ha tenido una causa principal en la tenencia de la tierra. Qu le puede costar al gobierno titularle esas tierras a los campesinos que las han trabajado durante dcadas, como lo dispone el Acuerdo de La Habana? Nada. Le tiene miedo a Fedegan, a la SAC y a los latifundistas. Por eso no sienta autoridad el gobierno cuando una congresista del Centro Democrtico promueve un proyecto de ley para legalizar tierras despojadas. El pas no puede aceptar que se considere tenedores de buena fe a unos latifundistas de mala fe que extendieron sus dominios territoriales cabalgando en la violencia paramilitar. El fondo de tierras de que habla el Acuerdo para entregarlas a los campesinos que no las tienen o las poseen de manera insuficiente, hoy es puro humo.

El Estado colombiano es un Estado faltn, y especficamente, ste gobierno, que no cumple ningn acuerdo. No le cumple ni a los estudianes, ni a la minga indgena, ni a los maestros, ni a nadie. A todos los trampea; slo les cumple a los cacaos del pas, a los dueos del poder, beneficindolos con proyectos legislativos y reformas amaadas.

Es un hecho que el Estado, a travs del Congreso de la Repblica, hundi la reforma poltica convenida en La Habana como una forma burda de soslayar sus compromisos. No quiere que la sociedad en su diversidad participe democrticamente en las decisiones que tienen que ver con su futuro. Por eso recurre a la imposicin arbitaria de sus polticas, reforzadas con el concurso de tecncratas que viven en el aire. De seguro no van a querer hablar de la reforma al podrido sistema electoral colombiano del que habla el Acuerdo, pero confiamos en que el pueblo movilizado desbaratar ese santuario de corrupcin y engao, mediante el cual las castas excluyentes se han pepetuado en el poder desde hace 200 aos.

Por otra parte, este gobierno ha convertido la guerra contra las drogas en una guerra contra los pobres, pues solo persigue al eslabn ms dbil de la cadena, que son los campesinos. Hipcritas. Lo que han montado en Nario y otras regiones, es una maniobra de distraccin para no afectar intereses de encopetados empresarios involucrados hasta los tutanos en el narcorfico, y que han montado una gran lavandera que utiliza la banca para ingresar desde el exterior los dlares de las ganancias del negocio sucio, todo muy bien cubierto con las fachadas de sus impolutas empresas. No engaen ms a los campesinos que se comprometieron con la sustitucin de cultivos. Cmplanles con la titulacin de sus tierras, con los proyectos alternativos y el tratamiento penal diferencial, contemplados en el Acuerdo de La Habana.

El no cumplir con el pacto de paz le ha significado a en este gobierno un enorme desprestigio internacional, del cual no le ser fcil levantarse, a no ser que corrija el rumbo. El pueblo Colombiano debe saber que en la introduccin del Acuerdo de La Habana hay un recurso que an no se ha utilizado, y que puede constituir un poderoso complemento a las movilizaciones sociales de ahora, y es el compromiso del gobierno de convocar a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social.

Ah esta trazado el camino constituyente para empezar a salir de esta profunda crisis nacional que nos agobia.


La lucha sigue (Segunda Marquetalia)

Diciembre 3 de 2019


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