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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2019

Democracia confrontacional del siglo XXI

Juan J. Paz-y-Mio Cepeda
Prensa Latina


En Amrica Latina, durante el siglo XIX, las fuerzas centrales en la lucha poltica fueron los conservadores y los liberales. Se trat de un conflicto entre lites, bajo lo que la sociologa histrica ha denominado como Estado-oligrquico.

Los conservadores, apoyados por la Iglesia catlica, defendieron la tradicin familiar, el orden terrateniente, el progreso casi exclusivamente agrario, en alianza con agroexportadores, mineros, comerciantes importadores y banqueros. Eran partidarios de gobiernos fuertes e incluso autoritarios. Consideraban legtimo e institucional el sometimiento a su poder de las poblaciones campesinas, indgenas y negras. Crean que la frrea estructura piramidal de la sociedad responda a aceptables principios aristocrticos y hasta a realidades inevitablemente construidas, por cuanto la desigualdad luca a un orden divino. La democracia deba ser restringida, tanto como los derechos, para lograr una paz y armona sociales sujetas al poder.

Para los liberales, el orden conservador representaba al feudalismo y por ello abogaban por la modernidad capitalista, centrada en la potenciacin de la manufactura, la industria y el amplio comercio internacional. Pretendan la separacin de la iglesia y el Estado, implantar el laicismo, fortalecer la educacin y la asistencia pblicas. Confiaban en la democracia abierta, el imperio de la ley y la justicia, el pleno desarrollo de los derechos individuales. Solo los radicales, que eran algo as como el ala izquierda del liberalismo, comprendieron la incipiente presencia de los obreros y la necesidad de establecer derechos sociales. Sin duda, liberales y radicales portaban el camino futuro de la historia, mientras los conservadores representaban el pasado.

En Mxico y Argentina, con sus respectivas Reformas a mediados del siglo XIX, se implantaron tempranamente regmenes liberales, aunque no como fruto de procesos pacficos. En otros pases, las confrontaciones polticas adquirieron rasgos de intolerancia, a tal punto que el bipartidismo acudi a la insurreccin armada y a la guerra civil. Esas expresiones fueron particularmente duras en Centroamrica o en Colombia, donde la violencia ha tenido una historia bicentenaria.

Pero las luchas bipartidistas no lograron solucionar las herencias histricas de la desigualdad, la pobreza o el poder de minoras acumuladoras de la riqueza. De modo que en su matriz incub la emergencia de nuevas clases sociales, como fueron el sector obrero y las capas medias urbanas. Adems, con el inicio del siglo XX, tanto la expansin del imperialismo americanista, como el despertar de las ideas anticapitalistas de la mano de las doctrinas obreristas, anarquista y anarcosindicalistas, socialdemcratas, neo-catlicas, de los diversos socialismos utpicos e incluso del incipiente marxismo, produjeron el nacimiento de nuevos partidos y la consolidacin del espacio poltico de la izquierda (no necesariamente marxista), todo lo cual determin la lenta superacin histrica del bipartidismo latinoamericano tradicional.

La expresin histrica de ese ascenso estuvo en Mxico, no solo con la revolucin de 1910, primera en el mundo por su contenido social, sino tambin por la Constitucin de 1917, igualmente pionera, y ms adelante, con el gobierno de Lzaro Crdenas (1934-1940), quien impuso la reforma agraria y la nacionalizacin del petrleo, antes de la Revolucin Cubana (1959), que realiz la transformacin ms importante en la historia latinoamericana del siglo XX, pues Cuba resumi el contenido fundamental de la nueva era, en la cual la confrontacin pas a ser entre capitalismo/imperialismo, frente al socialismo.

Amrica Latina se halla hoy en una situacin comparable con los procesos que he descrito. El cambio sustancial estriba en que la confrontacin ha pasado de la rbita poltica al campo de la economa y, por consiguiente, se ha vuelto, cada vez ms clara, en una lucha de clases.

Superadas las dcadas del desarrollismo de los sesentas y setentas, desde 1973 en Chile, con la dictadura terrorista de Augusto Pinochet, enseguida con similares dictaduras en el Cono Sur y particularmente con gobernantes civiles en las dcadas finales del siglo XX, Amrica Latina entr a una era de construccin de economas neoliberales, que definieron las lneas de intereses y conducta contemporneas de las clases empresariales. Determinados por esas lneas, no importaron las diferencias polticas ni partidistas entre los gobiernos, porque todos apuntalaron, de una u otra manera, el camino neoliberal-empresarial.

Es innegable que el ciclo de los gobiernos progresistas cort el camino neoliberal-empresarial, en aquellos pases donde el triunfo electoral, con amplio apoyo popular, hizo posible delinear una tendencia alternativa: la construccin de economas sociales, que incluso en Bolivia, Ecuador y Venezuela se consideraron como antesalas del socialismo del siglo XXI.

Las burguesas latinoamericanas aprendieron la experiencia. Toda economa social contradice el camino neoliberal-empresarial y peor si se trata del socialismo del siglo XXI. No estn ms dispuestas a que el reino de sus exclusivos intereses sea perjudicado. No tuvieron lmites para acudir a los golpes blandos para acabar con gobiernos progresistas. En otros casos, intentaron golpes de Estado. Utilizaron las elecciones como instrumento para recuperar el poder, o anunciaron con desconocer triunfos destinados a eternizar a los gobernantes del progresismo.

Cualquiera sea la va poltica escogida, lo que vino de inmediato result indito en regmenes que se supona haban alcanzado cierto grado de democracia moderna. Los gobiernos neoliberales-empresariales desplegaron la cacera de brujas no contra los opositores en general, sino exclusivamente contra los lderes visibles de los gobiernos progresistas y sus colaboradores. El combate a su corrupcin sirvi de pretexto; pero, adems, se convirtieron en nuevas armas para la venganza y la descalificacin tanto la judicializacin poltica, como el lawfare, la aplicacin de las leyes para forzar figuras penales al menor hecho, y la extensin de la amenaza o sospecha sobre cualquier persona crtica, que bajo situaciones normales sera considerada inocente. Sobre todo, se puso a la orden del da la represin de todo movimiento social de resistencia y protesta, con un nivel de arremetida en el que nada han importado las violaciones a los derechos humanos.

En apoyo de semejantes comportamientos son subordinados todos los aparatos del Estado, como ha ocurrido en Bolivia, el mayor ejemplo actual, donde se han unido ahora las orientaciones evanglicas y el racismo sin lmites. Las fuerzas armadas y las policas actan en defensa de una democracia que solo est vinculada a la hegemona poltica de elites de derecha y rabiosos anti-progresistas, pero, que, adems, solo defienden el nico camino admisible en la economa: el modelo neoliberal-empresarial. En esas fuerzas vuelve a incubar la doctrina de la Seguridad Nacional, bajo cuya ptica otra vez las amenazas contra los objetivos permanentes de toda nacin solo provienen de las izquierdas y de los movimientos sociales y populares. Tambin existe el riesgo de un segundo Plan Cndor, para coordinar persecuciones en otros pases, algo que han analizado diversos investigadores.

Los medios de comunicacin mercantiles tambin han pasado a ser instrumentos que exclusivamente se inclinan a sostener a los gobiernos conservadores, a apuntalar el modelo econmico neoliberal-empresarial y a contribuir a la persecucin poltica. Las redes y el internet, al mismo tiempo que ofrecen alternativas para la informacin y el anlisis, igualmente sirven para forzados seguimientos en contra de los opositores y de los periodistas y medios alternativos.

La tendencia a la inaccin, paralizacin o complicidad de los organismos internacionales igualmente se vuelve contra las opciones por una democracia social y por una economa social. No puede ser ms visible el comportamiento de la OEA frente a los acontecimientos de octubre y noviembre en Hait, Chile, Ecuador, Bolivia o Colombia. Aparecen amenazas contra Mxico y, desde luego la agudizacin del cerco imperialista contra Venezuela o Cuba.

As es que, comparativamente con el siglo XIX, en el siglo XXI Amrica Latina parece entrar a una era en la cual la disputa por la economa ha minado las bases de la propia democracia, rompe con antiguos valores sobre la institucionalidad y la soberana, desnuda la violacin de derechos humanos que quedan impunes y encuentra violencia solo en los movimientos sociales de obreros, campesinos, indgenas, afroamericanos y capas medias cuestionadoras del ejercicio del poder, que ha vuelto a beneficiar a los altos empresarios y propietarios del capital, como lo estn demostrando todos los recientes estudios de la Cepal, sobre las desigualdades crecientes en la regin.

Se trata de una democracia confrontacional, en la que no se ha excluido el fascismo criollo como recurso, una tendencia que solo tiene el riesgo de agudizarse. En su base se halla el bipartidismo econmico, que polariza a visibles clases sociales y que marca una grave tendencia de futuro para la regin, pues las clases subordinadas -para utilizar un concepto del socilogo e historiador Ralph Miliband-, ya no estn dispuestas a que se imponga sobre ellas el privilegio de unas elites que no quieren admitir sus responsabilidades sociales. Es una lucha que hace prever un largo camino histrico.

Fuente: http://firmas.prensa-latina.cu/index.php?opcion=ver-article&cat=P&authorID=129&articleID=2782&SEO=paz-y-mino-cepeda-juan-jose-democracia-confrontacional-del-siglo-xxi


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