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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2019

La libertad es atea

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


El atesmo marxista es la expresin suma de la libertad, porque reconcilia a la especie humana con ella misma, con su materialidad. Su radicalismo emancipadores tal que contra l se alan todas, absolutamente todas, las corrientes ideolgicas: desde el agnosticismo ms vergonzante hasta el idealismo ms solipsista, pasando por las manipulaciones sutiles o burdas de los avances cientficos obsesionadas en demostrar que no existe la realidad objetiva, es decir, que no existe la verdad en cuanto dialctica de lo concreto, lo objetivo, lo relativo y lo absoluto. Por razones de espacio, dejamos fuera de nuestro anlisis a las religiones no cristianas, aunque quien desee una visin ms plena puede encontrarla en el libro La libertad es atea, publicado por Boltxe.

La concepcin materialista de la historia y su crtica del fetichismo de la mercanca es la base del atesmo, base que le permite, por ejemplo, descubrir las razones burguesas del consumismo compulsivo navideo, actual esencia socioeconmica y alienante de la llamada fiesta de la Natividad, costumbre tomada de religiones politestas. Grosso modo expuesto: La Iglesia del modo esclavista de produccin subsumi y desnaturaliz el culto pagano del solsticio de invierno, de las Saturnales, de Mitra y del Sol Invictus, dentro la cultura blanca europea para incrementar su poder. La Iglesia medieval lo adapt desde el siglo XV a las condiciones de Asia y frica para reforzar el naciente colonialismo europeo, del que extraa pingues beneficios. La incipiente Iglesia capitalista, mayoritariamente protestante, integr las costumbres del norte europeo desde los siglos XVI-XVII para reforzar la expansin de su burguesa. La Iglesia catlica acept la mercantilizacin de la fiesta y es que Coca-Cola, eptome del fetichismo consumista, no solamente impuso a la Natividad la lgica de la ganancia sino tambin su esttica dominante, el traje rojo de Papa Noel.

Pero la subsuncin de la fiesta pagana en los sucesivos cristianismos hasta el capitalista en su expresin actuales, adems de otra validacin del atesmo, una parte secundaria de una totalidad rota en trozos enfrentados en esta religin desde finales del I cuando el gnosticismo plante una duda irresoluble desde la religin: dios es bueno o malo, o las dos cosas a la vez? Tambin surgientre otras disputas permanentes, sobre todo la del canibalismo ritual cristiano que el gnosticismo rechazaba. En el ao -70 los judos valoraron en cinco siclos el precio del sacrificio ritual de animales antes tambin mataban nios y nias- porque era ms rentable y limpio sacrificar dinero que animales. Los cristianos dijeron que el misterio de la transustanciacin del pan y del vino en la carne y en la sangre de Cristo facilitaba la sagrada comunin al trocear hasta el infinito un cuerpo y una sangre finita: un negocio divino. El canibalismo ritual cristiano es una inhumanidad simblica disfrazada de sacramento.

Para impedir que se extendieran estas y otras dudas lgicas e inevitables, la burocracia que ya dominaba a la Iglesia del momento, emiti la que muy probablemente sea la primera amenaza de muerte contra las herejas: el documento de san Clemente, obispo de Roma de finales del siglo I antes de ser el tercer papa segn la lista oficial. Desde entonces, las violencias fsicas o psicolgicas han sido la forma dominante en la Iglesia de resolver su permanente lucha de clases socio religiosa entre el dios de los explotadores y el dios de los y las explotadas.

Ahora mismo las tensiones y pugnas se extienden tanto en el interior de las versiones catlicas, protestantes, ortodoxas, pentecostales, etctera, del cristianismo, cada una de ellas con sus variantes internas; como en el exterior, entre ellas mismas por la competencia por los mercados de creyentes. La razn hay que buscarla en la extrema lentitud de las burocracias cristianas para adaptar los dogmas impuestos fundamentalmente entre los siglos IV-V, a los cambios acaecidos desde finales del siglo XX por cuatro razones bsicas:

Una, el capitalismo mundial ha endurecido su ferocidad y agudizado sus contradicciones, con el retroceso subsiguiente del poder material y religioso eurocntrico y el ascenso de otras culturas no occidentales, lo que debilita al imperialismo por cuanto lo ideal salta a fuerza material cuando arraiga socialmente.

Dos, la expansin planetaria del capital ficticio-especulativo, del consumismo y de la industria cultural correspondiente, refuerzan el fetichismo de la mercanca y la nueva religiosidad mundializada que ese fetichismo impone como opio ms potente que el dogma cristiano en una existencia precarizada.

Tres, tras la implosin de la URSS, vuelve el fantasma del comunismo en un mundo tendencialmente cada vez ms laico, anti patriarcal y polisexual, que puede facilitar la penetracin del atesmo marxista.

Y cuatro, las dependencias estructurales de las burocracias cristianas para con los dos bloques imperialistas --EEUU y Unin Europea--, y sus respectivos Estados-sbditos, a los que sirven, bloques que les presionan urgidos por sus crisis especficas.

Semejante enmaraamiento de contradicciones est en el fondo de que algunas amistades mas me reconozcan que sufren su peor crisis de fe desde hace muchos aos, tal vez demasiados, y otras, las que creen en el Jess revolucionario y en los curas guerrilleros, sostengan que son pruebas que dios les enva para probarles en su fe militante. Pero hay cristianos eufricos que creen que, por fin, dios les da el poder que les corresponde en la vida social: por ejemplo, los que sostienen que Donald Trump ha sido elegido presidente de los EEUU por voluntad de dios para salvar la civilizacin occidental, mientras que sectores catlicos observan con extrema inquietud la calculada ambigedad del Papa Francisco. De entre estos, no faltan quienes acusen al papa de comunista y confabulen dentro de la burocracia para reducir su poder e impedir que su sucesor contine con su lnea. Aunque tambin existen grupos que le exhortan a ser ms reformador y valiente, a los que volveremos luego.

Viendo todo esto, sera bueno para los cristianos que su dios se dignase avisarles qu ha decidido sobre sus vidas. Mis amigas y amigos crean que las virtudes teologales fe, esperanza y caridad-; las virtudes cardinales prudencia, justicia, fortaleza y templanza-; el Sermn de la montaa que promete justicia a mansos, hambrientos, pobres, sufrientes, perseguidos, calumniados, pacficos, virtuosos, etctera, seran luces clidas en la glida oscuridad del valle de tinieblas y lgrimas que, segn creen, es la vida como trnsito a la eterna contemplacin del Padre. Mis admirados cristianos comunistas, marginados cuando no perseguidos en su mismo Templo, desesperan porque dios no ha acabado an con el capital financiero-especulativo y ficticio los mercaderes expulsados del Templo segn el Evangelio-, y se aferran a la larga lista de advertencias y condenas contra los ricos y la propiedad privada que dicen que hizo Jess, y algunos de los Padres de la Iglesia. A todas y todos, les sobran razones para sentir el mismo desamparo angustioso que dicen que gritaba el llamado Hijo crucificado: Padrepor qu me has abandonado?!. Efectivamente, si dios existiera debiramos admitir que ha abandonado a la humanidad no slo desde el siglo I sino desde los remotos inicios de la antropogenia.

Pero partiendo del Nuevo Testamento, dios ha tenido algo ms de 2000 aos para perdonar a nuestra especie su inicial pecado de desobediencia y soberbia, instaurando su reino de eterna paz y abundancia de miel y leche, de man eterno- en la Tierra. No lo ha hecho. Al contrario, la omnipotencia y omnisciencia que le atribuyen los cristianos nunca ha paliado los sufrimientos humanos. Los logros en la mejora en las condiciones de vida desde el esclavismo al capitalismo, han sido producto de la lucha de las clases explotadas contra las explotadoras. Cuanto ms potencial emancipador crea con su trabajo la humanidad oprimida, ms cadenas nos atan a los sufrimientos que nacen de la propiedad privada. Si comparamos el potencial emancipador latente pero reprimido en el modo de produccin esclavista en el siglo I con el que ya existe en el imperialismo del siglo XXI, tambin perseguido con ferocidad, descubrimos como mnimo cuatro cosas:

Una, se ha multiplicado exponencialmente la distancia entre la actual posibilidad objetiva de felicidad humana contenida en el impresionante desarrollo de la ciencia y de la tcnica si estuvieran guiadas por el poder del pueblo en armas, y la muy restringida capacidad existente en el siglo I. Dos, el poder coercitivo y represor ahora necesario para salvaguardar la civilizacin del capital de la revolucin comunista que late en sus contradicciones, es cualitativamente ms letal y destructivo que todos los medios represivos entonces necesarios para asegurar la civilizacin esclavista frente a las luchas de las masas explotadas. Tres, ahora existe la posibilidad cierta de exterminio blico de la humanidad debido a las contradicciones inherentes al capitalismo, algo entonces imposible: el capital sobrevive convirtiendo en trabajo muerto y en fuerzas destructivas el potencial liberador consustancial al trabajo vivo y al pensamiento crtico. Y cuatro, la Iglesia creada por las corrientes triunfantes en las violentas luchas internas, es un diminuto pero poderoso Estado con tal vez el ms efectivo y reaccionario servicio de inteligencia del mundo, con gran poder financiero, partidos polticos e industrias culturales y educativas, y conexiones militares un Estado que en sus stanos esconde la Inquisicin y sus hogueras, las violaciones de derechos humanos, la simona y el nepotismo, los asesinatos y las corrupciones todas.

Las virtudes teologales y cardinales, el Sermn de la montaa y restantes gracias, promesas, mandamientos y condenas ya no infunden esperanza en mis amistades, que ven cmo la caridad no detiene el empobrecimiento, la justicia protege a los ricos, la templanza y la prudencia atan a los pobres alienados en la mansedumbre, el pacifismo los convierte en genuflexos ante el imperialismo, y quienes resisten son perseguidos por su burocracia Ven con cierto espanto el resurgir del fundamentalismo cristiano que justifica golpes de Estado, el terror patriarcal y el irracionalismo anticientfico. Y es que la tercera Gran Depresin ha dado la razn a Gramsci al decir que el poder reaccionario de la religin es mantenido en reserva por el capital hasta que lo necesita para mantenerse en el poder: en su tiempo la Accin Catlica, y ahora la unidad poltica de organizaciones cristianas y grupos republicanos norteamericanos, presentes en la misma Casa Blanca, que se expanden por toda la Tierra, por citar solo dos casos.

El Estado vaticano tiene un poder tremendo dentro del Estado espaol: roba impunemente decenas de miles de propiedades pblicas mediante las inmatriculaciones toleradas por el poder poltico. Es cmplice de innumerables violaciones infantiles y juveniles al ocultar informacin vital a la justicia. Presiona para mantener en la miseria sexo-afectiva, en el terror patriarcal, en la ignorancia educativa y en la pobreza a la mujer trabajadora. Bendice al capital, a la monarqua militar y al dictador Franco, mientras obstaculiza todo lo que puede la aplicacin de la Ley de la Memoria Histrica porque de iniciarse esta investigacin sistemtica y a pesar de sus grandes limitaciones, quedara al descubierto la colaboracin de la Iglesia.

La Nunciatura romana y la Conferencia Episcopal son instrumentos de una potencia extranjera que ayuda al Estado espaol a dominar a las naciones oprimidas con la excusa de la unidad catlica del Reino de Dios en la Tierra. De hecho, en el siglo XV el Estado vaticano permiti que la Inquisicin espaola fuera distinta a las dems al supeditarla totalmente a la Monarqua, haciendo de la Iglesia una pieza central en el bloque de clases dirigente y en los sucesivos intentos fallidos de crear la nacin espaola nica. Las iglesias vasca y catalana y en menor medida la gallega, son desde entonces objeto de especial vigilancia poltico-religiosa. Hace poco, se ha presentado el documental Apaizkartzela que denuncia la dura vida en la Prisin concordataria de Zamora, abierta entre 1968-77 por un acuerdo de Franco con el Estado vaticano para reprimir exclusivamente a curas, mayoritariamente vascos.

El nacional-catolicismo espaol nunca desapareci, pero ha vuelto con fuerza al calor del reimpulsado fundamentalismo cristiano y neofascista espaol. Tenemos el ejemplo de Gipuzkoa, el herrialde vasco ms independentista y de izquierdas de Euskal Herria. La Iglesia espaola, con el apoyo del Estado vaticano, impuso al obispo Munilla, rechazado abiertamente por amplsimos sectores de la feligresa. Lo impusieron para fortalecer el nacional-catolicismo, debilitar el independentismo socialista y las reivindicaciones justas de las mujeres trabajadoras, de la cultura, popular, del pueblo trabajador, fracasando en todas. Hoy Gipuzkoa es ms vasca, ms laica y atea, ms liberada sexo-afectivamente, ms feminista que cuando Munilla fue impuesto desde fuera. Pese a todos los escndalos econmicos y polticos, se agarra a su silln.

Mis amigos y amigas catlicas no me responden cuando les digo que gran parte de la responsabilidad es suya porque no se independizan religiosamente del Estado vaticano, creando la iglesia nacional vasca con su teologa propia, tal cual lo hicieron los anglicanos, jansenistas, luteranos, calvinistas, zwinglianos, anabaptistas, y tal como lo intentaron en un principio los catlicos del Estado vasco en Iparralde tras la invasin del sur por los espaoles, traduciendo la Biblia al euskara. Los primeros representaban el ascenso del dios burgus que se impona sobre el dios medieval. Los catlicos vascos se doblegan al dios medieval que sobrevive en la pleitesa de la monarqua espaola ante el papado, y aceptan lo que queda del concordato de Napolen con el Estado vaticano de 1801 por el que la Iglesia francesa recuperaba poderes fundamentales para el nacionalismo francs como el de la educacin y otros. En cuestiones de religin, Euskal Herria no ser independiente hasta que no rompa teolgicamente con el Estado vaticano y con sus embajadas en Madrid y Pars.

Llegamos as al ncleo del problema del fetichismo religioso. El atesmo marxista insiste en la demostracin de la inexistencia o no de dioses y diosas, no depende de la bondad o maldad, perversidad, desidia o indiferencia hacia la especie humana de los supuestos espritus, nmenes, seres de luz, entes de energa pura, fantasmas, duendes, almas en pena, fuerzas luciferinas y cohortes y jerarquas de diablos y demonios, querubines, potestades, beatos, santas y santos, vrgenes, ngeles y arcngeles, diosas y dioses menores y mayores, dioses nicos temibles y vengativos a la par que amorosos y paternales El atesmo marxista sostiene que estas creencias slo muestran el desviado poder imaginativo de la aterrada mente humana ante el misterio del mal, del dolor y llanto sin razn conocida y sin solucin posible, o sea del terrible Mysterium iniquitatis que ninguna diosa ni dios pueden explicar ni solucionar, desesperacin que lleva a nuestra especie a agarrarse al clavo ardiendo del opio religioso y de la adoracin de fetiches que ella misma ha creado con su sufrida y explotada fuerza de trabajo propiedad de la clase dominante.

Solamente la praxis revolucionaria y la verdad cientfico-crtica a ella unida, es decir, el atesmo, acabarn con el fetichismo religioso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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