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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2019

Paro, movilizacin, movimiento
Qu sigue en Colombia?

Jairo Estrada lvarez
Rebelin


De la misma manera que hemos sido espectadores y partcipes del paro nacional del 21 de noviembre y de las masivas movilizaciones que acompaaron y han continuado tras ese histrico acontecimiento, se han apreciado igualmente mltiples esfuerzos y contribuciones intelectuales y polticas para aproximar entendimientos acerca de sus principales caractersticas y alcances, as como de sus perspectivas ms inmediatas.

La evidencia indica que lo que est ocurriendo en nuestro pas trasciende lo meramente reivindicativo, siendo ste en todo caso un componente esencial, para situarse en un campo de crtica al orden social capitalista vigente, en la forma neoliberal que ste asume en la actualidad. En ese sentido, todos estos hechos tambin deben ser ledos como otra expresin localizada - con sus particularidades y singularidades - de procesos que se han venido manifestando a escala planetaria en diferentes momentos durante los ltimos lustros, y que dibujan igualmente aspectos esenciales de la coyuntura que se vive en otros lugares de Nuestra Amrica.

Por mucho esfuerzo que se haga por desconocer o incluso maquillar la situacin a travs de los ms variados discursos polticos, el trasfondo del asunto se encuentra en los lmites sistmicos y civilizatorios del capitalismo realmente existente, especficamente en lo que se refiere a la estructuracin del poder y la dominacin (la democracia), a la constitucin de la naturaleza y de las relaciones con ella (desde la depredacin hasta la sostenibilidad), a la organizacin de la economa y su reproduccin (la acumulacin por despojo), y a los fundamentos culturales que atraviesan toda la organizacin social (autoritarismo, patriarcalismo y fascistizacin). As estos campos se nos presenten en forma separada, en sentido estricto se encuentran profundamente interrelacionados y articulados en un todo, lo que debe definirse como la totalidad capitalista.

Las mltiples y variopintas demandas sociales, concebidas y promovidas por sujetos sociales y polticos de similar naturaleza, traducidas y sintetizadas en creativas consignas del paro y la movilizacin, y del movimiento donde se encuentra constituido o en proceso de hacerlo, adems de dar cuenta del malestar de la cultura en esos diversos mbitos del orden social, vienen poniendo de presente que no se trata simplemente de requerimientos por la reforma gatopardista y apaciguadora, sino de interpelaciones sustantivas respecto de su constitucin estructural, fundamental. De manera singular, las reivindicaciones para enfrentar los problemas (que parecieran ser) del vivir cotidiano, no admiten siquiera el retorno al inacabado (o desmontado) estado bienestar, as haya proyectos polticos que busquen encauzarlas en esa direccin con cierta nostalgia. En un sentido ms profundo, lo que hoy se discute en las calles es acerca de la organizacin de la vida, presente y futura. Y lo que se ha puesto de manifiesto, es que hay hartazgo e indignacin respecto de cmo se est haciendo en y desde el orden capitalista.

Desde esa perspectiva, la movilizacin y las expresiones de movimiento asumen los rasgos de lo destituyente. La cuestin gruesa es cmo lograr que de esa condicin se pueda transitar hacia lo constituyente, entendido como proceso y como construccin social colectiva desde abajo, es decir, en una comprensin que trascienda las simplificaciones (liberales) de la forma de una asamblea nacional constituyente, dado que sta representara apenas un momento necesario de ese proceso que por naturaleza es continuo.

En este punto se precisa una comprensin ntegra de la situacin. Los lmites que hoy exhibe el orden social vigente, y particularmente el modelo econmico, son tambin los lmites de la propia Constitucin de 1991, la cual -desde su origen, pero tambin a travs de reformas y desarrollos legales y reglamentarios, y jurisprudenciales-, ha estado atravesada por el proceso de neoliberalizacin de la sociedad, incluso reconociendo los frenos derivados de las luchas y de la jurisprudencia constitucional.

Es comprensible que haya proyectos polticos que centren y limiten sus aspiraciones al cumplimiento de los aspectos progresistas del orden constitucional, particularmente en lo referente a la proteccin de la integralidad y a la necesidad de materializacin de los derechos humanos. No obstante, debe sealarse al mismo tiempo, que el rgimen econmico contenido en ese ordenamiento es el de la neoliberalizacin y la sostenibilidad fiscal, el cual habilita dispositivos para el despliegue de procesos de mercantilizacin y para polticas tributarias que acentan las desigualdades, y de techo fiscal selectivo que imposibilitan fcticamente el disfrute de los derechos, como ha sido constatable desde 1991. As es que hoy tambin se trata de desneoliberalizar el orden normativo vigente, como se ha puesto de presente en el paro y las movilizaciones. Ya no es suficiente levantar las banderas de 1991, es una de las enseanzas.

Con qu contamos hoy en trminos bsicos para avanzar en esos complejos propsitos?

Lo primero, es un creciente auto-reconocimiento del poder contenido en los mltiples, heterogneos y diversos sujetos, mujeres y hombres, colectivos e individuales, organizados o no, que conforman las rebeldas que hoy se vienen expresando, las cules no pueden considerarse espontneas dado que descansan sobre acumulados histricos de lucha y resistencia, as posean expresiones y elementos novedosos. Ese poder, adems de profundizar su condicin destituyente, puede derivar en poder constituyente, siempre y cuando logre desatar la potencia que contiene, y eso presupone por su parte, mayor politizacin, organizacin, coordinacin y articulacin. Estos sustantivos que concebidos integralmente y en sus interrelaciones conllevan la necesidad de construir colectiva- y creativamente horizontes programticos, que adems de darle un norte al proceso, contribuyan a superar el pragmatismo y el oportunismo muchas veces asentado y actuante como freno para evitar el desborde de las inconformidades que -se considera- deben ser reguladas y controladas en sentido sistmico.

Segundo, adems de la movilizacin y de la escenificacin de la poltica en la calle, se cuenta con procesos organizativos de diversa trayectoria e ndole, desiguales, diferenciados, y -debe reconocerse-, muy fragmentados. Pero se est frente a la posibilidad de la coordinacin y la articulacin, y tambin de la confluencia. Es un imperativo que la movilizacin pueda avanzar hacia movimiento, o ms especficamente, hacia la condicin de movimiento de movimientos, bajo el supuesto que stos se constituyen en sus propias dinmicas y con sus propias autonomas, y hacen esfuerzos por construcciones comunes, especialmente programticas y de accin poltica. En un sentido figurado, se trata de construir una (inter)relacin entre afluentes y torrente. La forma organizativa que se logre construir es fundamental; sobre todo debe evitar la tentacin del vanguardismo, del burocratismo, de la lucha intestina por la representacin, siempre presentes en los esfuerzos e iniciativas del campo popular. Ms an, cuando la fuerza de los acontecimientos ha superado toda direccin poltica existente. La experiencia ha enseado que cuando el movimiento se asemeja a una estructura rgida, se termina paralizando, y es derrotado. As como el movimiento, la estructura tambin debe ser flexible y fluida.

Es prematuro arriesgar cualquier conclusin sobre las trayectorias cercanas de continuidad de lo que ha ocurrido en las ltimas semanas en nuestro pas, as como sobre sus configuraciones especficas. Todo parece indicar que lo que vendr es una tregua, en medio de la persistencia de las acciones de guerra social y de las hostilidades que se vienen expresando en la agenda poltica y legislativa del gobierno, que est contando apoyos mayoritarios en el Congreso, incluidos algunos sectores que han manifestado su respaldo a la construccin de la paz. Esa tregua para el campo popular significa recuperar fuerzas, evaluar, organizar, politizar, y prepararse para jornadas ms intensas. La naturaleza sustantiva y la condicin antisistmica de lo que est en juego as lo imponen. Pensarse en perspectiva constituyente es un imperativo.


Jairo Estrada lvarez es es Profesor del Departamento de Ciencia Poltica, Universidad Nacional de Colombia Este texto fue publicado como editorial de la Revista Izquierda No. 81 de diciembre de 2019, editada por Espacio Crtico Centro de Estudios. www.revistaizquierda.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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