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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2019

Distopas

Santiago Alba Rico
CTXT

Las clases medias se defienden de los elementos apocalpticos infiltrados ya en sus vidas proyectndolos en la ficcin y en el futuro, dos lugares donde el dolor latente se vuelve goce presente


Fotograma de la serie Years and years. HBO

La ficcin manda siempre; y permite entender la realidad. Si hablamos de ficciones anticipatorias, siamesas narrativas de la humanidad en su camino, hay que decir que lo que comparten utopas y distopas es la dimensin temporal; el hecho de que unas y otras se colocan en el futuro, siempre un poco por delante de nosotros, donde las utopas pueden defenderse como posibles, aunque nunca lleguen, y las distopas como imposibles, porque nunca llegan. El hecho mismo de concebir una utopa la declara posible; el hecho mismo de concebir una distopa la declara imposible. La consecuencia colateral es que las utopas, cuando se cumplen, se cumplen siempre como distopas y que las distopas ya presentes se disuelven, irreconocibles, en la normalidad. La felicidad quiero decir acaba encerrando en campos de concentracin a los infelices; mientras que todos nos acostumbramos, lo denunciemos o no, al cambio climtico.

LOS MISMOS CAUTIVOS TECNOLGICOS QUE SIGUEN ESTAS SERIES CON PASIN NO SE RECONOCEN EN ELLAS; NO LES PARECE QUE DESCRIBAN NADA QUE LES EST PASANDO A ELLOS; NADA QUE PUEDA PASARLES A ELLOS

Como regla general podemos formular el principio de que las utopas se conciben en los malos tiempos y las distopas en los buenos, porque nos gusta imaginar lo contrario de lo que vivimos. Ahora bien se dir con razn nuestros tiempos hoy son cualquier cosa menos buenos. Es verdad, a condicin de aadir enseguida que el pblico que demanda y al que se dirigen estas ficciones distpicas goza an, por as decirlo, de vidas llevaderas: se trata de clases medias consumistas que no pueden experimentar los elementos distpicos infiltrados ya en sus existencias (tecnolgicos y polticos) y que se defienden de ellos proyectndolos en la ficcin y en el futuro, dos lugares donde el dolor latente se vuelve goce presente. Hay toda una serie de productos literarios y cinematogrficos, a veces de mucha calidad, que dibujan este principio general para nuestras clases medias occidentales: vidas blandas, ficciones duras. Los mundos distpicos, de orden poltico o moral, invierten la jerarqua afectiva de las ficciones clsicas: son la dureza, la crueldad, la violencia, la amoralidad, ahora convertidas en rasgos centrales de los personajes protagnicos, inevitablemente interesantes (pensemos en Los Soprano o en Breaking Bad ), las que nos tientan desde nuestra frgil crislida consumista, como aquello que querramos llegar a ser o, al menos, como refugio cnico para nuestras vidas insatisfactorias pero an relativamente cmodas.

Nos asusta, es evidente, lo mismo que nos seduce: el peligro, incluso o sobre todo el peligro moral, en un mundo en el que seguimos siendo buenos por inercia o a la fuerza: porque no tenemos, en fin, los medios para no serlo. La ingenuidad, asociada al placer de comenzar de nuevo y sin origen, est prohibida o al menos desprestigiada; como trabajadores, como votantes o como amantes, estamos siempre ya de vuelta de todo, segn esa expresin castiza que, frente a la esperanza peligrosa de un hombre nuevo, nos pone delante solo y siempre hombres viejos o avejentados por la experiencia. Por la experiencia? Se nos olvida que este hombre viejo de nuestros centros comerciales, perpetuo adolescente, nunca ha tenido, en realidad, menos experiencias y que su cinismo, su dureza, su soltera antropolgica, espejo de la ficcin, es resultado de la descomposicin neoliberal de los lazos sociales. En este sentido la cacareadsima Joker, de Todd Phillips, y la desoladora The elephant is still sitting , del chino Hu Bo, retratan el mismo mundo deshilachado desalmado en Gotham y en China; y frente a esta disolucin de vnculos y desnutricin anmica nuestra energa utpica se vuelca toda ella, un poco desesperada, en lo cuqui: el desfile de gatitos y flores que subimos a las redes mientras bajamos al metro. Alguien debera atreverse a cambiar la tendencia y escribir la novela (o la serie) del hombre bueno del siglo XXI, lejos de las utopas hollywoodescas y en un mundo objetivamente adverso. He aqu el desafo hoy para nuestros novelistas y cineastas. Se puede hacer? Ese hombre bueno que no nuevo ser probablemente una mujer y adems asperger, por lo que mucho me temo se le escatimar valor y adems no resultar simptica. Pero no perdamos la esperanza en la ficcin: el prncipe Mishkin era tambin un poco asperger y nada disneyniano y Dostoievski consigui hacer de l un personaje convincente y esclarecedor.

En realidad las distopas apocalpticas, reinas de nuestra literatura y nuestro cine, ayudan a soportar la crisis y, de algn modo, a retrasar la toma de conciencia o, mejor dicho, a acomodarnos en la toma de conciencia. La distopa, por ejemplo, de Black Mirror , al menos en sus primeras temporadas (luego se ha netflixizado), va slo algunos minutos por detrs de la realidad, hasta el punto de que, ms que una distopa, a veces se ofrece como una informe administrativo de nuestra ciudadana tecnologizada. Lo mismo pasa con Years and years , pese a su desastroso final irrealista y complaciente. Es fcil reconocer ah nuestra sociedad presente; y nuestro inminente porvenir. Ahora bien, el problema es que los mismos cautivos tecnolgicos que siguen estas series con pasin no se reconocen en ellas; no les parece que describan nada que les est pasando a ellos; nada que pueda pasarles a ellos. Estamos protegidos por las condiciones mismas de la recepcin. El psicoanlisis conoce bien este efecto agnsico de la ficcin: ningn neurtico se sentir acusado por el Robert de Niro de Taxi Driver , ninguna madre castradora por Bernarda Alba , ningn marido maltratador por el marido de Nicole Kidman en Big Little Lies . Los espectadores somos siempre sanos, buenos y honrados. As que podemos asustarnos sin sentir miedo, indignarnos sin cuestionarnos y juzgar con lucidez a los otros sin cambiar nuestras propias vidas. Nos pueden fascinar los malos como Walter White sin sentirnos malos ni rebelarnos contra el mal. Chernobyl , por otro lado, es algo que slo puede ocurrir en la Rusia comunista; y El cuento de la criada en una sociedad religiosa islmica quizs que no es la nuestra.

EL MUNDO VERDADERAMENTE DISTPICO QUE YA ES EL NUESTRO ES JUSTAMENTE ESTE: EL DE UNAS VIDAS SIN MANOS NI MIRADA, LQUIDAS Y RPIDAS COMO UNA HEMORRAGIA MORTAL

Esto tiene un lado bueno y un lado malo: el bueno es que, frente a la ficcin, todos formamos una comunidad ms o menos homognea y bastante razonable, compuesta de tipos mejores que nosotros mismos; el malo es que esa comunidad interviene pocas veces en este mundo. Toda distopa, en definitiva, es una advertencia siempre inatendida: una amenaza que tranquiliza y una tensin que relaja. Que las desatendamos, pese al tino anticipatorio y la calidad artstica de muchas de ellas, tiene que ver con su propia condicin ficticia, en cuya autonoma saciamos nuestra sed de belleza y de justicia (o de todo lo contrario), pero tambin, como digo, con las condiciones de recepcin: con las antropolgicas y con las sociales. Estamos digamos humanamente incapacitados para creer en lo que vemos si lo vemos bajo el sol y con amigos; y estamos aadamos socialmente incapacitados para ver lo que creemos porque nos resulta cada vez ms difcil mirar. No atendemos porque vivimos en una sociedad tecnolgica y econmicamente desatenta en la que la renovacin vertiginosa de las mercancas y la incuria colectiva asociada a los formatos tecnolgicos del ocio proletarizado convierten en digestin cualquier pensamiento y en gag visual cualquier narracin. El mundo verdaderamente distpico que ya es el nuestro es justamente este: el de unas vidas sin manos ni mirada, lquidas y rpidas como una hemorragia mortal.

Hay alguna esperanza de salvacin? Al menos podemos nombrarla. Por la boca, que lo salva, muere el pez: por los ojos, que lo condenan, se salvan los humanos. Repasando por otro motivo la obra de la filsofa, mstica y militante Simone Weil, tropec con su insistencia en localizar en la mirada, y no en la voluntad, el medio de la salvacin: El esfuerzo por el que el alma se salva se asemeja al esfuerzo por el que se mira. La voluntad es muscular y neoliberal; la mirada corporal y vinculante. La utopa dolorosa del enamorado, que quiere comer con los ojos y mirar con la boca, se convierte en la distopa social de una voluntad que lo devora todo; frente a ella, dice Weil, hay que tratar de enmendar los errores por medio de la atencin, teniendo siempre presente que ningn esfuerzo de atencin se pierde, de manera que saco yo las conclusiones se podra establecer una relacin de continuidad, y casi de necesidad secuencial, entre la concentracin en un sudoku, la minuciosa reparacin de una vasija rota, la preparacin cuidadosa de un ramo de flores y la empata con el otro. Hay debe haber, como en los tejados, filtraciones entre el arte y la realidad, mbitos que conviene, al mismo tiempo, mantener en recintos separados sin culpabilidad ni vergenza. Pero no se puede descartar la posibilidad de que el buen samaritano, el nico que vio al hombre herido en el camino, fuera sencillamente alguien que haba mirado con mucha atencin un cuadro o un poema; o que sala del cine tras haber mirado atentamente Rashomon de Kurosawa o El irlands de Scorsese. Miremos ms, comamos menos.

 Santiago Alba Rico es filsofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos dcadas en Tnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El ltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo) . @SANTIAGOALBAR

Fuente: https://ctxt.es/es/20191211/Firmas/29977/Santiago-Alba-Rico-tribuna-distopias-utopias-series-television.htm



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