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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2019

El cncer de la baja productividad

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Hay un discurso que puede inducir a confusin, el haber dado por terminada la crisis en cuanto la tasa del Producto Interior Bruto abandon la senda negativa. Estrictamente y desde un punto de vista tcnico, la afirmacin puede ser correcta, pero ello no quiere decir que hayan desaparecido los efectos ni que las cosas hayan vuelto al punto de partida, como si nada hubiese ocurrido. Muchas son las lesiones que permanecen. La mejor forma de identificarlas es comparar el valor que toman ciertas variables estratgicas en los momentos actuales con el que alcanzaban esas mismas magnitudes antes de la recesin.

Parece incuestionable que la crisis y sus consecuencias no han afectado por igual a todos los pases de la Eurozona. La variable que quizs exprese ms fehacientemente la huella de la recesin es el incremento en el stock del endeudamiento pblico, una losa que va a pesar sobre las poblaciones de cara al futuro. Solo los pases del Norte (Alemania, Holanda, Blgica, Austria) lo han mantenido ms o menos constante. Los del Sur, sin embargo, lo han incrementado sustancialmente: Grecia desde 2007 hasta la fecha ha pasado del 100% al 180% del PIB; Portugal, del 75 al 125%; Espaa, del 36 al 97%. Incluso Italia y Francia no se han visto libres de esta evolucin negativa (del 106 al 134%, y del 64% al 97%, respectivamente). Estos datos son ya bastante significativos de qu pases han soportado y continan soportando el coste de la crisis.

Una variable que tiene tambin relevancia, especialmente para Espaa por los elevados niveles que su tasa ha alcanzado siempre, es el desempleo. En nuestro pas, ha pasado de representar el 8% de la poblacin activa en el 2007 al 14% en la actualidad, llegando a ser del 26% en 2013. Para comprender bien la importancia de estos nmeros, sobre todo de cara al futuro, hay que relacionarlos con otras dos magnitudes, los salarios y la productividad. El objetivo no puede consistir tan solo en crear empleos, sino empleos dignos y con un nivel retributivo adecuado.

Si se ha podido superar, al menos parcialmente, la desorbitada tasa de paro (26% en el 2013), a la que nos haba condenado la crisis, ha sido pagando un alto precio en fuertes ajustes salariales, lo que permiti cerrar la brecha del comercio exterior hasta el punto de que por primera en mucho tiempo se ha logrado un supervit en la balanza por cuenta corriente. La productividad, a su vez, es la variable que relaciona el empleo con la retribucin de los trabajadores. Con salarios elevados solo se crear empleo si la tasa de productividad es tambin elevada, y viceversa.

Bien es verdad que en esta relacin se puede entrometer otra magnitud, los beneficios empresariales. Puede ocurrir que un incremento de productividad no se traduzca en su totalidad en subida salarial porque se desve parcialmente al excedente empresarial. Los aumentos en productividad son una condicin necesaria pero no suficiente para la subida de los salarios. Se precisa, adems, que la distribucin de la renta sea neutral y, al menos, no perjudique a los trabajadores en favor de los empresarios.

Hace justamente un ao (el 6 de diciembre) en un artculo en este diario titulado Trabajar menos, ganar ms, sealaba yo la importancia que para el bienestar de las poblaciones ha tenido el incremento de la productividad. Citando a Thomas Piketty, mostraba cmo ha evolucionado a lo largo del tiempo la renta per cpita: El PIB por habitante apenas creci hasta 1700, con lo que tampoco se modific sustancialmente el nivel econmico y el gnero de vida de las sociedades. La realidad econmica comienza a modificarse de forma notable a partir de la Revolucin Industrial. En la Europa occidental la renta per cpita pas de 100 euros mensuales en 1700 a ms de 2.500 euros en 2012, con un crecimiento anual promedio del 1%. Ciertamente, la evolucin no ha sido homognea a lo largo de todo este tiempo. En el siglo XVIII el crecimiento fue tan solo del 0,2% anual, elevndose al 1,1% en el siglo XIX y al 1,9% en el (siglo) XX. El poder adquisitivo promedio en Europa se increment escasamente entre 1700 y 1820, sin embargo se multiplic por dos entre 1820 y 1913 y por seis entre 1913 y 2012. Centrndonos en la segunda mitad del siglo XX, la produccin por habitante en Europa creci anualmente como media el 3,4% en el periodo 1950-1980; mientras que entre 1980 y 2012 lo hizo a una tasa promedio del 1,8%. Como se puede apreciar, este ltimo periodo constituye una excepcin que invierte la tendencia.

Son los incrementos continuos de productividad los que originan la elevacin de la renta per cpita, y esta elevacin puede asegurar la subida de los salarios, la reduccin de la jornada laboral, el mantenimiento de las pensiones y, en general, el sostenimiento del Estado del bienestar. Es cierto que la renta per cpita es una media, por lo que, al mismo tiempo, se precisar una distribucin adecuada de la produccin entre los trabajadores, los empresarios y el Estado, ya que este ltimo, en gran medida, lo devuelve a las familias en forma de prestaciones. No obstante y conviene incidir en ello, el incremento de la productividad es una cuestin previa.

A lo largo de la historia el aumento de la productividad ha permitido elevar la retribucin de los trabajadores, bien en dinero, bien en especie, reduciendo el tiempo de trabajo (jornadas ms cortas, das festivos, vacaciones, reduccin de la edad de jubilacin). El reparto del tiempo de trabajo colabor a que el paro no se haya visto incrementado de forma desmesurada por los adelantos tcnicos y cientficos. Del mismo modo, con vistas al futuro, podra compensar los efectos de la tercera revolucin tecnolgica que se encuentra a las puertas y, conjuntamente con un seguro de desempleo global, convertirse tambin en una alternativa ms consistente que la renta bsica que algunos plantean como el blsamo de Fierabrs (ver en este diario mi artculo del 5 de enero del 2017 titulado Renta bsica o el reparto del tiempo de trabajo).

En mltiples ocasiones (por ejemplo, en mi libro Economa, mentiras y trampas, editorial Pennsula; o en estas pginas, el articulo del 14 de diciembre de 2017 titulado La OCDE y de nuevo los sofismas sobre las pensiones), he venido refutando la falacia tan extendida que sostiene que el sistema de pensiones pblicas est condicionado por el nmero de activos. Su viabilidad, al igual que en el caso de cualquier otra prestacin social, depende, por un lado, de los incrementos de la productividad (veinte trabajadores pueden producir igual que cien) y, por otro, de la parte de renta que la sociedad est dispuesta a destinar al sector pblico.

Se deduce de todo lo anterior, volvamos a repetirlo, la importancia que los aumentos en la productividad han tenido a la hora de incrementar y garantizar el bienestar de las sociedades, y la relevancia que sin duda tienen que tener en el futuro para mantener el Estado social. Conviene, en cualquier caso, no identificar productividad con competitividad. Ser ms competitivos no implica ser ms productivos. La competitividad es un concepto relativo. Se refiere siempre a otro. Competir es cosa al menos de dos. Todos los pases pueden hacerse al mismo tiempo ms productivos (producir ms cosas con idnticos medios u obtener lo mismo con menores recursos), pero todos no pueden hacerse a la vez ms competitivos. Un pas gana competitividad a condicin de que otros la pierdan. La competitividad no tiende a hacer ms grande el pastel, tan solo a quitarle un trozo al vecino. Se puede ganar competitividad incrementando la productividad, pero cuando este incremento no se produce, los gobiernos suelen acudir a la reduccin de costes, que la mayora de las veces se concreta en la contencin de los salarios.

Ya se ha sealado cmo desde 1950 hay dos etapas bien definidas en Europa y, por ende, en Espaa. De 1950 a 1980, y de 1980 a 2013, siendo el crecimiento de la renta y de la productividad mucho ms alto en la primera que en la segunda. Y aun dentro de esta ltima el proceso va siendo descendente segn nos acercamos al momento actual. Habr que preguntarse si la razn de tal desaceleracin, que contradice la tendencia histrica, no radica en la aceptacin con carcter general de la globalizacin en la economa.

En Espaa se produce un fenmeno hasta cierto punto curioso. Durante las crisis, a medida que van aumentando las cifras de paro, se incrementan tambin las tasas de productividad. La explicacin radica en que los despidos comienzan por los empleos ms precarios y de baja productividad. Lgicamente, la media se eleva. En la recuperacin econmica el proceso se invierte, los empleos que se crean son, por trmino medio, progresivamente peores y, por lo tanto, la media desciende.

En los momentos actuales la economa espaola se enfrenta a una encrucijada sin duda difcil y problemtica. Tras la recesin, las desorbitadas cifras de paro se han ido corrigiendo, pero han dejado una grave mcula, las reducidas tasas de productividad, negativas en 2018 y todo indica que tambin lo va a ser en el presente ao. Ello revela que el empleo que se est creando es de muy baja calidad, lo que se traduce en condiciones laborales desfavorables y retribuciones reducidas. La actividad econmica ha entrado en un proceso de desaceleracin y la tasa de paro es an elevada. El prximo gobierno se va a encontrar ante una alternativa difcil de despejar, tanto ms difcil cuanto que en ese ejecutivo no van a abundar los conocimientos econmicos. Si no se cambia el modelo de crecimiento -lo cual no es sencillo dentro de la Unin Europea-, habr que renunciar o bien a subir los salarios o bien a la creacin de empleo.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/12/05/el-cancer-de-la-baja-productividad/

 

 



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