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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2019

La UNAM, los paros y el feminismo radical: no todo lo que brilla es oro

Andrea Noriega Mndez
Rebelin


Pese a ser una tarea inherente y fundamental, la izquierda casi siempre olvida la autocrtica. Sealar y cuestionar los objetivos, formas y mtodos de los movimientos que se reclaman de izquierda o progresistas no constituye acto alguno de desprecio o traicin hacia el conjunto de sus luchas. Sin embargo, en los tiempos que corren, se ha instalado paulatinamente una especie de autocensura en toda la izquierda que a la par de ir fortaleciendo discursos y prcticas que en apariencia son progresistas y libertarias (pero que en el fondo son profundamente reaccionarias, conservadoras y autoritarias) tambin ha ido perdiendo su capacidad de crtica al no querer, intencionalmente, cuestionar lo que se ha impuesto como el criterio ltimo y absoluto de lo polticamente correcto. De tal manera que, cuando de analizar una situacin concreta se trata, no se hace una lectura crtica, coherente y detenida para comprender dicha situacin, pues, ya sea por miedo, cobarda o inters, se teme quedar expuesto, sealado y/o excluido por no hacerle comparsa a la moda dominante de lo polticamente correcto. Es ah, entonces, en donde del anlisis crtico se pasa a la apologa o al silencio cmplice.

Uno de los discursos que ha ido ganando terreno y poder, no slo en el mbito meditico, sino tambin y, sobre todo, en los espacios acadmicos y estudiantiles es el denominado radical feminism o radfem. Esta corriente del feminismo proveniente de Estados Unidos, nacida en el clima de efervescencia social de la dcada de los sesenta del siglo pasado y a pesar de haber tenido cierta influencia de corrientes socialistas o marxistas, se distanci de las mismas y comenz a basar su crtica y anlisis en lo que se denomin politics of ego, en donde se sostena que la dominacin masculina sobre la mujer no se basaba en una cuestin poltica o econmica, sino en una cuestin estrictamente psicolgica, en la que el hombre lo nico que quera obtener de dicha dominacin era una satisfaccin psicolgica de su ego.[1] Si bien surgieron posteriormente muchas otras interpretaciones y corrientes, el radfem basa su crtica y fundamento en considerar a las mujeres como vctimas de los hombres y, por consiguiente, en considerar la lucha feminista como una lucha en contra de los hombres al ser los agentes de su opresin, de ah que el problema si bien es poltico, social y cultural, la prctica y lucha inmediata de este tipo de feminismo siempre apunta a considerar al hombre como enemigo y a la mujer como una potencial vctima y aliada. Un debate detallado sobre este punto, sus implicaciones tericas, as como sus implicaciones polticas puede verse en el recientemente publicado (e inmediatamente denostado sin ser ledo) libro de Marta Lamas.[2] No nos detendremos sobre este punto porque no es el objetivo de nuestro artculo, simplemente hacemos mencin del mismo porque es este radfem y sus diferentes corrientes las que se han ido imponiendo en el horizonte de lo polticamente correcto a partir de las campaas del #MeToo, #YoSiTeCreo, etctera. Campaas que logran tener fuerza y aceptacin, en el caso de Mxico, en los espacios estudiantiles y acadmicos, porque expresan una situacin de violencia estructural de gnero en un contexto de extrema violencia social y pauperizacin econmica, pero que, por otra parte, no solamente han terminado en algunos casos en formas de disciplinamiento laboral, moral o social, sino que el contenido mismo del feminismo que promueve esas campaas est ya comprometido con una interpretacin de las cosas que resulta, cuando menos, altamente problemtico y, en algunos casos incoherente, conservador y autoritario, y, an ms, que es, al igual que el dominante anarquismo insurreccionalista de las ltimas dcadas, instrumentalizado por otros sectores con intereses reaccionarios que no quieren perder sus privilegios y que usan estos movimientos en contra de procesos, proyectos y/o organizaciones progresistas.

La UNAM no es ajena a este tipo de dinmicas, muestra ejemplar de ello ha sido la toma sostenida por ms de 19 aos del Auditorio Che Guevara por parte de un grupo de anarquistas que, como modus vivendi, se dedica al comercio ilegal y al trfico de drogas con la permisividad de las autoridades universitarias y que ha sido denunciado en mltiples ocasiones a propsito de asesinatos, enfrentamientos y feminicidios.[3] Es decir, un grupo de estudiantes y de colectivos que se aduean de un espacio pblico para sus fines personales bajo la mascarada de ser los nuevos sujetos de la historia, pero siempre protegidos, como tambin fue ya denunciado y evidenciado, por autoridades no solamente de la misma UNAM, sino tambin por agentes externos allegados a rganos de inteligencia o del gobierno (CISEN, SEGOB, SEDENA).

Y es que el problema de acoso, hostigamiento y violencia de gnero es una realidad social que forma parte de la UNAM y de muchas otras universidades mexicanas. Es un hecho indudable que existen mltiples casos comprobados en donde el chantaje y la posicin de autoridad que ostentan algunos acadmicos, trabajadores y administrativos ha propiciado casos de abuso, hostigamiento o violacin. Sin embargo, a pesar de existir protocolos de atencin a dichos eventos, se ha denunciado que estos no han funcionado a cabalidad y, por tanto, se ha exigido su transformacin, as como la no contratacin a profesores en los casos probados de acoso. A decir de los comunicados y posicionamientos de otras asambleas de colectivos feministas de Ciudad Universitaria, como es el caso de la Asamblea de mujeres de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales, las demandas, disculpas pblicas y propuestas han sido atendidas por las autoridades correspondientes y el dilogo se ha privilegiado y mantenido.

Del mismo modo que la violencia de gnero, as como el problema del trfico de drogas o de influencias, forma parte de la realidad nacional, incluida la misma UNAM, los intereses, cotos de poder y privilegios de partidos polticos y grupos de poder tambin existen dentro de la misma. Quiz haya que recordar que la UNAM siempre fue una institucin que, a pesar de su autonoma formal, alberg en sus ms altas esferas institucionales a personajes vinculados con los gobiernos priistas, baste recordar al ex rector Jorge Carpizo McGregor, quien fuera titular de la extinta Procuradura General de la Repblica (PGR) y de la SEGOB durante el gobierno de Ernesto Zedillo, o al ex rector Porro Perfumado, de nombre Jos Ramn Narro Robles, titular de la Secretara de Salud durante el gobierno de Enrique Pea Nieto.

La plataforma poltica y econmica que representa la UNAM, con presupuestos muchas veces mayores a los concedidos a algunos estados de la repblica, que, dicho sea de paso, son administrados de manera opaca porque, como es sabido, se alimentan redes de corrupcin impresionantes que terminan en las manos del PRI o de empresas privadas vinculadas a ellos mismos, es un botn que los grupos priistas que existen y han gobernado la Universidad no quieren perder fcilmente. Sobre esta base se entiende, por ejemplo, lo ocurrido el 3 de septiembre del ao pasado cuando activistas estudiantiles, que protestaban frente a Rectora, fueron salvajemente reprimidos por grupos porriles frente a las cmaras de los principales medios de comunicacin que fueron convocados para registrar dicha atrocidad. En su momento, el rector Enrique Graue y AMLO, a diferencia de otros tiempos, dieron un comunicado conjunto, en donde a travs de un video se expres:

[] Coincidimos; hay tanta madurez y responsabilidad de los jvenes que no va a ser fcil que quieran, intereses de otro tipo, montarse en el momento para desestabilizar, porque no tendran base ni sustentacin.[4]

Es decir, el ataque porril que vivieron los activistas estudiantiles el ao pasado respondi a una clara provocacin de ciertos grupos por crear una situacin de desestabilizacin, precisamente en un contexto de cambio de gobierno en donde el PRI, a escala nacional, sali totalmente derrotado.

La Facultad de Filosofa y Letras de la UNAM lleva en paro 1 mes y 14 das, quizs no se recuerde paro ms largo desde la huelga de 1999-2000, pero a pesar de las diferentes ofertas de dilogo promovidas por las autoridades de la misma Facultad, como por Rectora, no se ha llegado a ningn acuerdo y las instalaciones permanecen cerradas y tomadas por un reducido grupo de estudiantes mujeres que, bajo el discurso del separatismo feminista, se niegan a encontrar una salida democrtica y coherente a sus demandas.[5]

La estrategia que han seguido, junto a sus demandas y sus modos de actuar, muchas veces guiadas por la nula disposicin al dilogo o, a veces, con la franca intencin de reventarlo,[6] indican que muy probablemente haya grupos de intereses que se han montado sobre estas demandas tan delicadas y sentidas por las mujeres y que lo que buscan es, posiblemente, crear un escenario de inestabilidad, confrontacin y/o violencia que decanten en la exigencia de renuncias a favor de los grupos de poder a los que se les ha ido desplazando con la administracin de Graue. Por ello, es altamente paradjico que personajes como el abogado y presidente del Tribunal Universitario, Eduardo Lpez Betancourt, priista y acrrimo opositor a la 4T, se convirtiera en un aliado feminista al tachar a las autoridades universitarias, a las que l mismo pertenece, de mafiosas y de obstruir la procuracin de justicia en los casos de acoso y violencia de gnero, al mantener negociaciones con los sindicatos de la Universidad, adems de haber recibido presiones para renunciar a su cargo por parte de la Abogada General. Un claro golpe, sin duda, a la administracin en turno muy cercana al proyecto que preside AMLO. En Mxico, pas surrealista, la ultraderecha se ha convertido en ecologista, demcrata, feminista y nacionalista, a un mismo tiempo.

En cuanto a la estrategia seguida por las mujeres que tienen tomada la facultad, es interesante observar que, a diferencia de otros colectivos, movimientos o coyunturas, el discurso y la prctica del feminismo radical separatista ha servido para poder segregar a la comunidad estudiantil de las formas histricas y democrticas que ha tenido el movimiento estudiantil de organizarse en asambleas abiertas con voz y voto para todas y todos.

En dicho sentido es muy probable que la exclusin de otras organizaciones feministas, de corte no radical o separatista como las troskistas de Pan y Rosas[7] y la incomparecencia e inactividad de otros colectivos estudiantiles, quienes asumen que los problemas estudiantiles deben ser discutidos por toda la comunidad, es decir, por hombres y mujeres conjuntamente, haya servido para monopolizar y concentrar el poder de decisin en este grupo. De esta manera, se garantiz la exclusin de otros actores, colectivos o individuos que o bien fuesen hombres, o que bien no fueran afines al feminismo radical y separatista. De esta forma, la comunidad en su totalidad qued excluida al no permitrsele decidir o participar, so pena de ser tachada de encubridora, aliada del patriarcado o de inventrsele cualquier acusacin annima de acoso o violacin que sera tomada como incuestionable y sin la posibilidad de ser verificada, porque el simple hecho de dudar o cuestionarla sera considerado como un acto machista, patriarcal y tildado de enemigo. El silencio, entonces, quedaba explicado y la crtica excluida. No todo lo que brilla es oro, o, en otras palabras, no todo lo que se viste de progresismo es progresista. Qu sigue?

Notas

[1] Vase el manifiesto: Politics of the Ego: A Manifest for N.Y Radical Feminists, 1969, New York.

[2] Lamas, Marta. Acoso. Denuncia legtima o victimizacin?, Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 2018.

[3] Recurdese el lamentable y triste feminicidio de la activista estadounidense Marcela Salli Grace a manos de un integrante del Auditorio Che Guevara, alias el Franky, en el ao 2008. Vase: https://www.jornada.com.mx/2008/09/28/index.php?section=politica&article=011n1pol

[4] Vase: http://www.cronica.com.mx/notas/2018/1093495.html

[5] Profesores de la facultad que se han solidarizado con las activistas en paro, como Pietro Ameglio, incluso reconocen que las mismas autoridades han cedido y que son las chicas que tienen tomada la FFyL las que no han querido reconocer sus mismos logros y que tambin pierden, cada da que pasa, legitimidad y fuerza. Vase: https://desinformemonos.org/lucha-contra-la-violencia-de-genero-en-la-ffyl-unam-pasar-de-la-toma-de-pocas-a-la-co-operacion-entre-muchas/

[6] As lo muestran diferentes videos que circulan en Facebook en donde las mujeres paristas convocan a las autoridades para despus desconocerlas y/o sacar denuncias annimas creadas ex profeso contra algn miembro de la comisin de dilogo para invalidar cualquier posibilidad de dilogo, o, por otra parte, cuando directamente se niegan a dialogar por considerar la invitacin como patriarcal y, por ende, sospechosa y enemiga.

[7] Bajo el argumento de que, entre otros sealados, uno de sus integrantes, de nombre Sergio Moissen, aprovech la vulnerabilidad psicolgica de la que fuese su novia para mantener relaciones sexuales, y que la organizacin Pan y Rosas, seccin femenil del troskista-oportunista MTS, lo haba encubierto. Organizacin que, sea dicho de paso, siempre ha querido arrogarse tambin, como hoy las radfem, la representatividad de las luchas estudiantiles por medio de las mismas tcticas tramposas y excluyentes.

Andrea Noriega Mndez. Estudiante de Sociologa de la FCPyS de la UNAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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