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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2019

Aves de huracn

Rafael Rodrguez Cruz
Rebelin


Qu negra traicin nos ha trado aqu, o qu felicidad nos ha conducido?
William Shakespeare (La tempestad, 1612)

Dicen que no hay escena ms bella, ni a la vez ms triste, que la de una bandada de aves de mar atrapadas en el ojo de un poderoso cicln tropical. La afamada ambientalista estadounidense Marjory Stoneman Douglas, en su libro Hurricane, nos habla no solo de cmo estos animales alados llevan siglos viajando con los huracanes en el mar del trpico, sino de que prosiguen con su conducta habitual y majestuosa aun en el hbitat temporero y restringido que se forma en el corazn mismo de la turbulencia atmosfrica. Por encima de las aves en pleno vuelo, se encuentra el aro del ojo del huracn; del cual penden, en el mismo medio del trpico, bellos mechones de nubes heladas y mgicas cascadas de hielo polvorizado. Dicen que es como una llovizna de estrellas diminutas, alumbradas por la luz solar. Para aadir a la belleza, bien cielo arriba, cubriendo toda la masa en remolino de nubes, hay un fino velo de cristal de hielo, que por la forma de sus extremos serpenteados semeja las plumas majestuosas de un gallo fino, como lo describiera el genio jesuita Benito Vies en Cuba en 1893.

Es nicamente la violenta e impenetrable pared interna del huracn, con sus rfagas espiroidales y torbellinos de aire caliente, la que hace que las aves de mar presientan que algo anda mal, muy mal. El final del viaje no puede ser sino un duelo con la muerte. Por el momento, insospechadas, las aves de mar planean en las suaves brisas del ojo del cicln tropical, y se lanzan precipitadamente al mar con sus finos y duros picos a pescar la comida que les traen las olas. Es uno de esos momentos peculiares en que las aves de mar se comportan un poco como los seres humanos, encandiladas por las apariencias pasajeras, desentendidas de los designios ocultos de lo que no es perceptible de inmediato.

Y es que el huracn del trpico, tal y como nos sealan la ciencia y la literatura a travs de los siglos, es un vasto anfiteatro de aire turbulento que se desplaza a menudo repleto de aves de mar atrapadas en su interior. Ningn ser humano, que se sepa, ha visto el preciso instante en que una suave brisa se convierte en huracn. Tampoco est entre las destrezas de nuestra especie el predecir con exactitud el cmo y el dnde este fenmeno atmosfrico ha de nacer. Son otros animales, en particular las aves y los peces, los dotados de esta capacidad de prediccin, de ese sexto sentido. Algunos estudios hablan de que, para las aves, los huracanes son como cajas sonoras que pueden escucharse a cientos de millas de distancia, debido al fenmeno de los infrasonidos de los vientos en turbulencia. Otras investigaciones indican la pericia de los animales alados para captar hasta las variaciones ms insignificante en la presin baromtrica. Antes de que los seres humanos comprendiramos el lugar de las leyes de la termodinmica en la evolucin de los huracanes, ya las aves las valorizaban al organizar su diario vivir. El problema, al menos para muchas aves de mar, es la dialctica, la unidad del ser y la nada.

La biloga boricua Myrna Aponte se enfada cada vez que alguien habla del mal tiempo y el buen tiempo, en referencia a los huracanes del trpico. Estos ltimos, insiste ella, no son ni buenos ni malos. En todo caso, aportan a la sobrevivencia del planeta. Y son de una belleza tridimensional indescriptible.

Sea como sea para las aves de mar, el instante mismo de formacin del cicln tropical debe ser a menudo ambiguo y confuso. Y es que el ojo del huracn comienza a existir tan pronto como los vientos emprenden su oscilacin en vrtice y las nubes se elevan llenas de calor latente y en forma de espiral. Es la unidad simple del ser y no ser; tormenta y calma formndose al unsono, aunque Hegel no era entendido en meteorologa. Las aves de mar, nos dice Stoneman Douglas, quedan en ese momento atrapadas entre las paredes de nubes y vientos que van rpidamente definiendo los lmites exteriores del ojo del huracn. Ya maduro el fenmeno atmosfrico, el escape para las aves se torna imposible; no les queda otra que el seguir volando en el interior del anfiteatro, haciendo exactamente lo mismo que haran en su ausencia: describiendo crculos en el aire y rescatando comida de las olas y la superficie del mar. En un sentido nada ha cambiado en la rutina de estos animales alados, excepto que, sin percibirlo, son llevados por el huracn en su avance sobre ocanos y mares. Hasta llegar, muchas veces, a la muerte. Les pasa, pero no lo saben.

Nos referimos aqu, sobre todo, a las aves hermosas pelgicas de extenso vuelo migratorio, que viajan a menudo secuestradas en el ojo de los ciclones tropicales. Algunas de estas migran por miles de kilmetros en altamar sin nunca ver ni pisar tierra. Son incansables y poseen alas largas que les dan una propulsin rpida y extraordinaria. Gustan de alimentarse y acicalarse en las aguas calientes y tropicales; en las que, tambin, se forman y trasladan los huracanes. De ah la propensin a caer en el cautiverio de los ciclones en los meses calientes. Para estas aves, el hbitat restringido del ojo del huracn sobre el mar no representa problema inmediato alguno. De hecho, ni perciben que van de viaje. Entre las aves prisioneras, nos dice Stoneman Douglass, se destacan las aves de pardela, que vienen en distintos tamaos. Estas anidan en los extremos ms lejanos (la regin de los Azores, Groenlandia, el Cabo de Buena Ventura, las Antillas), y cruzan el planeta de manera rpida siguiendo las corrientes intercontinentales de los vientos. Se incluyen aqu tambin las llamadas aves petreles, que son de considerable tamao y largo vuelo. Estas anidan en las zonas fras del sur del Atlntico, pero emigran al norte en los veranos, pasando por las zonas propensas a huracanes. Se les ve a menudo correteando tras las olas efmeras que dejan los barcos. Otras aves tropicales, de vuelo poderoso y conexin con el mar, caen con frecuencia detenidas en el ojo del cicln tropical. Entre ellas, las aves fregatas y los pjaros trpicos de pico amarillo. Se les conoce en la literatura de mar como pjaros de huracn.

El estado de calma de estas aves cambia de forma drstica cuando el fenmeno atmosfrico se acerca a tierra firme. Al divisar la costa, su vuelo pierde toda majestuosidad. Entran de sbito en pnico. El instinto las lleva a querer volar con fuerza, y sin planear, a travs de lo que Vies llama la pared posterior del vrtice de la tormenta. Se impone llegar con premura al ocano que se aleja. Mas aqu, las poderosas alas de las aves de mar son impotentes. Las paredes que rodean el ojo del huracn estn hechas de las rfagas ms fuertes, que van formando violentos torbellinos, mientras el calor del mar sube a alta velocidad. En la zona aledaa al ojo, las lluvias son tambin ms intensas y no siguen un patrn definido. Ocurre aqu, aunque de manera extrema, lo mismo que con la turbulencia que sentimos en los aviones, provocadas por el llamado windshear o cambio de velocidad y direccin vertical del viento en un tramo corto de vuelo. Por ms que las aves de mar se esfuerzan, aleteando para regresar al mar, ms intil se torna el empeo. Pierden la fuerza y el sentido de direccin. Muchas mueren en medio de la lucha por penetrar la pared posterior del ojo del huracn. Las ms fuertes terminan, a menudo, atrapadas en las corrientes ms elevadas de los vientos huracanados. Estos las llevan, ya casi muertas y sin direccin clara, sobre tierra firme a continentes y lugares remotos en que no pueden sobrevivir. A veces se estrellan indefensas contra montes elevados. All mueren. Les falta el mar abierto, que es su verdadero hbitat

Bibliografa

Emanuel, Kerry. (2005). Divine Wind: The History and Science of Hurricanes. Oxford University Press: New York.

Stoneman Douglass, Marjory. (1958). Hurricane. Chapel Hill: North Carolina.

Vies, Benito. (1895) Investigaciones relativas a la circulacin y traslacin ciclnicas de los huracanes de las Antillas. Real Colegio de Beln: La Habana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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