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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2019

Colombia perdi su capacidad de asombro ante las masacres

Fernando Alexis Jimnez
Rebelin


El da que lo mataron y desaparecieron, John Milton cumpla 23 aos. Era sbado y su madre le prepar un sancocho de gallina, compr una torta en la panadera de don Venancio e invit a unos cuantos allegados. No quera que la fecha pasara desapercibida. Se qued esperndolo. Nunca regres.

John Milton trabajaba en una finca en la parte alta de La Sonora, en Trujillo. Se ocupaba nicamente de rendir en los cultivos. Nada ms. Por eso no le preocupaba si el que se le atravesaba en el camino era guerrillero o del ejrcito. Los saludaba por igual. Para l era lo ms normal como ocurra con muchas familias de la zona. Pero, esa mnima demostracin de cortesa era interpretada en esa y cualquier otra rea geogrfica, como una abierta demostracin de colaboracin con el enemigo. Las locuras y la paranoia de quienes estaban inmersos en la guerra.

Doa Liduvina lo busc por cielo y tierra y nunca tuvo noticias del joven. Concluy que se encuentra enterrado en una de las fosas comunes que alojan a las 200 mil vctimas del conflicto colombiano, como lo anunci la directora del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Claudia Garca. Lo hizo en el marco de las investigaciones en el cementerio de Dabeiba, Antioquia, donde se adelantan labores forenses por casos de exhumaciones que fueron entregados por parte de la Jurisdiccin Especial para la Paz (JEP)

Al escuchar la noticia, unos se sorprendieron; no falt quien coment que la cifra estaba sobredimensionada y, alguien ms, en un dejo de solidaridad coment: Muy tenaz, pobres familias.

Pero minutos despus estaban entretenidos con Madonna y el chisme de que est saliendo con un joven de 25 aos; el video donde Maluma baila sensualmente muy pegadito a otra persona o sobre los componentes de la nueva mascarilla facial que retrasa el envejecimiento. Hasta all lleg todo. Y de las vctimas? A un segundo plano, como si nos diera vergenza admitir la gravedad del asunto.

Lo que ocurre en los velorios que se convierten en el espacio para reencontrarse, comentar sobre lo buenona que est la catana de all, beber tinto y mirar con insistencia el reloj como diciendo: A qu horas acaba esta vaina?

No podemos perder las proporciones

Doscientas mil vctimas en fosas comunes, son tanto como la poblacin de una ciudad como Tulu. Algo que se nos dificulta dimensionar, pero que es real. Imagine hombres, mujeres y nios distribuidos en las ms de 3000 fosas comunes y cementerios que hay en el pas, la mayora de ellas an sin identificar.

Los que no olvidan el drama, son sus familiares. Pngase en sus zapatos. Comprobar que los colombianos no podemos perder la capacidad de asombro ante lo que pas y, an, lo que est ocurriendo.

Anualmente se logra identificar entre un 1 y un 2% de esos cuerpos, a los que Medicina Legal les hace necropsia medica legal. Un buen nmero quedan sin identificar.

Lo de Colombia es apenas comparable con el exterminio sistemtico de los pueblos indgenas latinoamericanos y menor a los asesinatos de lderes sociales en Nicaragua, el Salvador, Chile y Argentina. Grave por donde se le mire.

A responder ante la justicia

Ningn colombiano que se precie de amar su patria, debe perder la capacidad de asombro frente a lo que ocurrido y lo que est pasando, que empaa el corazn de las familias, generalmente muy humildes.

Los responsables deben comparecer ante la Jurisdiccin Especial para la Paz (JEP) y recibir el castigo proporcional a lo que hicieron. Eso no paliar el dolor, pero, al menos, dejar la sensacin de que no hemos perdido nuestra capacidad de asombro. Porque lo que ocurri, no debe repetirse jams.


Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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