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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2019

Anatoma de un golpe de Estado

Alessandro Peregalli
El Viejo Topo


Fue un golpe de Estado. Es verdad que Morales forz la Constitucin al presentarse por cuarta vez. Es verdad que en el pas haba un malestar difuso que se expres en el referndum sobre la pertinencia de esa cuarta participacin. Pero fue un golpe de estado, protagonizado por las derechas racistas ms rancias, la polica y el ejrcito.

Bolivia se sumi en una crisis devastadora el 20 de octubre, fecha de las elecciones presidenciales y legislativas. El perodo de mayor estabilidad poltica en toda su historia como estado independiente ha llegado as a su fin; las movilizaciones y protestas en todo el pas muestran un escenario an abierto y que condujo, el 10 de noviembre, a la dimisin y exilio del presidente Evo Morales y del vicepresidente lvaro Garca Linera, ambos en Mxico. Inmediatamente se establecieron dos narrativas opuestas para leer los hechos, tanto en Bolivia como a nivel internacional: Por un lado, la izquierda, vinculada al primer presidente indio Morales, o rastreable hasta sus aliados internacionales (de izquierda o no, desde Mxico hasta el in pectore presidente argentino Alberto Fernndez, desde China hasta Rusia), afirmaba que se trataba de un clsico golpe de Estado, que acab con un presidente legtimo y legalmente reelegido, golpe que fue orquestado por el Departamento de Estado norteamericano, la CIA y la oligarqua boliviana. Por otro lado, la derecha, tanto nacional como internacional (de Trump a Bolsonaro, y con la complicidad de los demcratas sinceros de la Unin Europea y del Partido Demcrata Americano, con la excepcin de Bernie Sanders), ha argumentado que fue la legtima destitucin de un dictador que distorsion las ltimas elecciones para ser reelegido.

De hecho, lo que complic este tipo de polarizacin fue el surgimiento, en la izquierda libertaria y autonomista, de un abanico de posiciones crticas tanto del gobierno de Evo como de los impulsos clasistas, misginos y coloniales que surgieron dentro del movimiento de protesta contra l.

Es dentro de este mbito donde se pretende ubicar este artculo, aunque con la conciencia de que tales expresiones crticas no deben llegar a legitimar, como parece que en algunos casos lo hacen, lecturas negativas o tibias sobre el golpe de Estado que se est dando en Bolivia y que, como cualquier expresin del fascismo, deben ser firmemente rechazadas. En cambio, pensamos que solo una lectura crtica y autocrtica del llamado proceso de cambio que tuvo lugar bajo el MAS puede resultar til para una perspectiva verdaderamente antiimperialista.

Una eleccin ilegtima

Las elecciones del 20 de octubre se celebraron en un entorno particularmente turbio. La cuarta reeleccin de Evo Morales, de hecho, era evidentemente inconstitucional, ya que la constitucin promulgada en 2009, durante el primer mandato de Morales, establece que la eleccin presidencial de una misma persona puede extenderse a un mximo de dos mandatos. Ya en octubre de 2014 Evo fue elegido por tercera vez, pero lo hizo con la justificacin de que su primer mandato (2006-2009) se haba cumplido bajo la constitucin anterior. Sin embargo, la incapacidad crnica de los populismos latinoamericanos para ignorar la figura del lder carismtico (el caudillo) haba impuesto, en los clculos del Movimiento Al Socialismo (MAS), la necesidad de asegurar que Morales pudiera ser reelegido indefinidamente. As, el 21 de febrero de 2016 se celebr un referndum constitucional para garantizar precisamente esta posibilidad, en el que, sin embargo, Morales fue derrotado, por primera vez desde su eleccin en 2005, aunque por poco. En lugar de seguir el ejemplo de Hugo Chvez, que tras una derrota en el referndum constitucional de 2006 logr darle la vuelta en un nuevo referndum en 2009, Evo prefiri recurrir legalmente al Tribunal Supremo, que en 2018 le garantiz, de forma sorprendente, el derecho humano a ser reelegido indefinidamente, violando as de forma clamorosa el resultado del referndum.

De esta manera, a pesar de una obvia ilegitimidad, Morales se present a las elecciones del pasado mes de octubre, con el objetivo de ganar directamente en la primera vuelta, para lo que bastaba con obtener el 40% de los votos con una distancia del 10% sobre el segundo candidato, para evitar la situacin de polarizacin de casi tres aos antes, en la que el lder del MAS haba gozado de un consenso inferior al 50%. En la noche de las elecciones, cuando las proyecciones electorales cubran el 83,8% del rea electoral, a Evo Morales se le dio el 45,3%, apenas 7 puntos ms que a su oponente, el ex presidente Carlos Mesa, que llegaba al 38,2%. La decisin del Tribunal Electoral de suspender la publicacin de los datos 20 horas durante la votacin provoc protestas de votantes de derecha que, denunciando un fraude, quemaron numerosos colegios electorales, pero de esta manera destruyeron eventualmente numerosas pruebas. Cuando Morales ya haba declarado el estado de emergencia, el Tribunal Electoral hizo pblicos los resultados al alcanzarse el 95,63% del escrutinio, que esta vez le daba a Evo una ventaja de 10,12 puntos. El resultado se estabiliz en una diferencia del 10,57%. Frente a las ardientes protestas de los candidatos y de los votantes opositores, el argumento del gobierno fue que las ltimas papeletas examinadas provenan de las zonas rurales, donde la aceptacin de Morales es estadsticamente mucho mayor. Esta es sin duda una justificacin creble, tanto ms cuanto que la propia oposicin no pudo presentar ningn acta de escrutinio con pruebas de fraude. Sin embargo, la forma poco ntida con la que el gobierno manej todo el proceso, primero con la reeleccin ilegal y luego con el largo apagn del sistema de escrutinio, para el cual se haban dado cuatro explicaciones diferentes y por el que el vicepresidente del Tribunal Electoral tambin haba dimitido, cre un clima negativo para la legitimidad del voto. Fue gracias a este clima que se pudo poner en marcha la estrategia golpista.

El golpe de Estado

Desde el primer da de las protestas, el gobierno del MAS ha denunciado que detrs de los movimientos de la oposicin hubo un intento de golpe de estado. Sin embargo, como en la famosa fbula de que viene el lobo, evocar el espectro del golpe se ha convertido en una prctica tan comn, en un argumento tan normal de cualquier gobierno progresista latinoamericano, siempre que se quiera desestimar rpidamente una crtica interna o de la izquierda (no querrs que esos vuelvan al poder!) haciendo as que se traguen los peores sapos, que se ha convertido en un arma sin filo. Que la izquierda aluda al posible golpe cada vez que hace algo propio de la derecha es ahora la regla. Queda por ver cuando, desafortunadamente, los intentos de golpes de estado son reales, en el entendimiento de que la oligarqua latinoamericana no se queda de brazos cruzados y que un golpe de Estado es, histricamente, uno de sus posibles instrumentos y estrategias.

En el caso boliviano, el golpe se desencaden, inicialmente, cuando el candidato opositor Carlos Mesa, considerado, como cualquier neoliberal que se precie, un centrista moderado, rechaz la revisin del voto de la Organizacin de Estados Americanos (OEA), propuesto por Morales, una plataforma intergubernamental que siempre se ha distinguido, y ms an con la actual gestin del uruguayo Luis Almagro, por promover una poltica internacional fanticamente antibolivariana y estrictamente al servicio de los intereses norteamericanos. La razn de ese rechazo, sin embargo, aunque fue impulsado por la voluntad poltica de radicalizar la protesta social, se justific en parte por el hecho de que la misma OEA haba legitimado sorprendentemente, en ese momento, la reeleccin de Morales. El hecho es que, considerando ilegtima la intervencin de la OEA, y en el contexto de una protesta generalizada, socialmente diversa (no solo reducida a las clases medias) y cada vez ms violenta (casi sin represin por parte de la polica, pero con la actuacin de grupos organizados del MAS, que dejaron un saldo de tres muertos), el salto de calidad de la estrategia golpista tuvo lugar el 2 de noviembre, cuando el nuevo presidente del Comit Cvico de Santa Cruz, una organizacin oligrquica y empresarial que hasta entonces haba mantenido buena relacin con el MAS, Luis Fernando Camacho, invoc el retorno de Dios y la Biblia en el palacio presidencial contra el supuesto satn indgena Evo Morales y pidi pblicamente a la polica y al ejrcito que se rebelaran contra el Presidente. Solo seis das despus, el 8 de noviembre, primero la polica de Cochabamba y luego rpidamente toda la polica nacional, se amotinaba contra el gobierno. El propio Camacho, con la ayuda del ejrcito, entr en La Paz para iniciar la revuelta, mientras sus seguidores retiraban las banderas de la whipala (smbolo de los pueblos indgenas de Bolivia), y los policas las retiraban de sus insignias. Camacho es un empresario vinculado al agronegocio y las finanzas, un fantico catlico pero con gran xito entre los evanglicos, un machista (se llama a s mismo macho Camacho) y un secuaz de Pablo Escobar; en el intento separatista de Santa Cruz en 2008 lider un escuadrn neonazi llamado Unin Juvenil Cruceista (UJC) y es considerado el Bolsonaro boliviano.

Dos das despus del motn policial, en la maana del da 10, bajo la presin del propio Camacho, la OEA emiti el resultado de su revisin electoral, en el que se sealaba que, aunque no haba evidencia de fraude electoral que pudiera afectar al resultado, la presencia de pequeas irregularidades en la votacin y el clima social particularmente tenso sugeran la celebracin de nuevas elecciones. Aunque algunos controles no oficiales, como el del Centro de Investigacin Econmica y Poltica (CEPR), haban llegado a establecer, en cambio, la absoluta regularidad del proceso electoral, la misma maana Morales convocaba una nueva votacin para el 20 de enero, fecha en la que oficialmente expirara su actual mandato. Pero la dinmica golpista se activ: los partidos de oposicin, tanto los centristas como los fascistas pedan ahora la cada del gobierno sin matices, y tambin algunos sindicatos de campesinos y mineros, hasta entonces fieles a Evo, le sugirieron, para evitar ms derramamiento de sangre, que dimitiera; al mismo tiempo, los manifestantes quemaron las casas y amenazaron a las familias de los ministros y diputados del MAS (lo que tambin ocurri al revs, por los masistas que actuaron contra los polticos opositores) y los obligaron a dimitir uno tras otro; finalmente, bajo la presin explcita del ejrcito, en la tarde del mismo 10 de noviembre, Morales y Garca Linera abandonaron La Paz y huyeron a la regin cocalera del Chapar, renunciando a sus cargos. Esa misma noche, Camacho, aunque sin ningn respaldo institucional, anunci la emisin de una orden de captura contra el propio Evo Morales, quien al da siguiente, junto con la vicepresidenta y ministra de Salud, Gabriela Montao, se exili a Ciudad de Mxico. Al da siguiente, el 12 de noviembre, tras la dimisin de los principales cargos institucionales del MAS, un parlamento sin qurum, privado de la mayora de los diputados y senadores del MAS, a los que el ejrcito impidi la entrada, vot la eleccin presidencial de la senadora de derechas, y vicepresidenta del Senado, Jeanine Aez, que asumi el cargo al lado de Camacho y declar que la Biblia vuelve a Palacio.

Cmo se produjo el golpe? La parbola descendente del gobierno de Morales

El golpe de estado finalmente haba terminado. Sin embargo, no se trata de un golpe tradicional, con un levantamiento armado del ejrcito y bajo la completa direccin de la CIA y el Departamento de Estado americano, como en los golpes de Estado de los aos 70 y en general durante el perodo de la Guerra Fra. Tampoco es un golpe puramente parlamentario, o un golpe suave, orquestado por las clases dominantes junto con el poder judicial y el parlamento a travs de estrategias de aplicacin de la ley, y con el consentimiento pasivo del ejrcito y de los Estados Unidos, como ocurri en las recientes destituciones del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, en 2009, del presidente de Paraguay, Fernando Lugo, en 2012, y de la brasilea Dilma Rousseff, en 2016. Fue, en este caso, un golpe cvico-policial-militar, en el que todava no est claro el peso especfico, la intencin y la contribucin de los distintos actores: partidos de la oposicin, protesta popular, grandes empresas, grupos paramilitares, polica, ejrcito, gobiernos de Estados Unidos y Brasil, OEA.

Lo que se puede afirmar es que el golpe nunca ha desaparecido de las estrategias reaccionarias latinoamericanas, pero que su posibilidad de implementacin o no, en un contexto de posguerra fra y debilitamiento de la capacidad de intervencin directa de Estados Unidos en la regin, depende cada vez ms del grado de ilegitimidad social que se pueda construir en torno al gobierno que se pretende derribar, como ha sido ms que evidente en los ltimos tiempos en Brasil. Como es evidente, el gobierno de Evo Morales se asentaba, a nivel formal-institucional, sobre bases de frgil legitimidad, pero esta evidentemente reflejaba condiciones materiales y sociales an ms precarias.

A pesar de los ndices de crecimiento econmico, que en los casi 14 aos de gobierno de Morales han registrado un promedio del 4,9% anual, llevando el PIB de 9 a 42 mil millones de dlares, la calidad de estas cifras ha abierto sin embargo grietas cada vez ms importantes en la base social del MAS. En general, podramos hablar de dos etapas del gobierno de Evo. Durante el primer mandato, an en medio de mil contradicciones, el MAS llev a cabo una agenda de reformas radicales que fueron producto de una sntesis de los diferentes sectores sociales que primero, con la Guerra del Agua en 2000 y la Guerra del Gas en 2003, abrieron una grieta en la gestin gubernamental neoliberal, y luego apoyaron y llevaron al gobierno al mismo MAS, participando en ella. Como seala Ral Zibechi, entre 2002 y 2006 se cre el Pacto de Unidad entre las principales organizaciones indgenas y campesinas que apoyaban a Evo: la Confederacin Sindical nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), la Confederacin de Pueblos Indgenas del Oriente de Bolivia (CIDOB), la Confederacin Nacional de Mujeres Campesinas Indgenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa y asociaciones vecinales de El Alto. Esta feliz sntesis, a la que hay que sumar los sindicatos de mineros, haba conducido a cuatro objetivos principales: la convocatoria a una Asamblea Constituyente, que en 2009 condujo a la creacin de la nueva Constitucin del Estado Plurinacional de Bolivia; la nacionalizacin de las reservas de gas; la reforma agraria; y una serie de leyes para proteger a la Madre Tierra y dirigidas a cambiar el sistema productivo del pas en un sentido ecolgico.

Sin embargo, desde 2008-2010, estos pasos adelante se haban convertido, en la prctica, en poco ms que victorias formales. La causa principal fue el resultado del conflicto entre el gobierno y la oligarqua de Santa Cruz y las Tierras Bajas, que exigieron autonoma en la gestin de los ingresos del gas, se opusieron a la reforma agraria y estuvieron a punto de librar una guerra civil con milicias paramilitares. Solo la intervencin del presidente brasileo Lula da Silva permiti resolver el conflicto, pero al precio de la inclusin del Comit Cvico de Santa Cruz en el MAS y en la plataforma gubernamental, y con la aceptacin de empresas constructoras brasileas y de Petrobras en proyectos vinculados a la Iniciativa para la Integracin de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Pero otra causa fue el lento pero incansable desplazamiento del eje del proceso de cambio de los movimientos sociales hacia el Estado y su lgica de acumulacin de poder y privilegios. La Constitucin debera haber llevado a poner en discusin el autoritarismo estatal sobre las comunidades indgenas, pero en realidad no impidi que la autonoma de estas ltimas fuera violada perpetuamente por las polticas estatales de extractivismo, cooptacin y burocratizacin. En junio de 2012 dice Zibechi la CIDOB, que haba abandonado el ao anterior el Pacto de Unidad, infiltrada y fuertemente dividida ante la accin gubernamental, mientras que en 2013 disidentes de CONAMAQ, otra organizacin que haba roto con el MAS, afn a este ltimo, intentaron hacerse con la organizacin por la fuerza y con la ayuda de la polica.

La reforma agraria, por su parte, habra debido recuperar tierra de los terratenientes, pero ha sido poco a poco desnaturalizada: por un lado, los latifundios fueron preservados en su mayora, mientras que la produccin de soja transgnica fue fomentada cada vez ms, incluso con subsidios estatales, alcanzando el 92% de la produccin en 2012, segn Pablo Soln1 (en comparacin con el 21% en 2005). La mayor redistribucin de tierra fue a expensas de la Amazona, a travs de una expansin de la frontera agrcola llevada a cabo por una serie de incendios provocados, pero consentidos por el gobierno, que tambin favoreci, entre otras cosas, al sector ganadero intensivo. El pasado mes de agosto este proceso se hizo evidente con los incendios en la regin de Chiquitana, con lo que Bolivia compiti con el Brasil de Bolsonaro en la destruccin del llamado pulmn del mundo. Por otro lado, la poltica agrcola ha beneficiado especialmente a los cocaleros indgenas del Chapar, lo que ha transformado poco a poco a la produccin de coca desde el derecho de los pueblos originarios a preservar una tradicin agrcola que no debe ser criminalizada, a la transformacin de esta en una mercanca real, sujeta a las cadenas de valor del narcotrfico global, y con importantes repercusiones en la extensin de la frontera agrcola hacia zonas de baja altitud, con el conflicto entre los cocaleros indgenas de origen aymara y los de la Amazona o los de las llamadas Tierras Bajas.

Incluso en el caso del gas, no puede hablarse de una verdadera nacionalizacin, sino de una renegociacin de los contratos, aunque positiva, que ha permitido reducir a la mitad los beneficios de las multinacionales con respecto a la participacin en manos del Estado, pero aumentando sus ingresos reales, mientras que en la actualidad el 75% de la produccin boliviana de gas est en manos de Petrobras y de la empresa espaola Repsol2.

Finalmente, las leyes en defensa del medio ambiente y de la Pachamama, como la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral, han quedado en letra muerta, mientras que nuevas concesiones mineras fueron otorgadas continuamente a multinacionales extranjeras, y se promovieron proyectos de grandes infraestructuras ecolgicamente devastadoras, como la carretera que iba a pasar sobre el Territorio Indgena y el Parque Nacional Isiboro-Scure (TIPNIS), detenida por una masiva movilizacin popular en 2011.

Frente a estas enormes derrotas en relacin al imaginario del socialismo comunitario y del buen vivir propugnado por el Gobierno Morales, hay que reconocer algunos avances innegables: gracias principalmente a los ingresos del gas, que pasaron de 673 millones de dlares en 2005 a 5.450 millones de dlares en 20133, se impulsaron importantes polticas sociales que permitieron reducir drsticamente las tasas de pobreza extrema del 38 al 15% de la poblacin, y se promovieron polticas de acceso masivo a la universidad, con una transformacin de sus planes y mtodos de estudio ms acorde con las necesidades de las comunidades indgenas, la creacin de una red de radios comunitarias (que estuvieron entre los primeros objetivos atacados en el golpe de Estado y con la nueva presidenta Aez), la mejora de las infraestructuras de las comunidades indgenas y una importante reforma que garantiz el acceso universal a la salud pblica. Otro pequeo paso adelante fue que, frente a una tendencia creciente de las polticas extractivas, se intent internalizar algunos procesos de produccin y aumentar el valor aadido de algunas materias primas exportadas. Finalmente, como bien dijo el exiliado vicepresidente e intelectual marxista Garca Linera, se ha creado una nueva clase media indgena gracias a la gestin empresarial y a la inclusin social en la maquinaria estatal, que ha derrocado en parte a la tradicional clase media blanca, provocando un fuerte resentimiento social y racial en esta ltima. Sin embargo, como sostiene Soln4, el crecimiento de una nueva clase media, si no va acompaado de un proceso de politizacin, corre el riesgo de producir solo nuevos grupos de poder en los municipios, los ministerios, las empresas, las Fuerzas Armadas y los sindicatos, ms interesados en la distribucin interna de los nuevos mrgenes de beneficio que en la transformacin social radical.

En resumen, lo que hemos visto en estos 14 aos en Bolivia ha sido un lento paso de la centralidad de un conflicto de carcter poltico-social a uno geopoltico, en el que el gobierno ha estado cada vez ms ligado a intereses imperialistas alternativos a los de EE.UU. (primero Brasil, luego China) y a plataformas regionales progresistas como la liderada por Venezuela, pero que ha visto cmo la lucha de clases se ha ido suavizando cada vez ms, hasta la fusin de la agenda gubernamental con algunos intereses oligoplicos de la minera, las finanzas y el agrobusiness. Sin embargo, sera injusto negar los importantes xitos sociales logrados bajo el MAS, y es precisamente en contra de ellos que se ha levantado la agenda golpista, con la intencin de especular con el difuso malestar social que representaban los lmites del gobierno para mantener las condiciones y los derechos sociales de hace 14 aos.

Y ahora qu? Composicin de un conflicto abierto

La crisis actual en Bolivia se ha resuelto, al menos por ahora, con un golpe de Estado oligrquico de connotaciones imperialistas, representado simblicamente por la repentina decisin de la nueva presidenta Aez de devolver a Cuba a los mdicos de las misiones, o abandonar la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA) y poner en discusin la Unin de Naciones Sudamericanas (UNASUR). Sin embargo, sera errneo pensar que en el conflicto actual los sectores sociales estn divididos por una clara lnea de izquierda-derecha, clases medias y burguesas contra las clases populares. Como ha sealado una vez ms Soln, si bien no hay duda de que los sectores de la derecha reaccionaria se han lanzado contra Evo, y que en Santa Cruz estos sectores son hegemnicos, en otras reas las protestas contra el fraude han visto como se articulaban sectores de derecha e izquierda: en Potos, la oposicin al gobierno se radicaliz antes de las elecciones debido a una concesin de 70 aos para la produccin de litio en el salar de Uyuni, donde se descubri el yacimiento ms grande del mundo de este mineral; estas protestas tienen una matriz ecolgica y otra corporativa por parte de los mineros, que pretenden una participacin en los ingresos por la exportacin de litio. En el caso de La Paz, fue importante la presencia en las manifestaciones de estudiantes de la universidad pblica y de grupos ambientalistas que trabajaron para el gobierno hasta el conflicto del TIPNIS. En fin, la gestin autocrtica del gobierno ha significado que, en la fase de acumulacin de fuerzas en los sectores golpistas, las principales organizaciones sociales de referencia del MAS o crticas no han reaccionado de manera efectiva, precisamente por el largo proceso de cooptacin, corporativizacin y debilitamiento sufrido en los ltimos aos y la total falta de perspectivas de emancipacin en relacin con el gobierno: despus de tantos aos de traiciones de Morales, al fin y al cabo, por qu vala la pena apresurarse a su defensa?

Estas organizaciones, principalmente los llamados Ponchos Rojos de la CONAMAQ, las organizaciones vecinales de El Alto, las feministas antipatriarcales de Mujeres Creando y los cocaleros de Chapar y Cochambamba, sin embargo, han resurgido despus de la renuncia de Evo, han asediado a las principales ciudades con bloqueos de carreteras en los caminos de acceso y han hecho un fuerte llamamiento al retorno al orden constitucional, al respeto de la whipala y a las elecciones inmediatas, tratando de frenar y sabotear el proyecto golpista. Una semana despus del levantamiento indgena, el ejrcito, al que el nuevo gobierno concedi la inmunidad por los asesinatos cometidos en la represin, respondi con contundencia, con un saldo inicial de 24 muertos. Fuera de juego (por ahora) Evo Morales, consumado el golpe de estado, son una vez ms los pueblos originarios, los principales artfices del proceso de cambio, los que devuelven el eje del conflicto al terreno de la lucha de clases.

Notas

  1. Pablo Soln, Algunas reflexiones, autocrticas y propuestas sobre el proceso de cambio en Bolivia, en AA.VV., El eclipse de la progresividad. La izquierda latinoamericana en debate, Ro de Janeiro: Elefante, 2018, p. 67.

  2. Ibidem, p. 71.

  3. Ibdem.

  4. Ibidem, pp. 69-70.

Artculo publicado originariamente en EuroNomade, www.euronomade.info/?p=12713#sdfootnote4anc

Fuente: https://www.elviejotopo.com/articulo/anatomia-de-un-golpe-de-estado/



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