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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2019

Con razn y sin razn en democracia

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Incluso cuando todo sale mal (como sucede a menudo), la persona racional tiene el consuelo de la racionalidad misma, es decir, del reconocimiento de haber hecho lo mejor. La persona racional aprecia la razn misma y recibe satisfaccin racional de haber realizado lo que la razn exige.
Nicholas Rescher: La racionalidad

La criatura que comprende bien la naturaleza de su propia estupidez es una criatura inteligente.
Julian Baggini: Breve historia de la verdad


La psicologa es una ciencia (o no) simptica. La lgica, por el contrario, es una disciplina (s, con todo su rigor) antiptica. Lo s muy bien porque las enseo las dos. Como mbito del saber especfico la psicologa es muy joven. El considerado por la mayora de estudiosos su padre, Wilhelm Maximiliam Wundt, filsofo alemn nacido en 1832, la bautiz y dio una primera forma rudimentaria desgajndola de la filosofa e inspirado por la exigencia emprica de la fisiologa con la intencin de otorgarle para siempre la condicin de ciencia. La materializacin de este su propsito tuvo lugar en Leipzig en el ao 1879 mediante la creacin del primer laboratorio de psicologa experimental (rea especfica de la psicologa actualmente existente en las facultades donde se la estudia). Deba de ser indiscutible para Herr Wundt que donde hay un laboratorio se hace ciencia.

La filosofa pari la psicologa, como otras ciencias, pero se qued con la lgica, que an se ensea como asignatura en las facultades de filosofa. Se podra decir que la lgica est en su gnesis. Es un tpico con el que se empieza martirizando al sufrido estudiante de bachillerato que la filosofa nace hace dos mil quinientos aos con el paso del mito al logos. Pasando por alto melindres de erudito es una forma de expresar el elemento sustantivo de la filosofa, a saber, el esfuerzo intelectual por construir un lenguaje capaz de pensar racionalmente la realidad y hacer posible as su conocimiento. λγος, el genuino logos griego (de donde proviene la palabra castellana lgica), en efecto, es discurso que encarna la razn. Y as, partiendo del postulado de que lo real es pensable se trata de pergear un entramado conceptual capaz de aprehender lo que las cosas son y hacernos practicable el trabajo de la verdad.

Un tpico asimismo del oficio de la filosofa es que se trata de una tarea de la razn o no es. Razn que si en su prctica no respeta la lgica queda anulada. Porque, en trminos generales y no slo filosficos, utilizar la razn consiste en el ejercicio de buscar y sopesar argumentos antes de aceptar como verdadero lo que creo saber. Ejercicio que es de lgica, pues.

Hay una evidente tradicin de pensamiento llammosle occidental que tiene en la razn su columna vertebral y su hilo conductor histrico. Platn fue determinante en el encumbramiento cultural de la razn como ideal irrenunciable y Descartes inaugur la modernidad certificando su valor como elemento imprescindible de cualquier saber riguroso, pero tambin del mejor modelo de vida. Basten estas palabras suyas extradas de su Discurso del mtodo de 1637 como prueba de lo dicho: Y, por ltimo, no habra podido limitar mis deseos y estar contento si no hubiera seguido un camino por el cual pensaba, no slo estar seguro de adquirir todos los conocimientos de que fuere capaz, sino tambin todos los verdaderos bienes que en m pudieran hallarse; pues no determinndose nuestra voluntad a seguir o evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento (razn) se la representa como buena o mala, basta juzgar bien para obrar bien, y juzgar lo mejor posible para hacer tambin lo mejor, es decir, para adquirir todas las virtudes y juntamente con ellas todos los bienes que pueden adquirirse; y cuando uno tiene la certidumbre de que ello es as, no puede dejar de estar contento.

Este es sin duda el germen inspirador de la Ilustracin que revolucion el paradigma poltico de Europa y ciment los pilares de la incipiente repblica norteamericana. Hay una virtud en este ideal de la razn que la hace particularmente til para la democracia, pues propio de ella es tratar de armonizar el punto de vista subjetivo de uno con el objetivo o, ms bien, intersubjetivo; la racionalidad se define as como un territorio de encuentro, de di-logo, donde colocarse para contemplar las cosas desde un punto de vista que es posible compartir, dado que la razn nunca es exclusivamente mi razn; dicho de otro modo: los argumentos racionales no pueden ser racionales slo para m. En esto consiste la universalidad de la razn, su virtud esencial, que filsofos como los antes mencionados destacaron. Para ellos las emociones eran un componente de la naturaleza humana molesto cuando menos que tena que ser domeado por la racionalidad.

En esta etapa de exaltacin de la razn hubo quien desde el ejercicio de la propia crtica racional fue muy consciente de los lmites de aqulla. David Hume, que participaba del psicologismo de los filsofos empiristas, llam la atencin sobre las limitaciones de la razn no slo en el plano epistemolgico sino tambin a la hora de dar cuenta de lo que motivaba el comportamiento humano, y as lo expres tanto en su Tratado de la naturaleza humana de 1739 como en su Investigacin sobre el entendimiento humano de 1748. La quintaesencia de su tesis se condensa en esta quiz su ms famosa frase: La razn es y slo debe ser la esclava de las pasiones. Reconoca as lmites en el poder de la razn, como lo hizo Blaise Pascal dcadas antes, un admirador de Descartes que, paradjicamente, nos dej esa frase carne de cita segn la cual el corazn tiene razones que la razn no entiende. No obstante, es a Hume a quien seguramente hay que otorgarle el mrito de ser el primer filsofo en patentizar la fantasa racionalista, autntica distorsin cognitiva que constituye el ncleo de un paradigma filosfico que durante mucho tiempo ha sido (y puede que an siga siendo) el dominante. Esa fantasa se construy sobre la inveterada creencia de que el ser humano es un animal racional. Supone, pues, toda una concepcin antropolgica con derivaciones muy importantes tanto en la tica como en la poltica y la economa, y que trata de entenderlas desde un enfoque cndidamente racionalista. Como ya advirtiera Karl Popper en su tiempo la actitud racionalista slo puede justificarse razonadamente si previamente se la ha abrazado entrando desde un principio en su juego, con lo que se incurrira en un paralogismo circular. Paradojas de la lgica: su rigor convierte la actitud racional en un acto de fe. Es o no es antiptica la lgica?

Mea culpa. Quiz por deformacin profesional, an a pesar de mis esfuerzos por zafarme de esa distorsin cognitiva, experimento una desazn al or que es lo ltimo que me viene a las mientes que el gran vencedor de las elecciones britnicas es un personaje como Boris Johnson, tambin tras enterarme de la noche demencial que fue la previa al da de la declaracin unilateral de independencia de Catalua, segn relata el periodista Ernesto Ekaizer en una entrevista radiofnica. Ms pruebas actuales de que la creencia segn la cual el ser humano es un animal racional es eso, una fantasa de los filsofos. Si me provocan esa desazn es porque en mi inconsciente filosfico an late la fantasa racionalista, si bien soy sabedor de su carcter ilusorio. No me cabe otra segn demuestra un libro con cuya lectura disfrut este verano pasado titulado La mente de los justos de Jonathan Haidt, quien en un principio como l mismo nos confiesa iba para filsofo, pero le rob el corazn la psicologa iniciando un camino que le acabara llevando al especfico mbito de la psicologa moral.

Desde mediados del siglo pasado la comprensin del comportamiento moral se sustentaba en la teora del desarrollo del juicio moral de Lawrence Kohlberg, congruente bsicamente con la concepcin antropolgica racionalista. Pero, como apunta Haidt en el libro mencionado, las investigaciones posteriores en neurociencia y de acuerdo con los presupuestos de la psicologa evolucionista, que no pierde de vista en ningn momento la pertenencia de las personas a una especie animal producto del proceso evolutivo basado en la seleccin natural, ponen en entredicho el modelo de Kohlberg y convierten en acertada la prediccin de Edward O. Wilson de 1975. Fue por entonces cuando este bilogo dio a conocer por primera vez su tesis de la sociobiologa a partir de la cual colega que la tica, en tanto que reino de las acciones morales, sera naturalizada y explicada a partir de la actividad de los centros emotivos del cerebro. Las observaciones que actualmente permite la tecnologa de la que disponemos, como la resonancia magntica nuclear funcional (RMNf), para ver cmo funciona nuestro encfalo en tiempo real cuando se plantea a los sujetos de experimentacin dilemas morales, dejan poco lugar a dudas. Las reas enceflicas del procesamiento emocional son las que inmediatamente se activan cuando se presenta la exigencia de un juicio moral o una toma de decisin. En la confrontacin entre Descartes y Hume, a la luz de lo que sabemos hoy, gana el segundo.

Las intuiciones vienen primero, el razonamiento estratgico despus (p. 112). Este es el primer principio de la psicologa moral segn Jonathan Haidt, que utiliza la imagen de un jinete montado en un elefante para plasmar el modelo de mente que determina nuestro comportamiento. El elefante, que representa los procesos automticos, es el que marca la ruta de nuestro proceder moral. Y cuando vemos o escuchamos acerca de lo que nuestros semejantes hacen inmediatamente ese elefante se inclina en un sentido u otro. El jinete, el razonamiento, no le corrige en la mayor parte de los casos, sino que busca argumentos para apoyarlo.

El devenir reciente de las democracias, en las que el ascenso de los populismos es preocupante tiene que ver con esa primaca de lo emocional sobre lo racional. Que prosperen en poltica personajes como Trump, Bolsonaro o el triunfante Boris Johnson, de corte bastante conservador todos, tendra que ver con que estos saben apelar mejor a fundamentos morales que tienen una poderosa conexin emocional, por factores evolutivos, con la psique de los homo sapiens, muy sensible a los fundamentos morales de la lealtad (particularmente la identidad nacional y el patriotismo), la autoridad (respeto por los padres, la ley y las tradiciones) y la santidad (religin y virtudes morales). Todos elementos destacados en los discursos de los tres dirigentes nombrados.

El retrato que del ser humano se deriva de este enfoque de la psicologa moral est muy lejos del idealismo antropolgico platnico o cartesiano y confirma la perspectiva naturalista que atisb David Hume inspirado por la ciencia newtoniana. Propuestas que creen en la posibilidad de cultivar la virtud democrtica de la ciudadana quedan como algo poco realista cuando no ingenuo. Es el caso de la comunidad ideal de deliberacin que los deliberativistas como Jrgen Habermas entienden como el ncleo definitorio de la genuina democracia. Jos M Ruiz Soroa tacha de milagro en su libro El esencialismo democrtico el diseo social que requiere para hacer posible el ejercicio de esa virtud democrtica: Una vez puestas las condiciones formales del modelo, su resultado est garantizado. Una vez diseados unos seres liberados de cualquier constriccin y dominacin heternoma (...), que actan imparcialmente segn criterios de estricta razonabilidad, es seguro ciento por ciento que llegarn a construir una decisin social perfecta, ajustada al bien comn ms ideal (p. 83). Es la versin poltica del optimismo racionalista que Descartes inaugur por la fe en su mtodo cuyo estricto seguimiento garantizaba el xito en el conocimiento de todas las verdades y la resolucin de todos los problemas. Ahora bien, dnde existen esos seres libres, imparciales y razonables? Por lo que se infiere hasta ahora de las verdades arrojadas por la psicologa la comunidad de los santos como se la ha llamado con irona no se encuentra en las sociedades humanas. En ellas segn las evidencias recogidas por Haidt en su libro rige la moralidad, que a la vez que une a sus integrantes les ciega. Al mecanismo psquico causante de este doble efecto lo llama el interruptor de colmena, el cual nos une y luego nos dificulta pensar por nosotros mismos, mientras nos llena con la sensacin de estar participando en las verdades ms profundas (p. 354).

Al autor de 21 lecciones para el siglo XXI, encomiable libro por el enorme esfuerzo de sntesis que es, al israel Yuval Noah Harari, le preocupa el potencial manipulador que puede suponer el encuentro de esos conocimientos de los mecanismos bsicos que causan nuestra conducta con la tecnologa vanguardista que ha acelerado recientemente el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Sus especulaciones sobre el futuro inmediato le conducen a un apocalipsis nada espectacular, sin fuego ni estruendoso colapso, aunque igualmente devastador para la humanidad. No habr ninguna batalla en medio de un siniestro pramo distpico entre la humanidad y las mquinas que habrn adquirido autoconciencia y voluntad propia por obra y gracia de un milagro tecnolgico; pero los bots, como los rastreadores web de los motores de bsqueda de internet, pueden acabar incorporando esos conocimientos de psicologa aqu sumariamente expuestos para como dice tan elocuentemente Harari pulsar nuestros botones emocionales mejor que nuestra madre, y utilizar esta asombrosa capacidad para intentar vendernos cosas, ya sea a un automvil, a un poltico o una ideologa completa (p. 93).

Entre Ren Descartes y David Hume se halla cronolgicamente situado el filsofo holands de origen sefard Baruch de Spinoza, hermanado con ellos en la fraternidad del librepensamiento, tambin como ellos dos acusado de atesmo. Encuadrado en el racionalismo inaugurado por la obra del francs, hay en su filosofa un fundamento naturalista, y en esto se aproxima al punto de vista del escocs. Spinoza ve al ser humano como un ente natural, y como tal forma parte de la nica sustancia por l reconocida, Natura sive Deus, es decir, la Naturaleza o lo que para l era lo mismo, Dios. Como cualesquiera otros entes (naturales todos, pues de otro modo no pueden ser) el ser humano est sujeto a las mismas causas, que gobiernan tanto su cuerpo como su alma. Hasta tal punto era consciente de esto que lleg a afirmar que si los hombres se crean libres era porque ignoraban las verdaderas causas de sus acciones. El valor inspirador de la filosofa de Spinoza en la ciencia moderna ha sido de sobras reconocido. El caso de Albert Einstein seguramente sea el ms conspicuo; pero en el terreno de las ciencias de la mente y el comportamiento destaca el elogio que le dedic el neurocientfico Antonio Damasio en su libro En busca de Spinoza. Por mi parte, de entre sus ideas yo destacara el valor que otorga al conocimiento como elemento verdaderamente distintivo de la condicin humana, al margen del cual nuestra existencia queda totalmente sujeta a la causacin determinista de la naturaleza.

Aportaciones cientficas como la que representa el trabajo de Jonathan Haidt en psicologa moral sin duda constituyen un nuevo y necesario enfoque de los estudios que tienen por objeto al ser humano, pero no tienen que derivar en el nihilismo con respecto a la valoracin del juicio, las decisiones y acciones llevadas a cabo por las personas en los mbitos tico y poltico. Ciertamente, mediante el conocimiento proveniente de los ms vanguardistas estudios sobre el ser humano, particularmente el alumbrado mediante el cultivo de la investigacin en la neurociencia cognitiva (vase mi artculo Cerebro, evolucin y naturaleza humana), hemos superado mitos como el que aqu hemos criticado de la fantasa racionalista; es decir, desde el mismo ejercicio racional, pues no otra cosa es la ciencia, seguramente la ms elaborada forma de practicar la razn. Este conocimiento igualmente nos confiere el poder de elevar nuestro grado de conciencia de lo que somos, de por qu somos cmo somos y actuamos cmo actuamos y es, por lo mismo, el mejor instrumento, si no el nico, para luchar contra el advenimiento de ese apocalipsis que teme Harari por verosmil.

No veo, en definitiva, que esta ms certera conciencia de lo que somos tenga que llevar aparejada la renuncia al ideal de la racionalidad, ms un oficio trabajoso que un don natural. El conocimiento de las trampas irracionales en las que podemos incurrir por cmo es nuestra estructura cognitiva nos coloca en disposicin de corregir nuestra propia estupidez. As pues, la psicologa no tiene por qu anular la lgica; ambas son dimensiones igualmente humanas. Ser verdaderamente conscientes de las dos fortalece el ejercicio de la libertad, premisa fundamental de la democracia, siempre y cuando todo su conocimiento no se quede en mera teora y se aplique a porfiar en las condiciones ms propicias para la realizacin de aqulla.

LIBROS DE REFERENCIA:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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