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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2020

COP25
El show termin

Miguel Muiz
mientras tanto


El 10 de octubre de 2019 Pascual Serrano, periodista de investigacin y activista social, public en el digital Cuarto Poder el artculo Qu quedar de las movilizaciones por el clima?, que analizaba el contraste entre las movilizaciones de miles de activistas y centenares de miles de participantes en el movimiento altermundista y la ausencia de resultados: ni objetivos concretos conseguidos, ni creacin de estructuras organizativas estables, ni en el Encuentro por la Humanidad y contra el Neoliberalismo (1996), los foros sociales mundiales (FSM, Porto Alegre, 2001), ni en el 15M (2011).

El artculo se public das despus de la llamada Huelga Mundial por el Clima, tan ruidosa a nivel meditico como nula en consecuencias. En el texto destacaba un interrogante: Muchas personas en las calles convocadas por internet sin otro elemento organizativo estable supone mayor msculo para una lucha social?. Analicemos posibles respuestas desde la base.

Las COP

El 15 de diciembre, con casi dos das de retraso respecto al calendario oficial, se clausur en Madrid la 25 edicin de la Conferencia de las Partes de la Convencin Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climtico (COP25). Su desarrollo (retraso final incluido) sigui el guion, sobradamente analizado, de las COP precedentes. La realidad es que desde 2001 no existe relacin entre cambio climtico y COP. El cambio climtico es un proceso irreversible sobre el que no se puede incidir, que est provocando devastacin social y degradacin o cambios ambientales acelerados; las COP, por su parte, son reuniones puramente discursivas y acciones de propaganda sin contacto con lo que est sucediendo. La mejor crnica de la COP25 es el artculo de Antonio Turiel enlazado en la seccin de otras fuentes de este mismo boletn.

Las claves para interpretar lo que son las COP estn expuestas en el libro Esto lo cambia todo (Naomi Klein, 2014); en resumen, de una parte tenemos las decisiones polticas de los que mandan y tienen poder para actuar (incluidos unos pocos con aparente sensibilidad ambiental), que se organizan y toman decisiones en el marco de la Organizacin Mundial de Comercio (o as era en la poca analizada por Naom Klein), sin que el cambio climtico cuente para nada; de otra parte tenemos las reuniones fruto de la Cumbre de Ro (1992), sobre todo las COP, donde se aprueban miles de documentos e informes sobre el cambio climtico, que no influyen en nada de lo decidido por la primera parte.

Un ejemplo de ello son esos inacabables debates sobre el comercio de derechos de emisin (CDE) que se desarrollan desde hace aos en las COP, lo nico que queda de los mecanismos originales del Protocolo de Kioto. En teora, se trata de reducir la concentracin atmosfrica de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) mediante un sistema de compraventa de gases. Pero el CDE, slo se ha aplicado en la Unin Europea (desde 2005) y ni tan siquiera ha conseguido reducir las emisiones de GEIs en su rea de aplicacin. Su eficacia es muy discutible. Es uno de los puntos de la COP25 en que hay coincidencia decepcionante.

Porque la informacin que los medios difunden sobre las COP en general (y la COP25 no ha sido una excepcin) est formada por indirectas, alusiones, y metforas, lo que contrasta con las crudas realidades que explican sobre territorios afectados por el cambio climtico, en una calculada estrategia propagandstica. Un ejemplo, entre cientos, sera el caso de Somalia.

La situacin de Somalia es, en su mayor parte, consecuencia de aos de sequas encadenadas, fenmeno amplificado por el cambio climtico [1]. Las sequas han destruido gran parte del sistema productivo del pas lo que, junto a un estado de violencia continuada, han llevado a unos 5,4 millones de personas, de un total de poblacin estimado de 14,7, (las estadsticas son menos fiables en el Sur global que en el Norte) a ser dependientes absolutos de la ayuda humanitaria internacional. Somalia ocupa el ltimo lugar (181) en el indice ND Gain (Notre Dame Global Adaptation Initiative) que clasifica los pases por vulnerabilidad (incapacidad de adaptacin) ante el cambio climtico; dicho ndice se elabora en la Universidad de Notre Dame (EE.UU), una institucin con fuertes vnculos religiosos.

En la geopoltica actual, Somalia est etiquetado como estado fallido, lo que quiere decir un estado objeto de una poltica deliberada de destruccin violenta de sus estructuras. As, empresas transnacionales y grupos armados financiados por stas, imponen su ley para obtener beneficios.

Contrastemos esta brutal realidad con el siguiente texto:

Vivimos tiempos convulsos de autntica emergencia ecolgica, climtica y social. El diagnstico cientfico es difano respecto a la gravedad y la urgencia del momento. El crecimiento econmico se produce a costa de las personas ms vulnerables: las personas racializadas, las personas indgenas, el campesinado, las personas empobrecidas, las personas migrantes, las personas LGBTI y queer, las comunidades de vanguardia en resistencia Y se produce tambin a costa de nuestro entorno, las dems especies y los ecosistemas. Las mujeres, que forman parte de todos estos colectivos, se ven afectadas diferencialmente y son vctimas de las peores consecuencias del modelo capitalista cisheteropatriarcal.

() Creemos en la justicia climtica como el eje vertebrador de la lucha social de nuestro tiempo: porque la sostenibilidad es imposible sin justicia social, y la justicia no existe sin un respeto a todos los seres que viven en el planeta. La justicia climtica es el paraguas ms amplio que existe para proteger bajo su esfera toda la diversidad de luchas por otro mundo posible: ecologismo, activismo climtico, feminismo, LGBTIQ+, sindicalismo, antirracismo, antifascismo, antimilitarismo, movimientos decoloniales, movimiento indgena, movimiento campesino, movimiento rural Promovemos la justicia climtica como un movimiento de movimientos en el que quepan muchos mundos diversos.

() Nos solidarizamos con quienes ms sufren, con las personas trabajadoras y con las comunidades que estn en primera lnea de resistencia en todos los continentes. Tambin nos solidarizamos con quienes menos han participado en alimentar la crisis climtica y ms acusan sus impactos. Apoyamos a todas las personas de cualquier gnero, origen, lengua, raza, etnia, capacidad fsica, orientacin sexual, experiencia, edad y creencia.

Este texto es parte del llamamiento a participar en la Cumbre Social Alternativa de la COP25. Sus tres caractersticas definitorias: no presenta reivindicaciones concretas, utiliza un lenguaje ajeno y extrao al de la mayora de la sociedad, y el nico referente activo mencionado son individualidades pertenecientes a movimientos basados en identidades, tan slo uno, los campesinos, son un grupo social heterogneo, y relacionado con la produccin material.

Se trata del fenmeno descrito por Daniel Bernab y analizado tericamente por Hctor Xaubet. En el caso del cambio climtico se relaciona con la pregunta planteada en el artculo de Pascual Serrano, y apunta una caracterstica: la conversin de medios en fines, que analizaremos ms adelante. Las COP inciden en el cambio climtico, pero cumplen una funcin social clave: transmitir la impresin de que se est haciendo algo.

La Cumbre Social Alternativa a la COP25

Desde que se supo que el gobierno de Chile dimita de la celebracin de la COP25 por los conflictos derivados de las polticas neoliberales impuestas, y que el gobierno de Espaa se ofreca a acogerla, comenz una frentica actividad en el mundillo de las ONG ambientalistas y algunos movimientos sociales para organizar en Madrid una Cumbre Social Alternativa (CSA). Se trataba de vincularla con la CSA que organizaciones chilenas haban estado preparando en su pas y, lgicamente, realizar una manifestacin. Lo que supona trabajar tres medios de incidencia, pero no se definan objetivos concretos, fuera del propio trabajo.

La CSA fue un xito. Unas 70 entidades ambientalistas y sociales organizaron una manifestacin en que, segn las fuentes, participaron entre 15.000 y 500.000 personas. Asimismo, y durante siete das, desarrollaron un amplio programa de ms de 290 actividades en que se consigui una presencia importante de personas de Chile y Amrica Latina, y tambin aprobaron un manifiesto comn. Los objetivos de trabajo conseguidos no excusan una pregunta: las ms de 290 actividades tenan un objetivo comn o eran una muestra heterognea de expresiones? Basta consultar el programa para responderla. Un dato anecdtico pero significativo: el intenso trfico de mensajes en internet sobre reuniones, listas y foros de participacin, borradores de documentos, citas, llamamientos, carteles en PDF, captacin de fondos, etc., se detuvo en seco tras la aprobacin del manifiesto El mundo despert ante la emergencia climtica y la manifestacin de la CSA del 6 de diciembre. Ni valoracin de resultados, ni proyectos de continuidad. Una vez expresada la protesta, todas las ONG implicadas volvieron a sus trabajos habituales.

Se da la paradoja de que a medida que aumenta la intensidad, complejidad y dureza de procesos ecolgicos y conflictos sociales desencadenados por el cambio climtico, las reivindicaciones se han vuelto ms y ms simples. La ltima versin son las muy divulgadas banalidades de la adolescente sueca y del movimiento Fridays For Future: faltar a clase los viernes para denunciar que los jvenes son vctimas de la inaccin de los polticos, que a su generacin les han robado el futuro, y que hay que hacer algo. Todo as, genrico y sin mayores precisiones. El manifiesto final de la CSA, El mundo despert ante la emergencia climtica, ledo al trmino de la manifestacin, se sita en esa misma pauta desde el propio ttulo: un mundo (todo el mundo?), despierta (ahora tras 27 aos?) por la emergencia climtica (slo climtica?). El papel adjudicado a Greta Thunberg es determinante.

Greta Thunberg es la quintaesencia de portavoz polticamente correcta en una globalizacin acomodada. Elevada por la propagandaa la categora de smbolo hasta el punto en que la peripecia viajera de la adolescente ocupaba ms espacio informativo que la propia COP25, su discurso era ms comentado que los contenidos de la reunin, y su presencia pareca el mayor acicate para participar en la CSA; un papel estelar que es parte de una estrategia planificada.

Se trata de una estrategia difusa. Una interpretacin de la misma se puede encontrar en este anlisis de Nazann Armanian, vinculando el fenmeno Greta con las pautas del capitalismo global. Sin seguir ahora esa lnea, que nos apartara de la COP25, cabe hacerse una preguntar: por qu el cambio climtico es objeto de seguimiento global y atencin especfica?, por qu un debate continuado que ha ido evolucionando desde propuesta de medidas para combatirlo, luego para frenarlo, y despus para paliarlo y, finalmente, para adaptarse?

El cambio climtico es slo uno de los aspectos de un colapso global que no se menciona como tal; algunas variables de ese colapso aparecen puntualmente en los medios, otras se presentan como problemas territoriales, o como parte de catstrofes humanitarias. Ni prdida de biodiversidad, sequas continuas, agotamiento de recursos minerales y biolgicos, acumulacin de residuos (sobre todo plsticos), contaminacin radiactiva, qumica o electromagntica; fin de las fuentes de energa no renovable (petrleo, gas, carbn, uranio), consumismo compulsivo, explosin demogrfica, urbanizacin global; ninguna de esas expresiones del colapso global goza del seguimiento informativo que tiene el cambio climtico. 

Las ONG

Nada de todo lo anterior se entiende sin las ONG. Como vehculo del neoliberalismo para incidir en cuestiones sociales, las ONG cubren de difusin de ideologas (religiosas incluidas) a elaboracin de investigaciones a la carta y, por supuesto, intervencin social directa. En 2013 la revista The Global Journal, con sede en Suiza, public una clasificacin que determinaba cules eran, a su juicio, las 100 ONG ms importantes del mundo; lo significativo era la muestra de partida que, sin ser exhaustiva, incorpor a 10 millones de ONG. Segn la Wikipedia, en 2009 se calculaba que slo en la India actuaban unos dos millones de ONG, lo que daba una ONG por cada 600 habitantes.

Muchas ONG se mantienen mediante fundaciones creadas por poderes empresariales o financieros, otras por convenios con los estados en que radican. Parte de las ONGs actan en simbiosis con las Naciones Unidas. Desde el final de la Guerra Fra, despojada de peso poltico en beneficio de las instituciones del capitalismo global (FMI, BM), y marginada en la dinmica de bloques geopolticos enfrentados, la ONU se ha convertido, en parte, en el paraguas institucional de la actividad de las ONG. Se trata de un aspecto ms de esa realidad virtual paralela que elabora discursos sin conexin con las polticas dictadas por los poderes econmicos y financieros. En sus anlisis y debates sobre conflictos globales en que no pueden incidir, las ONG necesitan crear marcos propios adaptados a su actividad; lo ms lgico es convertir los medios en fines manufacturando problemticas. 

Convertir medios en fines

El acuerdo final de la COP25 ha sido calificado unnimemente de decepcionante, porque en la sociedad civil, ese concepto tan inconcreto, no sienta bien una palabra tan rotunda como fracaso. Las ONG no pueden mostrar una carencia absoluta de resultados que deslegitimara su funcin, por ello hay que manufacturar una oferta reivindicativa destinada a la sociedad civil. La denuncia de la COP25, en un calculado equilibrio entre radicalismo y posibilismo, debe combinarse con el enunciado de problemas en que se producen avances, que acten de marcos que generen discurso. La clave es transformar los medios en fines en si mismos, con lo que cualquier avance en los medios se valora como un avance en los fines, aunque no sea as.

En la COP25 los problemas ms divulgados han sido el PLAN de ACCIN DE GNERO EN TEMAS DE CAMBIO CLIMTICO (PAGCC), en las sesiones oficiales, y la cuestin de la JUSTICIA CLIMTICA (JC) en la Cumbre Social Alternativa.

El PAGCC parte de una resolucin de la COP23 (Bonn, 2017), fruto de una iniciativa, el Women Gender Climate, lanzada en 2009 en los EE.UU. Se trata, segn su documento de presentacin, de asegurar que las voces de las mujeres y sus derechos estn incrustados en todos los procesos y resultados del marco de la CMNUCC, para un futuro sostenible y justo, por lo que el gnero, la igualdad y los derechos humanos de las mujeres son fundamentales para los debates en curso.. En la COP25 el PAGCC estuvo a punto de no ser aprobado, aunque finalmente, tras una serie de presiones de activistas vinculadas a grupos feministas, se decidi incluirlo en los documentos de compromiso de los pases participantes.

El PAGCC es parte de la dinmica de insertar problemas identitarios en conflictos globales, la misma que inspira campaas como las de gnero y energa (con lemas tan surrealistas como la transicin energtica ser feminista o no ser). Esa dinmica sustituye el debate sobre el ncleo del conflicto por el debate sobre un problema relacionado indirectamente con el conflicto, debate en el que se pueden obtener resultados en forma de documentos aprobados, aunque tales documentos no incidan realmente en el ncleo del conflicto que va por otro lado.

En la COP25 la paradoja de la PAGCC salta a la vista: se aprueba la presencia de gnero en los mbitos en que se aborden las polticas climticas..., cuando an no existen mbitos en los que se estn abordando realmente esas polticas, fuera de las propias reuniones de las COP. Porque tambin en el caso del gnero, disponer de recursos para mantener funcionando las ONG implica dar publicidad a avances, aunque stos sean ms virtuales que reales.

La Justicia Climtica (JC), el eje de la CSA, aparece desde el llamamiento de la propia CSA, y apunta a la manufactura de otro problema. Segn documentos, la Justicia climtica es un trmino utilizado para denominar al calentamiento global como un problema tico y poltico, ms all de solo un problema ambiental o fsico en la naturaleza. Esto se hace relacionando los efectos del cambio climtico con conceptos de justicia, particularmente justicia ambiental y justicia social, y examinando problemticas tales como igualdad, derechos humanos, derechos colectivos y la responsabilidad histrica por el cambio climtico. Es un planteamiento ms ambicioso, y ms ambiguo, que el del PAGCC. El documento de referencia de la JC puede consultarse aqu.

La reivindicacin de Justicia Climtica se remonta a la CSA de Bali (2002), pero tras un inicio contundente y prometedor el concepto no se desarroll en las posteriores CSA. Su referencia en internet est bloqueada desde 2003. Probablemente, y a diferencia del PAGCC, la JC no ha contado con el patrocinio de un grupo de presin importante. En la actualidad el concepto es invocado por entidades que van desde una multinacional de fabricacin de helados hasta el ayuntamiento de Barcelona.

A modo de conclusin

Recuperando la pregunta inicial de Pascual Serrano, Muchas personas en las calles convocadas por internet sin otro elemento organizativo estable supone mayor msculo para una lucha social?, podemos contestar: depende de lo que se entienda por lucha social.

Si lucha social significa afrontar las causas de un conflicto, identificar en detalle a sus responsables (empresas y gobiernos implicados), exigir medidas concretas y aplicables para abordarlo, organizar una estructura para afrontarlo, movilizar a la sociedad en esa estructura, crear mecanismos que verifiquen el cumplimiento de las medidas propuestas, y establecer un sistema de sanciones para aquellos que no las cumplan, la respuesta es evidente: no.

Pero si por lucha social se entiende, como hemos ido analizando, generar movilizaciones de protesta ante un problema para exigir que los actores implicados hagan algo para solucionarlo, emitir documentos denunciando su inactividad, o valorar la idoneidad de dichas actuaciones como punto de partida para nuevas movilizaciones, proceso en el que se crean lazos y complicidades transversales dentro de la diversidad. Lazos y complicidades que se transmiten de movilizacin en movilizacin, la respuesta sera s.

La diferencia entre luchar y protestar es evidente; y no resulta difcil saber en qu terreno se sitan las reuniones de las COP y las CSA que las acompaan. El cambio climtico, como casi todos los mbitos relacionados con el colapso, est controlado por los medios, e intervienen millones de personas profesionalmente implicadas en ONG con intereses y vnculos con los poderes establecidos. Hay que tener en cuenta, adems, el papel adjudicado al cambio climtico en la justificacin de polticas adaptativas, como el Green New Deal, ltima versin popularizada del capitalismo verde.

Esta realidad indica, sin lugar a dudas, que no existe margen para planificar y proponer alternativas que permitan incidir de verdad. La conclusin evidente es dejar de escribir y pasar a actuar, como reza una referencia que no corresponde al conflicto del cambio climtico: De lo que no se puede hablar, es mejor callarse, un aforismo del filsofo Ludwig Wittgenstein sobre la filosofa de las ciencias aplicable, lgicamente, a las ciencias sociales. 

Nota:

[1] La referencia es Harald Welzer, Guerras climticas. Por qu mataremos y nos matarn en el siglo XXI?. Katz Editores, 2010 (ed. original alemana de 2008). Reseado aqu.

 

Miguel Muiz Gutirrez mantiene la pgina de divulgacin energtica http://www.sirenovablesnuclearno.org/

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-186/notas/cop25-el-show-termino



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