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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2020

Desafos ineludibles

Albert Recio Andreu
mientras tanto.e


Entramos en 2020 sin haber resuelto ninguna de las grandes incertidumbres polticas que tenamos hace un ao. En algunos casos sobre todo la consolidacin institucional de Vox hemos ido a peor. Los vaivenes del ciclo electoral, la frustrada investidura y el inacabable procs cataln deparan una combinacin de hasto y crispacin a partes iguales, que son asimismo fbricas de despolitizacin y de integrismo. Y el panorama es an ms sombro cuando se visualiza la situacin internacional con un fin de ao dominado por la victoria de Boris Johnson en Gran Bretaa y el fracaso previsible de la COP25. No es cuestin de pesimismo, sino de tratar de entender la naturaleza y la complejidad de las situaciones para poder desarrollar una respuesta adecuada. En lo que sigue me limitar al caso espaol, en concreto a debatir los principales puntos de ruptura que pueden afectar al futuro inmediato, en especial a las aspiraciones de transformacin social. Considerar tres planos de tensin: el que se deriva de la polarizacin izquierda-derecha a escala nacional, el del conflicto cataln y el que vuelve a emerger en el seno de la izquierda con el posible acceso de Unidas Podemos al Gobierno central.

I

La situacin poltica espaola vuelve, con todos los matices, a una situacin parecida a la que se dio en la Segunda Repblica, caracterizada por una enorme polarizacin entre el bloque de la derecha y otro en el que a la izquierda se suma el nacionalismo perifrico. Por ms que este ltimo, ms que un bloque, sea una compleja amalgama de grupos enfrentados entre s, resulta evidente que es la nica coalicin posible que agrupa a una mayora de votos capaz de instituir un Gobierno que cierre el paso a la derecha nacional. Es obvio que el contexto histrico ha cambiado, especialmente en el campo de la izquierda, mucho ms moderada que en el pasado y, sobre todo, con un proyecto sociopoltico mucho ms etreo.

Hay dos elementos que merecen ser destacados en esta situacin. En primer lugar, la existencia de algn tipo de base estructural que explica la persistencia, incluso cuantitativa, de las corrientes polticas de fondo. Esto resulta obvio en el caso de los nacionalismos perifricos, que son el reflejo tanto de su arraigo social como de la incapacidad para construir un marco poltico ms integrador. Pero lo es tambin en el espacio izquierda-derecha, que sigue en parte ligado a la estructura social y a las instituciones que organizan la sociedad. Es evidente, por ejemplo, que la izquierda tiene mayor presencia en las zonas urbanas y entre las clases trabajadoras, pero la derecha tiene estructuras ms slidas para conseguir una base de apoyo social capaz de bloquear la situacin, en particular su control de parte del sistema educativo y de la mayora de los medios de comunicacin. Reconocer la importancia de estos elementos estructurales a la hora de generar conciencia es crucial para captar lo que algunos progresistas no suele entender: que la gente se comporte contra lo que se espera, a menudo en contra de sus intereses materiales.

En segundo lugar, el nivel de acritud de la derecha y su capacidad de activar los poderosos resortes institucionales con los que cuenta; una acritud que contrasta con la moderacin de las propuestas de la izquierda y que tiene que ver con el autoconvencimiento de las lites conservadoras de que el poder les corresponde por derecho natural. Si esta situacin no se produjo en los aos ochenta fue en buena parte porque dichas lites eran conscientes de que deban lavar el franquismo (y tambin porque la apabullante victoria del PSOE en las elecciones de 1982 hizo evidente que la mayora de la poblacin exiga un cambio) y tenan que hacer concesiones. La misma historia poltica de la derecha durante la Transicin, con el baile de proyectos (UCD, AP, CDS...), es representativa de la necesidad que tuvo de hacer su propia transicin hasta consolidarse en el Partido Popular. Pero, una vez resuelto este problema y con una situacin poltica consolidada por los gobiernos de Felipe Gonzlez (una vez solventados el dilema de la permanencia en la OTAN y la integracin a la Unin Europea, debilitados los sindicatos y la clase obrera con las sucesivas reformas laborales, y reformado en parte el sector pblico), la derecha reclam su vuelta al poder mediante una poltica agresiva que inici Aznar y que no ha cesado siempre que su poder ha sido puesto en cuestin (con Zapatero antes y con Snchez ahora). Aunque han tenido su momento de crisis a causa de la insoportable corrupcin del Partido Popular y la irrupcin de Ciudadanos, las ltimas elecciones parecen apuntar a que ese espacio va a estar repartido entre el PP y Vox, con una marcada inclinacin derechista. La historia de Ciudadanos es particularmente significativa: algn estratega so con que poda desarrollarse un proyecto de derecha civilizada, capaz de desempear el papel de partido bisagra, pero no se tuvo en cuenta que, de hecho, los elementos articuladores de Ciudadanos eran fundamentalmente la negativa a realizar cualquier concesin a los nacionalismos perifricos y la recentralizacin del poder poltico, un eje que conduce de modo inexorable a posiciones muy derechistas, como al final ha ocurrido.

Ciertamente no estamos en 1936, pero la derecha actual tiene muchos tics y comportamientos que muestran rastros genticos de la vieja CEDA (y hasta de Falange). Siguen manteniendo muchos resortes de poder no solo en el sistema educativo y los medios, sino tambin, muy significativamente, en el sistema judicial y la alta administracin del Estado. Conocen muy bien esos mecanismos y los utilizan con impunidad. Tienen el apoyo de gran parte del empresariado y el aliento de los sectores de rentas altas, y cuentan con una situacin que genera miedos en los sectores sociales ms conservadores. El programa conservador actual no se puede sustentar tanto como antes en algunos valores tradicionales, como el religioso, pero en el fondo se basa en muchas de las cuestiones que ya estaban presentes en las sociedades europeas del siglo pasado: racismo y xenofobia, eurocentrismo imperialista, machismo patriarcal, espaolismo centralista y clasismo (las referencias despectivas a los comunistas han vuelto a aparecer en muchos de los discursos de los lderes populares), todo ello condimentado con un discurso sobre la inseguridad, el rechazo a las regulaciones ecolgicas y, cmo no, la patria en peligro; en suma, el miedo, el nacionalismo y el desprecio hacia el resto de la poblacin. En un contexto internacional que parece favorable a todo ello, hay que esperar aos de ofensiva inmisericorde si al final cuaja el Gobierno de coalicin, o algo mucho peor si todo se va al garete y volvemos a tener elecciones.

La polarizacin ha llegado para quedarse, y la nica forma de hacerle frente es con una buena articulacin de movimientos, de acciones polticas. No es tiempo de sectarismos, sino de explorar la forma de articular esta inmensa masa de poblacin, la mayora social, que no desea una regresin autoritaria.

II

El segundo frente de tensin es un viejo conocido, Catalunya. Ms en concreto el independentismo cataln. Como en anteriores notas mas (y en muchas otras de esta revista) ya hemos tratado de explicar la base del movimiento y hemos expresado nuestra visin crtica sobre l, no hace falta volver a repetirlo. Me centrar en lo nuevo y en cmo debera servir para darle un giro a la situacin. Lo nuevo este mes es la sentencia del Tribunal de la Unin Europea, y lo que dice esta es lo mismo que han ido explicando bastantes juristas y que, en cierto modo, tambin indicaban tribunales de diversos pases al negar la extradicin de Carles Puigdemont y de otros polticos emigrados.

No cabe duda de que el movimiento independentista se pas tres pueblos en septiembre- octubre de 2017. Trat de presentar como una operacin delicadamente democrtica una accin de fuerza que contena muchos elementos de putsch autoritario, desde el uso propagandstico de los medios pblicos bajo su control hasta intentar dar por bueno un referndum en el que fallaban todas las garantas democrticas bsicas (el censo de electores, las mesas elegidas por sorteo entre toda la poblacin, la junta electoral, un recuento transparente...), sin olvidar la forma de aprobar y el contenido de las leyes con las que se trataba de legitimar la operacin. Que, adems, todo ello fuera solo un simulacro, como han reconocido algunos de sus lderes, supuso aadir un fraude democrtico en perjuicio de la propia base a la que movilizaron. Todo ello es condenable, pero no de cualquier forma ni retorciendo la ley. Esto es lo que explican los crticos no independentistas que han analizado todo el proceso judicial, desde su traslado de los tribunales catalanes al Supremo hasta la inusitada calificacin de rebelin, la negativa a conceder la libertad provisional a los encausados, el retorcimiento del delito de sedicin y la aplicacin de penas elevadsimas, pasando por toda la cuestin de la inmunidad de los polticos electos. Todo apunta a que la respuesta de la alta jerarqua judicial estuvo a la altura del desatino independentista, y a que la decisin de la derecha de no tomar ninguna iniciativa poltica y trasladar el tema al mbito judicial no era una cuestin de dejadez sino de aplicar una respuesta meramente punitiva. Muy propio de la cultura de la derecha de este pas.

La reconduccin de la cuestin debera pasar por reconocer estas dos irregularidades, empezando por la izquierda federalista, que tiene en teora una propuesta atractiva pero que debe ser capaz de articularla. Mi comentario en este sentido obedece a lo que percibo en mi entorno local a travs de contactos directos y en las redes sociales. En Catalunya el conflicto se ha enconado tanto que no slo en el campo independentista siguen predominando el solipsismo y la ignorancia de los argumentos que les contradicen; tambin en sectores de la izquierda el encono parece haber alimentado una cierta insensibilidad sobre las irregularidades judiciales.

Partir del reconocimiento de ambos desatinos es la nica manera de encontrar una salida, de encauzar la situacin hacia un mbito ms manejable, siendo conscientes de que no es fcil ni van a faltar en la derecha espaola y catalana muchos expertos en dinamitar cualquier propuesta razonable. Las negociaciones en torno a la investidura, o las que en materia presupuestaria se estn llevando a cabo en el Ayuntamiento de Barcelona y en Catalunya, parecen ir en esta direccin deseada. Buscar frmulas para reconducir el proceso judicial y las penas debera ser otra. Apostar por el enroque en este terreno no sirve ms que para caldear una situacin que puede volver a resultar explosiva, precisamente el contexto ms favorable a los intereses de la extrema derecha.

III

Hay una tercera tensin emergente que merece ser explorada, la que surge de la posible entrada de Unidas Podemos en el Gobierno. No es nueva, pues afecta de forma persistente a la relacin entre la izquierda transformadora y la presencia institucional, un problema que suele tener mal encaje y que obliga a ser repensado de modo permanente.

En lo sustancial, es obvio que muchos de los problemas actuales requieren de una izquierda fuerte capaz de generar hegemona cultural entre la poblacin y de desarrollar polticas que transformen la realidad. Tenemos, en cambio, una izquierda social y poltica dbil, aunque hay que matizarlo.

El 15-M supuso un proceso de movilizacin social que sin duda ayud a la politizacin y toma de conciencia de una nueva generacin de gente con ansias de cambiar el mundo. Este tipo de movilizaciones generales constituyen momentos bsicos para renovar y robustecer la base activista crucial para que existan movimientos y organizaciones. Aunque despus de una gran movilizacin viene una resaca, siempre deja un poso social de conciencias y actitudes. Lo sabemos los de la generacin de la Transicin: mucha de la gente que se moviliz volvi al redil, pero otra mucha sigui activa en partidos y movimientos, y multitud de personas conservaron una serie de valores y actitudes que constituyen el fondo social sobre el que se han apoyado muchos procesos sociales. En este sentido, el 15-M ha significado sin duda un nuevo impulso que se ha traducido tanto en el robustecimiento de movimientos sociales, como el feminista o el ecologista, como en la formacin de un nuevo espacio poltico que ha elevado el suelo electoral a la izquierda del PSOE (los 35 diputados y diputadas de Unidas Podemos, que consideramos un retroceso, son an bastantes ms que los obtenidos nunca por Izquierda Unida).

Sin embargo, para que la situacin se consolide hace falta adecuar un buen modelo organizativo y orientar bien la relacin entre la esfera poltica institucional, los movimientos sociales y los ncleos de reflexin poltica. Y es ah donde hasta el momento est casi todo por hacer y mucho de lo hecho ha estado mal orientado. Con la entrada de Unidas Podemos en el Gobierno las cosas pueden empeorar an ms. Formar parte de cualquier espacio institucional condiciona y coarta. El peor peligro es que al final se asuma la lgica de las instituciones y se trate de imponer a la base una especie de pensamiento nico diseado para hacerles cmoda la vida a los que ocupan dicho espacio institucional; sobre todo si, como ocurre en este momento, hay personalidades muy dominantes que ocupan u ocuparn esos cargos.

Tambin pueden surgir problemas en el otro lado. En la izquierda y en los movimientos sociales pululan siempre individuos cuya mayor preocupacin es marcar su propio terreno, poner verde a sus colegas y generar tensiones, escisiones y todo tipo de capillitas. Individuos para los que lo urgente es siempre lo suyo y para quienes los dems son unos traidores o unos pacatos. La dinmica de un proyecto que trata de moverse entre los movimientos sociales y las instituciones est siempre en peligro de quedar dominada por estas dos perversidades. Y la primera participacin de Unidas Podemos en el Gobierno, en un contexto de falta de reflexin, puede provocar muchos episodios, y muy malos, de esta ndole.

Por esto debera ser urgente que la gente responsable del proyecto tomara buena nota de las complicaciones de la situacin en los tres mbitos sealados e impulsara iniciativas orientadas a encararlas con determinacin y buen nimo. Enfrente hay desafos muy grandes que deben ser encarados con energa y buena cabeza, sabiendo dnde est el nudo gordiano de cada uno de ellos y tambin sabiendo modular los vaivenes que inevitablemente exige una situacin tan compleja.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-186/notas/desafios-ineludibles



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