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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2020

Empiezan los 20, los "terribles 20"?

Andrs Piqueras
Rebelin


Las crisis, convertidas en recesiones o incluso en depresiones, han existido continua y peridicamente desde el inicio del capitalismo. El estadounidense National Bureau of Economic Research recoge 33 de ellas slo desde 1854, una media de dos por dcada, no habiendo habido nunca un periodo sin crisis por ms de 11 aos. Alguien que no fuera un economista como dira Marx- debera deducir que el capitalismo contiene alguna caracterstica intrnseca que le conduce a ello. Las crisis tienen una variada gama de manifestaciones externas (de subconsumo, financieras, por desajustes macroeconmicos o conmociones originadas por la propia competencia), las mismas que sirven para elaborar explicaciones causales superficiales cuando no directamente errneas. En realidad, las crisis estructurales del capitalismo parten de un comn denominador, que es el que importa y que se niega a entender la ciencia econmica reinante: la cada del valor. El valor es la sangre que recorre el cuerpo del sistema capitalista y est entraado en el tiempo socialmente necesario que tardan en producirse unas u otras mercancas. La automatizacin de los procesos productivos no slo ha ido desechando seres humanos de los mismos, condenndolos a un desempleo crnico o a un empleo cada vez ms precario (que es a menudo tambin una forma de desempleo camuflado), sino que va reduciendo el tiempo necesario de produccin y con ello el valor (la sangre del sistema). En consecuencia, el sistema se va gangrenando. Pero lejos de intentar alguna cura, hoy asistimos a su loca huida hacia adelante (algo as como si a quien le diagnostican un mal grave decidiese irse de copas y comilonas todos los das).

A lo largo de la historia la clase capitalista ha encontrado diversos remedios contra esa enfermedad crnica: aumentar la explotacin de la poblacin trabajadora, invertir all donde todava no se daban los procesos de tecnificacin de la economa, acortar el tiempo entre la fabricacin y la venta, entre algunos otros (adems de apropiarse de la riqueza colectiva mediante privatizaciones o negarse a pagar impuestos, claro). Pero haba una salida imprescindible, si la tecnificacin haca decaer el valor de cada mercanca (fijmonos, por ejemplo, en la estandarizacin que supone una cadena de montaje para el valor y el precio- de una mesa, y el valor y precio- que tendra hecha a mano, artesanalmente), le permita tambin hacer cada vez ms mercancas en menos tiempo. Si antes, por imaginar un ejemplo, hacer una mesa costaba 2 das, ahora se puede producir en dos horas. Lo nico que hay que hacer para compensar que el tiempo-valor ha disminuido 24 veces, es producir al menos 24 mesas en 2 das. Pero claro, para eso necesito que haya 23 compradores ms que antes. Esto no debe resultar difcil si tenemos en cuenta que ahora las mesas salen mucho ms baratas precisamente por su rpida fabricacin y estandarizacin. El problema est en que este movimiento es exponencial. La robotizacin y la inteligencia artificial van reduciendo el tiempo socialmente necesario de produccin al mnimo, lo que quiere decir que en compensacin el mercado debe expandirse al mximo. La globalizacin se dio con ese propsito, pero hoy est alcanzada la mxima expansin fsica y nada indica que el capitalismo vaya a ser capaz de empobrecer a las poblaciones del mundo (con desempleo, subempleo, destruccin de condiciones sociales y laborales) y al mismo tiempo hacerlas que compren cada vez ms. De hecho, lo nico que ha permitido la continuidad del consumo desde los aos 70 del siglo XX en los pases ricos ha sido el crdito, o visto desde el otro lado, el endeudamiento masivo y creciente (tanto de particulares como de empresas, instituciones pblicas y Estados).

La implicacin de esa dinmica de fabricacin incesantemente creciente de mercancas es la extraccin tambin incesantemente creciente de recursos naturales y la utilizacin incesantemente creciente de energa.

En 1972 el Club de Roma emiti el informe Los lmites del crecimiento, juntando datos de produccin industrial, poblacin, recursos, energa, alimentos, contaminacin, sumideros en el que se prevean las consecuencias que bamos a afrontar de seguir el curso de la produccin-consumo y crecimiento exponencial. En 1991 algunos de los mismos cientficos insistieron en un nuevo informe, titulado Ms all de los lmites del crecimiento, en que en esa dcada nos situbamos ante el sobrepasamiento: era la ltima oportunidad de frenar si no queramos despearnos por el precipicio. Despus, aunque lo hiciramos, la propia inercia nos llevara hasta l sin remedio. Ms all de algunas de las intenciones polticas del Club de Roma, sus predicciones se han ido cumpliendo cabalmente (como ha mostrado la Universidad de Melbourne). Ya para la segunda dcada de este siglo las consecuencias apuntadas han comenzado a alcanzar la conciencia colectiva mundial. Pero pareceque la dcada que inauguramos de los 20 sera en la que cobraran una realidad todava ms palpable, incontestable aun para los ms acrrimos negacionistas del dao que causamos al hbitat planetario.

Algunos de los poderosos del mundo se acaban de reunir en Madrid, en la Cumbre Social por el Clima, para intentar por ensima vez hacer como que hacen algo y por ensima vez dejar al descubierto su falta de intencin para ello, que en realidad traduce su incapacidad en tal sentido.

Y no puede ser de otra forma, porque en contra de los bonitos discursos y la gran preocupacin exhibida, lo que de verdad estamos pidiendo a las elites mundiales para salvar el planeta, es que se suiciden como capitalistas. Porque, repitamos, el capitalismo es un modo de produccin basado sine qua non en el crecimiento. Todo en l depende de que se siga creciendo (pensemos simplemente en cmo demonios se va a pagar toda la ingente cantidad de deudas contradas, que supera ya 4 veces el PIB mundial, si no es as). Las dinmicas del valor son dictatoriales: requieren ms mercancas, ms pulsin de consumo, ms despilfarro energtico. No importa si hay que reducir la calidad de los productos para vender ms barato, si hay que recurrir a la obsolescencia programada y a fechas de vencimientos arbitrarias para acortar la vida til de aqullos, si hay que subutilizar bienes y servicios, maquinarias e instalaciones sirvindose de la ideologa de la innovacin tecnolgica. Con la tasa de utilizacin decreciente (por ejemplo, la del auto privado es tan slo de un 1% -y encima quieren que lo renovemos antes, con la excusa de la contaminacin, como si fabricar coches, sean elctricos o de cualquier otra energa, no fuera contaminante-) se expande el capital, pero se destruyen bienes de uso y naturaleza. Slo la energa fsil es capaz de mantener ese derroche. Ninguna otra permite este tipo de civilizacin (ni siquiera el hiperconsumo de mercancas verdes a las que nos abocarn en adelante).

Pronto, este mes de enero se reunirn en Suiza, all s en serio, los grandes del planeta, como Foro de Davos, para dictar lo que tienen que hacer los diferentes gobiernos del mundo. Las instituciones supraestatales (FMI, Banco Mundial, OMC, G20) se encargarn de precisar y hacer operativas las medidas a seguir. En nuestro caso, el macro-Estado de la UE impone unas normas de obligado cumplimiento sobre inflacin, dficit presupuestario, deuda pblica o tipos de inters, por encima de decisiones parlamentarias y por tanto de cualquier opcin democrtica. En consecuencia, nuestros Estados carecen de soberana monetaria y fiscal, tienen las manos atadas en asuntos econmicos y la soberana popular y la igualdad de los nacionales es slo una triste invocacin de quienes venden los pases (sus transportes, energa, comunicaciones, servicios y viviendas pblicas, etc.) a las grandes transnacionales del mundo.

Los felices 20 del siglo XX

Los aos 70 del siglo XIX inauguraron la primera larga crisis del capitalismo. La misma que llevara a la expansin imperial de Europa y a crecientes tensiones entre las potencias que desembocaran en dos guerras mundiales, la misma que posibilit la mayor desconexin con el mundo capitalista conocida hasta hoy (la Revolucin Sovitica) y provoc el mayor crack burstil hasta nuestros das, as como una conmocin de alcance mundial.

Sin embargo, la dcada de los 20 del siglo XX pareci ajena a todo ello. Los felices 20 fue una expresin acuada en torno a la expansin econmica de EE.UU., favorecida por el hundimiento europeo tras la Primera Guerra Mundial. Felicidad que a partir del 1924 se expandira a ciertas oligarquas europeas propiciando un clima de euforia nerviosa y ciega confianza en el sistema capitalista. Pero mientras las viejas y nuevas clases ricas disfrutaban con el can-can, el mundo se iba hundiendo bajo sus pies. Al tiempo que se daba el auge del fascismo en Italia, se gestaba el lento progreso del nazismo en Alemania y se incubaba una poderosa burbuja financiera contrada a travs de sobrevaloracin de activos empresariales y un desenfrenado sistema de endeudamiento y compra a plazos que desemboc en el crack del 29. La desolacin, el deterioro y el pesimismo social se aduearon de los aos 30, hasta que estall la mayor guerra que ha conocido hasta ahora la humanidad. 

La crisis de larga duracin de los siglos XX-XXI

Desde los aos 70 del siglo XX las elites mundiales vienen intentando escapar de la segunda larga crisis capitalista que, sin embargo, se resiste a dejarnos. Han probado de todo: medidas neoliberales, neokeynesianas, globalizacin, crdito masivo, especulacin financiera con sus burbujeos burstiles y finalmente, aprendiendo de la crisis del 29, han recurrido a la ingente invencin de dinero mgico, sin ningn valor detrs. Un dinero sacado de la chistera (en torno a 15 billones de dlares desde 2010) que conceden a las grandes empresas y bancos demasiado grandes para caer (evitando el efecto domin en la economa y al tiempo evidenciando que lo de la libre competencia no se lo han credo nunca), con lo que modifican sus nmeros, ocultan sus descubiertos y aparentan que el sistema funciona y el mundo empresarial y bancario van bien. Pero todo esto no hace sino acumular una tormenta perfecta, una enorme explosin de la economa, en proporciones tendencialmente horrendas, que puede hacer irrisorias las crisis del 29 y de 2007-2008 juntas.

Ser muy difcil que la dcada de los 20 de este siglo pase sin que ese cataclismo, o al menos, algn serio anticipo del mismo, ocurra. Por lo que, aunque parezca que las poblaciones del mundo, especialmente las autodenominadas occidentales, siguen ajenas al volcn que se incuba bajo sus pies, como en los felices 20, pronto no tendrn ms remedio que enterarse de lo que pasa.

Esta dcada de los 20 nos deparar el fin de la ilusin de la crisis como un accidente del capitalismo, que una vez superado dejar la marcha hacia el progreso y el bienestar. El fin de la no percepcin del cambio climtico y de un hbitat severamente daado ser tambin inevitable.

Hay una elevada probabilidad de que el capitalismo se haga cada vez ms salvaje. La geoeconoma, la geoestrategia y la geopoltica de un sistema en decadencia, con recursos cada vez ms escasos, tendern a militarizarse y amenazar al conjunto de la humanidad. Especialmente la OTAN y la potencia en declive, EE.UU., se mostrarn cada vez ms agresivas, como estamos viendo sobre todo en centro-Asia y muy concretamente en la ofensiva contra Irn. Adems, las guerras econmicas y guerras por los recursos se combinarn con guerras sociales, de arriba abajo, que las elites del mundo vienen emprendiendo contra las poblaciones para intentar preservar sus privilegios y beneficios, y que se intensificarn. Por eso mismo, habr ms posibilidades de que la dcada de los 20 sea tambin la de las movilizaciones totales, de las que Chile y Francia, y cada vez ms Colombia, estn dando una avanzadilla.

Pero atencin, porque la inteligencia artificial, el big data y el control casi total de los dispositivos de informacin, formacin y socializacin pueden deformar hasta la nusea lo que ocurre. Permite, en cualquier caso, que la clase capitalista global, o unas u otras fracciones de ella, creen movilizaciones masivas, se inventen reacciones populares, fabriquen atentados de falsa bandera, provoquen levantamientos y muevan vehementes sentimientos de masas. En un capitalismo de dinero y capital ficticios, la realidad tambin se hace virtual y ser cada vez ms difcil distinguir lo genuino de lo fabricado por la ingeniera social. Los fascismos del siglo XXI no son-sern como los del XX (vaciada de sustancia la democracia, se pueden-podrn permitir incluso ser democrticos).

Frente a ello, todo indica que habr que construir nuevas fuerzas sociopolticas transformadoras, puesto que la casi totalidad de las actuales estn lejos de comprender los desafos histricos a que nos enfrentamos. Integradas ms o menos cmodamente en el sistema, no tienen muchas intenciones de ver que hoy ser reformista o imaginar la mejora sostenida del capitalismo es ser enormemente irrealista. Tan irrealista como creer en ese esperpento del crecimiento sostenible (no es de extraar que El nuevo acuerdo para Espaa de PSOE-Unidas Podemos sin medicin de objetivos concretos, cronograma ni presupuesto- comience precisamente con el ttulo de Consolidar el crecimiento).

En los aos 20 del siglo XX, a pesar de todo, las poblaciones mantenan ilusin en el futuro. Hoy esa ilusin sumamente debilitada, fruto del deterioro socio-natural, apenas deja para centrarse en el da a da, mientras se va instalando la percepcin del futuro como catstrofe. Podr ser que en esta dcada que estos das estrenamos, las reacciones populares eviten que se convierta en la dcada de los terribles 20?

Recordemos que el sobrepasamiento se ha realizado. Ya no podemos evitar el golpetazo ecolgico (ni por tanto el econmico). Ahora de lo que se trata es de que sea lo menos duro posible y de que el shock civilizacional sirva al menos para empezar a construir otro mundo. Las prximas fuerzas poltico-sociales que tengan algo que decir sern las que sepan dar una respuesta a ello.

El desafo es descomunal pues a la postre, de lo que se trata verdaderamente, es de dejar atrs la barbarie capitalista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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