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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2020

De las sociedades ternarias a las sociedades de propietarios
Cmo analiza Thomas Piketty la transicin del feudalismo al capitalismo (II)

Alain Bihr
Viento Sur


Las dos primeras partes de la ltima obra de Thomas Piketty ( Capital e ideologa ) dedican largos desarrollos a las sociedades precapitalistas. Considera que estas ltimas se dividen entre sociedades esclavistas y sociedades ternarias o sociedades trifuncionales (p. 248), un concepto cuanto menos discutible, como vamos a verlo. [Este artculo es continuacin de una primera contribucin titulada Capital e ideologa: un ttulo engaoso. En la traduccin se ha mantenido las referencias, tanto de pginas como bibliogrficas, del original en francs]

Sociedades ternarias o sociedades de ideologa ternaria?

Una sociedad ternaria (o sociedad trifuncional) es, segn Thomas Piketty, una sociedad cuyo conjunto de miembros se subdivide en tres grupos: el clero, la nobleza y el tercer estado, caracterizados cada uno por el ejercicio de una funcin social determinada.

El clero es la clase religiosa e intelectual: se encarga de la direccin espiritual de la comunidad, de sus valores y de su educacin; da sentido a su historia y su devenir y le proporciona para ello las normas y referencias intelectuales y morales necesarias. La nobleza es la clase guerrera y militar: maneja las armas y aporta seguridad, proteccin y estabilidad al conjunto de la sociedad; evitar as que la comunidad se hunda en el caos permanente y el bandolerismo generalizado. El tercer estado es la clase laboriosa y plebeya; agrupa al resto de la sociedad, comenzando por los campesinos, artesanos y comerciantes; por medio de su trabajo, permite al conjunto de la comunidad alimentarse, vestirse y reproducirse (p. 72).

Thomas Piketty toma este esquema de Georges Dumzil (1898-1986). Pero mientras este ltimo limitaba el esquema trifuncional slo a las llamadas sociedades indo-europeas, convirtindolo en su caracterstica propia, Thomas Piketty lo extiende a un grandsimo nmero de sociedades precapitalistas, muy dispersas en el espacio y en el tiempo.

Se encuentra este tipo general de organizacin social no slo en toda la Europa cristiana hasta la Revolucin francesa, sino tambin en muchas sociedades extraeuropeas y en la mayor parte de las religiones, en particular bajo el hinduismo y el islam chiita y sunita, con modalidades diferentes (). El esquema ternario se encuentra en la casi totalidad de las sociedades antiguas y en todas las partes del mundo. hasta en el Extremo Oriente, en China y Japn, a veces con variantes sustanciales que conviene estudiar, porque en el fondo son ms interesantes que las similitudes superficiales (pp. 72-73).

Semejante extensin es abusiva y Thomas Piketty procede adems sin ninguna demostracin o justificacin, y con razn. Dejando de momento aparte el caso del rea indo-europea, por mucho que lo diga Thomas Piketty no hay ningn rastro de este esquema trifuncional en los imperios rabes clsicos (omeyas, abases, fatimes, etc.), ni tampoco en los otros imperios musulmanes (mameluco, mongol, timrida, otomano, safvida, mogol), ni en la China imperial (desde los Han a los Qing) o en Japn (incluyendo su perodo feudal bajo el shogunato Tokugawa) 1/ . Y de todas las grandes religiones, el hinduismo es la nica que desarroll este esquema, que no se encuentra ni en el budismo, ni en el judasmo, ni en el islam. En cuanto al cristianismo, slo lleg a desarrollar este esquema en el marco del catolicismo medieval; lo que basta para demostrar que ese esquema no es consustancial a esta religin.

Que Thomas Piketty ponga en el mismo plano sociedades y religiones (el esquema ternario se encuentra en muchas sociedades extraeuropeas y en la mayor parte de las religiones) nos debe hacer sospechar y nos lleve a una crtica an ms radical del uso que hace de este esquema ternario. En realidad, en todos los casos en que se puede observar dicho esquema, se refiere menos a la estructura misma de las sociedades (sus relaciones sociales fundamentales: relaciones de produccin, relaciones de reproduccin, etc.) como a su velo y cimiento ideolgicos, en otras palabras, a la manera como los grupos dominantes se representan a s mismos y se representan la organizacin social para justificar su situacin 2/ . En resumen, no hay sociedades ternarias, todo lo ms hay sociedades de ideologa ternaria.

Es el momento de recordar, como ya tuve ocasin de hacerlo en mi artculo anterior sobre la obra de Thomas Piketty 3/ , que una ideologa no es slo un discurso sino, de forma ms amplia, un sistema cultural (en el sentido antropolgico del trmino) que modela, ms all de las opiniones y de las mentalidades, las costumbres individuales y colectivas, por consiguiente los habitus , las actitudes, los comportamientos, las relaciones interindividuales, la apariencias que se da a s mismo y a los dems, las instituciones encargadas de regular y codificar estas relaciones, comportamientos y actitudes, etc. Dicho de otra manera, una ideologa moldea siempre la realidad social en una cierta medida, moldendola en apariencias y aparatos simblicos e imaginarios que tienen como funcin enmascarar o legitimar aspectos mucho ms importantes aunque menos honorables de esta misma realidad, sin la cual no sera ideologa. Por ello, remitirse a la ideologa dominante de una sociedad (que es siempre la del grupo o grupos dominantes) para comprender dicha sociedad, equivale a dejar de lado sus relaciones sociales esenciales.

Vemoslo brevemente en el ejemplo de la sociedad feudal europea que, de las sociedades de ideologa ternaria, es la que nos resulta, si no la ms familiar, la menos extraa, y es tambin aquella a la que Thomas Piketty concede ms lugar en sus propios anlisis de las sociedades precapitalistas. Su ideologa ternaria, su imaginario como lo llama Georges Duby, nos la representa bajo la forma de una armona funcional entre oratores (los que rezan por la salud de todos), bellatores (los que combaten para defender la seguridad de todos) y laboratores (los que trabajan para todos; y sobre todo para otros distintos a ellos). Armona que no deja de celebrar el propio Thomas Piketty cuando se felicita por las cooperaciones hechas posibles por alianzas nuevas entre las diferentes clases de la sociedad ternaria (p. 93).

Pero este imaginario, que alimenta el aparato social de los privilegios de que se han apoderado los dos primeros rdenes (por ejemplo, los vestidos y ceremonias con que se hacen admirar, las presencias curiales, el sistema de patronmicos nobiliarios, etc.), nos enmascara las relaciones sociales de produccin que les vinculan. En este sistema trifuncional, dnde aparece por ejemplo la propiedad del suelo, principal medio de produccin en estas sociedades agrarias, acaparado por los dos rdenes privilegiados, y que constituye la base econmica de su poder social y de su poder poltico? 4/ . Dnde aparece, por consiguiente, la explotacin del trabajo de los campesinos (y artesanos rurales), en forma de extorsin de rentas pecuniarias o en especie ( chevages, formariages , censos, diezmos, multas penales, manos muertas) o de ejecucin de servidumbres, en los que se basa realmente su riqueza? Y dentro del propio tercer estado, qu nos dice este esquema de la diferencia esencial entre la situacin de los campesinos y artesanos avasallados (reducidos a la condicin de siervos, en su inmensa mayora) en el campo, y de los artesanos y comerciantes que, alojados en la ciudad, van a poder colocarse (no sin sangrientas luchas) fuera del alcance o a emanciparse de la tutela seorial de la nobleza y del clero, adquirir la condicin de burgueses libres y transformar la ciudad (y ms an las ligas urbanas) en base y marco de su ascendente poder mercantil? 5/ Nada de esto se insina siquiera en el relato ternario al que tan de buen grado se abandona Thomas Piketty. Definir y explicar el feudalismo por su ideologa ternaria es como querer definir y explicar el capitalismo por su ideologa individualista, democrtica y meritocrtica; lo que Piketty hace en buena parte, como ya veremos.

En definitiva, Thomas Piketty confunde la sociedad (las estructuras sociales) con lo que dice de ella su ideologa justificadora; peor an, reduce la primera a la segunda, cayendo as en una concepcin idealista (en sentido filosfico) de la historia. Lo que se manifiesta tambin, por ejemplo, en su intento de explicar la gnesis y la persistencia de las autollamadas sociedades ternarias por motivos psicolgicos: por la necesidad de sentido y de seguridad que satisfara la institucin de dos rdenes privilegiados dedicados a satisfacerla, el clero y la nobleza.

La necesidad de seguridad y la de sentido han sido siempre dos necesidades esenciales () Desde que grupos religiosos y militares estn en condiciones de aportar respuestas crebles a estas necesidades de sentido y de estabilidad, en el marco de instituciones y de ideologas adaptadas a los territorios y pocas en cuestin (), no es sorprendente que el orden trifuncional puede aparecer como legtimo a los ojos de la poblacin (p. 81).

Habra que explicar todava por qu estas necesidades, consideradas esenciales y por tanto universales, han podido satisfacerse bajo esta forma en las sociedades ternarias y, manifiestamente, bajo otras formas en otros tiempos y lugares, bajo otras circunstancias sociales.

Sobre el feudalismo

Sobre semejantes bases, no resulta sorprendente que Thomas Piketty no comprenda algunos aspectos esenciales de las estructuras sociales y de las transformaciones histricas de las sociedades precapitalistas. Comenzando por las sociedades feudales europeas.

Las pocas pginas que dedica a ello entienden mal sus dos instituciones clave como son el seoro (laico o clerical) y la jerarqua feudal, que dan forma a sus relaciones de produccin y de propiedad 6/ . El seoro personal es la institucin que somete a campesinos o artesanos de un territorio determinado a la persona misma del seor: les convierte en sus siervos, hacindoles deudores de diferentes prestaciones ( chevage , formariage , manos muertas). El seoro territorial hace del seor el posesor, si no el propietario eminente de una tierra, repartida entre su reserva, que hace explotar por sus siervos en forma de servidumbre, y de un vasallaje dividido en tenencias campesinas sobre las cuales los siervos deben producir para mantenerse a s mismos, adems de entregarle algunas rentas. En fin, el seoro comn procede de la descomposicin del poder poltico durante la Alta Edad Media (entre los siglos VI y X), confiando en su depositario el derecho a ejercer prerrogativas de orden pblico que estn obligados a respetar todos los hombres de su incumbencia, libres o vasallos: hacer justicia (lo que le permite percibir sanciones penales o derechos sobre las mutaciones territoriales llamadas alodios), percibir impuestos (la talla seorial), imponer monopolios de equipamientos colectivos (molinos, hornos, lagares, puentes, etc.) cuyo uso es de pago, eventualmente incluso emitir moneda (y retenerla al paso por el seoro), etc. Aadamos que estos diferentes seoros no se concentran necesariamente en las mismas manos: aunque los dos primeros suelen estar ordinariamente unidos (aunque no sea siempre el caso), el tercero no es necesariamente conjunto; lo que explica la frecuencia y recurrencia de las fuentes de conflictos entre los diferentes seores, del que se pueden aprovechar sus titulares.

El poder de cada uno de ellos no es adems absoluto: est inserto en una jerarqua feudal, consecuencia ms o menos larga de dependencias personales que ligan vasallos y soberanos. Su tierra no es la mayor parte del tiempo ms que un feudo, que ha obtenido de parte de un seor ms poderoso del que es vasallo; entrado a su servicio, se ha vuelto su hombre (ste es el sentido propio del homenaje) y le debe, por este ttulo, adems de una fidelidad irreprochable, diferentes servicios: ayudarle financiera o militarmente cuando su soberano se lo demande, participar en sus consejos y discusiones, etc. Su soberano, a la inversa, le debe tambin socorro y asistencia. Pero este soberano puede ser a su vez el vasallo de un seor an ms poderoso, y as, de forma consecutiva, se ordena el conjunto desde el emperador, el rey o el prncipe, hasta los ms modestos de sus barones y caballeros, pasando por los duques, marqueses (o margraves), condes y vizcondes.

La combinacin de estas dos instituciones se explica por la doble singularidad del feudalismo en sus orgenes: la descomposicin del poder poltico y de la propiedad territorial. Ahora bien, aunque Thomas Piketty comprende bien la primera, sin llegar por ello a explicarla, no menciona la segunda ms que de paso y en trminos muy vagos 7/ . En sus orgenes, el feudalismo procede de un verdadero desmenuzamiento del poder poltico, consecutivo a la incapacidad de reproducir las estructuras imperiales heredadas del Imperio romano (tras el fracaso de su ltimo intento de reconstitucin por los carolingios) y al aumento de los peligros en los campos (bajo los golpes de las luchas entre seores, invasiones normandas, sarracenas y magiares), que llevaron a diseminar este poder en la jerarqua feudal.

Pero el feudalismo tambin se caracteriza por la descomposicin de la propiedad territorial, con la misma importancia a la hora de comprender el feudalismo y su dinmica. En las relaciones feudales de produccin, no hay lugar para la propiedad territorial privada, llamada quiritania por el derecho romano, que concentra en las mismas manos el usus (la posesin efectiva de la tierra, el derecho a usarla revalorizndola), el fructus (el disfrute de los frutos de esta tierra y de este trabajo) y el abusus (la propiedad eminente que autoriza a su detentador a transmitir o alienar el bien raz) 8/ . Todo seor no es por s mismo ms que el simple posesor usufructuario de su feudo, cuyo abusus queda en manos de su soberano, posesin usufructuaria temporal al comienzo, o en el mejor de los casos vitalicia, que el vasallo intentar que sea hereditaria haciendo entrar a su primognito en el squito de su soberano; pero incluso en el caso de una posesin hereditaria, su soberano tiene el derecho a retirarle su feudo en caso de falta grave a sus deberes (desobediencia, rebelin, traicin, etc.), as como el derecho a recuperar el feudo en ausencia de heredero directo (lo que se denomina el retiro feudal). De igual manera, el campesino siervo dispone del usus de su parcela (se dice que es el tenedor, el posesor efectivo) y no puede en principio ser privado de ella mientras cumpla sus obligaciones hacia su seor, pero este ltimo dispone del abusus , mientras que ambos se reparten el fructus ; as mismo, seores y comunidades campesinas se disputan el usus , el fructus e incluso el abusus de tierras comunales. A este complejo rgimen de propiedad territorial, yuxtaponiendo y superponiendo derechos diferentes y concurrentes, necesariamente fuente de conflicto, apenas se hace alusin en el texto de Thomas Piketty. A travs de este ejemplo se puede ver lo que implica el desconocimiento del concepto de relaciones sociales de produccin y la reduccin de una estructura social a su ropaje ideolgico.

Ahora bien, esta doble descomposicin de la propiedad territorial y del poder poltico, a lo largo de la cadena de dependencias personales que constituye la jerarqua feudal prolongada por las relaciones de servidumbre, explica la intricacin de las dos marcas del feudalismo que seala Thomas Piketty (y en general de las sociedades ternarias, aunque ya sabemos lo que se debe pensar de ello) pero que no llega a explicar, y con razn. Se contenta con mencionar que:

() el poder inseparablemente econmico y poltico era inicialmente ejercido a nivel local, en un territorio por lo general de poca dimensin, a veces con vnculos relativamente relajados con un poder central monrquico o imperial ms o menos lejano (p. 73).

() estos derechos de propiedad del clero y de la nobleza se acompaan de poderes soberanos esenciales, sobre todo en trminos de mantenimiento del orden y de poder policial y militar (privativos en principio de la nobleza guerrera, aunque tambin pueden ser ejercidos en nombre de un seor eclesistico) as como en trminos de poder jurisdiccional (la justicia se administra por lo general en nombre del seor del lugar, sea noble o religioso) (p. 74).

Sobre la transicin del feudalismo al capitalismo (en Europa)

Al desconocer en gran medida las especificidades de las relaciones feudales de produccin y de propiedad, Thomas Piketty es incapaz de comprender la dinmica que va a ocasionar, dentro mismo de estas relaciones pero en contra de ellas, subvirtindolas, disolviendo y descomponiendo, las premisas de las relaciones capitalistas de produccin. En suma, se le escapa toda la transicin del feudalismo al capitalismo 9/ .

Ninguno de los elementos clave de esta transicin es objeto de una atencin particular, ni siquiera de una simple mencin por parte de Thomas Piketty. Ni la servidumbre (cuyas especificidades como relacin de produccin desconoce: cf. lo que dice en la p. 92, o en la 251), ni la exclusin de la ciudad en la organizacin de las relaciones feudales de produccin y de propiedad (ya citada), que permitir la formacin de villas y de redes de villas emancipadas del poder seorial de la nobleza y del clero y proporcionar una escapatoria a siervos que quieren emanciparse. Ni mucho menos los efectos a corto y a largo plazo de la dinmica de intercambios mercantiles que va a surgir de la complementariedad y tambin de la concurrencia entre ciudades y campos, transformando a unas y otros y moviendo a todo el Occidente medieval, hacindole salir de su armadura medieval.

La entrada de la produccin agrcola y artesana campesina en las relaciones mercantiles con las ciudades va a atizar la lucha de los campesinos por aliviar el peso de la exaccin seorial y sobre todo para modificar su forma, sustituyendo las rentas en especies por rentas pecuniarias. Ello conducir rpidamente a una diferenciacin socioeconmica en el seno de la masa campesina, haciendo aparecer por una parte los labradores, as denominados porque poseen uno o varios arados con los que pueden poner en cultivo tierras ms vastas y ms frtiles, acumulando por tanto dinero y medios de trabajo agrcola, enriquecindose en consecuencia, lo que les permitir emanciparse de la servidumbre rescatando los derechos a su seor; y por otra parte los braceros, que como su nombre indica slo disponen de sus brazos para remover la tierra, cuya entrada en la economa mercantil y monetaria tender a empobrecer a una parte de ellos por medio de su endeudamiento crnico, condenndoles a sobrevivir con dificultad en parcelas cada vez ms reducidas, obligados por tanto a encontrar un complemento de recursos alquilando sus brazos a seores, burgueses o labradores, y amenazados de expropiacin en cuanto no son capaces de saldar sus deudas. En suma, una protoburguesa agraria de un lado, rpidamente reforzada por la adquisicin de tierras por mercaderes urbanos preocupados por diversificar sus inversiones y adornarse con el prestigio de la propiedad territorial, sobre todo si va acompaado de algn ttulo nobiliario; y del otro, un protoproletariado rural.

Modificaciones similares van a afectar a las estructuras sociales urbanas. La dinmica de intercambios entre ciudades y campos favorecer la formacin y el poderoso ascenso de una burguesa mercantil, una parte de la cual se convertir pronto en protoburguesa industrial poniendo bajo su dependencia el trabajo domstico de campesinos y artesanos en el campo, y el de artesanos de las ciudades desprovistos de organizacin corporativa, en forma de trabajo en comandita, antecmara de la gran manufactura ( putting out system ). Esta misma dinmica actuar en contra de la pequea burguesa del artesanado urbano, sin otro recurso para protegerse que reforzar las organizaciones corporativas, cuya cerrazn aumentar la esclerosis y transformar a los aprendices, antes destinados a convertirse ellos mismos en maestros, en asalariados de por vida. Mientras que el cierre de las corporaciones no dejar otro destino a las poblaciones rurales que huyen de los excesos de la explotacin seorial o de la miseria ligada a su expropiacin tendencial refugindose en la ciudad, que el de un protoproletariado, una plebe compuesta de maniobreros, mendigos, ladrones y prostitutos/as.

Pero la entrada de los campos europeos en la dinmica de intercambios mercantiles con las ciudades transformar tambin la condicin de los dos rdenes privilegiados. De buena o de mala gana, les obligar a ajustarse a su tiempo, sustituyendo el trabajo servil por trabajo asalariado en sus reservas, pero tambin a extenderlas, buscando todos los medios posibles para expropiar a los campesinos de sus posesiones y reconstituir as la unidad de sus haciendas, con el objetivo de maximizar las posibilidad de valorizacin (mercantil) de sus tierras (suelo y subsuelo). Lo que implicar tambin romper, poco o mucho, con sus hbitos de despilfarro (cortejo pletrico de cortesanos, lacayos y criados, gastos suntuarios en objetos de lujo y en fiestas, expediciones guerreras). Proceso desarrollado de forma desigual segn localidades y regiones y con resultados aleatorios, excepto en lo que se refiere a la diferenciacin socio-econmica que aparecer tambin en sus filas, agravando, desplazando o transformando la anterior, constituida en el marco de las relaciones feudales. Aquellos de los miembros de la aristocracia nobiliaria y de la alta y media nobleza que tendrn xito se convertirn bien en una clase puramente rentista, cuyas tierras arrendarn a burgueses o incluso a grandes campesinos, bien en miembros de la burguesa industrial que, adems de la explotacin agrcola de sus haciendas en gestin directa, abrirn molinos, pozos de mina, salinas, altos hornos, manufacturas textiles, etc. Aquellos de sus miembros que no consigan triunfar, y la pequea nobleza que no tendr los medios para ello, se vern cada vez ms obligados a mantener su rango entrando al servicio del rey (como militares, diplomticos, oficiales o simples cortesanos) o de Dios (rdenes religiosas), o a planear alguna alianza matrimonial con una rica heredera burguesa, capaz de dar brillo a su blasn, y que, a la inversa, encontrar la oportunidad, para ella y para sus hijos, de entrar en las codiciadas filas de la nobleza. Lo que equivale a decir que, en estas condiciones, las relaciones personales de dependencia entre soberanos y vasallos, constitutivas de la jerarqua feudal, van a relajarse y esta jerarqua se convertir cada vez ms en un aparato al que, paradjicamente, tendern los nobles y los miembros del clero en la medida en que les proporcionar los nicos elementos que seguirn distinguindolos de los miembros de la burguesa ascendente, cuya riqueza y a veces tambin poder poltico superarn los propios.

Nada de esto se cita siquiera en las mil doscientas pginas de la obra. Ni tampoco la manera como la extroversin comercial y colonial de las sociedades europeas occidentales en direccin a las Amricas, las costas africanas y el Asia martima, inductora de corrientes de intercambios comerciales entre los puertos europeos y los establecimientos y posesiones de ultramar que no dejarn de reforzarse, se amplificar y acelerar todo el conjunto de procesos precedentes, a partir de los siglos XV y XVI 10/ . Ni la resultante general del conjunto de estos procesos: el fuerte ascenso y la transformacin de los Estados monrquicos, haciendo nacer finalmente los Estados absolutistas, cuyo doble pilar econmico y social ser proporcionado por la alta nobleza (ms exactamente la aristocracia nobiliaria) y la gran burguesa mercantil (comercial y financiera), a cambio del apoyo de estos Estados, a la nobleza por medio de la centralizacin (en forma de impuestos) y de la redistribucin (en forma de subsidios, prebendas, puestos de oficiales civiles y militares, sinecuras, etc.) de una renta terrateniente que ya apenas puede extraer directamente (por el debilitamiento de su poder seorial), a la burguesa mercantil por medio de toda la gama de polticas mercantilistas. Sin contar que la exacerbacin de la rivalidad entre estos Estados degenera peridicamente en guerras, cuyos objetivos no sern tanto el control y reparto de los territorios europeos como el de las corrientes de intercambio con ultramar y sus puntos de apoyo.

En realidad, a Thomas Piketty le preocupa tan poco explicar la transicin del feudalismo al capitalismo que se permite sobrevolar este proceso plurisecular en el espacio de algunas lneas (p. 94), que nos hacen pasar de la evocacin de la Europa del ao mil a la publicacin del clebre manifiesto del padre Sieys titulado Qu es el Tercer Estado ?, publicado ante la convocatoria de los Estados generales del reino de Francia en la primavera de 1789, que desembocar algunas semanas ms tarde en las primicias de la Revolucin. Slo le preocupa determinar los efectivos y recursos del clero y de la nobleza en vsperas de la Revolucin, para demostrar que los dos rdenes privilegiados del Antiguo Rgimen constituan entonces una muy dbil minora de la poblacin (un 2%), por aadidura en cada demogrfica absoluta y relativa desde mediados del siglo XVII, pero con un poder econmico y poltico que se mantena intacto. Resultados incontestables pero de poco inters, porque son conocidos y establecidos desde hace mucho tiempo. Thomas Piketty se toma adems la molestia de explicar las razones tanto de la nobleza (pp. 108-111) como del clero (pp. 116-120), a falta de preocuparse por las transformaciones que afectaron a sus condiciones durante el Antiguo Rgimen y que acabo de describir brevemente. Tratndose de la nobleza, habra podido comprender as que su decrecimiento demogrfico era la pendiente de un proceso de concentracin y de centralizacin de sus propiedades territoriales y en general de sus activos (en trminos capitalistas) cuyas razones estn precisamente relacionadas con estas transformaciones; aunque los dos aspectos aparentemente contradictorios de su evolucin (su decrecimiento demogrfico, el reforzamiento de su poder econmico y poltico) son de hecho perfectamente complementarios.

En cuanto al clero, muy pronto, por lo menos en Francia, durante las guerras de Religin (1562-1598), supo preservar sus posesiones terratenientes y prerrogativas seoriales acumuladas durante los pasados siglos, apoyando por una parte al partido catlico (ya que el triunfo del partido protestante se habra traducido en la secularizacin de una gran parte o de la totalidad de sus bienes, como ocurri en Suecia, Dinamarca-Noruega, Inglaterra, Provincias Unidas, as como en los Estados alemanes o en los cantones helvticos pasados a la Reforma), por otra parte consiguiendo defender su inmunidad fiscal hasta la Revolucin (lo que no ocurri en el caso de la nobleza), gracias, es verdad, a la concesin de muchos donativos gratuitos a la monarqua 11/ .

Sobre la originalidad de la sociedad capitalista

Incapaz de captar las especificidades de las sociedades feudales (europeas), habindose desviado de la comprensin de la dinmica que va a modificar a estas ltimas hasta dar nacimiento a las relaciones capitalistas de produccin y a su dominio creciente en el conjunto de la praxis social, era inevitable que Thomas Piketty fracasase a la hora de comprender el resultado de este proceso plurisecular. Pero este fracaso saca a la luz otras muchas lagunas y peculiaridades de su empresa y de su enfoque.

La dinmica histrica que trastorna las sociedades feudales europeas hasta hacerlas desaparecer en los tiempos modernos y a comienzo de la poca contempornea (por mantenernos en las divisiones historiogrficas habituales) dan nacimiento, segn Thomas Piketty, a sociedades de propietarios ( passim ). La expresin, forjada para caracterizar a las sociedades capitalistas, para empezar, resulta curiosa, ms incluso que falaz. Porque sugiere que podra haber sociedades de no propietarios, lo que es un absurdo: toda sociedad implica una forma o un rgimen especfico (incluso varios) de apropiacin por los hombres de la naturaleza y de los productos de la transformacin de la naturaleza por su trabajo, rgimen que no requiere necesariamente la forma especfica y separada de un derecho codificado como tal, sino a menudo la de costumbres garantizadas por el temor a las autoridades polticas y religiosas que las hacen respetar, definiendo a los propietarios y as mismo a los no propietarios. De hecho, lo que distingue a las sociedades capitalistas de las sociedades precapitalistas es sencillamente una nueva forma o un nuevo rgimen de la propiedad, asociada a relaciones sociales de produccin especficas. Thomas Piketty coincide con ello, aunque le cuesta definir a este nuevo rgimen y se equivoca gravemente en cuanto a su gnesis y su naturaleza.

Ya hemos visto ms arriba que el rgimen feudal de la propiedad se caracterizaba, por una parte, por su descomposicin (el hecho de que el usus , el fructus y el abusus estuvieran normalmente distribuidos en manos diferentes), por otra, por la confusin en los diferentes niveles de la jerarqua feudal entre propiedad y soberana (ejercicio del poder poltico), estando ste tan fragmentado como aquella. Por oposicin, el rgimen capitalista de propiedad va a consistir, por una parte, en separar radicalmente propiedad y soberana, por otra parte en remitir la primera en manos de personas individualizadas (por lo que la individualizacin ser adems una de sus condiciones esenciales de posibilidad), mientras que la segunda ser exclusiva de un Estado. Lo que Thomas Piketty comprende bien y lo presenta en estos trminos:

() se trataba de distinguir claramente la cuestin de los poderes soberanos (seguridad, justicia, violencia legtima), sobre los cuales el Estado centralizado deba tener en adelante el monopolio; y la cuestin del derecho de propiedad, que deba pertenecer al individuo privado, y que haba que definir de manera plena, entera e inviolable, bajo la proteccin del Estado, que deba hacer de ella su misin primera, incluso nica (p. 128).

se trataba de operar una separacin estricta entre las funciones soberanas (monopolio del Estado centralizado) y el derecho de propiedad (exclusivo del individuo privado), mientras que la sociedad trifuncional se basaba en cambio en la confusin de estas relaciones (pp. 142-143).

En cambio, Thomas Piketty desprecia en parte o incluso desconoce las transformaciones que esta separacin de la propiedad y la soberana va a operar en una y otra. Al concentrarse en manos de individuos distintos y separados unos de otros, la propiedad reencontrar as en rgimen capitalista la forma quiritaria o absoluta que ya le haba conferido el derecho romano, reuniendo en manos del propietario (en este caso, un individuo) sus tres componentes constitutivas (el usus , el fructus y el abusus ), confiriendo a su detentador una libertad absoluta de disponer de ella a su antojo (salvo que perjudique a otros propietarios privados o al orden civil garante del conjunto de las propiedades privadas) y una garanta igual de derecho y de obligacin en cuanto a las condiciones en que podr usar, sobre todo en sus relaciones contractuales con los otros propietarios privados. A la inversa, al volverse privativo del Estado (reconstruido al mismo tiempo), el ejercicio de la soberana le har tomar la forma de poder pblico impersonal, entendmonos: un poder que no pertenece a nadie, ni siquiera (y menos que nadie) a quienes estn encargados de ejercerlo, al nivel que sea; un poder que se distingue formalmente de los diversos poderes privados que continan ejercindose, al margen de l y bajo su control, en el marco de la sociedad civil: poderes ligados al nacimiento, a la propiedad, a la competencia, a la suerte, etc.; un poder cuyos actos no deben ser expresin de intereses particulares, sino exclusivamente el del inters general, asimilable aqu al mantenimiento del orden civil, garantizando a cada cual el respeto de su subjetividad jurdica y la posibilidad de contratar libremente; un poder que respeta por consiguiente todas las prerrogativas de los individuos como propietarios privados y, ms en general, sujetos de derecho; un poder que por tanto se dirige a todos de manera igual, sometiendo a todos a las mismas obligaciones y garantizando a todos los mismos derechos; en definitiva, un poder que aparece no como el poder de un hombre o de un grupo de hombres sobre otros hombres sino como el poder de una regla impersonal e imparcial que se aplica a todos los hombres y que hay que hacer respetar por todos: la ley 12/ .

Lo que aparece de forma inmediata es que estas formas de propiedad y de soberana sean adecuadas a las relaciones capitalistas de produccin, comenzando por el simple proceso de valorizacin del capital. Imposible poner en marcha este proceso sin ser plenamente propietario (reunir en sus manos el usus , el fructus y el abusus ) tanto de las condiciones de este proceso (el capital-dinero, los medios de produccin y las fuerzas de trabajo contra las cuales se intercambia, el proceso de produccin resultante de su combinacin) como de su resultado (el capital-mercanca y el dinero que realiza el valor, con la plusvala que contiene). Y la puesta en marcha de semejante proceso es del todo imposible si los diferentes capitalistas, y ms en general el conjunto de agentes que intervienen en los mercados, no disponen de una perfecta libertad de uso de sus propiedades (en forma de mercanca o de dinero) y de una condicin igual de derecho en cuanto a su uso y a los resultados de este ltimo. Por ello el proceso de formacin de las relaciones capitalistas de produccin no pudo desarrollarse ms que conjuntamente con la transformacin de las relaciones de propiedad y de soberana antes analizada, apoyndose ambas mutuamente.

Por ello Thomas Piketty engaa al lector hacindole creer que esta separacin entre propiedad y soberana y sus transformaciones consecutivas han sido principalmente la obra de la Revolucin francesa:

() la Revolucin de 1789 representa una ruptura particularmente clara entre el Antiguo Rgimen, que puede ser considerado como un ejemplo paradigmtico de sociedad ternaria, y la sociedad burguesa que se desarrolla en Francia en el siglo XIX, que aparece como el arquetipo de la sociedad de propietarios, principal forma histrica que sucede en muchos pases a las sociedades ternarias (p. 86).

En este captulo, voy a volver de forma ms detallada a la Revolucin de 1789, que representa una ruptura emblemtica entre la sociedad de rdenes del Antiguo Rgimen y la sociedad burguesa y propietarista que se desarrolla en Francia en el siglo XIX (p. 127).

Una vez ms, desconoce por completo todo el proceso plurisecular de transformacin de las relaciones de produccin y de propiedad que hace pasar a las sociedades europeas del feudalismo al capitalismo. Aunque no se puede subestimar la importancia de las transformaciones institucionales e ideolgicas operadas por la Revolucin francesa, sta sin embargo no hizo ms que completar una empresa ya iniciada y ampliamente realizada mucho antes de que nuestros bravos revolucionarios entraran en escena, que empieza con el redescubrimiento y la reintroduccin del derecho romano a finales del siglo XI en la universidad de Bolonia y su difusin en la prctica social, comenzando por los comerciantes y negociantes que elaboraron una lex mercatoria especfica 13/ . El propio Thomas Piketty aporta involuntariamente la prueba, sealando que una parte de la obra de nuestros sans-culottes y otros Montagnards habra sido revisada despus de Thermidor, bajo el Diretorio, el Consulado y el Imperio, por no hablar evidentemente de la Restauracin (pp. 138 y 150), sin que por ello se hubiera puesto en cuestin la dinmica capitalista a lo largo de esas dcadas y las siguientes, apoyndose precisamente en todo lo que haba sido realizado antes de la tormenta revolucionaria. Mientras que, por otra parte, las transformaciones de la propiedad y de la soberana necesarias para el desarrollo de las relaciones capitalistas de produccin no tuvieron necesidad de pasar por semejante prueba revolucionaria bajo otros cielos, por ejemplo en Reino Unido (pp. 201 a 205) y en Suecia (pp. 226 a 231), por limitarnos a los ejemplos expuestos por el propio Thomas Piketty.

Pero eso no es lo esencial. Al concentrarse en las transformaciones de la propiedad y de la soberana de las que han nacido las autodenominadas sociedades de propietarios, evitando explorar las relaciones capitalistas de produccin que les sirven de cimientos y que han sido sus motores, Thomas Piketty ignora por completo la naturaleza exacta de la forma especficamente capitalista de propiedad. Porque la trada: propiedad privada libertad igualdad, que constituye la clave de las relaciones capitalistas de propiedad y de toda ideologa propietarista tal como la entiende Thomas Piketty, no hace sino expresar las condiciones en que los sujetos sociales (los individuos propietarios) operan dentro del proceso de circulacin del capital y en la esfera ms amplia de la circulacin mercantil 14/ . Pero, tal como lo destaca Marx, eso no nos dice nada en cuanto a sus condiciones y sus relaciones en el seno del proceso de produccin. Ahora bien, tras el velo idlico de la circulacin en la que todos los individuos aparecen como propietarios privados, libres de su persona y de sus bienes e iguales en derecho, se trama otra realidad muy distinta, donde uno (el capitalista) figura como propietario de capital-dinero que le permite adquirir medios de produccin y fuerzas de trabajo, mientras que otro (el trabajador asalariado) slo posee su fuerza de trabajo, que intenta poner a disposicin de quien quiera emplearla para explotarlo. Entonces emerge esta singular figura del trabajador libre, tal como lo llama irnicamente Marx, e incluso doblemente libre: libre de toda dependencia personal y comunitaria (pero al no depender ya de nadie, ya nadie responde de l) y libre de toda posesin (de medios de produccin y de medios de consumo) fuera de su potencia subjetiva de trabajo, sus capacidad (diversamente cualificadas) de trabajar, de producir cuya actualizacin depende de otros y no de s mismo. Figura que parece desconocida para Thomas Piketty, que tal como demuestra Marx presupone todo un proceso de expropiacin (de hecho y de derecho): de desposesin de todos los medios de produccin propios y, por consiguiente, de todos los medios de consumo inmediatamente disponibles, expropiacin que pasa por la destruccin violenta o la disolucin progresiva de todas las relaciones precapitalistas de produccin dentro de las cuales el productor directo se encontraba en cambio ligado, de manera libre (en las comunidades primitivas, en las comunidades patriarcales, en la produccin mercantil simple) o de manera forzosa (en la esclavitud o la servidumbre). Dicho de otra manera, designar como sociedad de propietarios a la sociedad capitalista, cuya especificidad histrica es precisamente la de presuponer la expropiacin de la inmensa mayora de sus miembros con respecto a las condiciones inmediatas de su reproduccin en tanto sujetos sociales, es una irona tan cruel como sin duda involuntaria, digna en todo caso de una neolengua [ novlangue ] que invierte el sentido de las palabras que utiliza, de la que Thomas Piketty es culpable por su fascinacin por el velo jurdico e ideolgico que rodea las relaciones capitalistas de produccin y de su profundo desconocimiento de las mismas. Pues todo el anlisis de Thomas Piketty muestra en definitiva esta fascinacin por la forma especficamente capitalista de la propiedad. Desde luego, su evaluacin de esta ltima aparece a priori matizada, al procurar desmarcarse Thomas Piketty de lo que denomina la ideologa propietarista:

La ideologa propietarista tiene una dimensin emancipadora que es real y nunca debe ser olvidada, y al mismo tiempo lleva consigo una tendencia a la cuasi-sacralizacin de los derechos de propiedad establecidos en el pasado −cualquiera que sea su amplitud y su origen− que es tambin real, y cuyas consecuencias desigualitarias y autoritarias pueden ser considerables (p. 151).

Pero, observando ms de cerca, estos dos elementos de la valoracin son igualmente engaosos, precisamente porque sta se basa slo en las relaciones de propiedad omitiendo las relaciones de produccin subyacentes. As, la promesa de estabilidad social y poltica, pero tambin de emancipacin individual, incluida segn Thomas Piketty en la ideologa propietarista, solemnemente proclamada en las declaraciones de derechos a que darn lugar las Revoluciones estadounidense y francesa, es falsa, no slo por el hecho de que el rgimen de propiedad y, ms en general, de derechos civiles y polticos que implica excluye primitivamente a las mujeres y a los esclavos ( ibidem ). Porque, incluso extendida a todos y a todas, no mantiene sus promesas emancipadoras. Considerar que la propiedad privada, correctamente redefinida en sus lmites y en sus derechos, forma parte efectiva de los mecanismos institucionales que permiten a las diferentes aspiraciones y subjetividades individuales expresarse e interactuar de manera constructiva (p. 156), equivale simplemente a desconocer los efectos profundamente alienantes de las relaciones de produccin capitalistas, los efectos de desposesin en todas sus dimensiones que pone en marcha la propiedad privada: qu posibilidades concretas de expresar sus aspiraciones y su subjetividad individual y de interactuar de manera constructiva con sus semejantes tiene aquel o aquella a quien las relaciones capitalistas de produccin aboca a condiciones de empleo aleatorias cuando no al paro intermitente o continuo, a condiciones de trabajo degradantes o inhumanas, a salarios de miseria o justo por encima del umbral de pobreza y a la ausencia de cualquier perspectiva de cambio de su situacin para s y para los suyos? Pero sa es la situacin impuesta a la inmensa mayora de la humanidad bajo el rgimen supuestamente emancipador de la propiedad privada capitalista.

Y, as mismo, las desigualdades que acompaan la puesta en marcha del rgimen capitalista de propiedad no proceden slo de la cuasi-sacralizacin de los derechos de propiedad establecidos en el pasado, son la obra presente de las relaciones de produccin que este rgimen envuelve y legitima. Si Thomas Piketty se interesase tan slo un poco por estas relaciones de produccin, sabra que la dinmica de acumulacin del capital genera necesariamente una polarizacin social creciente, que en rgimen capitalista la acumulacin de la riqueza social y de los medios de producir esta riqueza va acompaada ineluctablemente de una agravacin de estas desigualdades de ingresos y de patrimonios que tanto llaman su atencin, por el hecho de la distorsin creciente en el reparto del valor nuevamente producido entre plusvala (por tanto, beneficios, intereses y rentas) y salarios, por una parte, y por otra por una extensin y una agravacin de la pobreza y de la miseria con el desarrollo de la superpoblacin relativa que es tambin obra de esta acumulacin, que fue as precisada por Marx:

Las mismas causas que desarrollan la fuerza expansiva del capital llevando a la disponibilidad de la fuerza obrera, hacen aumentar tambin la reserva industrial con los mecanismos de la riqueza. El tamao relativo del ejrcito industrial de reserva crece al mismo tiempo que el mecanismo de la riqueza. Pero cuanto ms crece este ejrcito de reserva, comparativamente con el ejrcito activo del trabajo, ms aumenta la superpoblacin consolidada, excedente de poblacin cuya miseria es inversamente proporcional a los tormentos de su trabajo. Cuanto ms crece esta capa de Lzaros de la clase asalaria, ms crece tambin el pauperismo oficial, Esta es la ley absoluta, general, de la acumulacin capitalista. La accin de esta ley, como cualquier otra, es naturalmente modificada por las circunstancias particulares 15/ .

Ignorando dicha ley, Thomas Piketty no se llega a dar cuenta de que l mismo la est confirmando e ilustrando, al mostrar cmo, durante el largo siglo XIX que concluy con el estallido de la Primera Guerra mundial, la expansin de una sociedad de propietarios fue acompaada de un crecimiento de las desigualdades de patrimonios y, en menor medida, de los ingresos en Francia, alcanzando niveles superiores a los registrados en vsperas de la Revolucin (pp. 160-163), y que trayectorias similares se registraron en las otras sociedades de propietarios europeas por las que se interesa Thomas Piketty, Reino Unido y Suecia (pp. 236-240), condenando a la inmensa mayora de sus propietarios a no ser propietarios de nada, apenas de s mismos. Porque, dejada a s misma, sin las acciones correctores que pueden aportarle polticas de redistribucin que articulen ingresos pblicos concretos (en forma de exacciones obligatorias: impuestos y cotizaciones sociales) y gastos pblicos no menos concretos (en forma de subsidios sociales pero tambin de acceso gratuito o casi gratuito a equipamientos colectivos y a servicios pblicos), la dinmica del capital slo puede ser profundamente desigualitaria, y lo sigue siendo tambin, aunque en un grado menor, a pesar de la puesta en prctica de dichas acciones correctoras.

Ahora bien, todo el proyecto poltico de Thomas Piketty consiste simplemente en la puesta en marcha de dichas correcciones de la ley general de acumulacin del capital:

Ms en general, se pueden utilizar las instituciones de la propiedad privada por las dimensiones emancipadoras que pueden aportar (en particular, para permitir expresarse la diversidad de aspiraciones individuales, lo que las sociedades comunistas del siglo XX olvidaron trgicamente), encuadrndolas e instrumentalizndolas en el seno del Estado social, instituciones redistributivas, tales como la progresividad fiscal, y ms en general reglas que permitan democratizar y compartir el acceso al saber, al poder y a la riqueza (como han intentado hacerlo las sociedades social-demcratas en el siglo XX, aunque se consideren estos intentos como insuficientes e inconclusos; volveremos a tratarlo) (p. 153).

Lo que viene a confirmar su sobrevaloracin de las virtudes de este rgimen de propiedad, erigido en el horizonte insuperable de nuestro tiempo. Tambin nosotros tendremos que volver a tratarlo.

Notas:

1/ Sera demasiado largo y bastante pelmazo refutar los anlisis de Thomas Piketty sobre este tema. Para ms inters en el tema, se encontrar materia para dicha refutacin en la ltima parte de La primera edad del capitalismo , Tomo 3: Un primer mundo capitalista , Page 2 y Syllepse, Lausana y Pars, 2019, donde se analizan los casos del Imperio otomano, el Imperio safvida (chiita), China y el Japn de los Tokugawa.

2/ As lo concibi y entendi Georges Dumzil, por ejemplo en Mito y epopeya . Tomo 1: La ideologa de las tres funciones en las epopeyas de los pueblos indoeuropeos , Pars, Gallimard, 1968. Adems, sus trabajos se han dirigido sobre todo a las lenguas, religiones y mitologas de las sociedades indoeuropeas, y no tanto a sus estructuras. Tambin en este sentido lo comprendi Georges Duby en su anlisis de la sociedad feudal: cf. Los tres rdenes o el imaginario del feudalismo , Pars, Gallimard, 1978. Obra en la que muestra, adems que este imaginario es relativamente tardo (producto de la Edad Media central, entre los siglos XI y XIII, cuando el feudalismo ya estaba bien establecido), y que adems cost imponerlo.

3/ Capital e ideologa: un ttulo engaoso" en https://www.vientosur.info/spip.php?article15439

4/ Lo que Thomas Piketty acaba por reconocer: Se trata de sociedades en las cuales dos clases dotadas de legitimidad, de funcin y de organizacin distintas, la clase clerical y la clase nobiliaria, controlan cada una proporcin considerable de los recursos y de los bienes (aproximadamente entre un cuarto y un tercio de las propiedades por cada uno de los dos grupos, esto es, entre la mitad y los dos tercios sumados los dos grupos reunidos, y a veces ms en algunos pases, como veremos cuando estudiemos el caso del Reino Unido), lo que les permite desempear plenamente su rol social y poltico dominante (p. 120).

5/ Lejos de que el esquema ternario, como repite a porfa Thomas Piketty, haya tenido como efecto unificar y uniformizar la situacin de los trabajadores del tercer estado, esta diferencia juega un papel esencial tanto en la sociedad feudal como en la transicin del feudalismo al capitalismo, como lo volver a recordar en seguida.

6/ Las siguientes lneas condensan desarrollos detallados en La prehistoria del capital , Lausana, Page 2, 2006, captulo II, disponible on-line

http://classiques.uqac.ca/contemporains/bihr_alain/prehistoire_du_capital_t1/prehistoire_du_capital_t1_html

7/ () el concepto mismo de derecho de propiedad tena un significado especfico en las sociedades trifuncionales (e inclua derechos jurisdiccionales y soberanos no considerados aqu) () (pgina 116). Cf. tambin lo que se dice ms adelante sobre los alodios (pp. 134 y siguientes).

8/ La principal excepcin la constituyen las rdenes monsticas, una de las razones de su ascenso potencial durante la Edad Media. Se suman al hecho de que sus dominios no son vctimas de este factor de desmembramiento parcial de la propiedad laica que es la herencia y de que estas rdenes se van a beneficiar temprano de dotaciones territoriales por parte de los seores laicos (para hacerse perdonar sus pecados!). A sealar que tambin subsisti durante toda la Edad Media una minora (de importancia variable segn regiones) de campesinos alodiales, plenamente propietarios de su tierra, y por consiguiente no sometidos al poder seorial, excepto en su dimensin usual.

9/ Yo mismo analic esta transicin en La prehistoria del capital, op.cit ., Captulos III y IV, as como en La primera edad del capitalismo , Tomo 2: La marcha de Europa occidental hacia el capitalismo , Page 2 y Syllepse, Lausana y Pars, 2019, cuyos principales resultados condenso aqu.

10/ Aunque se cita esta extroversin, sobre todo en su versin colonial, en algunas lneas (p. 250, p. 304), su incidencia en la dinmica de la transicin del feudalismo al capitalismo en Europa occidental est totalmente ausente del anlisis de Thomas Piketty.

11/ Para ms detalle, cf. La marcha de Europa occidental , op.cit ., Captulo VI, 2, pp. 360-383.

12/ Para ms detalles sobre la solidaridad entre esta forma de propiedad y esta forma de soberana, cf. La marcha de Europa occidental , op.cit ., Captulo VII, 1, pp. 465-473.

13/ Para ms detalle, cf. La marcha de Europa occidental , op.cit ., Captulo VII, 1, pp. 473-509.

14/ Cf. Marx en el fragmento conservado de la versin primitiva de la Crtica de la Economa poltica .

http://classiques.uqac.ca/classiques/Marx_karl/contribution_critique_eco_pol/contribution_critique.html sobre todo pp. 211-215.

15/ El Capital , Libro I, Captulo XXV. href=" http://classiques.uqac.ca/classiques/Marx_karl/capital%20/capital_livre_1/capital_livre_1_3/fichiers_MIA/Capital_1_1_s7_pdf "> http://classiques.uqac.ca/classiques/Marx_karl/capital /capital_livre_1/capital_livre_1_3/fichiers_MIA/Capital_1_1_s7_pdf p. 34

Texto original en francs: http://alencontre.org/societe/des-societes-ternaires-aux-societes-de-proprietaires-comment-thomas-piketty-analyse-la-transition-du-feodalisme-au-capitalisme.html

Traduccin: Javier Garitazelaia para viento sur

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article15464

 



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