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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2020

S, Estados Unidos debe retirarse de Afganistn

Farooq Sulehria
Jacobin Magazin / Viento Sur


El 14 de febrero Adil Ahmed Dar, un terrorista suicida de origen cachemir, embisti su camin cargado de explosivos contra un convoy militar indio en el distrito Pulwama del valle de Cachemira. El ataque provoc escaramuzas entre India y Pakistn. Fue el ataque ms mortal desde 1989 contra las fuerzas indias, cobrando ms de cuarenta vidas. El atacante suicida se inspir en la victoria talibn sobre los Estados Unidos en Afganistn. Esta "inspiracin" fue sealada por el terrorista suicida en un mensaje de video pregrabado y publicado poco despus del atentado por el equipo militante Jaish-e-Muhammad.

Ataques como ste obsesionaron a los observadores de las negociaciones entre Estados Unidos y los talibanes. Una retirada estadounidense no desatar una ola renovada de terror fundamentalista envalentonado por una victoria sobre los Estados Unidos, como fue el caso despus de la retirada sovitica de Afganistn? Lo ms importante, no se hundir Afganistn en una nueva espiral de guerra civil una vez que las fuerzas estadounidenses se hayan retirado?

Las conversaciones llegaron a un abrupto final el 8 de septiembre cuando el presidente Trump, en una serie de tuits, interrumpi el proceso despus de "un ataque en Kabul que mat a uno de nuestros muy grandes soldados". Miles de personas afganas que murieron durante nueve rondas de negociaciones entre los talibanes y los EEUU no merecieron ningn tweet.

Justo antes de los tuits de Trump del 8 de septiembre, los medios anunciaban un "acuerdo" entre Washington y los talibanes. Los detalles del "acuerdo" se mantuvieron en secreto incluso para el gobierno afgano, que de hecho fue excluido del proceso de negociacin por el representante estadounidense Zalmay Khalilzad. Si uno se fa de las filtraciones de los medios, el acuerdo frustrado habra hecho que Estados Unidos se retirara sin que los talibanes aceptaran un alto el fuego. Los talibanes, sin embargo, no atacaran a las tropas que partan. En palabras simples: Estados Unidos estaba abandonando Afganistn a una sangrienta guerra civil.

Si las filtraciones eran ciertas, el "acuerdo" elaborado por Khalilzad personificaba el oportunismo del ms alto nivel. En los comentarios de los medios, un suspiro de alivio se escuch despus de los tweets de Trump que descarrilaron el "acuerdo". Porque incluso un optimista podra argumentar que una retirada de Estados Unidos perpetuara y agravara el derramamiento de sangre en Afganistn.

Sin embargo, el fin de la ocupacin estadounidense de Afganistn sera un paso positivo. Podra decirse que crear las condiciones necesarias para un retorno a la paz en el pas. Un balance de las desventuras de Estados Unidos proporcionar el contexto necesario.

El momento del 11 de septiembre como ao cero

La guerra de Estados Unidos en Afganistn, que dur diecisiete aos, ha costado, segn el propio presidente Trump, ms de 2.000 millones de dlares. Anualmente, esta guerra est costando 45 mil millones. Sin embargo, los costos econmicos palidecen ante el costo humano. Ms de 35,000 civiles afganos, solo desde 2011, adems de 2,400 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses desde el 11 de septiembre, han sido asesinados. El gobierno afgano oculta cifras exactas de las muertes de las fuerzas de seguridad afganas, pero el Instituto Watson de la Universidad de Brown estima un nmero de muertos en alrededor de 58,000. En fin, al menos 42.000 "insurgentes" tambin han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La mayora de las narrativas sobre Afganistn comienzan con el 11 de septiembre. El blanqueo de la historia anterior al 11 de septiembre oculta la hipocresa de la ocupacin estadounidense. Si bien es frecuente encontrar una referencia pasajera al gobierno "comunista brutal" patrocinado por Mosc (1979-1992), cualquier referencia al reinado del terror (1993-1997) desatado por los muyahidines para desalojar militarmente a los "comunistas" es convenientemente marginada. Sin embargo, el rgimen muyahidn demostr ser la fase ms horrible del conflicto afgano que comenz a desarrollarse en 1978.

Una vez que las tropas soviticas cruzaron el puente sobre el ro Amu en 1989, el rgimen encabezado por el Partido Democrtico Popular de Afganistn (PDPA) se desintegr rpidamente. Durante aproximadamente los siguientes cuatro aos, 199297, varias facciones muyahidines redujeron Afganistn a escombros en su intento de capturar Kabul. En el proceso, innumerables personas murieron. Las mujeres fueron violadas. Los adolescentes fueron secuestrados y abusados. Afganistn se convirti en un feudo de varios seores de la guerra brutales. Algunos de ellos fueron rehabilitados por la ocupacin estadounidense.

Dos facciones principales que encabezaron esta guerra civil fueron la Alianza del Norte dirigida por Ahmed Shah Masud y Hezb-e-Islami, dirigida por Gulbadin Hikmatyar. Mientras Masud, tnicamente tayiko, fue patrocinado por India y Turqua, Hikmatyar fue un representante de Pakistn. Ambas facciones y sus lderes eran fundamentalistas, brutales y machistas. A diferencia de la comprensin estereotipada de Afganistn en la que el rgimen talibn es el arquitecto original de Afganistn como prisin para mujeres, las facciones muyahidines ya haban enviado a las mujeres afganas a la Edad de Piedra mucho antes de que el movimiento talibn naciera de manera organizada.

De hecho, los talibanes primero llamaron a la atencin pblica de forma favorable cuando rescataron a un adolescente de un seor de la guerra local. Tal fue la brutalidad del perodo de los muyaidines que sectores de la sociedad afgana acogieron pasivamente la toma del control de los talibanes. Los talibanes, argumentaron, al menos no estaban saqueando, violando o secuestrando. Sin embargo, los talibanes no habran llegado a Kabul sin el patrocinio de Pakistn. Islamabad, al darse cuenta de que Hikmatyar no era capaz de enfrentarse a Masud, apost por el fundador de los talibanes, el mol Omar.

Este breve recordatorio sobre los aos anteriores a los talibanes es necesario para comprender que los muyahidines simbolizaban el terror, la violacin, el fundamentalismo y el saqueo, mientras que los talibanes, en comparacin, eran vistos por la poblacin afgana como un mal menor. Despus del 11 de septiembre, los muyahidines desacreditados y odiados fueron rehabilitados, rearmados y desplegados como la vertiente poltica de la ocupacin estadounidense. Sin duda, a algunos muyahidines les cortaron la barba para el consumo de los medios de comunicacin occidentales. No sorprende que Hikmatyar sea uno de los candidatos presidenciales en las elecciones del 28 de septiembre. La fachada poltica erigida por la ocupacin estadounidense era impopular, poco representativa y aislada desde el principio. No podra ser de otra manera. Las ocupaciones instalan regmenes de tteres para consolidarse.

Esfuerzos de reconstruccin fallidos

Mientras los odiados muyahidines proporcionaban una fachada poltica para la ocupacin estadounidense, un esfuerzo de reconstruccin dirigido por ONGs convirti a Afganistn en un laboratorio neoliberal.

Durante 20022013, la comunidad internacional prometi 90 mil millones de dlares para la reconstruccin (en ltima instancia, solo 69 mil millones fueron comprometidos y 57 mil millones realmente desembolsados). Pero dentro de Afganistn, faltan indicios de un desarrollo de 57 mil millones de dlares.

No es que no haya pasado nada. Como visitante habitual de Afganistn, este autor ha visto mejoras masivas en ciertos sectores. Por ejemplo, se han construido 4.000 km de carreteras pavimentadas. La educacin primaria, en particular, es un paso adelante. Adems de siete millones de nios en las escuelas, el dinero de la ayuda ha ayudado a construir 3.500 escuelas. Aproximadamente el 30 por ciento de Afganistn ha sido electrificado. Hoy el 85 por ciento de la poblacin tiene acceso a algunos servicios bsicos de salud.

Sin embargo, Afganistn sigue siendo uno de los pases ms pobres del mundo, y los niveles de vida son abismalmente bajos. El intento de reconstruccin ha fracasado en gran medida. Esto se puede ver en Kabul, que fue el mayor beneficiario de la ayuda al desarrollo. Se gastaron aproximadamente 3 mil millones de dlares pero la mayora de las calles permanecen sin pavimentar, mientras que el agua potable es una rareza. La difcil situacin de los hospitales, las escuelas y los servicios cvicos requerir un captula aparte en un libro. Qu sali mal en la reconstruccin?

El fracaso de los planes de desarrollo afganos a menudo se atribuye a la corrupcin. Este discurso recibi un apoyo cuando, en 2010, Transparencia Internacional declar a Afganistn el segundo pas ms corrupto del mundo. La corrupcin, sin duda, es un problema. Sin embargo, fue el modelo de desarrollo defectuoso (que tambin facilit la corrupcin) lo que gener el fracaso. El modelo consista en reconstruir Afganistn a travs de ONG en lugar del estado. Esto no es nico ya que la ayuda al desarrollo est llegando cada vez ms a los pases del Sur Global a travs de las ONG. Pero Afganistn, en particular, como una "pizarra limpia", se convirti en un laboratorio para la experimentacin neoliberal de las ONG. La excusa para canalizar la ayuda al desarrollo a travs de las ONG es que los establecimientos e instituciones pblicas son corruptos, por lo tanto, ineficaces.

Para compensar la presunta corrupcin de la burocracia afgana, se entreg ayuda a las ONG, que se multiplicaron de la noche a la maana. Muchas llegaron casi a bordo de los B-52 de EE UU. Entre 2002 y 2010, ms del 82% de la ayuda al desarrollo esquiv al gobierno y al Estado afganos y termin en las ONG. Como era de esperar, las ONG demostraron ser muchas veces ms corruptas que los burcratas y polticos afganos. Desde 20092010 en adelante, la asistencia extranjera se ha inclinado en favor del estado afgano.

Pero la corrupcin y la falta de responsabilidad no fueron los nicos problemas en el sector de las ONG. Por un lado, a los ministerios se les neg la oportunidad de aprender y administrar proyectos de desarrollo; por el otro, los recursos se desperdiciaron generosamente. Por ejemplo, ciertos proyectos se subcontrataron cinco veces, y cada subcontratista obtuvo un beneficio del 5 al 10 por ciento del acuerdo. Adems, dado que el estado no particip en la planificacin o ejecucin del planteamiento general de desarrollo, algunos sectores obtuvieron enormes recursos mientras que otros fueron gravemente ignorados.

Sin embargo, el desarrollo impulsado por las ONG es solo una explicacin parcial de este mega fracaso. Otro factor importante fue la militarizacin de la ayuda. El cincuenta por ciento de la ayuda se gast en nombre de la seguridad (el Departamento de Defensa de los EE. UU. se apropi de ms de la mitad del dinero de la ayuda), y la militarizacin de la ayuda tambin signific que la priorizacin de los proyectos no se basara en la necesidad, sino en qu reas los militares identificaron como importantes para ganar un apoyo popular para los Estados Unidos.

Pero de todos modos, las ocupaciones no estn destinadas al desarrollo. El argumento aqu no es que un modelo poltico diferente junto con un esfuerzo de reconstruccin eficiente hubiera dado resultados diferentes, sino que la ocupacin someti a Afganistn a sus propios intereses a costa de la gente afgana. No podra haber sido de otra manera. La revuelta afgana era inherente a la ocupacin. Sin embargo, la incapacidad de los EE. UU para consolidar la ocupacin no implica una victoria automtica para los talibanes en caso de una retirada de EE UU, como sugieren muchos comentaristas liberales en los medios.

Los talibanes no pueden ganar

En 1997, las condiciones objetivas favorecieron la toma de Kabul por los talibanes patrocinados por Pakistn. Podra decirse que un Washington desinteresado dio la bienvenida a la llegada de los talibanes a la capital. Para citar al New York Times , el "Departamento de Estado estaba promocionando a los talibanes como el grupo que finalmente podra traer estabilidad". Se aconsej a un diplomtico estadounidense, Jon Holtzman, que visitara Kabul. Sin embargo, el viaje fue cancelado despus de una disputa meditica sobre los derechos de las mujeres. An as, se otorgaron 125 millones de dlares en ayuda (el paquete de ayuda exterior ms grande recibido por los talibanes).

El Departamento de Estado mantuvo una correspondencia secreta con el rgimen talibn. En ese momento, los medios estaban repletos de rumores sobre el respaldo de los Estados Unidos a los talibanes. A diferencia de la imagen antiestadounidense que los talibanes cultivaron despus, eran muy acogedores con el "infiel" to Sam. La justificacin de los Estados Unidos para el apoyo talibn no era simplemente un proyecto de gasoducto que Unocal quera llevar a cabo y del que se ha hablado mucho. Se rumoreaba que la administracin Clinton tena en mente a Irn cuando daba la bienvenida a los talibanes. Independientemente de si estos rumores eran ciertos o no, el segundo patrocinador principal de los talibanes, Riad, definitivamente quera contener a Irn a travs de los talibanes ferozmente antichitas.

Igualmente importante fue la agitacin en Rusia y en las Repblicas de Asia Central (RAC). Despus de la disolucin sovitica, los nuevos regmenes en Rusia y en las RAC estaban luchando por consolidarse. Lo que es ms importante, la gente en Afganistn tena desesperadamente necesidad de paz despus de aos de luchas internas brutales entre las bandas muyahidines. Con esperanza a pesar de todo, al menos una parte de la poblacin afgana (condicionada por el origen tnico) fij sus esperanzas en los talibanes incluso si eso significaba sacrificar las libertades civiles.

Actualmente, las probabilidades van obstinadamente contra los talibanes. Los miembros de la realeza saudita, uno de ellos personalmente humillado por el mul Omar sobre la cuestin de la expulsin de Osama bin Laden, consideraran imprudente molestar a Washington al patrocinar a los talibanes. Los regmenes en las RAC y Rusia, que se enfrentan regularmente con la militancia confesional, no se quedaran inactivos frente a una toma de poder talibn de Kabul (Mosc organiz conversaciones entre los talibanes y la oposicin afgana en febrero de este ao).

China[1], enfrentada a la disidencia uigur, ha expresado pblicamente su desaprobacin de los talibanes. Lo que es ms importante, una gran mayora de las y los afganos, particularmente los no pastunes que constituyen casi el 55 por ciento de la poblacin, despus de haber vivido la pesadilla talibn, no estn dispuesto a experimentarla una vez ms. Por lo tanto, la marcha talibn sobre Kabul puede no ser combatida solo por Estados Unidos, Irn, India, China, RAC y Rusia, sino tambin por la mayora de la poblacin afgana.

Sin embargo, a pesar de carecer de una base social de masas, los talibanes tienen la ventaja de un suministro incesante de fanticos listos para explotar en las calles afganas de camino al paraso. Esto implica que el derramamiento de sangre no llegar a su fin a pesar de una retirada de Estados Unidos. Adems, ciertas facciones talibanes pueden no aceptar ningn acuerdo final con la administracin Trump. La guerra, despus de todo, es tambin un lucrativo comercio de drogas y una economa floreciente para los comandantes talibanes. An as, hay slidos argumentos para la retirada de Estados Unidos.

Los argumentos a favor de la retirada de Estados Unidos

El "acuerdo" entre Estados Unidos y los talibanes anunciado por Khalilzad en la ltima semana de agosto no solo fue oportunista, sino que tambin fue tan arriesgado que incluso Mike Pompeo se mostr reacio a firmarlo. Uno espera que cualquier "acuerdo" futuro tenga un alto el fuego como condicin previa. Sin embargo, aunque puede haber muchas calificaciones, la prioridad urgente sigue siendo la retirada de los EE. UU.

En primer lugar, dieciocho aos de ocupacin estadounidense solo han complicado, intensificado y prolongado el conflicto. Este historial es en s mismo el mayor argumento a favor de la retirada de Estados Unidos. Irnicamente, durante este tiempo los talibanes no solo han recuperado el control de partes considerables de Afganistn, sino que en un momento extendieron su mandato a Pakistn a travs de sus primos pakistanes. Vale la pena sealar que desde Vietnam, se ha establecido que los pases imperialistas ms poderosos pueden destruir un pas en el Sur Global, pero no pueden ocuparlo al estilo colonial.

En segundo lugar, una retirada estadounidense negar a los talibanes su atractivo como "fuerza de resistencia". Es la presencia de tropas de ocupacin extranjeras la que legitima el terror talibn. Durante casi una dcada, los talibanes han dejado de atacar objetivos civiles.

Despus de que el nmero de muertos por los atentados suicidas comenz a aislar a los talibanes, anunciaron su intencin de apuntar solo a las fuerzas extranjeras o los servicios de seguridad afganos (aunque tales ataques cobran vidas civiles de todos modos). El Estado Islmico (ISIS/Daesh) ha reivindicado ataques contra mezquitas y escuelas chitas-hazaras en los ltimos aos. Los talibanes han negado religiosamente los ataques contra la comunidad chita-hazara.

En tercer lugar, si Estados Unidos se retira, el principal patrocinador de los talibanes, Pakistn, estar bajo una gran presin externa e interna para dejar de patrocinar a los talibanes. Lo ms importante an es que Islamabad renunciar al poder de chantaje que actualmente posee debido al hecho de que los suministros militares de los EE. UU. dependen de la cooperacin de Pakistn. Irnicamente, el ministro de Relaciones Exteriores de Pakistn, Shah Mehmood Qureshi ya ha sugerido que las fuerzas estadounidenses no deberan retirarse rpidamente (lo que da a entender que una retirada estadounidense dejara a Pakistn en una situacin peligrosa).

En cuarto lugar, como se argument anteriormente, una retirada de Estados Unidos no implica automticamente un Afganistn talibanizado. A pesar del ejemplo de Trump, es posible disear una retirada y un acuerdo que involucre a muchas ms partes interesadas y elaborar mejores planes para poner fin a la guerra civil del pas.

Finalmente, y lo ms importante, el pueblo afgano quiere cada vez ms una retirada de Estados Unidos. Nunca dese ni respald la ocupacin estadounidense. Ha pagado un precio enorme. Ya no quiere quedar atrapado entre el martillo estadounidense y el yunque talibn.

Farooq Sulehria ensea en la Beaconhouse National University, Lahore. Es militante de la seccin pakistan de la IV Internacional, y autor de Media Imperialism in India and Pakistan ( Imperialismo de los medios en India y Pakistn) (Routledge, London 2017). Este artculo fue publicado en la web de la revista estadounidense Jacobin http://www.jacobinmag.com/2019/09/united-states-occupation-afghanistan-Taliban-pakistan-mujahideen.

http://www.essf.lautre.net/2014/spip.php?article51609

Traduccin: Faustino Eguberri para viento sur

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article15470



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