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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2020

Remedo de Asamblea Constituyente

Felipe Portales
Rebelin


Los Pactos Internacionales de Derechos Humanos de Naciones Unidas en su Artculo 1 estipulan el derecho de autodeterminacin de los pueblos, cuya vigencia constituye, en definitiva, la base del sistema democrtico; en que todos los miembros de cada pueblo tienen igual dignidad y derechos para participar en la toma de decisiones que comprometen al conjunto de aquellos. Por lo mismo, en la esencia de la idea democrtica est el principio de mayora. Como todos tienen los mismos derechos, las decisiones colectivas deben ser adoptadas por la mayora del pueblo. Es lo que tambin se ha denominado como soberana popular.

Y en las decisiones colectivas de cada pueblo tiene una importancia fundamental la elaboracin y aprobacin de la Constitucin Poltica del Estado, ya que esta configura las reglas bsicas que articulan las diversas sociedades. Como es fsicamente imposible que el conjunto del pueblo realice directamente tal labor, en toda sociedad democrtica ello debe hacerse a travs de representantes que libremente elija para tales efectos. Este es el carcter que adquieren en el mun- do contemporneo las Asambleas Constituyentes. Estas en ningn caso sustituyen la voluntad del pueblo (su soberana), sino que permiten que ella se exprese a travs de sus representantes. Por ello, es tambin bsico en aquellas la regla de la mayora. Y si la minora piensa que en el conjunto de la obra de la Asamblea o en apartados de ella- la mayora de los representantes no est interpretando correctamente la voluntad popular, tiene el derecho de apelar a que el pueblo de- cida directamente en la materia a travs de un plebiscito. Ser, pues, en esos casos el pueblo mismo quien debe estipu- lar si es la mayora o la minora de la Asamblea quien lo est representando genuinamente.

Pero lo que es absolutamente antidemocrtico es que dichos derechos de la minora de la Asamblea se conviertan en un veto que impida que la mayora popular (sea de los miembros mayoritarios de la Asamblea o, peor an, del pueblo mismo en su conjunto!) adopte la Constitucin que estime conveniente. Desgraciadamente, esta aberracin antidemo- crtica es la que se ha aprobado con la Reforma Constitucional reciente en nuestro pas. Con el qurum de 2/3 para aprobar cualquier disposicin de ella, en la prctica se le concede un virtual poder de veto a la derecha (dado su record histrico de votacin que desde 1990 ha superado siempre el tercio); la misma que impuso la actual Constitucin a tra- vs de la dictadura de Pinochet. Mxime, cuando se le niega a la mayora incluso el derecho de apelar al pueblo si la mi- nora se opone! As, por ejemplo, si la centroizquierda aprueba una disposicin con el 65% de los miembros de la Asam- blea, y la derecha se opone a ella, la mayora no podr apelar siquiera a quien tiene la soberana, esto es, al pueblo! Realmente, es difcil imaginar una disposicin ms contraria a los principios democrticos

Agrava todo lo anterior, el hecho que la Reforma Constitucional estipula tambin el qurum de 2/3 para las normas de procedimiento con que va a funcionar la Asamblea. O sea, sta estar completamente limitada en su funcionamiento por lo que decida el actual Congreso, entidad que, adems, de acuerdo a moros y cristianos, se encuentra enormemen- te desprestigiada; y contra la cual se pronunci tambin el estallido social y la movilizacin popular producidas en octu- bre pasado! Si algo caracteriza las Asambleas Constituyentes es su plena autonoma respecto de las instituciones de las constituciones previas; es decir, respecto de los poderes anteriormente constituidos.

Para justificar las aberraciones antidemocrticas anteriores se han inventado diversas falacias efectistas. Quizs la prin- cipal ha sido que el qurum de los 2/3 corre para todos, es decir, que favorece igualmente a la izquierda (o centroiz- quierda) y a la derecha. Que ambos tendrn el mismo poder de veto. Sin embargo, aquella apreciacin desconoce burdamente un hecho crucial: Que la actual Constitucin y el actual modelo de sociedad fue impuesto a sangre y fuego por una dictadura de extrema derecha; por lo que la hoja en que se redacte la nueva Constitucin estar en blanco, pero el pas no lo estar en absoluto. Es ms, como lo han dicho atinadamente diversos periodistas e intelectuales, el modelo chileno actual es tan extremadamente de derecha neoliberal que se puede catalogar perfectamente a nuestro pas co- mo la Corea del Norte del capitalismo.

De todo lo anterior se infiere que el significado poltico de tener seguros ambos tercios ser completamente diferente para la izquierda (o centroizquierda) y para la derecha. Con su tercio, esta ltima tendr asegurada la mantencin del modelo que ella mismo impuso. Sin embargo, con su tercio la centroizquierda no tendr posibilidad alguna de modificar- lo. Y tampoco le servira a ella usar radicalmente su veto de manera de impedir toda Constitucin. Porque en ese muy improbable caso (dado que los gobiernos de la centroizquierda chilena posteriores a los 90; en lugar de tratar de susti- tuir el modelo heredado de Pinochet, en la prctica lo legitimaron, consolidaron y perfeccionaron), se terminara preser- vando la actual Constitucin que, por lo dems, no nos olvidemos que est firmada por Lagos y todos sus ministros de 2005. Un pas no se puede quedar sin Constitucin!...

Otra importante falacia que se ha usado por parte de personeros de centroizquierda para justificar el qurum de los 2/3 es que si la derecha no accede a cambios en ciertos apartados de la Constitucin, la centroizquierda aplicando su veto- impedira cualquier otro texto, con lo que dicha materia quedara posteriormente librada a una mayora simple en el Congreso. Ello no es efectivo. Primero, porque hay materias que no pueden ser materias de simples leyes, como la estipulacin de los derechos y garantas fundamentales de las personas; la conformacin y atribuciones de los pode-res pblicos; y las normas sobre reformas de la nueva Constitucin. Y, adems porque, tratndose de aspectos deriva- dos de la Constitucin, lo que hoy rige son leyes orgnicas constitucionales (que mientras no se modifiquen taxativa- mente seguirn vigentes) cuyo qurum modificatorio no es de mayora simple ni cualificada, sino de 4/7.

Otra falacia adicional que se ha utilizado es el argumento de que una Constitucin debe ser dada su importancia para la vida del pas- lo ms consensual posible y que no debe ser usada por una mayora de poco ms de 50% para aplastar a la otra mitad de la poblacin. En primer lugar, lo que hay que decir a este respecto es que si no existe una autntica vo- luntad democrtica (que incluye, adems de la regla de que las decisiones se adoptan por mayora, la de que no se pue- den violar los derechos fundamentales de las minoras), dicho sistema no funcionar, cualesquiera sean los qurums que se establezcan. Pero adems, quienes realmente aplastan la voluntad del pueblo han sido y sern siempre las dictadu- ras. Y bien lo sabemos los chilenos con nuestra experiencia de 17 aos! Por otro lado, mientras ms precaria e inestable sea una mayora, ms fcil le ser a la minora convertirse en mayora y proceder, a su vez, a modificar la Constitucin y las leyes. Y si bien es deseable que, junto con funcionar la regla de la mayora, las normas no se estn cambiando perma- nentemente y que sean lo ms consensuales posibles; repugna abiertamente al espritu y a las instituciones democrti- cas que, so pretexto de ello, se imponga la voluntad de las minoras por sobre las mayoras, como ocurrir en el caso de nuestra Asamblea Constituyente, con el qurum aprobado de 2/3.

Otra falacia que se ha utilizado por parte de idelogos centroizquierdistas, es el referido a precedentes exitosos de otros pases que habran tenido qurums de esta naturaleza en sus Asambleas Constituyentes. Se han mencionado los casos de Sudfrica y de Bolivia. En primer lugar, ya buscar igualar a Chile con Sudfrica es demasiado. Es cierto que nuestro pas lejos de los mitos con que se nos ha infatuado desde pequeos- ha sido siempre profundamente autorita- rio, clasista y racista; pero de ah a tomar en cualquier sentido como modelo al pas del apartheid (el cual si bien lo elimin legalmente, contina fcticamente expresado en una todava gigantesca desigualdad entre blancos y negros) es irse al extremo opuesto. Pero, lo ms notable, es que nuestros idelogos omiten decir que si bien la Asamblea Constituyente en dicho pas estipul en principio el qurum de 2/3, estableci tambin plebiscitos dirimentes para las materias aprobadas que no lograsen los dos tercios! (Ver Hctor Testa Ferreira.- El proceso constituyente en Sudfrica. Los dos tercios y el referendo dirimente. Lecciones para la experiencia chilena; en De Frente, 11-12-2019) Es decir, no estableci el veto de los blancos, como se est haciendo aqu con el veto de la derecha!...

En Bolivia la derecha efectivamente logr imponer el qurum de 2/3, pero con un resultado desastroso para el proceso. Primero, porque establecida en agosto de 2006, la Asamblea demor un ao en consensuar un artculo! Posteriormen- te, la mayora de la Asamblea que tena el MAS (Movimiento al Socialismo) se cans del proceso y aprob por mayora absoluta un texto, en diciembre de 2007; completamente al margen de la minora. Esta no reconoci el texto y comenza- ron graves conflictos polticos y regionales, con huelgas de hambre, enfrentamientos violentos, saqueos, muertos y heri- dos. Finalmente, hubo una negociacin al margen de la Asamblea que termin con un texto que fue plebiscitado y que termin siendo promulgado en febrero de 2009! (Ver Emily Avendao.- El catico proceso de la Asamblea Constitu- yente en Bolivia; en El Libero, 7-11-2019). Por mucho que la disposicin hacia la derecha de la ex Concertacin sea la o- puesta a la del MAS, nada garantiza que la base de sustentacin del llamado a la Asamblea Constituyente en Chile, que gener el estallido social y los movimientos de protesta, no origine tambin por su previsible frustracin- un escenario fuertemente conflictivo.

En nada cambiar este escenario ominoso la positiva aprobacin de cuotas o de normas que potencien la eleccin de asamblestas mujeres, de independientes y de pueblos originarios. Es obvio que la derecha podr elegir proporcional- mente tambin a mujeres, independientes y asamblestas de pueblos originarios; con lo que su virtual derecho a veto continuar inclume. Incluso, tanto la derecha como la ex Concertacin han logrado por el momento que el debate sea completamente acaparado por estas materias, terminando todo debate en TV, diarios y radios respecto del decisivo qurum de los dos tercios!...

Surge naturalmente la pregunta de por qu la ex Concertacin ha aceptado tan alegremente el virtual veto de la dere-cha, cuando por mucho que hoy no se hable del tema- ello evidentemente va a ensombrecer profundamente el carc- ter democrtico de la nueva Constitucin y provocar muy probablemente la reactivacin del conflicto social. En defini- tiva, por qu est aceptando sin mayor cuestin -e incluso con entusiasmo!- el tener mucho menos poder en la futura Asamblea Constituyente, que si no existiese el veto? La respuesta es la misma que nos permite entender el por qu la Concertacin acept tambin, sin chistar, el acuerdo de Reforma Constitucional de 1989, por el cual le regal a la futura oposicin de derecha la mayora parlamentaria (al elevarse los qurums para la aprobacin de las leyes, sin eliminar los senadores designados): El que tanto en 1989 como hoy, el no tener mayora le permiti -y le permitir- achacarle a la derecha el no haber logrado los cambios que tericamente promueve en su discurso, pero en los cuales ya hace mucho tiempo que no cree, como lo reconoci hace tambin mucho tiempo (1997) el considerado arquitecto de la transicin, Edgardo Boeninger, al sealar que, a fines de los 80, el liderazgo de la Concertacin lleg a una convergencia con el pensamiento econmico de la derecha; convergencia que polticamente el conglomerado opositor no estaba en condi- ciones de reconocer (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Edit. Andrs Bello, Santiago; p. 369). Agre- g Boeninger que la incorporacin de concepciones econmicas ms liberales a las propuestas de la Concertacin se vio facilitada por la naturaleza del proceso poltico en ese perodo, de carcter notoriamente cupular, limitado a ncleos pequeos de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y sim- patizantes (Ibid.; pp. 369-70).

El punto es que ahora el liderazgo de la ex Concertacin ya no podr engaar con la misma facilidad a la sociedad chile- na en general, y a sus bases en particular. En ese tiempo, dicho liderazgo se encarg a travs de diversas polticas activas (discriminacin del avisaje estatal; bloqueo de fondos externos; cierre o privatizacin de medios; generacin de leyes neutralizadoras) de destruir o neutralizar todos los medios escritos o televisivos que habran podido develar su derechi- zacin y consiguiente regalo de la mayora parlamentaria. De este modo, durante los 90 desaparecieron La Epoca, Fortn Mapocho, Anlisis, Apsi y Hoy, entre otros; se privatiz el Canal de la Universidad de Chile y se aprob una ley que hizo de TVN un canal vetado en sus contenidos por la derecha pinochetista. Adems, no existan en ese tiempo ni Internet, ni medios digitales, ni las redes sociales!

A tal grado logr su cometido dicho liderazgo que hasta el da de hoy casi nadie en Chile sabe que aquel le regal ins- litamente (de seguro, ninguna otra coalicin poltica en la historia de la humanidad ha preferido ser minora, a ser ma- yora) a la inminente oposicin de derecha, en 1989, su futura mayora parlamentaria. Pero ahora la sociedad chilena no solo podr calibrar los resultados de la cesin a la derecha del poder de veto de los contenidos de la prxima Consti- tucin; sino tambin podr finalmente comprender como desde 1989 viene el liderazgo de la centroizquierda regaln- dole poder a la derecha, con el fin de evitar que se conozca su proceso concreto de derechizacin; el que permanente- mente, por cierto, lo ha pretendido encubrir con un discurso centroizquierdista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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