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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2020

Conmocin, miedo y tristeza entre los "refugiados" de los incendios en Australia

Agencias


Miles de australianos que tuvieron que dejar sus casas por los incendios se encuentran atrapados en campamentos improvisados en campos de golf o playas, convirtindose as en refugiados en su propio pas.

En campos de golf, terrenos de crquet o zonas de juego ?cualquier espacio donde haya pocos rboles?, los australianos se hacinan para resguardarse de estos violentos fuegos.

Es el caso del Catalina Country Club en Batemans Bay, en Nueva Gales del Sur, donde caravanas, autos todoterreno, 'pick-ups' y tiendas de campaa comparten el espacio.

El restaurante de este club de golf se ha convertido en un centro de evacuacin.

En lugar de unos golfistas que se toman una cerveza al final de una plcida jornada de verano, este espacio acoge ahora a un grupo de mujeres mayores que juegan a las cartas y beben t.

Pilas de comida, ropa y agua, procedentes de donaciones, se acumulan en los rincones.

Algunos de los recin llegados comentan irnicos que son como refugiados.

Pero en un pas que est acostumbrado a los incendios forestales y que dice orgulloso que resiste a las condiciones extremas, estas ltimas semanas han sido brutales.

Los gigantescos fuegos han oscurecido el cielo y ciudades enteras se han visto recubiertas por capas de asfixiante humo. Las espesas nubes incluso han alcanzado a zonas de las vecinas Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Las imgenes de familias metindose en el mar para ponerse a salvo causaron conmocin.

Para muchos, el futuro es incierto. No saben si sus casas siguen en pie, cundo podrn regresar y, sobre todo, cundo se acabar esta hecatombe, con todo lo que queda de verano.

Narelle Coady, de 54 aos, se refugi en la playa de Batemans Bay el sbado, cuando su casa se vio amenazada por las llamas por segunda vez en cinco das.

"Aguantamos el martes pero daba mucho miedo", explica a la AFP.

"Estaba muy mal, no se poda respirar. No haba oxgeno. Fue horrible", cuenta esta mujer. "Fue la primera y la ltima vez".

La propietaria de un motel en Batemans Bay, Justine Donald, de 40 aos, decidi dejar su casa en Nochevieja. Aquello pareca "el final del mundo", recuerda.

"La ciudad qued a oscuras", dice. "Todo estaba negro, naranja y [el aire era] tan denso que no se poda respirar. Pensabas que ibas a ahogarte".

"Tuve tanto miedo por mi vida que ahora ni pienso en las pertenencias".

"Es aterrador", dice, entre lgrimas. "Lo ms importante para m es estar viva y que todos estemos a salvo".

"Si esto vuelve a pasar, voy a necesitar un buena botella de vino y me quedar dentro con toallas bajo de las puertas porque no voy a salir ah fuera otra vez".

Mick Cummins, de 57 aos, tambin dej su casa en Nochevieja, cuando los incendios devoraban la costa este.

"Un fuego infernal lleg de la colina", explica. "Estbamos ah sentados y veamos una explosin tras otra. El club de bolos ardi, las casas de la calle ardieron".

Recuerda que los incendios de 1994 fueron devastadores pero, comparados con los de este ao, fueron "solo una barbacoa", dice.

"Nos quedaremos aqu hasta que podamos volver a casa", seala su mujer Ulla. "Estn diciendo que probablemente no tendremos electricidad hasta la prxima semana. Y sin electricidad, no tenemos telfono. Estamos atrapados".

El sbado, las autoridades advirtieron que en Sdney, la mayor ciudad del pas, podra haber problemas en el suministro de electricidad, y pidieron a los habitantes reducir el consumo elctrico.



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