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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2020

Entrevista a Alberto Acosta
El Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza tutela la salud de la Tierra

La Gazzetla del Mezzogiorno

La batalla por el planeta. De la Amazona al Trans Adriatic Pipeline-TAP


Usted estar en Lecce el 22 de noviembre para un da de estudio organizado por la Universidad de Salento [3] , como miembro del Tribunal Internacional para los Derechos de la Naturaleza? Puede ilustrarnos brevemente el objetivo de este Tribunal?

El Tribunal se estableci en el ao 2014 con el fin de promover una coexistencia armnica entre los seres humanos y el resto de los seres de la naturaleza. Su objetivo es investigar y dictaminar casos sobre violaciones a los derechos de la naturaleza, ocasionadas por organizaciones internacionales, Estados, empresas, comunidades o individuos. Es importante relievar que esta idea -que va cobrando creciente fuerza a nivel mundial- comenz a germinar despus de la declaracin de los Derechos Humanos en la Constitucin de Ecuador, en 2008, y recibi un gran impulso como consecuencia de la gran movilizacin que provoc la cumbre de Tiquipaya, en Bolivia, en el 2010, que concluy con la Declaracin Universal de los Derechos de la Madre Tierra .

En vista de la ausencia de una instancia de este tipo en el entramado jurdico internacional, el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza surgi desde la sociedad civil, con representantes de todos los continentes y est conformado por jueces y juezas de reconocida autoridad tica y compromiso con la Madre Tierra, nombrados por defensoras y defensores de la Naturaleza de diferentes partes del mundo.

Este Tribunal no forma parte de ninguna instancia internacional (como podra ser Naciones Unidas), ni es un componente de algn acuerdo entre varios Estados. Esto, que parece una grave limitacin, es su mayor fortaleza. Como anotó Bertrand Russell en Londres, el domingo 13 de noviembre de 1966, en la primera reunión preparatoria para establecer un tribunal internacional que sancione los crímenes de guerra (que luego llevaría su nombre), al no tener dependencia alguna, las decisiones de estos tribunales éticos y hasta sus miembros son libres pues no están atados a compromisos con poder alguno, ni político, ni económico; eso es lo que sucede con el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. En igual sentido se pronunció Jean-Paul Sartre, en Estocolmo, también un domingo 7 de mayo de 1967, al inaugurar como presidente el primer tribunal Russell, conocido también como Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra. La agresión imperialista norteamericana en Vietnam o luego los crímenes de las dictaduras en Chile y Brasil fueron temas que abordó en su tiempo el Tribunal Russell; que inspiró posteriormente la creación del reconocido Tribunal Permanente de los Pueblos; Tribunal con el que se est ya coordinando acciones conjuntas.

Por tanto, el poder de este tipo de tribunales está, por un lado, en su independencia, pero por otro, en la calidad de sus jueces y juezas. Se trata, empleando palabras de Russel, de personas eminentes, no por su poder, sino en virtud de su contribución intelectual y moral a lo que se ha convenido en llamar, de un modo optimista, civilización humana. Actualizando estas li ́ neas del discurso inaugural de Sartre en 1967, concluyamos que en realidad los jueces en el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza están en todas partes: son los pueblos y la misma naturaleza.

Entre los prximos casos de catstrofe ambiental sobre los cuales se pronunciar el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, en la sesin de diciembre en Chile, tambin hay incendios en la Amazona. Cmo se llega a una sentencia de este Tribunal?

El Tribunal, como se estableci en sus estatuos de conformacin, conocer las amenazas o violaciones a los derechos de la naturaleza que emanen del Derecho de la Tierra y los derechos reconocidos en la Declaracin Universal por los Derechos de la Madre Tierra y dems instrumentos nacionales e internacionales que tengan por objeto reconocer y proteger los derechos de la naturaleza, como lo es la Constitucin de Ecuador del ao 2008.

El Tribunal respeta los principios del debido proceso. De oficio o a peticin de parte, el Tribunal podr conocer sobre amenazas o presuntas violaciones a los derechos de la naturaleza. Cuando conozca el caso, el Tribunal si hubiere mritos declarar admitido el caso y notificar a las partes involucradas para que presenten pruebas.

El Tribunal podr investigar para tener informacin suficiente para poder resolver. Para el efecto, el Tribunal podr receptar versiones, recibir pruebas tcnicas, hacer visitas in situ (como fue el caso del Territorio Indgena Parque Nacional Isiboro Scure - TIPNIS en Bolivia) [4] , recibir documentacin en cualquier formato, pedir informacin a las autoridades competentes de los Estados o empresas, convocar a audiencias especiales, y utilizar los dems medios que estuvieren a su alcance.

El Tribunal realizar audiencias pblicas de pruebas o de resolucin, en las que escuchar a todas las personas interesadas y formular las preguntas que creyere necesarias. El Tribunal trasladar a los demandados las acusaciones, evidencias y cargos que se le imputan para que en un plazo de 30 das ejerzan su derecho de rplica y defensa.

Cuando considere que hay amenaza o violacin a los derechos de la naturaleza, el Tribunal dictar sentencia [5] , en la que declarar la violacin de derechos, establecer responsabilidades y sugerir medidas de restauracin/recomposicin integral a la naturaleza y reparacin a las comunidades afectadas. Las sentencias sern publicadas y difundidas internacionalmente.

El Tribunal dispondr medidas cautelares contra todo acto u omisin de autoridades pblicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace los derechos humanos y la integridad fsica y de las defensoras y los defensores de la naturaleza en cualquier pas.

El Tribunal podr hacer audiencias de seguimiento. Y cuando la sentencia se haya cumplida, el Tribunal archivar el caso.

Siguiendo este procedimiendo se han procesado varios casos y as se proceder en Santiago de Chile [6] en donde se recibir las denuncias por los incendios en la Amazona y la Chiquitania, a las de casos propios de ese pas austral, en donde sobre todo hay evidentes violaciones al agua como un derecho humano fundamental y en tanto elemento vital de la naturaleza .

A este respecto, tambin se debatirn dos estudios de caso durante la conferencia en Lecce: sobre el movimiento de Salento contra el gasoducto TAP y el conflicto ambiental en el tren de alta velocidad TAV. Pueden los conflictos italianos ambientales italianos estar sujetos a la decisin de este Tribunal Internacional?

Por supuesto que si. No hay retricciones para receptar denuncias de cualquier parte del planeta.

El Tribunal comenz a sesionar, el 17 de enero del 2014 en Quito, Ecuador, presidido por Vandana Shiva, destacada fsica y ecofeminista de la India. El 5 de diciembre del mismo ao, el Tribunal se reuni en pleno, por segunda vez, en la ciudad de Lima, Per, presidida por Alberto Acosta. El 4 de noviembre del ao 2015, en Paris, el abogado sudafricano Cormac Culinan presidi la tercera sesin del Tribunal. En Bonn, Alemania, el 7 de Noviembre del ao 2017, se instal por cuarta vez el Tribunal teniendo a la cabeza al indgena norteamericano Tom Goldtooth. En ese lapso se han realizado adicionalmente varias sesiones nacionales en Ecuador, Australia y Estados Unidos. Y habr una nueva sesin del Tribunal en diciembre del presente ao en Santiago de Chile.

La lista de denuncias recibidas y casos procesados, provenientes de todos los continentes, es cada ves ms grande. Y sin duda alguna resulta cada vez ms difcil atender esa creciente demanda con los recursos disponibles.

Para tener una idea de los casos abordados, no todos aceptados y tampoco con sentencia, se puede recordar, entre otros, los siguientes: los casos petroleros Chevron-Texaco y Yasun-ITT, as como el proyecto minero Cndor Mirador en Ecuador; el derrame petrolero de la BP y el fracking en los Estados Unidos; el yacimiento minero Conga Cajamarca en Per; la destruccin del Gran Arrecife de Corral en Australia; la destruccin de las fuentes de agua en Almeria, Espaa; la represa de Belo Monte en Brasil; la mina de lignito en Hambach, Alemania; el caso del TIPNIS en Bolivia; la mina Montagne dOr en la Guyana Francesa; tambin hay temas que se repiten o que tienen repercusin global como la persecusin de defensores y las defonsoras de la naturaleza en diversos pases; los transgnicos, el cambio climtico y las falsa soluciones, acuerdos de libre comercio e impactos ambientales, como la financiarizacin de la naturaleza y REDD.

Tambin se encontrar con muchos movimientos de justicia ambiental y social presentes en Salento y discutir con ellos el fenmeno de la "criminalizacin" de los movimientos. Por qu los movimientos de defensa de la naturaleza son criminalizados por las instituciones?

Es imposible abordar la defensa de los derechos de la naturaleza separada de la defensa de los derechos de sus defensores y defensoras. Como se ha podido constatar en todo el planeta, las dificultades que estn atravesando las personas, organizaciones y pueblos que defienden los derechos de la naturaleza crecen aceleradamente. Son reiterados los casos de criminalizacin, de cooptacin y divisin de organizaciones. Los asesinatos y desapariciones estn a la orden del da, e incluso la prohibicin para asociarse con otras personas con el fin de proteger la naturaleza. Ante la incapacidad de los estados o debido a su complicidad, las defensoras y los defensores de los derechos humanos y de la naturaleza -individuos y comunidades- ejerecen cada vez ms su derecho a proteger la vida.

Pero hay que dar un paso ms. El desafo transformador de reconocer los Derechos de la naturaleza pasa de un mero enfoque antropocntrico a uno socio-biocntrico que reconozca la indivisibilidad e interdependencia de todas las formas de vida y que, adems, mantenga la fuerza de las obligaciones y normas propias de los Derechos Humanos.

El fin es fortalecer y ampliar el rgimen de los Derechos Humanos, complementndolos y profundizndolos con nuevas generaciones de derechos de este tipo de derechos, en este caso los derechos ambientales, como parte de la permanente emancipacin de los pueblos. El disfrute de los Derechos Humanos no puede separarse de un medio ambiente sano. La degradacin ambiental induce a graves violaciones de los Derechos Humanos, del derecho a la salud, comida, agua, vivienda, trabajo. Por ejemplo, la expansin de la frontera extractivista minera o petrolera, as como la construccin de infraestructuras vinculadas a esas actividades, como puede ser un oleoducto, atropella a personas y comunidades que defienden la tierra y el medio ambiente, afectando cuerpos, subjetividades y territorios. Los ms afectados, ya lo dijimos son los guardianes y las guardianas de la Madre Tierra, sobre todo los pueblos indgenas que viven en una interdependencia armnica con la naturaleza y reconocen en su vida el valor intrnseco de la Madre Tierra.

Una importante opinin de la Corte Interamericana de Derechos Humanos confirma explcitamente la relacin intrnseca entre el disfrute de los Derechos de Humanos y un medio ambiente sano y va ms all al especificar que el derecho a un medio ambiente sano como derecho autnomo, a diferencia de otros derechos, protege componentes del medio ambiente, como bosques, ros, mares y otros, como intereses legales en s mismos, incluso en la falta de certeza o evidencia sobre el riesgo para las personas individuales. Se trata de proteger la naturaleza y el medio ambiente no solo por su conexin con una utilidad para el ser humano o por los efectos que su degradacin podra causar sobre los derechos de otras personas, como la salud, la vida o la integridad personal, sino por su importancia para los otros organismos vivos con quienes se comparte el planeta, que tambin merecen proteccin en s mismo.

Esto demanda fortalecer el principio de responsabilidad de los seres humanos para preservar los ciclos naturales de la naturaleza y reconocer su relevancia. Es ya en si mismo un paso fundamental.

Pero hay que ir ms all.

Debemos entender y aceptar, en la prctica, que los seres humanos somos naturaleza. No podemos seguir explotndola y destruyndola. La naturaleza pueda existir sin seres humanos, pero nosotros no podemos vivir sin nuestra Madre Tierra. Al respecto es clara la Encclica Laudato Si: Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo est constituido por los elementos del planeta Y va ms all el Papa Francisco, cuando afirma que estamos incluidos en la naturaleza, somos parte de ella y estamos interpenetrados.

Y ese es el punto fundamental: a los derechos de la naturaleza se los considera como derechos ecolgicos, a diferencia de los derechos ambientales, que surgen desde los Derechos Humanos. Estos derechos ecolgicos buscan proteger ciclos vitales y procesos evolutivos, no slo las especies amenazadas o las reas naturales. Se fijan en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. La justicia ecolgica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como conjuntos, como redes de vida. Ms all de indemnizar a los humanos por el dao ambiental, con los derechos de la naturaleza se busca restaurar los ecosistemas afectados.

En sntesis, los derechos de la naturaleza no se oponen para nada a los derechos humanos. Es ms, sin duda que ambos grupos de derechos se complementan y potencian. En realidad, se deben aplicar simultneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecolgica para la naturaleza; son justicias estructural y estratgicamente vinculadas.

Pronto llegar el da para construir una declaracin conjunta de derechos para la humanidad y la naturaleza, en tanto ambos son derechos para la vida. Hoy, a pesar de todos los problemas existentes y de los enormes retos pendientes, bien podemos confirmar que el trnsito de la naturaleza objeto a la naturaleza sujeto ya est en marcha.

A la luz de su experiencia como economista y ministro de energa, cules son las mejores opciones de energa para salvar nuestro planeta?

Este es uno de los temas ms importantes que tenemos que abordar para impedir que el colapso climtico en marcha termine por hacer invivible el planeta para los seres humanos. La Humanidad necesita construir otra matriz energtica. No puede seguir consumiendo combustibles fsiles y carbonizando la atmsfera. Y debe reflexionar cmo la energa marca no solo la estructura productiva y los patrones de consumo, las ciudades y el transporte, sino de forma indudable las instituciones sociales y polticas.

Este reto demanda la conjuncin entre la escala estatal con los mbitos locales y regionales, sin descuidar el internacional.

Como punto de partida habra que realizar un inventario del sector. Y, simultneamente, habra que replantearse los objetivos del mismo. Luego hay que analizar cul es la estructura de oferta del sector energtico, conociendo sus potencialidades en fuentes energticas renovables y no renovables. El consumo tambin merece un anlisis detenido, pues no se podr mantener como meta la satisfaccin permanente de crecientes demandas de energa, as como aquellos hbitos de consumo energtico dispendiosos e insostenibles socio-ambientalmente.

Si bien los mrgenes de maniobra al inicio son limitados, es mucho lo que se puede hacer con algunos ajustes estratgicos, por ejemplo en el campo de los precios de la energa orientndolos a potenciar la diversificacin del abastecimiento y la calidad de la demanda teniendo siempre en mente la justicia social y la justicia ecolgica. Aqu, entonces, urge dar una respuesta sensata a sistemas de subsidios inconsultos en trminos econmicos e inclusive sociales.

Un punto ms complejo radica en desmontar la concentracin de los procesos de transformacin de energa en pocas unidades y tecnologas complejas, que restringen la capacidad de respuesta y vuelven muy vulnerable al sistema energtico. En este caso la tarea exige respuestas desde lo comunitario y lo local; la experiencia de la Energiewende alemana (transformacin energtica) -al menos en sus orgenes- es muy enriquecedora.

El marco legal y normativo de soporte del sistema energtico tambin debe ser motivo de una especial revisin, puesto que, con frecuencia, presenta serios vacos y desajustes en relacin con la estructura institucional. Las instituciones que norman, controlan y regulan el sector no han logrado adaptarse plenamente al funcionamiento y operacin del resto de agentes y actores del sector energtico.

El reto principal para el abastecimiento de energa es hacer posible el establecimiento de esquemas comunitarios y locales, que se sustenten en una mayor participacin de la sociedad. Excluir o al menos minimizar el patrn actual dominante en el que la produccin de energa queda centralizada es el reto. No se puede alentar ms prcticas autoritarias y represivas propias de estos sistemas centralistas. Se requiere, por tanto, apuntar a la autosuficiencia energtica: la mejor garanta para desde las mismas comunidades construir la soberana energtica.

Esto se alcanzar con UN PROCESO PLURAL DE TRANSICIN que significar ir disminuyendo sistemticamente el aporte de los combustibles fsiles aprovechando las reservas de energas renovables: hdrica, solar, geotermia, elica, mareomotriz. Al igual, se necesita una vigorosa infraestructura descentralizada y de pequea escala -que utilice sobre todo la energa solar-, en la que las comunidades rurales y urbanas (los barrios) estn convocadas a formar parte. La mayor cantidad de energa debe ser utilizada en el punto de generacin para ahorrar la energa perdida a travs del transporte de larga distancia de electricidad y las emisiones de carbono asociadas. Y sobre todo para asegurar el control de la sociedad sobre el sistema energtico.

La descentralizacin generalizada de la energa, en todos sus mbitos, es una condicin necesaria para democratizar los sistemas de acceso y distribucin atravesados actualmente por una serie de deformaciones estructurales. Entonces, todo intento por construir una alternativa energtica a largo plazo obliga a una visin integral e integradora de la estructura y de la dinmica de la sociedad, de la economa y de sus interdependencias con el sistema energtico. Este sector no solo que genera o fortalece encadenamientos con otros sectores productivos, sino que a la postre puede ser un determinante de la estructura de una sociedad y de su democracia misma.

En resumen, el sistema energtico -en clave postextractivista en el Sur y decrecentista sobre todo en el Norte- requiere una creciente descentralizacin y regionalizacin de la generacin, transporte y consumo de la energa; demanda por igual repensar ntegramente las ciudades en tanto espacio de creciente insustentabilidad ambiental e inclusive social, impulsando el mayor control comunitario posible del sistema energtico. Este nuevo patrn es coherente con la necesidad de considerar la energa antes de todo como un derecho, y no simplemente como una mercanca. Se desprende la necesidad de desarrollar una visin diferente del abastecimiento y consumo de energa.

Este proceso queda, como ya lo hemos dicho, ntimamente relacionado a la necesidad de transformar los patrones de consumo. De la misma manera, habr que redoblar esfuerzos para fomentar el uso racional y eficiente de la energa, tanto como el desarrollo de tecnologas conviviales. La legislacin tendr que promover el ahorro de energa y la reduccin sustantiva de las emisiones de carbono. En muchas ocasiones, por la falta de inversiones oportunas en el mantenimiento y renovacin de los equipos se ha acelerado el proceso de obsolescencia de los complejos tecnolgicos existentes que pueden estar operando con niveles precarios de eficiencia.

Cabe reconocer, entonces, que los desafos para reorientar el sistema energtico son enormes.

En definitiva, es indispensable tener una visin integral, que englobe las distintas fuentes energticas existentes integrndolas activamente a las demandas del aparato productivo que, a su vez, deber orientarse por la disponibilidad de los energticos domsticos, crecientemente de los renovables. Y todo esto, oferta y demanda en lnea con las exigencias de una nueva economa subordinada a las necesidades de sociedades que han entendido que son parte de la naturaleza.

Qu compromiso podemos tomar para impresionar un cambio de rumbo a travs de nuestras acciones diarias para un mundo mejor?

El complejo entramado de la vida en la actualidad puede y debe asumirse desde los barrios en las ciudades y pueblos, tanto como desde las comunidades en el campo. [7] De hecho ya hay muchas acciones en marcha en las ciudades para organizar vivienda y transporte, suministrar energa elctrica y servicios pblicos, recuperar escuelas y espacios comunales, consolidar finanzas cooperativas, impulsar huertos urbanos para alcanzar crecientes niveles de autoabastecimiento alimentario y establecer mbitos de recreacin, tiendas y negocios particulares y comunales; negocios comunitarios para reciclar y reparar, en donde principios del bienestar colectivo reemplacen a la bsqueda del lucro individual; son algunas de las muchas acciones posibles. Todo esto demanda ampliar la ayuda mutua como base de otra economa.

Incluso cuestiones de seguridad se resolvern en tanto que la comunidad recupere directamente el control de los espacios pblicos -el crimen organizado o no, tambin echa races en estos espacios-; la militarizacin de los espacios pblicos no ser nunca una solucin, sino todo lo contrario: es ms, cada vez es ms necesario dar paso a procesos de desmilitarizacin de las sociedades. Y es indudable que el Estado centrismo no tiene futuro alguno, menos an el mercado centrismo.

Este empeo ser an fcil construyendo y controlando bienes y espacios comunes: como se hace en todo el mundo ms all del mercado y el Estado. Gestin que demanda territorios emancipados y emancipadores que llenen a los barrios -y a las comunidades rurales- de vecindad, vida intensa, autosuficiencia y democracia; entre muchas opciones a destacar. Son necesarias las acciones de artistas urbanos que plasmen de alegra -no confundir con la happycracia neoliberal- y mucha rebelda las calles, las plazas y las mismas paredes de las ciudades para corroer esas bases conservadoras que caracterizan a las sociedades coloniales, patriarcales , clericales, neoliberales... Los barrios y las comunidades rurales deben revertir sus imaginarios negativos y tristes, deben abandonar su gris del cemento, dejar de ser lugares de paso o simples dormitorios; el color y la vida plena debe realizarse all.

La libre asociacin, sobre bases de una radical y horizontal democracia comunitaria, ser el motor que garantice la libertad individual a ser alcanzada en comunidad. Esta es una tarea que demanda claridad, creatividad y constancia: la (re)construccin de tejidos comunitarios; en realidad lo que se precisa es potenciar el ingenio social para potenciar democrticamente la sociedad autnoma.

En muchas ciudades existen girones de comunidad, que en parte provienen de la migracin desde los mundos rurales y en parte de otras formas de organizacin de la vida. No olvidemos que lo indgena, afro y popular est tambin atravesado por la promesa de la modernidad: individualismo, consumismo, productivismo.

Las opciones concretas estn presentes en muchas partes. Estn en juego la planificacin y uso del suelo, el territorio y el hbitat urbano; el espacio para viabilizar los encuentros y convivencias, no solo los flujos comerciales; los consumos y modos de produccin y de vida urbanos; otras economas y otras lgicas de mercado (conviviendo todava con el mundo capitalista); la recuperacin de los espacios pblicos: plazas y calles (cuyo contenido comn ha sido vampirizado por polticas urbanistas destinadas muchas veces a embellecer las ciudades vacindolas de habitantes); la pluralidad y diversidad en ejercicios de creciente democratizacin. Todo esto demanda destruir los muros visibles e invisibles que jerarquizan y dividen las ciudades y sus sociedades, tanto como construir puentes entre las luchas urbanas y las rurales, entre quienes resisten al extractivismo clsico y quienes lo hacen al extractivismo urbano, que en definitiva son tambin puentes entre quienes impulsan visiones postextractivistas vinculndolas con opciones de postcrecimiento para superar el laberinto capitalista.

En muchas regiones hay procesos que consolidan procesos de una democracia vivida con la que se puede lograr la sustentabilidad, incluso en trminos ambientales. Todos estos son ejercicios de creacin comunitaria trascendente y prctica; son esfuerzos que por s solos no cambian el mundo, pero ayudan a pensar cmo hacerlo (lo cual en lo personal siempre me motiva) y cuyo potencial ser cada vez mayor en tanto que se entretejan redes de resistencia y construccin de alternativas entre barios dentro de las ciudades y fuera de ellas, entre las ciudades, entre el campo y las urbes.

Esto no implica transformar a los barrios -y a las comunidades rurales- en una suerte de guetos marginados de las luchas en marcha, tanto a nivel nacional como internacional. Tampoco simplemente de asumir subsidiariamente tareas que les competen a los municipios. Al contrario. Desde abajo hay que pensar y cristalizar otros estados, otras sociedades, otras economas, otras instituciones, otros mundos, otras solidaridades. Consolidando bases materiales de autosuficiencia, interdependencia y autonoma genuinas habr incluso ms posibilidades para proponer y ejercitar alternativas transformadoras como las que podran venir, para citar apenas algunos ejemplos, de la introduccin de la renta bsica universal, de la reduccin de la jornada de trabajo productivo reclamando el derecho al ocio (que no es negocio), de la salud y la educacin gratuitas; sin perder de vista la redistribucin de la riqueza y de los ingresos va tributos a los patrimonios, a la plusvala, a las rentas desmedidas o incluso a travs de reformas agrarias y urbanas que afecten la excesiva concentracin de la riqueza y la propiedad. Acciones que demandan una clara estrategia de construccin de poderes contra-hegemnicos, en lnea con Antonio Gramsci.

En la mira debe estar la recomposicin de la cotidianidad revalorizando la convivencia en comunidad, la construccin y defensa de bienes comunes, la consolidacin de historias y conocimientos comunes, la autogestin de la produccin y la distribucin, las actividades destinadas a la reproduccin de la vida, la desprivatizacin y la recuperacin comunitaria (no estatizada) de los bienes y espacios pblicos, y la misma bsqueda de alternativas que ayuden a superar aquella perversa opcin que aflora al asumir que las necesidades son infinitas, que la acumulacin material debe ser permanente, que tener ms nos hace ms felices falacias tan difundidas y propias de la civilizacin que hoy nos domina. En definitiva, desde los barrios y las ciudades, se deben construir nuevos sentidos de vida que reemplacen a la fe del lucro sin fin.

Mientras ms fuerte sea el tejido social comunitario, mientras ms abiertas y solidarias sean las construcciones comunitarias, mientras ms intensa y activamente participemos en el proceso social, mientras ms alianzas sociales y polticas se consoliden, mientras ms influencia tenga la educacin y capacitacin, as como la atencin de salud comunitarias, mientras ms autosuficiencia material se logre, ms libertad y ms autonoma alcanzaremos. Para lograrlo habr que desarrollar las capacidades necesarias para abordar temas y retos nuevos, con creatividad, audacia y sin fijaciones que limiten las acciones comunitarias. Todo esto sin pedir permiso y sin descuidar los lmites y particularidades de las urbes del Norte y del Sur global (cuyas diferencias pueden requerir de propuestas distintas en cada caso).

Es la hora de las luchas y respuestas comunitarias. Si ponemos algo de atencin y -figurativamente hablando- hacemos silencio, podemos escuchar el futuro respirar. Las propuestas alternativas estn all. La construccin del PLURIVERSO, un mundo donde quepan todos los mundos, en donde la vida digna sea posible para todos los seres humanos y no humanos, ya est en marcha.

La vida es hoy. Y nadie mejor para revolucionarla que quienes la viven sin sofocar la vida de nadie, sea por la explotacin humana o de la naturaleza. Y esas personas justamente viven en los barrios y en las comunidades. Son esas personas las que deben tener una voz y ensearnos al resto desde la sabidura que han ganado desde su cotidianeidad, sin negar la sabidura de quienes nos precedieron.

Notas:

[3] Invito a leer el siguiente texto en donde se recoge la experiencia que vivi el autor al registrarse la presencia de la polica poltica en pleno acto acadmico: La violencia extractivista en clave italiana: Resistir es existir (2019), publicado en varios portales tanto en espaol como en italiano: https://ecuadortoday.media/2019/12/09/la-violencia-extractivista-en-clave-italiana-resistir-es-existir/ --- https://ilmanifesto.it/la-violenza-estrattivista-in-chiave-italiana/

[4] Alberto Acosta y Fatima Monasterio (2019) TIPNIS , Cuando las palabras superan a los hechos http://eju.tv/2019/05/tipnis-cuando-las-palabras-superan-a-los-hechos/

[5] Ver, por ejemplo, la sentencia del caso TIPNIS: https://therightsofnature.org/wp-content/uploads/2019/05/Sentencia-TIPNIS-Espanol-1.pdf , que fue ampliamente comentada y reseada en la prensa boliviana e internacional, a modo de ejemplo: Azarug Justel Arbelo: Un tribunal internacional condena al Gobierno de Bolivia por violacin de los derechos de la naturaleza en el TIPNIS (2019) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=256075&titular=un-tribunal-internacional-condena-al-gobierno-de-bolivia-por-violaci%F3n-de-los-derechos-de-la-

[6] Como estaba previsto, el Tribunal sesion en Santiago de Chile el da 5 de diciembre del 2019. El veredicto de dicha sesin est disponible en https://71990a11-3846-488a-aedd-5fdd320ceeac.filesusr.com/ugd/da0854_7a4ad1a41f11448ba046a89b5026199b.pdf?index=true

[7] Sobre el tema se puede consultar el artculo del lector: La ciudad, un espacio de emancipacin - La gran transformacin desde los barrios (2019) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=260093 

NOTA: Esta entrevista fue publicada en La Gazzetla del Mezzogiorno (18 de noviembre del 2019). Una ampliacin de las reflexiones de esta entrevista estn disponibles en otra entrevista: Alberto Acosta in Italia. DallAmerica Latina al Salento: La democrazia in modalit aereo (25 de noviembre del 2019)

Alberto Acosta eseconomista ecuatoriano. Profesor universitario. Presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi (2007-2008). Juez del Tribunal de Derechos de la Naturaleza.

Fuente: http://www.lecceprima.it/attualita/alberto-acosta-espinosa-no-tap-xylella-lecce-25-novembre-2019.html?fbclid=IwAR16GCCwXrsQ9R1PK9hDCjSwdPoi0XuggQZL2tWSZrbyW2kz_HG7vBIqi2g



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