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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2020

Del acoso a la violencia, camino para andar

Sara Ms
SEMlac


Todava queda mucho para que el acoso se visibilice, se perciba como expresin machista y se comprendan sus implicaciones para las mujeres, junto a otros desafos de la sociedad cubana frente a la violencia de gnero.

As lo reiteraron especialistas y activistas al cierre de 2019, durante el coloquio "Acoso sexual y control patriarcal: de los imaginarios sociales a las violencias de gnero", con el cual cerr la Jornada Cubana por la No Violencia hacia las mujeres y el primer ao de la campaa Evoluciona, cuyos mensajes se enfocan en el acoso y el control del cuerpo de las mujeres.

Aunque se necesitan normas especficas, espacios de denuncia, odos receptivos, acompaamiento, proteccin y reparacin a las vctimas, participantes en la cita insistieron en que hace falta tambin un cambio cultural frente a mitos, prcticas y creencias del imaginario social que sostienen a las diversas formas y expresiones de la violencia machista.

"El acoso, que va de lo verbal a lo conductual, atenta contra la dignidad de la mujer y le crea un ambiente inseguro y hostil", dijo Gabriel Coderch, director del Centro de Oscar Arnulfo Romero (OAR), institucin que organiz el encuentro junto a la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes).

El mensaje que han querido dar todas las organizaciones implicadas en la campaa Evoluciona es, justamente, que el acoso es una invasin innecesaria al espacio personal, agreg Coderch. "Ningn acoso es positivo para la vctima, que puede sentirse ofendida, desprotegida", precis.

Aunque la sociedad cubana avanza en muchos aspectos y hay voluntad poltica para atender el problema de la violencia de gnero, agreg Coderch, existen situaciones como el acoso y el control sobre los cuerpos, junto a paradigmas que fomentan el patriarcado y son pilares de los fundamentalismos.

El acoso sexual es una manifestacin de abuso que puede acontecer de forma reiterada o puntal, desde desconocidos o personas cercanas, y ocurre en la calle, en las instituciones, en cualquier escenario, incluido el virtual.

As lo precis la psicloga Mara Teresa Daz, de OAR, primera ponente de dos mesas de especialistas que abordaron ampliamente el tema, muy controversial en una sociedad donde an cuesta reconocer el acoso como expresin de violencia y se justifica el piropo desde la aceptacin y naturalizacin cultural.

"La diferencia entre acoso sexual y piropo no est en su contenido, si es halagador o grosero; sino en los niveles de consentimiento", aclar Daz desde su punto de vista.

En su opinin, tiene que ver con la capacidad de la mujer de decidir, detener o evitar un lance intrusivo que es generador de malestar, opresin y subordinacin. La experta se refiri al acoso sexual como una forma de violencia de gnero que constituye un continuum indivisible, cuyo fin es garantizar la subordinacin de las mujeres.

"Es un lance indeseado, impuesto, una intrusin no solicitada" y "est presente en los espacios familiares, sociales e institucionales donde actuamos, con actos de agresin y maltrato que precisamos visibilizar", alert.

La escuela es tambin un escenario donde ocurre el acoso y se han reportado algunas incidencias de ese tipo, aunque existen pocos estudios que permitan evaluar su magnitud, advirti Yohanka Rodney, profesora e investigadora de la Universidad Pedaggica Enrique Jos Varona, en la capital cubana.

La experta abog por mejorar los mecanismos de monitoreo, desarrollar indicadores que permitan diferenciar los tipos de violencia que se producen en las escuelas y fortalecer la formacin de profesionales del sector.

En el caso especfico del mbito laboral, el acoso goza de invisibilidad, pertenece a los llamados actos de soledad y apenas dispone de pruebas ni testigos, indic la jurista Liset Mailen Imbert, de OAR.

Sin embargo, en general, el acoso sexual es ms referido por mujeres, quienes suelen sentir mayor inseguridad y miedo a la violencia sexual que los hombres. El profesor de Derecho Lzaro Ramos Portal, quien ha investigado el tema desde la perspectiva socio-jurdica, dijo que esos temores ellas los viven lo mismo al abordar el transporte que al transitar por lugares de escaso alumbrado pblico, expuso como ejemplos.

"Todas las forma de violencia de gnero utilizan mecanismos de control patriarcal para dominar y someter", puntualiz a psicloga Mareeln Daz Tenorio, de OAR.

Como estrategias de control, la especialista mencion los actos violentos, la modulacin del tiempo en que se ejercen y el aislamiento, incomunicacin y desamparo psicolgico y econmico que generan.

Este control se ejerce mediante manipulacin mental y estrategias coercitivas, as como tcticas que provocan incapacidad para reaccionar, indic Daz Tenorio y alert que entre la poblacin joven persisten roles sexistas, baja percepcin de la desigualdad entre hombres y mujeres y normalizacin de conductas menos extremas de maltrato, sobre todo asociadas al control.

En tanto, la doctora Beatriz Torres, presidenta de Socumes, advirti que la violencia en las relaciones de pareja no surge de forma espontnea durante el matrimonio o la unin, sino que suele iniciarse con frecuencia durante el noviazgo y el vnculo con la familia.

Esa violencia se expresa mediante el control sobre el cuerpo, los planes, las ideas y necesidades, con un impacto en la salud de las mujeres, en especial en su sexualidad, agreg.

Tambin tienen un papel particular los medios de comunicacin, que se constituyen en uno de los mecanismos de reproduccin del patriarcado en el plano de la subjetividad, subray la periodista Dixie Edith Trinquete.

"La violencia simblica en los medios de comunicacin reproduce un discurso sexista, misgino, que descansa en prejuicios y estereotipos", coment la tambin profesora de la Facultad de Comunicacin de la Universidad de La Habana.

La violencia simblica est funcionando tambin en las comunidades de fe, donde se ataca a las lderes y muchas mujeres asumen como natural el regreso al espacio privado, sostuvo Midiam Lobaina, del Consejo de Iglesias de Cuba.

Las dinmicas del control de los cuerpos se aprecian igualmente, dijo, en el control del vestuario.

Es por ello que, adems de trabajar en prevencin directa de los actos violentos, la sociloga e investigadora Clotilde Proveyer Cervantes aboga por desmontar los fundamentos culturales y estructurales de la sociedad que sustentan esas violencias.

Proveyer Cervantes reiter el valor de trabajar de manera particular en la educacin de las nuevas generaciones, las ms desprovistas de las herramientas para producir el cambio y con menos percepcin de riesgo.

Fuente: http://redsemlac-cuba.net/violencia/del-acoso-a-la-violencia,-camino-para-andar.html



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