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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2020

Miseria de la teora: Bolivia y el golpe de Estado

Martn Mosquera
Intersecciones


En Bolivia, un gobierno reformista de base indgena y campesina, que pareci poner trmino en 2006 a la dominacin histrica de una minora racista blanca-mestiza, fue derrocado por un golpe de Estado contrarrevolucionario. La base social del golpe est arraigada en las viejas castas desplazadas y es hegemonizada por sectores proto-fascistas. Los golpistas festejaron quemando whipalas en las calles (bandera que representa a las nacionalidades originarias) y se jactaron de haber derrotado al comunismo. Los testimonios que siguieron al golpe son inquietantes: asesinatos, desapariciones, torturas, violaciones masivas (inclusive a nios y nias), persecuciones y quema de viviendas [1]. Una estremecedora demostracin de barbarie revanchista y racista. A diferencia de los golpes blandos o parlamentarios que hemos visto durante el ltimo periodo latinoamericano, en este caso asistimos ms bien a un golpe tradicional, dispuesto a institucionalizar mtodos de guerra civil para intentar quebrar la base de masas del anterior gobierno y la larga tradicin combativa e insurreccional del pueblo boliviano.

Uno poda esperar que un acontecimiento de estas caractersticas provocase el repudio unnime e internacional de todas las personas de sensibilidad democrtica o antifascista. Y en gran medida, este ha sido el caso. Sin embargo, algunos sectores progresistas latinoamericanos, especialmente intelectuales, se negaron a repudiar el golpe y respaldaron las movilizaciones opositoras al gobierno de Morales. Estos sectores han defendido la idea de que no estamos frente a un golpe de Estado sino ante una rebelin popular y democrtica contra el fraude perpetrado por un gobierno crecientemente autoritario. Se trata obviamente de un anlisis extravagante. Sin embargo, dado su inesperado alcance, es necesario analizar y discutir esas posiciones.

Autonomismo, o el liberalismo desde abajo, contra el Estado

Luis Tapia, exintegrante del grupo autonomista Comuna, del que proviene tambin el exvicepresidente Garcia Linera, fue una de las figuras destacadas que desarroll esas posiciones. Para Tapia, la renuncia de Evo Morales es el resultado de la articulacin de resistencia civil, motn policial y del primer informe de la OEA, que ratifica que hubo un fraude generalizado en todas las fases del proceso electoral, y enfatiza: de ninguna manera se trataba de un golpe de Estado en el pas, sino de una resistencia democrtica [2]. Yendo ms lejos, responsabiliza de la violencia al propio MAS: La primera fase de violencia desatada por el MAS llev a que la polica se vea rebasada en varios lugares y a que las turbas financiadas y movilizadas por el MAS siembren terror en la poblacin [3]. Explicando la hegemona derechista dentro del bloque opositor, Tapia adjudica la responsabilidad tambin al gobierno de Morales. Esta transicin escribe se est dando con base a las fuerzas que responden a la configuracin del sistema de partidos anterior, fuertemente marcada por el diseo que le imprimi el MAS, es decir, un control monoplico, la eliminacin o reduccin de la presencia de otras fuerzas de izquierda. Por tanto, lo que queda en el parlamento son las formas de recomposicin de la vieja derecha oriental y del centro y centro derecha occidental. Finalmente, para completar su caracterizacin, afirma: el MAS se ha vuelto un partido de derecha, es la principal fuerza de derecha en el pas, por el contenido econmico y poltico del gobierno [4]. En resumen, una resistencia popular y democrtica contra el gobierno autoritario del principal partido de la derecha (!). Pablo Soln, exministro del gobierno de Morales, apoya una tesis similar. Para l, no hubo golpe de Estado, sino una rebelin espontnea dirigida por jvenes. Soln pidi explcitamente la renuncia de Morales y lo responsabiliz por la violencia en curso [5].

Algunas figuras feministas, tambin de orientacin autonomista, se han hecho eco de argumentos similares. Mara Galindo, integrante del grupo Mujeres Creando y opositora a Morales desde el comienzo de su gobierno, rechaz inicialmente la existencia de un golpe y apoy las movilizaciones opositoras a Evo. Ante el devenir de los acontecimientos, luego reconoci el golpe pero argument que el gobierno de Morales era el principal responsable del mismo [6]. Galindo define al gobierno del MAS como neoliberal y repite insistentemente la identificacin entre Morales y el lder fascista Camacho: Son equivalentes antagnicos. Ambos asumen el papel del caudillo delirante y machote que est convencido de que son el principio de la verdad, la ley y el bienestar [7]. Ante esta polarizacin, lo ms subversivo es no tener bando [8]. Otras destacadas feministas como Raquel Gutirrez Aguilar o Silvia Rivera Cusicanqui, tambin hicieron eje en el machismo de Morales y no denunciaron el golpe [9].

Ral Zibechi, intelectual autonomista uruguayo, caracteriz a estos eventos como un levantamiento popular aprovechado por la ultraderecha. Los tpicos se repiten: Morales-Garcia Linera escribe renunciaron y lanzaron a sus partidarios a la destruccin y el saqueo (en particular en La Paz y El Alto), probablemente para forzar la intervencin militar y justificar as su denuncia de un golpe que nunca existi. Pese a que reconoce la existencia de sectores proto-fascistas, aclara tranquilizadoramente que los sectores movilizados contra Morales no entraron en el juego de la ultraderecha, que acta de forma violenta y racista contra los sectores populares [10].

Detengmonos un segundo en las concepciones subyacentes a estos argumentos. El razonamiento de Zibechi es prototpico. En ltimo trmino, sigue escrupulosamente un precepto terico simple: lo que surge de abajo es progresivo, lo que proviene del Estado es reaccionario. Si este binarismo ya era insensato cuando apareci con fuerza en el ciclo de insurrecciones latinoamericanas de 2000-2005, en el actual contexto resulta directamente reaccionario. Cuando se trata de un gobierno reformista de izquierda (o incluso un gobierno nacionalista burgus) lo que viene de arriba puede ser una conquista social o un derecho democrtico. En cambio, lo que viene de abajo puede ser una movilizacin de masas reaccionaria. A Zibechi no le importa que durante los ltimos aos buena parte de la regin haya estado atravesada por movilizaciones sociales derechistas, protagonizadas por sectores medios y altos que se opusieron a gobiernos progresistas y que sirvieron de base de masas para reacciones conservadoras o autoritarias (Venezuela, Brasil, Argentina).

Sartre escribi clebremente en Cuestiones de mtodo que la cualidad esencial del dogmatismo es someter a priori los hechos a las ideas: El subterrneo de Budapest era real en la cabeza de Rakosi; si el subsuelo de Budapest no permita que se construyese, es que este subsuelo era contrarrevolucionario. Zibechi somete los eventos bolivianos al lecho de procusto de sus dicotomas: el Estado es represor, autoritario, machista, la multitud es pura. Daniel Bensad sealaba que la crtica libertaria al estatismo efectivamente presente en ciertas formas del pensamiento socialista, de Lassalle a Laclau da lugar a una ilusin simtrica: viendo en el Estado, no ya el remedio a todos los males, sino su fuente, este socialismo opone al fetichismo del Estado un fetichismo simtrico de lo social, indiferente a las formas y las mediaciones polticas [11]. En este caso, el binarismo exige desdear un hecho ineludible: las masas movilizadas que mayoritariamente apoyan a Evo Morales o enfrentan al golpe. El recurso de Zibechi para que cierre el argumento, al igual que Soln, Galindo o Tapia, es reducirlas a instrumento del Estado, su fuerza de choque. La verdadera auto-organizacin se desarrollara en los sectores medios urbanos que se enfrentan al gobierno, muy diferentes de las turbas financiadas por el MAS.

En todas estas crticas la cuestin institucional ha cumplido un papel central, sobre todo el cuestionamiento a la inconstitucionalidad de la candidatura de Evo Morales y al presunto fraude en la eleccin del 20 de octubre. Contra una tradicin persistente en el pensamiento marxista, pienso que las cuestiones procedimentales e institucionales tienen su importancia, como parte inescindible de la cuestin democrtica. Solo a travs de instituciones y mediaciones polticas puede democratizarse el poder pblico y contrapesarse eventuales deformaciones autoritarias. Sin embargo, la crtica institucional no debe hipertrofiarse, a riesgo de caer en un liberalismo rampln. La cuestin de clase, los intereses en juego, la actuacin de los sectores dominantes y el imperialismo, el programa de las fuerzas en disputa debe dominar el anlisis. Aqu las corrientes libertarias en su crtica anti-estatal muestran su familiaridad con el liberalismo poltico. Una especie de liberalismo desde abajo, diferente de su primo hermano que intenta auto-limitar el poder del Estado actuando en el seno del Estado mismo.

Es necesaria una palabra sobre el informe de la OEA que denuncia el presunto fraude electoral de Morales y que sirve de pretexto para todas las posiciones anteriores. Un anlisis detallado del mismo, como algunos autores se han encargado de hacer, no indica que haya habido mayores irregularidades que en cualquier eleccin convencional [12]. Es decir, esto se concluye aun si nos atenemos literalmente al informe parcial de la OEA, que tuvo el objetivo poltico evidente de azuzar la dinmica golpista. Otros organismos y acadmicos, insospechados de ser afines a Evo Morales, han mostrado investigaciones donde muestran que si hubiese habido irregularidades, se trata de niveles iguales o menores a los de cualquier eleccin (en el reciente balotaje en Uruguay, por ejemplo, los votos observados fueron mayores a la distancia entre los dos candidatos) [13]. La candidatura de Evo Morales en cualquier caso representa a una mayora entre las clases populares y cont con casi la mitad de los votos totales. Sin embargo, algo es an ms importante que estas aclaraciones: en cualquier caso la crtica democrtica a una eventual prctica fraudulenta no puede ser pretexto para apoyar un golpe reaccionario y debe articularse de una manera que priorice la lucha contra las fuerzas reaccionarias. Resulta casi embarazoso tener que decir algo tan elemental a gente que se reclama de izquierda.

El eterno retorno del tercer periodo

A fines de los aos veinte, la direccin de la Internacional Comunista (Komintern), ya dominada por Stalin, formul una interpretacin ultra-izquierdista del fascismo histrico. Evidenciando un fuerte economicismo, el fascismo era entendido como el instrumento puro y simple de una dictadura del capital monopolista sobre el conjunto de la sociedad. Suponiendo una unidad monoltica entre el Estado y las clases dominantes, la Komintern caracteriz como fascista a cualquier rgimen autoritario de la poca (desde el gobierno alemn de Hindenburg, la dictadura polaca de Piłsudski o el rgimen de Primo de Rivera), y al conjunto de los partidos de la democracia burguesa, incluyendo a la socialdemocracia (social-fascismo). Irresponsable frente al peligro en puertas, la Komintern consider el ascenso del nazismo al poder como un corto intervalo que anticipaba la revolucin proletaria (despus de Hitler, nuestro turno). Esta perspectiva condujo al Partido Comunista Alemn a la tctica de clase contra clase, que no solo rechaz toda unidad de accin antifascista sino que convirti a la socialdemocracia en el enemigo principal, cuando era inminente el acceso del fascismo al poder. Esta incomprensin deriv, en palabras de Trotsky, en la pgina ms trgica de la historia moderna: el ascenso de Hitler al poder, con escasa resistencia, en el pas con la clase obrera ms grande, mejor organizada, ms culta y ms politizada de Europa.

Ahora tenemos una nueva forma de tercer periodo: la de los (imaginarios) movimientos sociales autnomos. Hasta tal punto los gobiernos o regmenes polticos son lo mismo desde el punto de vista de la multitud anti-estatal, que siempre es progresivo un levantamiento popular aunque conduzca a un golpe fascista. En la multitud se disuelve el papel de la Iglesia, el apoyo de Trump, los grupos fascistas de Camacho, las bandas paramilitares que ultrajan a mujeres masistas, el ejrcito y la polica. Habra que recordar que el mismo fascismo histrico tuvo un enorme apoyo popular (la revolucin contra la revolucin era la forma en la que el mismo fascismo gustaba autodefinirse) y fue un movimiento de abajo hacia arriba. Y muchos intelectuales socialistas hicieron el trnsito hacia el fascismo, siendo Sorel el caso ms resonante.

Apoyo (objetivo) al golpe, entonces, pero desde abajo. Despus de Camacho, nuestro turno, los movimientos sociales, pensarn los intelectuales autonomistas. Como seal Isaac Deutscher, la burocratizacin de la Komintern estalinista, muy diferente del confort parlamentario que llev a la adaptacin institucional de la Segunda Internacional, tuvo la forma inicial de un cierto heroismo burocratizado, donde las generaciones comunistas durante el tercer periodo, impulsadas por el ejemplo de la revolucin de Octubre, se entregaron a la represin y la persecucin por su afiliacin poltica. Lejos de todo herosmo, ahora asistimos ms bien a la miseria del academicismo sin ninguna brjula poltica ni preocupacin militante.

Apoyo a la reaccin, enfermedad senil del izquierdismo

Rolando Astarita defendi una caracterizacin similar a las anteriores, aunque con argumentos marxistas diferentes del autonomismo de los autores recin mencionados. Remitiendo al texto de Zibechi, rechaz a los polticamente correctos que califican como dictadura militar impuesta por Washington al gobierno que sigui a la renuncia de Morales. Escribe Astarita: reducir toda la cuestin a esto es un golpe preparado por el imperialismo es lavar las responsabilidades que le caben a los nacionalismos burgueses y burocrticos. Con el agravante de que al negar que sea justa la lucha por libertades democrticas (incluida la lucha contra un fraude electoral), la izquierda cede esta bandera a la derecha, y se aliena las simpatas de amplios sectores de las masas oprimidas.

En primer lugar, Astarita comete un error simtrico: criticar al gobierno de Morales significa en sus textos renunciar a la denuncia del golpe de Estado. En segundo lugar, al igual que los anteriores autores, considera que es necesario ubicarse en el campo democrtico representado por las movilizaciones contra el presunto fraude, es decir las que condujeron al golpe y fueron hegemonizadas por la extrema derecha. Un punto y otro estn unidos: la ms elemental tradicin socialista exige la defensa del rgimen democrtico contra un golpe reaccionario; solo se puede llamar a apoyar las movilizaciones contra Morales negando que fueran un momento de la dinmica golpista.

Por otra parte, Astarita desatiende que hubo un sector de la izquierda boliviana que se alineo con la tctica que pregona: el histrico POR, del que fue su mximo dirigente el legendario Guillermo Lora hasta su muerte. Eso no redund en ganarse para la izquierda las simpatas de amplios sectores de las masas oprimidas sino en darle una cobertura por izquierda al golpismo y, precisamente, alienarse a las masas oprimidas que luchan heroicamente contra el golpismo, sobre todo el pueblo del Alto caracterizado por una larga tradicin insurreccional. La lucha democrtica en juego, al revs de todo lo que piensa Astarita, es obviamente la lucha contra el golpe. Solo cumpliendo un papel en esa lucha es que es posible empalmar con las expectativas de las masas oprimidas.

El eje de los textos de Astarita es su delimitacin con el nacionalismo burgus (es decir, Evo Morales y el MAS). Ameritara otro espacio discutir la concepcin instrumentalista de la relacin entre Estado y clase que implica reducir todo gobierno en el marco de un Estado burgus a un gobierno de la burguesa. En cualquier caso, sera ms razonable definir al gobierno de Morales como una direccin pequeo burguesa de base campesina, que tuvo roces significativos con las clases dominantes y el imperialismo (desde el intento secesionista de la burguesa crucea en 2008 al actual golpe). Sin embargo, el punto ms importante puede hacer abstraccin de esto y remite a un debate de importancia estratgica en la convulsionada coyuntura latinoamericana. Cmo relacionarse con los fenmenos reformistas, de conciliacin de clase, nacionalistas burgueses (o como los definamos) en el marco de la lucha contra la reaccin conservadora, autoritaria o proto-fascista en curso en Amrica Latina?

Para responder a esto, Astarita remite a las posiciones de Trotsky ante el Frente Popular espaol. Escribe: es instructiva la respuesta que dio el fundador del Ejrcito Rojo a los que defendan, en la dcada de 1930, un frente con la burguesa democrtica, para sumar fuerzas y derrotar al enemigo principal (el nazismo, el fascismo, el golpe de Franco). Trotsky deca que con eso sus crticos no iban ms all de la primera regla de la aritmtica: la suma de los comunistas, los socialistas, los anarquistas y los liberales era superior a cada uno de sus trminos (Espaa: ltima advertencia, p. 98, Barcelona, Fontamara). Sin embargo, en poltica no basta la aritmtica, ya que si los partidos tiran en direcciones opuestas, la resultante del paralelogramo de fuerzas puede ser, con toda probabilidad, nula. Ms todava si esas alianzas debilitan la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas [14]. El texto en el que aparece esta cita tiene el objeto de rechazar la unidad de accin anti-golpista con Morales o el MAS, a los que identifica con la burguesa democrtica del texto de Trotsky.

El paralelo sin embargo es inadecuado. La referencia a Trotsky tiene utilidad para pensar la lucha antifascista y el frente nico porque se trat de una de las pocas figuras eminentes del marxismo que se opusieron al tercer periodo estalinista (la otra fue Gramsci desde la crcel) y sus escritos sobre Alemania y el ascenso del nazismo, en palabras de Perry Anderson, no tiene parangn en los anales del materialismo histrico. La tctica de Trotsky ante el fascismo era el frente nico, es decir una poltica unitaria hacia los partidos obreros reformistas (estalinistas, socialdemcratas), a la que Astarita no hace ninguna mencin. En sus escritos sobre Alemania, Trotsky adems seala la fundamental necesidad de ganar a la pequea burguesa a la lucha antifascista, poniendo como antecedente el bloque contra la tentativa golpista de Kornilov en Rusia. En la lucha contra el general zarista, los bolcheviques no solo llamaron a la unidad a los partidos obreros y campesinos (mencheviques, eseristas) sino que apoyaron el fusil sobre el hombro de Kerensky, es decir, sobre un gobierno reformista burgus.

Recordemos, como dira Astarita, una vieja enseanza del marxismo revolucionario: el frente nico es una tctica de unidad que permite fortalecer la lucha de la clase trabajadora y, al mismo tiempo, el marco ms adecuado para desbordar a las direcciones reformistas a las que se emplaza a la accin unitaria. Es decir, las delimitaciones son efectivamente eficaces en la medida en que surgen de la experiencia prctica de las masas en torno a las vacilaciones de los reformistas para llevar hasta el final una lucha comn. Nada fortalece ms a las direcciones reformistas que la izquierda revolucionaria aparezca como un factor divisionista que debilita una lucha comn en funcin de una delimitacin meramente propagandstica. Muy lejos de Trotsky y de la tctica del Frente nico, para Astarita el eje prioritario y la precondicin de la lucha contra las fuerzas reaccionarias es la lucha contra el nacionalismo burgus, principal obstculo para derrotar a la derecha y el militarismo [15]. Como vemos, el tercer periodo se declina de distintas formas.

Una ltima palabra sobre los posicionamientos de Astarita. En medio de su serie de artculos sobre Bolivia, incluy uno centrado en discutir la idea ultra-izquierdista de que la insurreccin es posible en cualquier circunstancia [16]. Aunque correcta, se trata de una afirmacin un poco obvia. Cualquier marxista recuerda el rechazo de Lenin y los bolcheviques a la insurreccin en julio de 1917 porque consideraban que las condiciones no estaban maduras. A qu responde esta intervencin? Astarita reconoce finalmente el avance del poder militar y de fuerzas polticas altamente reaccionarias. Pero quiere rechazar el reclamo que organizaciones de izquierda le hicieron a Morales de que se pusiera al frente de una lucha contra el golpismo, lo que implicaba convocar a la movilizacin de masas e incluso prepararse para un eventual escenario de guerra civil. Astarita, leal a su campo democrtico, no puede comprometerse con la idea de que la forma de detener un golpe ultra-derechista era defender al gobierno nacionalista burgus y exigirle una respuesta firme contra los golpistas. Y trata de argumentar eso por la va oblicua de la falta de condiciones para una insurreccin.

Cualquiera que haya seguido de cerca y con informacin estos eventos y estuviera al tanto del nivel de resistencia popular, de determinacin al enfrentamiento y de los recursos sociales y polticos con los que contaba el MAS, no puede caracterizar de antemano que un llamado de Evo Morales a las fuerzas leales en el Ejercito y a la movilizacin de masas para quebrar el golpe era necesariamente una aventura insurrecional. Chvez en 2002, cuando derrota la tentativa golpista, estaba en mejores condiciones que Evo en esta circunstancia? Astarita intenta esconder en una cuestin de clculo una desorientacin poltica completa que lo ubica en el triste lugar de haber defendido con argumentos marxistas al campo poltico que condujo al golpe de Estado reaccionario.

Sobre la crtica y la crtica de la crtica

Los intelectuales que tuvieron una posicin vacilante contra el golpe fueron ampliamente cuestionados. En su defensa en general alegaron el derecho a la crtica y denunciaron, en sus palabras, una cultura poltica estalinista de ahogo de la disidencia. Es cierto que entre los que defienden a Morales, en Bolivia y en el exterior, hay quienes pregonan prcticas de ese tipo. Sin embargo, esta estrategia, que reemplaza el anlisis de los hechos por un debate sobre el derecho a la crtica, parece diseada para evitar la confrontacin con sus propias posiciones.

El problema que estamos abordando aqu no es si uno puede criticar o no al gobierno de Morales. Por supuesto, sacar lecciones crticas de la experiencia es esencial. El verdadero problema con los autores abordados anteriormente es, simplemente, que el contenido de sus crticas, implcita o explcitamente, los alinea con el campo golpista. Son muchos los cuestionamientos posibles a Morales y a su gobierno. La ms inmediata va en la direccin contraria a sus crticos cripto-liberales: por qu Morales y su gobierno no pudieron resistir el golpe cuando tenan importantes recursos sociales y polticos a su disposicin? Inmediatamente despus a la renuncia de Evo, el MAS desarroll un comportamiento vacilante y errtico que puso en evidencia, cuanto menos, la falta de preparacin para una situacin de este tipo.

Ms en general, creo que en los ltimos aos asistimos a un cierto aburguesamiento socialdemcrata del proceso de cambio. Es til retomar el sentido en que Poulantzas defini a la socialdemocratizacin como un riesgo que sigue como su sombra a la va democrtica al socialismo, estrategia que l mismo formul y que hasta cierto punto puede considerarse aplicada en la experiencia boliviana. (Es decir una estrategia que actuara dentro y fuera del Estado, apostando a un acceso electoral al gobierno que se apoyara, estimulara y se viera presionado por un amplio movimiento popular extraparlamentario). Es decir, el riesgo reformista de caer en una progresiva adaptacin institucional, donde se descuidara la lucha de masas y se reprodujera la concepcin socialdemcrata clsica de una lucha integrada en los aparatos del Estado. Poulantzas aclara de forma tajante: donde no haya movilizacin masiva, no hay vuelta de hoja, habr como mucho una nueva experiencia socialdemcrata [17].

En este caso, el relajamiento socialdemcrata parece vinculado a la confianza en la capacidad de estabilizacin poltica del crecimiento econmico y en la estrategia de acuerdos con los sectores de la burguesa que no fueron expropiados en la primera fase del proceso (principalmente en el ciclo 2006-2010) [18]. La contracara de esta integracin socialdemcrata a las instituciones del Estado fue la ausencia de estmulo a la politizacin del movimiento de masas ni bien se distendieron las relaciones con las clases dominantes luego de la crisis secesionista de 2008. De hecho, la determinacin que el gobierno mostr en la derrota de la tentativa golpista y separatista de 2008 en comparacin con la debilidad y la falta de respuesta ante los sucesos actuales es probablemente sntoma de este proceso.

En trminos ambientales, la poltica extractivista y proyectos como el del TIPNIS deben tambin ser cuestionados. En trminos de gnero hubo avances, como la Ley 348 contra la violencia de gnero y el femicidio, pero modestos. En trminos democrticos, la falta de recambio en el liderazgo, el rechazo al resultado del referndum convocado por el mismo gobierno y la persistencia de una cultura poltica caudillista, lesionaron la confianza de sectores populares afines. Todas estas limitaciones fortalecieron al enemigo, lesionaron la base social del gobierno y permitieron a la burguesa esperar agazapada hasta el momento adecuado. Por eso hubo una cierta base de apoyo popular en el golpe, sobre todo en los sectores medios urbanos. No hacemos ningn favor al proceso de cambio si soslayamos estos errores y limitaciones. Parte de la lucha anti-golpista es reconocer los factores que la debilitan.

Las acciones y las palabras tienen importancia, ms an cuando cuestiones de tanta envergadura estn en juego. El triste papel de legitimar por la izquierda un golpe contrarrevolucionario no puede ser tratado como una trivialidad. En el mundo acadmico todo es educadamente moderado y todas las opiniones respetables e interesantes. La lucha de clases es un entorno ms crudo, donde junto a las opiniones se ponen en juego vidas y cuerpos. Estamos viviendo momentos extremadamente turbulentos en Amrica Latina, donde en los mismos das se desarrolla una insurreccin popular sin precedentes en Chile y un golpe de estado reaccionario en Bolivia. Es necesario prepararnos adecuadamente para las batallas que vendrn y extraer las lecciones adecuadas de nuestras experiencias. Mientras el pueblo pobre y campesino de Bolivia enfrenta heroicamente un golpe reaccionario, es preciso ajustar cuentas con quienes le dieron apoyo o tcita legitimidad por izquierda.

Notas

[1] Ver Declaracin de la Delegacin Argentina en Solidaridad con Bolivia disponible en http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/12/01/bolivia-argentina-declaracion-de-la-delegacion-argentina-en-solidaridad-con-bolivia/

[2] Tapia, Luis, Crisis poltica en Bolivia: la coyuntura de disolucin de la dominacin masista, disponible en http://www.cides.edu.bo/webcides2/index.php/interaccion/noticias-f/264-crisis-politica-en-bolivia-la-coyuntura-de-disolucion-de-la-dominacion-masista

[3] Op. Cit.

[4] Op. Cit.

[5] Soln, Pablo, Qu pas en Bolivia? Hubo un golpe?, disponible en https://www.somoselmedio.com/2019/11/22/que-paso-en-bolivia-hubo-un-golpe/

[6] Galindo, Mara, Bolivia: La Noche de los cristales rotos, disponible en https://www.lavaca.org/notas/bolivia-la-noche-de-los-cristales-rotos-por-maria-galindo/

[7] Ver Galindo, Mara, Evo Morales no es el dueo de las luchas sociales en Bolivia, disponible en https://elpais.com/internacional/2019/12/02/actualidad/1575327012_315682.html

[8] Galindo, Mara, Bolivia: La Noche de los cristales rotos, disponible en https://www.lavaca.org/notas/bolivia-la-noche-de-los-cristales-rotos-por-maria-galindo/

[9] Para una respuesta feminista a los planteos de Galindo y otras referentes, ver Guzmn, Adriana, El golpe de Estado en Bolivia es racista, patriarcal, eclesistico y empresarial, disponible en: https://www.pagina12.com.ar/230580-el-golpe-de-estado-en-bolivia-es-racista-patriarcal-eclesias

[10] Zibechi, Ral, Bolivia: un levantamiento popular aprovechado por la ultraderecha, disponible en https://desinformemonos.org/bolivia-un-levantamiento-popular-aprovechado-por-la-ultraderecha/

[11] Bensad, Daniel, Cambiar el mundo, Editorial Sol90, Madrid, pg. 132.

[12] Para un anlisis detallado del informe parcial de la OEA, ver Huarte, Valentin, Notas sobre la coyuntura en Bolivia, disponible en https://www.intersecciones.com.ar/2019/11/15/notas-sobre-la-coyuntura-en-bolivia/

[13] Para ver la investigacin critica de la OEA realizada por el organismo norteamericano CEPR [Centre for Economic and Policy Research], ver http://cepr.net/images/stories/reports/bolivia-elections-2019-11-spanish.pdf. Para ver la investigacin a cargo del especialista Walter R. Mebane, Jr., de la Universidad de Michigan, http://www-personal.umich.edu/ wmebane/Bolivia2019.pdf. Para ver el manifiesto firmado por ms de cien expertos internacionales pidiendo rectificacin a la OEA sobre sus declaraciones engaosas sobre el presunto fraude, ver https://gdoc.pub/doc/e/2PACX-1vRjdB4Fv5ZuiFRhEv5FxVE03w9jMdjgRAFp6mVIZJF5a4Zd1fFQR0l_dF9pG_aEBySEsI3KXus3-ymI

[14] Astarita, Rolando, Bolivia y la poltica de unidad frente al enemigo principal, disponible en https://rolandoastarita.blog/2019/11/22/bolivia-y-la-politica-de-unidad-frente-al-enemigo-principal/

[15] Op. Cit.

[16] Astarita, Rolando, Bolivia, sobre espontaneismo y ultraizquierdismo, disponible en Astarita, Rolando, https://rolandoastarita.blog/2019/11/30/bolivia-sobre-espontaneismo-y-ultraizquierdismo/

[17] Poulantzas, Nicos, El Estado y la transicin al socialismo, disponible en https://www.intersecciones.com.ar/2019/03/18/el-estado-y-la-transicion-al-socialismo-entrevista-realizada-a-nicos-poulantzas-por-henri-weber/

[18] De hecho, es un hecho que en este caso la burguesa no estaba previamente involucrada en una estrategia abiertamente destituyente del gobierno, lo que tradicionalmente incluye el recurso a la huelga de inversiones y al sabotaje econmico, como vimos en el Chile de Allende o en la Venezuela chavista.

Fuente: http://www.intersecciones.com.ar/2020/01/07/miseria-de-la-teoria-bolivia-y-el-golpe-de-estado/



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