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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2020

La rebelin zapatista y el festejo de su (no) cumpleaos

Hernn Ouvia
Contrahegemona


El EZLN cumple un ao ms de vida y su resistencia se encuentra ms vigente que nunca. Pese a los ataques en su contra, el zapatismo contina siendo uno de los polos de rebelda en Amrica Latina.

1 de enero de 1994: en la selva se escuchan tiros

Hace 24 aos, en medio de los sombros tiempos neoliberales, en el momento ms inesperado y el lugar ms remoto, decenas de miles de indgenas decidieron cubrirse sus rostros para ser vistos, y levantarse en armas para hacerse escuchar. Este alzamiento, lejos de ser algo espontneo, estuvo preparndose en total silencio durante diez aos, al punto de acordarse en asambleas comunitarias tanto su fecha exacta de realizacin como la pluritnica comandancia que iba a dirigirlo. Es as que el 1 de enero de 1994, al grito de Ya Basta!, las y los integrantes del Ejercito Zapatista de Liberacin Nacional toman por asalto las principales cabeceras municipales del sureo estado de Chiapas, y leen pblicamente la Primera Declaracin de la Selva Lacandona, donde expresan sin tapujos el ser producto de 500 aos de lucha. Ese da deba entrar en vigencia el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte), incorporndose Mxico al acuerdo ya implementado por Estados Unidos y Canad.

Como respuesta a lo que iba a significar la partida de defuncin del campesinado, los pueblos indgenas y la clase trabajadora en general, estos intrpidos encapuchados hicieron odos sordos a aquellos que pregonaban el fin de la historia. Pero la sorpresa no fue solo de los tericos neoliberales, a quienes la rebelin agu la fiesta, sino de la propia izquierda tradicional, por el cuestionamiento radical que, con el trascurrir de los das, fue formulando el zapatismo a sus esquemas de pizarrn. En el fondo, esta insurreccin popular vena a desenmascarar al falso pas de las racistas lites citadinas, haciendo visible a la civilizacin mesoamericana de ese Mxico profundo negado por siglos de sometimiento colonial. Y la propuesta de revolucin que de ah en ms saldrn a convidar, contemplar una radical crtica al conjunto de las dimensiones que constituyen nuestra realidad cotidiana, sin dejar de prefigurar aqu y ahora ese mundo soado en el que caben muchos mundos.

Revolucin y vida cotidiana: donde el pueblo manda, el gobierno obedece

El zapatismo no se cansa de repetir que lo fundamental de su estrategia de lucha no hay que buscarlo en sus discursos y comunicados, sino en sus prcticas cotidianas. La creacin y posterior consolidacin de las Juntas de Buen Gobierno no ha sido una excepcin. Como espacios regionales de autogobierno popular, estn integrados por uno/a o dos delegados/as rotativos/as de cada Consejo Autnomo, que es la autoridad colectiva designada por las comunidades que componen a cada uno de los ms de 30 Municipios Autnomos en Rebeldas construidos en territorio chiapaneco. El nombramiento de estas autoridades se hace con el acuerdo de una asamblea convocada en cada comunidad o poblado, siendo la propia colectividad quien da la orden y pone la decisin en manos del grupo de personas designadas, las cuales obedecen las indicaciones emanadas de ese espacio democrtico y pueden ser revocadas ante el incumplimiento de este mandato.

Al igual que el resto de las y los integrantes y promotores/as de estos Municipios, ninguna autoridad de las Juntas tiene remuneracin alguna, debido a que su cargo es rotativo y en pos del beneficio de los pueblos en resistencia. Por ello no estamos en presencia de un grupo de polticos que ostentan privilegios por la funcin de cumplen, sino de una responsabilidad que puede recaer en cualquier zapatista, si la comunidad as lo define. Y en el lapso de tiempo que dure en su funcin, ser esa misma comunidad la que le ayude en la manutencin propia y de su familia.

Adems de los Municipios Autnomos, los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, en los territorios zapatistas existen otras instancias de autoorganizacin popular que, en conjunto, apuntan a una transformacin integral de la vida cotidiana, construyendo relaciones sociales opuestas a las que nos pretende imponer el capitalismo como sistema de dominacin. Esta apuesta estratgica por la autonoma (palabra que en lengua tzeltal significa lo que hacemos por nosotros mismos) se evidencia en el ejercicio de una pedagoga liberadora en cada una de las escuelas rebeldes; en la construccin de clnicas, hospitales y casas de salud autogestivas, donde el rol principal lo desempean tanto jvenes promotores provenientes de las propias comunidades, como mujeres indgenas que ofician de yerberas y hueseras; en la creacin de cooperativas de trabajo y tiendas colectivas que buscan fortalecer la economa solidaria y el comercio justo; en la capacitacin de agentes de agro-ecologa, que efectan prcticas de reforestacin y resguardan la biodiversidad que cobijan las selvas y montaas de Chiapas; en la conquista de derechos a travs de la sancin de diversas Leyes Revolucionarias, como la de Mujeres, que reconoce sus justas demandas de igualdad de oportunidades y denuncia las mltiples formas de opresin a las que ven sometidas; en la proliferacin de espacios de comunicacin comunitaria, entre los que se destaca Radio Insurgente; y por supuesto en la persistencia del EZLN como ejrcito insurgente, que no se ha desarmado y funge de organismo poltico-militar de autodefensa de estas instancias construidas en los territorios rebeldes.

Todos estos mbitos involucran el despliegue de potencias comunitarias y formas de vincularse entre s y con la propia naturaleza, opuestas a lo que desde el EZLN llaman las cuatro ruedas del capitalismo (la explotacin, el despojo, la represin y el desprecio), dando cuenta de un variado proceso de construccin y ejercicio de la autonoma. En suma: cada uno de estos proyectos, al igual que muchos otros que impulsan cotidianamente, prefigura en el aqu y ahora los grmenes de la sociedad futura por la cual el zapatismo lucha, en la medida en que ensayan en el presente una forma alternativa de vida social. La revolucin deja de ser, por lo tanto, un evento que acontece en un futuro remoto, y se concibe como un caminar preguntando, que se responde y edifica en el propio andar colectivo.

Preguntando caminamos (y a veces tropezamos)

Segn las bellas palabras del Comandante Tacho, hacer la revolucin es como asistir a clases a una escuela que an no est construida. Precisamente porque no hay recetas ni frmulas mgicas que sirvan de antemano para garantizar el triunfo, las y los zapatistas proponen construir una nueva cultura poltica que conciba a la pregunta como columna vertebral de la resistencia. Despojndose de las certidumbres propias de buena parte de la izquierda tradicional, el EZLN apuesta a nuevas formas de intervencin y de lucha basadas en la experimentacin y la invencin constante. Una de las pocas certezas que tienen es el saber que los pasos que deben dar, no los pueden decidir ni tampoco encontrar solos. Para lo que sigue -afirman- tenemos que escuchar otras voces, y necesitamos que esas voces se escuchen entre s. En efecto, las preguntas sirven para caminar, no para quedarse paradxs. Y como recuerda el Viejo Antonio, se van respondiendo en el transcurso mismo de la lucha, es decir, del andar cotidiano. La consigna caminar al paso del ms lento, enunciada por el EZLN con insistencia en sus comunicados, no significa negar la urgencia de la revolucin, sino priorizar la construccin de consensos dentro de las comunidades y evitar lgicas vanguardistas de minoras que sustituyen a la organizacin. Para poder avanzar juntos/as en el ejercicio del autogobierno, se debe lograr primero un acuerdo entre las y los compaeros, respetando (e incluso valorando como positivas) las voces disidentes dentro del colectivo.

Claro que el zapatismo, como cualquier movimiento genuino y de base, ha cometido errores, y no deja de batallar a diario contra ciertos vicios que anidan en su propia dinmica de construccin poltica, a pesar de basarse en la autonoma y el caminar preguntando. Entre ellos, cabe mencionar dos flagelos que han sido denunciados en reiteradas ocasiones por la propia comandancia del EZLN. Por un lado, la necesidad de dotar de mayor participacin en la toma de decisiones y en el protagonismo pblico a las mujeres rebeldes, especialmente en rganos de autodeterminacin territorial como son los Municipios Autnomos y las Juntas de Buen Gobierno (donde la presencia de las compaeras, si bien existe y es valorable, an resulta menor a la esperada). Por el otro, el hecho de que el EZLN y algunos de sus mandos militares hayan devenido en determinadas ocasiones un estorbo en la consolidacin misma de la autonoma civil, obstaculizando -en tanto ejercito estructurado de manera piramidal- el ejercicio colectivo y democrtico del mandar-obedeciendo en el seno de las comunidades indgenas.

Pero ms all de estos tropiezos que se buscan enmendar y de sus reconocidos logros, lo importante es visualizar al zapatismo no como un modelo a seguir (algo de lo cual se mofa el EZLN, afirmando que cada quien tiene que construir su propia experiencia y no repetir frmulas ni esquemas, hacindose tambin camino al andar), sino como esa punta de iceberg que, desde hace ms de dos dcadas, permite que otras luchas y problemticas ajenas a los canales tradicionales del quehacer poltico, logren quebrantar la cultura del silencio y asomar su multiplicidad de mundos posibles desde abajo y a la izquierda.

El tiempo de los relevos: de la muerte de Marcos a la candidatura de Marichuy

Desde el 25 de mayo de 2014 el Subcomandante Insurgente Marcos dej de existir. No se fue silbando bajito, sino como es ley entre las y los zapatistas: en medio de un multitudinario acto donde la muerte individual cedi paso a la celebracin colectiva de la vida digna. No habr funerales, ni honores, ni estatuas, ni museos, ni premios, ni nada de lo que el sistema hace para promover el culto al individuo y para menospreciar al colectivo, balbuce el muerto antes de expirar el ltimo soplo. El suyo fue un sepelio signado por el dolor y la rabia que gener el cobarde asesinato del maestro votn Galeano, del que tom su nuevo nombre para evitar ser enterrado. Pero como de costumbre, el zapatismo ha sabido transformar momentos dramticos como ste, en puntos de bifurcacin que siempre han implicado el despliegue de nuevas apuestas polticas, a travs de las cuales salir fortalecidos a pesar del golpe recibido. Es que, a diferencia de la vieja izquierda, su propsito no ha sido jams aprovechar la coyuntura, sino crear una nueva. La desaparicin de Marcos apunta precisamente a inaugurar una fase de lucha donde las referencialidades individuales (as sean las que remiten a las voceras de las comunidades en resistencia) pierden peso, en funcin del fortalecimiento del mando colectivo de las autoridades civiles zapatistas, lo que equivale a decir de los pueblos indgenas en lucha.

En la lectura del comunicado ante miles de personas en La Realidad, el Sub destac que durante todos estos aos de resistencia ha habido un relevo mltiple y complejo en el EZLN. El ms evidente es sin duda el generacional. Fue emocionante escuchar a la madre de Plaza de Mayo Nora Cortias, contar cmo una joven indgena de 14 aos ofici de maestra votn durante su estancia en la Escuelita zapatista. Esta no es una excepcin sino la regla en todo el territorio insurgente. Nacida y criada en esa inmensa escuela a cielo abierto que son las comunidades, y a pesar del contexto adverso y de resistencia constante frente a los atropellos de los malos gobiernos, esta juventud constituye la mitad de toda la poblacin zapatista, y cumple hoy un rol central en los mltiples espacios y proyectos autnomos que configuran la columna vertebral del movimiento. Ellos y ellas no son slo el futuro, sino sobre todo un eslabn fundamental del presente, que aporta creatividad, frescura y alegre rebelda a la propuesta civilizatoria que se ensaya a diario en el sur de Mxico.

Pero antes de suicidarse por amor a la vida, el Sub record que este relevo ha sido tambin de clase, tnico y de pensamiento. El cetro pasa a manos de las comunidades indgenas como sujeto colectivo, y el vanguardismo (herido de muerte hace tiempo) cede de manera definitiva el protagonismo al mandar obedeciendo. A su vez, la marginacin de gnero se deja atrs en pos de la participacin directa de las mujeres. Este proceso transicional ya se vena produciendo en los hechos, pero haca falta explicitarlo en el marco de un evento como el realizado en La Realidad, para que resultase un punto de no retorno. No solamente se burl a la muerte con este acto de transmutacin, sino que se redobl la apuesta por la vida digna en los territorios rebeldes. Adems, el relevo intenta explicitar la capacidad autoemancipatoria de los pueblos de ese convulsionado Mxico profundo que, desde tiempos inmemoriales, se encuentra habitado por la diversidad, y que tiene al crisol de resistencias sembradas por las y los de abajo -sin prisa, pero sin pausa-como puntal dinamizador. Y es que frente a la arremetida del capitalismo neocolonial que avasalla y despoja todo a su paso, las comunidades y pueblos indgenas no son algo del pasado, sino fuente y reservorio de aquello por-venir.

Es nuestra conviccin que para rebelarse y luchar no son necesarios ni lderes ni caudillos ni mesas ni salvadores, afirm el Sub. Para luchar slo se necesita un poco de vergenza, un tanto de dignidad y mucha organizacin. Lo dems o sirve al colectivo o no sirve, agreg. En efecto, los Municipios Autnomos y las Juntas de Buen Gobierno son precisamente parte de ese entramado organizativo necesario para potenciar la lucha, en la medida en que constituyen instancias donde el pueblo manda y el gobierno obedece. La desprofesionalizacin de la poltica -y su contracara necesaria: el combate contra el culto al individuo- emerge como un faro estratgico de esta propuesta radical que empezaron a ensayar all lejos en diciembre de 1994, y que cobr una dimensin regional con la creacin de las Juntas en agosto de 2003, cuando proclamaron que ya era el tiempo para ejercer y dejar de exigir a los de arriba el cumplimiento de su legtimo derecho a la autodeterminacin territorial.

Adems de estas apuestas por fortalecer y expandir sus instancias de autogobierno al interior de sus comunidades, dos iniciativas recientes revelaron la vocacin del zapatismo por irradiarse como proyecto colectivo ms all de sus mbitos de construccin cotidiana. Por un lado, la imponente, disciplinada y silenciosa movilizacin de decenas de miles de bases de apoyo, una vez ms con sus rostros cubiertos con pasamontaas (ese gran antdoto contra el personalismo), a finales de diciembre de 2012 en San Cristbal de las Casas (Chiapas), que evidenci lo errado de los pronsticos de aquellos que, maliciosamente, anunciaban su debacle como organizacin rebelde, por lo que despus de tamaa demostracin de fuerzas, estos sepultureros precoces se percataron que estaban velando al muerto equivocado. Por el otro, la no menos relevante convocatoria, de alcance internacional, a participar de un nuevo espacio de encuentro e intercambio de experiencias y saberes muy otros que ha sido la Escuelita Zapatista, donde en el transcurso de los intensos das de asistencia a este espacio, las y los miles de participantes no deban escuchar a -ni aprender de- la comandancia del EZLN o del Sub, sino tener como principales maestros y maestras a una infinidad de rebeldes comunes integrantes de las bases de apoyo, que como votanes abran su corazn, su experiencia y su memoria histrica hacia quienes continan viendo en el zapatismo un espejo tico en el cual mirarse.

Ambos acontecimientos deben leerse como dimensiones de un mismo y radical proyecto poltico, que podramos sintetizar a travs de un doble movimiento que siempre sign el caminar del zapatismo y hoy cobra mayor vitalidad an: la necesidad del fortalecimiento interno (mediante la consolidacin de organismos prefigurativos y del ejercicio del autogobierno en trminos integrales) en simultneo a la tendencia hacia la articulacin (basada en el convite de vivencias, la escucha colectiva y el hermanamiento desde abajo, que evite todo tipo de hegemonismo u homogeneizacin).

Por lo tanto, sera errneo interpretar a este relevo en la clave de un mero traspaso, en el seno del EZLN, del mando militar del finado Sub Marcos hacia el Subcomandante Moiss. Desde ya que este hecho resulta relevante, porque quien le sucede es un indgena tzeltal que integra el EZLN desde 1983 y habla -como jefe insurgente y vocero autorizado- en nombre de las y los zapatistas. No obstante, lo central y prioritario es el relevo, ensayado desde hace ya muchos aos, del EZLN como mando poltico, hacia los mbitos de autogobierno civil creados por las comunidades y pueblos indgenas en lucha, que conforman al zapatismo como movimiento de movimientos. Esas y esos locos bajitos vilipendiados por el poder, con rostros del color de la tierra y lenguas variadas, los sin, las nunca, los nadies que persisten en reclamar para todos todo: a ellos y ellas les pertenece el protagonismo en este tiempo histrico.

Desde esta tesitura es que hay que leer la inesperada decisin -en rigor, consensuada luego de una paciente deliberacin en el marco del Congreso Nacional Indgena- de postular a Mara de Jess Patricio Martnez, ms popularmente conocida como Marichuy, como aspirante a candidata independiente y muy otra para las elecciones presidenciales de 2018. Como mujer, indgena y pobre, expresa esa triple condicin subalterna en la que se encuentra sumida gran parte de la poblacin mexicana (y global). Ella condensa aquel relevo e incluso lo trasciende, en la medida en que no forma parte orgnica del EZLN ni de las comunidades zapatistas, aunque s de una plataforma mucho ms amplia y diversa que es el Concejo Indgena de Gobierno (integrado por cerca de 150 concejales y delegadxs de 35 pueblos, que involucran ms de 60 regiones de Mxico), del cual resulta ser vocera mandatada.

En uno de los pases ms patriarcales de la regin, donde las mujeres son avasalladas, mutiladas, despojadas, violadas y asesinadas a diario, y sus cuerpos padecen las ms diversas formas de violencia y resultan un botn de guerra disputado por el Estado, los narcos, la lite poltica y el empresariado rapaz (ms an si son indgenas), la eleccin de Marichuy -oriunda de Jalisco e integrante del pueblo nahua, con una vasta experiencia en el ejercicio de la medicina tradicional y en la defensa del territorio y los bienes comunes- constituye una certera bofetada contra el machismo y el racismo que tan hondo han calado como sentido comn dominante, y va a contramano de la profesionalizacin de la poltica que, cual encantador de serpientes, parece haber obnubilado a numerosos movimientos sociales del resto de Amrica Latina en los ltimos aos. Esta creciente centralidad de las mujeres en la lucha zapatista, seguramente tenga como uno de sus puntos ms lgidos de condensacin al Primer Encuentro Internacional Poltico, Artstico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, convocado para los das 8, 9 y 10 de marzo de 2018 en el Caracol de Morelia (Chiapas), por parte de un conjunto de Comandantas del Comit Clandestino Revolucionario Indgena del EZLN.

De ah que, si bien es importante conseguir el nmero de firmas suficientes para que Marichuy pueda presentarse como candidata independiente (se requieren 866 mil apoyos en al menos 17 estados), lo fundamental estriba en entender que no se est simplemente juntando firmas. Tal como han aclarado desde el EZLN, en las visitas, mtines y recorridas por las diversas regiones del pas, se juntan tambin y sobre todo dolores, broncas e indignaciones; se amontona y organiza a pulso la digna rabia del Mxico profundo, en una nueva caravana del color de la tierra impulsada a pulmn, donde se vuelve a hacer caminar la palabra y se busca denunciar las mltiples formas de opresin que se viven a lo largo y ancho del pas, para anudar a infinidad de colectivos, movimientos, organizaciones territoriales, pueblos y comunidades que existen y resisten desde abajo y la izquierda, a pesar del ninguneo de los medios hegemnicos y de que el zapatismo ya no est, como antao, de moda entre la intelectualidad progresista europea y latinoamericana.

1 de enero de 2018: feliz (no) cumpleaos!

Mientras que numerosas organizaciones del continente han visto reducido su margen de independencia poltica respecto de los mal llamados gobiernos progresistas, llegando a asumir en ciertas ocasiones una estrategia de mimesis con los procesos de gestin estatal (que redund en subsumir bajo esta lgica, lo que antes eran valiosas experiencias de construccin de poder popular con proyeccin anticapitalista), el zapatismo ha fortalecido sus instancias de autogobierno territorial sin perder legitimidad en las comunidades rebeldes ni lograr ser cooptados por los poderes de turno, a la vez que se ha animado a edificar una agenda y una temporalidad propia, sin dejar de explorar nuevas formas de enriquecimiento e irradiacin de sus propuestas, como el Concejo Indgena de Gobierno y la candidatura independiente de Marichuy, que evitan el encapsulamiento y permiten componer, junto a un chingo de movimientos y colectivos, un proyecto de alternativa anti-sistmica que comprenda a la totalidad del Mxico olvidado.

Por ello, ms all de lo gratificante de la conmemoracin de los 24 aos del alzamiento del ELZN, quizs haya que celebrar, como propona Lewis Carroll en aquel surrealista pas visitado por Alicia, el no cumpleaos zapatista. Es decir, dejar de priorizar ciertas fechas emblemticas, para adentrarse en el proceso cotidiano y subterrneo que tejen, al paso del ms lento, los hombres, mujeres, ancianos, jvenes y nios/as en cada resquicio de aquellos territorios rebeldes y ms all de ellos, en ese andar diario que hoy los encuentra recorriendo pueblos, barrios y comunidades donde se construye vida digna. Este ejercicio requiere, sin duda, desprenderse de la arraigada concepcin espectacular que por lo general se tiene de las prcticas militantes. Mal que nos pese, nuestra cultura poltica parece encontrarse an permeada en grado sumo por una lgica que tiende a privilegiar la dimensin espasmdica y de confrontacin abierta de la lucha de clases, olvidando que este tipo de situaciones no son sino excepcionales.

Claro que resulta difcil sustraerse a la fascinacin que provocan combates frontales como los vividos entre el 1 y el 12 de enero de 1994 en Chiapas, o entre el 19 y el 20 de diciembre de 2001, o el 18 de diciembre de 2017 en Argentina; ms an para quienes participamos en una u otra de esas jornadas, sea fsicamente o brindando una solidaridad activa a pesar de la distancia geogrfica. Sin embargo, deberamos hacer foco en la praxis cotidiana que aspira a la construccin de poder popular y al despliegue de formas de ejercicio de autonoma, ms que en estos episodios excepcionales. Aquella que, de manera silenciosa e invisible, permiti que fueran posibles no slo resonantes rebeliones populares como las mencionadas, sino tambin profundas metamorfosis en la subjetividad de masas durante los ltimos aos en nuestro continente. Esta dimensin subterrnea de la poltica, que tiene como columna vertebral a la insumisin y al autogobierno, ha sido por lo general descuidada en los anlisis de buena parte de la izquierda. Por el contrario, partimos del supuesto de que aquel tipo de insurrecciones, dinmicas de confrontacin o formas de resistencia explcitas, no pueden entenderse sin tener en cuenta, en paralelo, a estos mbitos territoriales de prefiguracin y ejercicio de la democracia de base, en los cuales dicha disidencia se alimenta a diario y adquiere un sentido disruptivo.

La alegre rebelda que el zapatismo irradia a travs de sus prcticas y sueos, nos invita a asistir y participar activamente en esa infinidad de no cumpleaos que se celebran, cotidianamente y con entrada libre, en el irreverente subsuelo de cada uno de los proyectos y territorios que habitamos. Y como ha expresado el EZLN en uno de sus comunicados, as como muchos son los mundos que en el mundo habitan, tambin muchas son las formas, los modos, los tiempos y los lugares para luchar contra la bestia, sin pedir ni esperar nada a cambio. En eso andan quienes continan empeadxs en la loca y terca mana de hacer del autogobierno un modo de vida. Ser que la necedad pari con ellxs.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/la-rebelion-zapatista-y-el-festejo-de-su-no-cumpleanos



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