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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2020

Por una constituyente popular en perspectiva socialista

Juan Carlos Gmez Leyton
Rebelin


En memoria de Mnica Echeverra,

una mujer que estremeci las vetustas y aejas

estructuras del poder patriarcal y

de la sociedad capitalista nacional.

En honor a Mauricio Fredes, mrtir de la lucha

en contra de la sociedad neoliberal.


Para [las] lites [de poder y en el poder]

la reconstruccin del movimiento popular,

el desarrollo de la propia democracia,

llega a ser sentida como un riesgo

a su status de allegados del

sistema engendrado desde 1973.

 Joan E. Garcs


La sociedad chilena neoliberal, polticamente, es una sociedad conservadora que ha rechazado sistemticamente el cambio poltico profundo. Desde 1988 en adelante no solo las elites de poder y en el poder, sino tambin la ciudadana poltica tradicional, han rechazado alterar, modificar, transformar, las estructuras del poder instalado, por las fuerzas sociales y polticas vinculadas al capital y al poder imperial. Hoy, enfrentadas, a una de las rebeliones sociales y polticas de mayor envergadura de la historia reciente nacional, han optado, nuevamente, por impulsar un proceso de cambio breve, lento, gradual, controlado, en una direccin totalmente opuesta a lo que demanda la ciudadana en rebelda. Su objetivo poltico es conservar lo ms que se pueda de lo existente y tan solo modificar aquello que no modifique, ni altere, ni derrumbe, los pilares, fundamentales, de la sociedad capitalista.

La rebelin social que estall el 18 de octubre de 2019, impulsada por la ciudadana subpoltica, no busca ni se plantea un cambio poltico mnimo. Todo lo contrario, la insurreccin de los sectores sociales populares, que han sostenido, la rebelin en vilo, demandan la transformacin radical de la sociedad neoliberal. As lo han expresado desde el primer momento en la consiga: el neoliberalismo naci en Chile y aqu muere.

Esta consigna, junto con la demanda que pide la renuncia de Piera, expresa, el deseo y la aspiracin de un cambio histrico mayor, profundo y de largo alcance. Que no puede ser reducido a un cambio de la estructura jurdica-poltica del Estado, o sea, de un cambio solo y exclusivamente constitucional. No es solo la Constitucin Poltica de 1980, lo que molesta, sino todo, lo neoliberal.

Lo que la rebelin poltica ha expresado y sigue expresando, en las calles de las ciudades del pas, pero, tambin, en los espacios territoriales locales, barriales, poblacionales, comunales, etc., es poner fin a la dominacin capitalista neoliberal y terminar con todas las instituciones establecidas por el neoliberalismo que explota y devasta a los seres humanos y a la naturaleza en el pas hace 47 aos.

La ciudadana rebelde no quiere ni desea mantener esas estructuras econmicas, sociales, culturales y polticas que los han oprimido todo ese tiempo. La rebelin es para liberarse de esa opresin. No para que la opresin cambia de gradualidad o intensidad bajo otra forma capitalista. No, la lucha de todas, todos y todes los que concurren a la Plaza Dignidad los das viernes es por el cambio total. Y, es una manifestacin y una visibilizacin de su presencia rebelde en el espacio pblico, aunque los repriman, los quemen, los mutilen o los maten. Una advertencia de que su lucha no ha concluido. Pues, su victoria poltica se verificar solo cuando toda la elite de poder y en el poder sean destituidos de esos espacios y se haya modificado radicalmente la estructura social del poder del capitalismo neoliberal.

Por cierto, que esa aspiracin y expectativa poltica e histrica implica un cambio mayor en la sociedad chilena. No se tratara de un cambio poltico breve, una transicin poltica entre un rgimen democrtico limitado, como el actual, a otro rgimen democrtico liberal ampliado; no, se trata, ms bien, de un cambio poltico revolucionario.

La rebelin social apunta, justamente, aquello, producir un cambio revolucionario, que haga estallar todo. Esta aspiracin y deseo poltico, tiene, por cierto, aterrada a la clase poltica tanto opositora como gobernante, a sus intelectuales orgnicos, a los medios de comunicacin, a los gremios empresariales, a las instituciones acadmicas pblicas como privadas; a la alta, mediana y pequea burguesa neoliberal. E, incluso a muchos de los sectores medios que al principio aplaudieron el estallido social. Hoy, a tres meses, de la insurreccin ciudadana subpoltica. Estn, tambin, aterrados. Por esa razn, empujados por el miedo poltico a lo popular y a la radicalidad de su lucha social, han aceptado y comenzado a recorrer el camino que el poder gubernamental y parlamentario le ofrecen, el proceso constituyente, o sea, el cambio poltico breve, gradual, lento y controlado.

Es ese miedo poltico, el que ordena actualmente las diversas posiciones polticas que los actores polticos, los partidos polticos, principalmente, como tambin los actores sociales y la ciudadana en general, ante el proceso constituyente. Veamos cmo se han ordenado las diversas fuerzas polticas y sociales ante la actual coyuntura constitucional.

Tengamos presente, un punto central y fundamental. La coyuntura constitucional no fue abierta por la ciudadana subpoltica popular en rebelda. Si no que esta fue instalada por distintos grupos polticos, vinculados a la ciudadana tradicional, a los partidos del orden, parlamentarios o extraparlamentarios. Que vienen desde el ao 2006 en adelante, pero con mayor fuerza desde el 2011, planteando la demanda de convocar a una Asamblea Constituyente (AC) para cambiar la CP80. Sin embargo, la demanda por una AC, como sealbamos, ms arriba, no era una demanda manifestada por los rebeldes del 18-O. Esta fue levantada, aprovechando, la estructura poltica de oportunidades que abri la rebelin.

El desconcierto, desolacin, incredulidad, perplejidad, estupefaccin, confusin, desorientacin y sorpresa tanto del gobierno de S. Piera como de los partidos polticos del orden ante la sublevacin ciudadana y popular, los llevo, a subirse y aferrarse a la tabla de salvacin que fue lanzada por los sectores polticos opositores de realizar un cambio constitucional radical: terminar con la CP80. Ante la posibilidad de un naufragio del gobierno y el sistema poltico durante las primeras semanas del estallido rebelde y, sobre todo, del fracaso de la solucin militar. No quedo otra que aceptar, regaadientes, el cambio constitucional radical.

El acuerdo del da 15 de noviembre, entre los partidos polticos gubernamentales y los opositores abri la coyuntura constitucional. Ms all de las escaramuzas y rencillas internas el acuerdo vino a poner orden. Y, levantar una gran muralla institucional de proteccin tanto para el gobierno como para el sistema poltico. Prontamente, los legisladores acordaron hacer las reformas constitucionales necesarias para que el presidente S. Piera, pusiera en marcha el proceso constituyente. Se fij el calendario. Y, la cuenta regresiva para el plebiscito de entrada est corriendo. Aunque los principales actores polticos que van participar en esta carrera, estn muy inquietos en la lnea de partida.

La nerviosidad y la preocupacin tanto de los partidos polticos que integran el Chile Vamos, o sea, la derecha poltica como tambin de los partidos opositores, especialmente, aquellos que conformaron en su momento la Concertacin y la Nueva Mayora, gravita y consiste en el hecho, central y fundamental de la actual coyuntura critica, la rebelin social popular y de la ciudadana de subpoltica, no se detiene ni disminuye. Todo lo contrario. Esta sigue prescindiendo de lo que el gobierno y la clase poltica estn realizando. En otras palabras, la insurreccin no le interesa ni presta atencin a lo que el gobierno o los partidos polticos opositores, plantean o hacen. La radicalidad de la insurreccin quedo ampliamente registrada y manifiesta su voluntad de cambio, en el boicot a la prueba de seleccin universitaria, convocada y efectuada de manera exitosa, por l a Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundario, ACES. Quienes develaron, por un lado, el trasfondo clasista y discriminador de dicho instrumento de seleccin universitaria y por otra, la forma coludida y corrupta de operar del gran negocio que tanto el DEMRE como el CRUCH hacen de ese proceso. La ciudadana nacional, aunque rechazo la forma y estuvo, mayoritariamente, de acuerdo con las demandas de fondo de la ACES.

La criminalizacin de la accin poltica y la invocacin de la Ley de Seguridad del Estado, por parte de la impopular Ministra de Educacin, Marcela Cubillos, para los dirigentes de la ACES, convoco una masiva manifestacin el viernes 10 de enero en la Plaza Dignidad. Esta movilizacin fue en solidaridad con la ACES. Miles de ciudadanos y ciudadanas respondieron al llamado. Fueron, por cierto, violentamente reprimidos por el aparato policial del Estado. Lo importante de resaltar aqu, es lo siguiente: al cabo de casi tres meses de rebelin social esta muestra una fuerte cohesin poltica y potencia que destroza la tesis de su desgaste.

Cabe sealar, por cierto, que la rebelin ha abierto otros flancos de lucha social activa. Especialmente, en los espacios territoriales, un ejemplo, es lo que ha acontecido en Pudahuel Sur. Si olvidar ni dejar de lado, el cambio constitucional propio. O sea, la rebelin no est ni ah con el proceso institucional estatal sino, su inters poltico est en el proceso constituyente popular autoconvocado. All se escribe la nueva constitucin poltica del Estado Plurinacional.

Todo lo anterior, explica el nerviosismo del conglomerado aliancista y gubernamental, Chile Vamos. Y, si bien, tanto Renovacin Nacional (RN) como la Unin Demcrata Independiente (UDI) no rechazan el proceso constituyente, han argumentado que dado que la movilizacin insurrecta ciudadana subpoltica se mantiene ellos han decidido votar por no apruebo en el plebiscito del 26 de abril, o sea, no aprobar el cambio de la constitucin poltica actual, o sea, en otras palabras, mantener vigente la CP80. Incluso, la UDI, ha insinuado solicitar al presidente Piera que este plebiscito no se realice, dado el contexto de violencia, desorden, insurreccin social y poltica.

Por su parte, los partidos polticos de la exConcertacin y de la Nueva Mayora, estn muy preocupados, principalmente, los sectores neoliberales por la potencia y continuidad poltica de la rebelin. La reciente carta firmada por exfuncionarios de los gobiernos de la centroizquierda, prueba irrefutable de su conservadurismo neoliberal. Instan en representacin de ellos mismos y tal vez, de sus familias y de nadie ms; a superar la crisis y la violencia que inquieta a la gran mayora de Chile, evitando errores voluntaristas y mostrando moderacin. Y, por cierto, y sealan cual es el nico y verdadero camino que salvara a la sociedad neoliberal amenazada por minoras de exaltados, irresponsables y fanatizados que avasallan a la gran mayora de chilenos que han escogido el camino del proceso constitucional dentro de las reglas y respeto democrtico.

Cabe sealar que la carta En Defensa de la Democracia, defiende la democracia protegida consagrada en la CP80 que este sector poltico mantuvo, institucionaliz y legitim desde 1988, en adelante. Ellos, militantes de la Democracia Cristiana, del Partido Socialista de Chile, del Partido por la Democracia, de los distintos Mapus, etctera, en 1986, corrieron a refugiarse, ampararse, a protegerse en la institucionalidad pinochetista y de la CP80, ante la capacidad blica mostrada por la resistencia armada popular a la dictadura. Luego del fallido atentado contra del dictador por parte del Frente Patritico Manuel Rodrguez (FPMR), tanto la Alianza Democrtica, como el Bloque Socialista y sectores del MDP (Movimiento Democrtico Popular), optaron, por bajar y suspender las movilizaciones sociales, las llamadas Jornadas de Protesta Nacional y aceptar, a nombre de la mayora ciudadana silenciosa, la trayectoria institucional de la dictadura. En otras, palabras, a preparar su participacin en plebiscito sucesorio contemplado en la CP80, para el ao 1988. Y, por cierto, no discutir la legitimidad de dicha constitucin, aceptando, la tesis poltica de Patricio Aylwin, planteada en 1984.

Hoy, igual que ayer, estos sectores, por cierto, algunos promotores directos, del derrocamiento del gobierno popular de Salvador Allende y del genocidio popular, aceptan y llaman a participar en plebiscito por una nueva Constitucin Poltica de espaldas y contra de lo que el pueblo rebelde plantea. Estos ciudadanos rebeldes son tratados o mejor dicho maltrados de manera insolente y grosera, despectiva y clasista: son exaltados, irresponsables y fanatizados y, por cierto, una minora.

En su actitud de soberbia poltica inaudita, en hombres y mujeres que sufrieron, como exfuncionarios del gobierno popular, la persecucin poltica, el exilio, el encarcelamiento y la tortura, hoy desprecian a las y los ciudadanos rebeldes, solo por luchar contra un sistema que las y los oprime. Da vergenza. Ellos, son la verdadera amenaza para la democracia y, sobre todo, para la vida de millones de chilenos y chilenas, los cuales ellos durante 24 aos, condenaron a la marginalidad, a soportar durante aos la devastacin que el neoliberalismo haca de sus vidas, mientras ellos desde los recintos del poder disfrutaban de las bondades del sistema. Hoy cuando los condenados por el neoliberalismo dicen basta, ellos, con un cinismo total, los denuncian como exaltados, irresponsables y fanatizados, por exigir dignidad.

Estos sectores no ofrecen ninguna confianza a la ciudadana rebelde e incluso para toda esa ciudadana silenciosa que ellos dicen representar. Fundamentalmente, porque van a votar apruebo, o, tal vez, ms que alguno de las y los firmantes, vote no apruebo. Pues, la mayora de ellos se han sentido muy cmodos y conformes con la CP80. Especialmente, luego de las reformas introducidas en el ao 2005, cuando su lder mximo Ricardo Lagos, proclam urbe et orbi, que por fin tenamos una constitucin poltica democrtica. Obviamente, menta y como mienten estos 99 personeros firmantes.

La sociedad chilena no tendr una constitucin poltica democrtica si sigue la hoja de ruta trazada por el gobierno corrupto de Sebastin Piera y el ilegitimo parlamento.

Por esa razn, ha comenzado articularse y, espero, que pronto se organice social y polticamente, una tercera posicin ciudadana para enfrentar la coyuntura constitucional. Se trata de un conglomerado heterogneo de ciudadanos subpolticos que rechaza, abierta y categricamente, el proceso constituyente ofrecido por el gobierno.

Esta posicin como decamos en nuestro anterior artculo no acepta que el proceso hacia una nueva constitucin poltica sea dirigido por la clase poltica y dirigente actual. Carecen de todos los requisitos democrticos para hacerlo, no tienen legitimidad, no representan a la ciudadana, no son confiables, etctera.

El objetivo poltico de este sector no es el cambio poltico breve. Todo lo contrario, se busca realizar un cambio poltico histrico revolucionario. Ello significa, que le momento constituyente, es un momento histrico-poltico que posee una potencia poltica extraordinariamente subversiva y democrtica. Se busca fundar todo. Se trata de poner en movimiento una nueva historia. Cuyo horizonte configura una tica de la liberacin, aquello que es sostn y propsito del proyecto emancipador, ese que, por lo general, a algunos, todava, nos hace sentido nombrar socialismo.

Exacto, la coyuntura constituyente, no debe ni puede ni es deseable, que se ordene solo en dos ejes posibles, o dos alternativas, como ha sido, el orden binario, impuesto violentamente por la dictadura cvico-militar y ampliado, profundizado y consolidado por la Concertacin a lo largo de estos 30 aos.

Desde 1989 en adelante la poltica fue dirigida y monitoreada por el sistema binominal. Las dos alternativas eran: neoliberalismo de derecha o neoliberalismo de centroizquierda. Por esa razn, emergi la sociedad neoliberal ms cohesionada y estable de todas las emergidas en las sociedades capitalistas perifricas, e incluso centrales. El fin de binominalismo, no puso fin, ni altero, ni modifico esa lgica.

En la actual coyuntura crtica y, pesar de que la rebelin es manifiestamente anticapitalista y anti-neoliberal. Dado que la conduccin del proceso constituyente no lo tienen las fuerzas sociales insurgentes o rebeldes, sino la clase poltica corrupta, la cual desconoce y rechaza a las fuerzas sociales y polticas rebeldes.

El oficialismo neoliberal posee dos opciones polticas e histricas que permiten la continuidad de la dominacin capitalista. Ambas se perfilan opciones aparentemente alternativas y confrontadas al momento de redactar la nueva constitucin. Los y las redactores sern los mismos, dado la frmula de eleccin de las y los constituyentes, que han controlado, manipulado y expropiado la representacin la ciudadana nacional a lo largo de estos ltimas tres dcadas.

Por lo tanto, las opciones sern, entre, entre un neoliberalismo de derecha, defendido, a ultranza por la UDI, RN y Evopoli con disidencias menores, pero, no fundamentales. A las militancias de estos partidos, habra que sumarle los diversos sectores sociales y ciudadanos provenientes de la alta burguesa empresarial, exmienbros de las Fuerzas Armadas, exmienbros de los gobiernos concertacionistas, probablemente, de los sectores ms conservadores de la Democracia Cristiana, como tambin de la mediana y pequea burguesa y, por cierto, sectores populares neoliberalizados (la clase media baja aspiracionistas). O sea, sectores ciudadanos que hemos identificado como tradicionales y, probablemente, parte importante de los sectores ciudadanos no polticos, que, ante el miedo, que le generan los rebeldes, irn votar, por mantener la CP80 o, por aquellos constituyentes que defendern, en Convencin Constituyente, los principios y valores del neoliberalismo. Este sector, no es, un grupo menor, todo lo contrario. Perfectamente, podran llegar a un 25 a un 30%, de la ciudadana. Aproximadamente, 4 millones de votantes.

El capitalismo neoliberalismo ultra corregido o centroizquierdista, ser, la otra alternativa capitalista. Esta estara defendida por los sectores de la vieja Concertacin ms los partidos de la Nueva Mayora, incluyendo, por cierto, al Partido Comunista de Chile y, tambin, por lo que queda del Frente Amplio. Ellos buscaran introducir un conjunto de cambios y transformaciones al patrn de acumulacin neoliberal. Para decirlo en forma sinttica, su apuesta sera conformar o establecer un capitalismo neoliberal con enfoque basado en los derechos o un capitalismo normal O sea, un capitalismo sin Estado subsidiario, sino, en donde el deber del Estado sera atender los derechos sociales, econmicos, culturales, de gnero, como tambin de la naturaleza, lo cual implicara trabajar con las comunidades desempoderadas para aumentar su nivel de participacin en las decisiones del Estado.

En este sector, la diversidad poltica es amplia y heterognea. Entre el ala conservadora y la progresista habr fuertes disputas y conflictos que abrirn la puerta para que los sectores polticos de la derecha neoliberal puedan obtener triunfos notables. Como ya lo hemos conocido en el actual parlamento. Sin embargo, habr mucho ms las coincidencias que diferencias. En relacin al rgimen poltico, la democracia liberal representativa, la existencia de los partidos polticos, etctera; no sern significativas, no van existir, controversias profundas. Tal vez, la plurinacionalidad, ser quizs, el de mayor conflictividad. O, el tema de gnero u otras cuestiones valricas. Pero, lo que va predominar en este conglomera ser el consenso sobre la continuidad de la dominacin capitalista. Ahora, que sea, neoliberal o no, no ser lo sustantivo. Lo ms seguro que van introducir cambios polticos institucionales que no van alterar la estructura del poder social establecido hace 47 aos por las fuerzas del capital.

A pesar del desprestigio poltico de este sector entre la ciudadana. Lo ms probable que este sector sea apoyado por un 30 a 35 % de la ciudadana tradicional y ciudadana no poltica, o sea, podra obtener, aproximadamente, el apoyo de 5 millones de electores.

Mientras que los sectores opositores al proyecto constitucional estatista conformados por los ciudadanos subpoltica en rebelda, que se expresara, no votando en el plebiscito del 26 de abril, seran aproximadante, entre un 35 a un 40% de la poblacin electoral, es decir, cerca de 6 millones de ciudadanos, o sea, la mayora.

Estos sectores subpolticos han venido rechazando los procesos electorales desde 1997 en adelante en las elecciones presidenciales de 2017 constituyeron el 42%, del padrn electoral general, ellos son la mayora social y poltica. Lo cual no debiera cambiar en el prximo torneo electoral. La ciudadana subpoltica en rebelda va boicotear el plebiscito. No, porque quiera mantener la CP80, sino porque busca transformar la sociedad neoliberal y reemplazarla por otra sociedad ms justa, igualitaria, equitativa, plurinacional, en donde hombres y mujeres sean iguales en derechos, en donde los bienes naturales sean de todas y todos, o sea, comunes, donde los pueblos originarios tengan autonoma poltica, cultural y territorial, pero, respetando los derechos de las mujeres, etctera. Con una economa que proteja y en equilibrio con la naturaleza. Se trata de construir a partir del momento constituyente otra sociedad. No, se quiere otra Constitucin Poltica que ordene de manera distinta los diversos elementos que conforman el capitalismo.

La apuesta es por la construccin de una sociedad socialista. Y, la nica forma de avanzar en su construccin es hacerlo desde el poder popular. Y, l no se expresa ni tiene cabida en el actual proceso constituyente convocado por el poder del capital para frenar la rebelin popular y ofrecer un refugio a todos los sectores que se sienten amenazados por ella.

Por esa razn, hay que construir e impulsar la constituyente popular en perspectiva socialista. Esa es la tarea.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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