Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2020

Entrevista a Alberto Acosta
"Ya no se trata de ganar elecciones, sino de construir una nueva historia desde abajo"

Gabriel Brito
Correo de la Ciudadana


Es uno de los crticos ms persistentes de los gobiernos de izquierda que gobernaron pases latinoamericanos, especialmente por sus mtodos de desarrollo econmico. Explica, a la vez, dnde se ha producido la brecha para el retorno de la derecha. Fue uno de los principales constructores del movimiento Alianza Pas que elev a Rafael Correa a la presidencia de Ecuador, y ejerci como presidente de la Asamblea Constituyente que otorg a este pas una nueva Constitucin. Vivi, desde dentro, el proceso de burocratizacin y destitucin de los movimientos sociales, promovido por las izquierdas hegemnicas del continente. Alberto Acosta est entusiasmado, pero no se engaa, por los recientes levantamientos populares, que en su opinin, refuerzan que toda una sociabilidad y un modelo econmico se han agotado. Economista y autor de varios libros, advierte del espectro de la militarizacin en todo el continente y proporciona algunos elementos que considera fundamentales para construir un nuevo momento poltico positivo para las masas.

-Correio da Cidadania: El llamado fin del ciclo de gobiernos progresistas fue sucedido por el retorno de la derecha, en algunos casos, como en Brasil, el ms reaccionario y virulento desde el fin de la dictadura militar. Qu explica esta dinmica en su visin y qu podemos visualizar como expectativas generales para el 2020?

Alberto Acosta: Para entender lo que est sucediendo en este momento en Amrica Latina, especialmente en los pases donde la derecha ha reemplazado -en algunos casos increblemente rpido- a los gobiernos progresistas, como en los casos de Brasil y Bolivia, hay preguntas complementarias: Por qu se han derribado estos procesos tan rpidamente? Cmo se explica el ascenso de una ultraderecha que ya ha dejado de ocultar o esconder sus propuestas autoritarias, conservadoras y tambin neoliberales con prdicas homofbicas y racistas?

Ms all de las indiscutibles acciones desestabilizadoras del Imperio, que se suman a la influencia del "cristo-neofascista internacional", en palabras del telogo espaol Juan Jos Tamayo, algo no funcion en la Amrica Latina progresista en los aos anteriores. Se ha hablado mucho sobre la revolucin y el socialismo, incluyendo la democracia. Sin pretender agotar el tema, es evidente que los gobiernos progresistas no han logrado democratizar sus sociedades, en algunos casos incluso han pulverizado la institucionalidad poltica a la que se proponan cambiar a travs de procesos constituyentes, como en Venezuela y Ecuador.

La corrupcin ha estado presente de manera escandalosa en toda la regin, incluso en esos gobiernos. Y el deseo de mantenerse en el poder contribuy a la configuracin de regmenes caudillistas y autoritarios, que en algunos casos para mantenerse terminaron por coincidir con las fuerzas conservadoras y la derecha corrupta, como ocurri en Brasil en las alianzas del PT con el PMDB.

Pero hay ms en el fondo. Los gobiernos progresistas no intentaron superar las estructuras tradicionales de sus economas primarias exportadoras, al contrario, las profundizaron: el extractivismo fue la fuente de ingresos para sostener los esquemas neo-desarrollistas y expandir las polticas sociales, en un marco de creciente consumismo financiado, mientras dur el ciclo de altos precios de las materias primas.

En resumen, el financiamiento de estas economas descansaba cada vez ms en las exportaciones de productos primarios y en la atraccin de inversiones extranjeras, aceptando una insercin subordinada en el comercio mundial y, de paso y en la prctica, una accin limitada por parte del Estado; la expansin del extractivismo vino de la mano de claras tendencias desindustrializadoras y un aumento de la fragilidad financiera. Y como bien sabemos, han consolidado un Estado que no slo es rentista, sino tambin prcticas empresariales rentistas, esquemas que van acompaados de relaciones sociales clientelares y gobiernos autoritarios. El resumen es: ms extractivismo, menos democracia, independientemente de si son gobiernos neoliberales puros o progresistas.

Para completar este escenario, con los gobiernos progresistas la lgica de la acumulacin de capital no se ha visto afectada: a pesar de haber reducido la pobreza mientras haba recursos para sostener las polticas sociales, y el consumismo, la concentracin de la riqueza ha alcanzado niveles crecientes (tendencias que tambin se han registrado en los pases de los gobiernos neoliberales).

Como sealamos con Eduardo Gudynas -en la bsqueda de causas para entender la derrota del PT en Brasil y las secuelas del triunfo del Bolsonaro para la regin- todo esto explica por qu el neo-desarrollo -mientras dur el largo ciclo de altos precios de las materias primas- fue apoyado tanto por los sectores populares como por la lite empresarial: Lula da Silva fue aplaudido, por diferentes razones, tanto en los barrios pobres como en el Foro Econmico de Davos.

En la prctica, uno de los dispositivos que posee el capitalismo para construir hegemona, es su capacidad -especialmente durante el pico del ciclo capitalista- de reducir la desigualdad entre los trabajadores sin tocar la desigualdad entre ellos y las clases dominantes; tal capacidad es reconocida como -en palabras del gran economista peruano Jrgen Schudt- la hiptesis del "hocico de lagarto": un hocico compuesto de una mandbula superior que refleja la alta desigualdad de la riqueza, que es rgida (casi estructural) y slo se mueve ante cambios igualmente estructurales en las relaciones de propiedad de esta riqueza; y una mandbula inferior que recoge la cambiante desigualdad de ingresos, que disminuye gracias a la amplitud de las etapas de pico (el "lagarto capitalista" suelta su presa cuando tiene mucho que comer), y aumenta debido a la escasez en las etapas de crisis (el "lagarto" aprieta su presa); todo ello en medio de un ciclo capitalista que se vuelve ms voltil e inestable en sociedades extractivistas como las latinoamericanas.

Al mismo tiempo, el desarrollismo progresista, establecido en profundas races coloniales y sobre bases extractivistas cada vez mayores, se sustent en controles crecientes y severos sobre la movilizacin ciudadana, en la criminalizacin de quienes se oponan a la expansin del extractivismo, as como en la flexibilizacin de las normas ambientales y laborales para atraer la inversin. Esto debilit la base de las fuerzas sociales con capacidad de transformacin. Todo esto ha abierto el camino para el surgimiento de la actual restauracin conservadora, que en realidad comenz durante los propios gobiernos progresistas -basta recordar cmo el correasmo se opuso a la introduccin de la posibilidad legal del aborto por violacin en el Ecuador.

Aceptemos, por lo tanto: los progresistas, que surgieron de matrices de izquierda, al final simplemente administraron gobiernos que en esencia buscaban modernizar el capitalismo.

-Correo de la Ciudadana: Sin embargo, donde la derecha ha recuperado el poder central, las tensiones sociales y los levantamientos populares han aumentado. Qu explica esta dinmica en su opinin y qu expectativas podemos tener para el 2020?

Alberto Acosta: Con la llegada de la crisis econmica desatada por la cada de los precios de las materias primas en el mercado mundial, las condiciones sociales se deterioraron y con ello la estabilidad poltica: si bien el consumismo era bastante desbordante, dicha estabilidad pareca segura y el progreso estaba en buena salud. La estabilidad poltica se vio afectada por este cambio de ciclo econmico.

Un caso digno de mencin es el de Argentina: en este pas se sustituy un gobierno progresista por uno neoliberal, el de Macri, que al fracasar rotundamente permiti el retorno del progresismo, contradiciendo a quienes crean que la fase de tal espectro haba terminado. Desde otra perspectiva, es interesante observar que en Ecuador, donde el cambio de gobierno tuvo lugar dentro del mismo partido progresista, al concluir una fase de autoritarismo exacerbado -al pasar del gobierno de Correa al de Lenin Moreno- muchas organizaciones sociales anteriormente reprimidas con dureza pudieron reconstruir sus fuerzas.

Y, ciertamente, una vez terminada la bonanza progresista, el neoliberalismo encontr el terreno propicio para su resurgimiento con creciente fuerza; aunque tambin hay que sealar que en ciertos casos, como en el mismo Ecuador, se dej la puerta entreabierta para este retorno, en la medida que el correasmo alent las privatizaciones de los grandes puertos o la entrega de los campos petroleros a las empresas transnacionales, abri de par en par la puerta a la megaminacin, reintrodujo elementos de flexibilizacin laboral, firm un TLC (Tratado de Libre Comercio) con la Unin Europea... Finalmente, el pas experiment una especie de "neoliberalismo transgnico": un Estado fuerte sirvi para introducir algunos de los objetivos neoliberales ms esperados.

Es decir, con los progresistas no hubo paso a las transformaciones estructurales que permitieran -al menos para empezar- construir bases econmicas, sociales y polticas ms slidas para superar la dependencia extractiva y sus secuelas. Tampoco se han visto afectadas las estructuras de acumulacin de capital, exacerbadas por el extractivismo desvergonzado: la minera, el petrleo, la agroindustria... Adems, el progresismo, con sus polticas de disciplina social y de criminalizacin de los defensores de la naturaleza, ha debilitado las bases de la organizacin social, afectando a aquellos grupos que alguna vez se enfrentaron al neoliberalismo.

En este escenario, aprovechando el debilitamiento del progresismo y ante el deterioro de las fuerzas sociales con capacidad transformadora, las derechas retoman directamente al poder y desde all emprenden polticas econmicas que en esencia buscan aumentar an ms las condiciones de acumulacin de capital, transfiriendo el costo del ajuste a los sectores populares y a la naturaleza, como ocurre una y otra vez en nuestra historia. Es decir, el "hocico de lagarto" se cierra de nuevo.

En este punto surgen muchas de las recientes luchas populares, exacerbadas tambin por la inviable promesa de progreso y desarrollo propia de la Modernidad. As, tales acciones, con mltiples expresiones simblicas, con contenidos diversos y particulares en cada pas, caracterizaron el turbulento ao 2019 y marcarn el del 2020, en el que la represin en sus mltiples formas estar en manos de la derecha y la sorpresa -como veremos ms adelante- a cargo de las masas.

Este ser un ao en el que, sobre todo, debemos tener la capacidad de diferenciar lo que el progresismo realmente propone de lo que presentan los izquierdistas. Para enfrentar al neoliberalismo y sobre todo a las fuerzas de la ultraderecha, se pueden construir amplias alianzas que, aun as, no deben confundir a la izquierda en la conquista de su objetivo postcapitalista.

-Correio de la Ciudadana: Cmo vio los levantamientos masivos en Colombia, Ecuador y Chile y qu es lo que tienen de ms profundo?

Alberto Acosta: Son procesos alentadores. Son definitivamente alentadoras. A pesar de ciertos rasgos comunes, son procesos nicos y en cierto modo irrepetibles. Tales levantamientos son demostraciones de la capacidad de las sociedades en movimiento, con potenciales enormes e incluso impredecibles. De hecho, estos levantamientos no surgen de planes preconcebidos, y menos an estn inspirados en la lgica repetitiva del funcionamiento de muchas organizaciones sociales y polticas tradicionales. Estos levantamientos sorprendentes e innovadores, muestran que se puede dar un nuevo impulso a muchas acciones de lucha que de tan agotadora repeticin, han pasado del mbito de la constancia a convertirse slo en una somnolienta y hasta tediosa obstinacin.

Una caracterstica de estos levantamientos es la sorpresa, no tanto por el asombro que han causado, incluso para aquellos que buscan leer con atencin la evolucin poltica y social, sino porque han influido en varios gobiernos? Este es el mayor potencial: la sorpresa como herramienta indispensable para lograr el progreso, que perdurar mientras la sociedad en movimiento mantenga una alta creatividad y, ciertamente, que haya claridad en los objetivos estratgicos a alcanzar, lo cual, insistimos, no puede ser una simple reedicin actualizada de viejas propuestas, y menos an la repeticin cansadora de las mismas tcticas.

En estos pases, a los que podemos aadir a Hait, se han producido varias situaciones explosivas durante mucho tiempo, pero no parecan tan potentes como para que pudiramos anticipar una explosin de la magnitud que hemos experimentado en los ltimos tiempos. En cada caso hay varios detonantes, como la eliminacin de los subsidios a los combustibles en Ecuador o el aumento del precio del metro en Santiago, que encendieron la chispa para descubrir realidades muy complejas. En el caso colombiano y chileno, la cultura de la protesta es la dura experiencia del neoliberalismo, sin duda. En otros casos, como el ecuatoriano, la receta no slo se nutre de ingredientes neoliberales, sino de una perversa mezcla de neoliberalismo con elementos propios del progresismo, que en el caso boliviano construy el escenario del golpe de Estado por la falta de respeto del gobierno de Evo Morales a sus propias construcciones institucionales.

-Correio de la Ciudadana: Hay algn elemento que pueda explicar estos levantamientos en Amrica Latina relacionados con otros procesos en el planeta?

Alberto Acosta: Ese es un punto clave. El mundo, y no slo Amrica Latina, se ve sacudido por levantamientos que van ms all de los escenarios predecibles y que no pueden ser ledos con las herramientas tradicionales.

Por lo tanto, es urgente abordar tal evolucin sin caer en anlisis simplistas o generalizaciones que borren las especificidades, ni esperar a tener todos los elementos que permitan comprender la plenitud de tales procesos. Es el momento de interpretar lo que sucede para sacar conclusiones y lecciones al mismo tiempo que nos permitan actuar frente a desafos de gran complejidad.

Este enfoque debe hacerse desde una perspectiva latinoamericana, tratando de identificar los mnimos denominadores comunes de estos procesos. Esta es la tarea urgente para construir alternativas de izquierda y enfrentar a la derecha.

Existen mltiples focos de indignacin y frustracin en un mundo que est experimentando una crisis multifactica: ecolgica, social, econmica, poltica... Una crisis que supera en todos los aspectos las conocidas crisis cclicas propias del capitalismo y prefigura los cambios civilizadores. Las causas pueden ser diversas en cada caso, pero algunas reacciones y muchas de las confrontaciones con el orden establecido muestran algunos rasgos similares.

La institucionalidad poltica est en crisis. La democracia, independientemente del nmero de elecciones que se celebren, parece estar en modo avin, es decir, desactivada en la prctica. Los partidos polticos se han atrincherado en la defensa de sus intereses, al igual que los grandes medios de comunicacin, que se niegan a entender lo que significan las sociedades en movimiento y el origen profundo de los levantamientos en marcha. La corrupcin corre libre.

Las promesas de bienestar de la modernidad se ahogan en una realidad cada vez ms deshumanizada y destructiva. Las lites gobernantes - polticas y empresariales - responden con una violencia creciente y profundizan los conflictos con su vandalismo neoliberal. Y en este escenario la frustracin, especialmente en la juventud, en sus mltiples facetas alimenta las acciones de resistencia y protesta.

-Correio da Cidadania: Por qu estas revueltas son difusas e involucran a diversos sectores de la sociedad, relegando a un segundo plano a los partidos, sindicatos y movimientos sociales ms hegemnicos?

Alberto Acosta: Estos nuevos procesos se estn llevando a cabo en muchas partes de nuestra Amrica. Definitivamente, la frustracin popular creada y acumulada por la civilizacin de la desigualdad y el dao que est dejando en la periferia del mundo, han generado las condiciones para una explosin social que hace temblar la escena poltica. Esta movilizacin popular -como escrib en un artculo para introducir la lectura de la realidad ecuatoriana, con John Cajas-Guijarro- equivale a un terremoto que mueve y cuestiona los fundamentos de nuestras sociedades injustas e inequitativas, e incluso cuestiona las viejas formas y conceptos utilizados para entender a los sectores populares y su sufrimiento.

Aqu -como ya se ha sealado- el reduccionismo es inadmisible, ya que oscurece el panorama e impide la construccin de estrategias que potencien esta ola de luchas de resistencia y de re-existencia. La lista de problemas y frustraciones acumuladas es larga y no se reduce a una u otra medida econmica o poltica en particular, que, como ya se ha mencionado, pueden ser los detonantes de una explosin social, no su ltima causa.

Por lo tanto, sin que ello signifique la nica o mayor explicacin, el deterioro econmico est en la raz de muchos de estos procesos. Al desempleo y la miseria que surgen de este empeoramiento se suman las polticas econmicas que aumentan la explotacin del trabajo y la naturaleza. Pero la raz del problema tiene muchas ms aristas. El peso de las estructuras clasistas, patriarcales, xenfobas, racistas, etc. persiste e incluso emerge con doble fuerza, en oposicin a las mltiples protestas libertarias, ya sean feministas, indgenas, ecologistas, campesinas, laborales

A su vez, la propia violencia extractiva es un proceso interminable de conquista y colonizacin, que explica tanto el autoritarismo -progresista o neoliberal- como la corrupcin, y da paso a una creciente resistencia territorial. Luchas que tambin estn empezando a inundar las zonas urbanas: la reciente revuelta en Mendoza, Argentina, contra las megaminas es uno de los ejemplos ms recientes. Definitivamente, la pobreza, la desigualdad, la destruccin de las comunidades y la naturaleza van de la mano de las frustraciones de grandes grupos - especialmente los jvenes - movilizados sin nada que perder, porque incluso el futuro les ha robado.

Entender tal complejidad no es fcil. Aunque acojo con satisfaccin estos levantamientos, en ningn caso surgen mecnicamente de ellos claras salidas democrticas; por ejemplo, el controvertido proceso constituyente chileno sigue siendo una oportunidad llena de amenazas aunque est controlado por las mismas lites gobernantes. Lo que es ms evidente es que la violencia estatal est creciendo rpidamente y hasta las sombras de la militarizacin de la poltica se ciernen como una constante en varios rincones de Nuestra Amrica, desde Brasil hasta Ecuador, desde Venezuela hasta Bolivia, desde Chile hasta Colombia.

Dentro de esta complejidad observamos el agotamiento de una modalidad de acumulacin y sus sistemas polticos -progresivos o neoliberales- sustentados en profundas estructuras injustas y coloniales y forzados a niveles explosivos por las insaciables demandas del capitalismo global. Como bien observa Ral Zibechi: "las revueltas de octubre en Amrica Latina tienen causas comunes, pero se expresan de manera diferente.

Responden a los problemas sociales y econmicos que generan el extractivismo o la acumulacin por despojo, la suma de los monocultivos, la minera a cielo abierto, las megaciudades de infraestructura y la especulacin inmobiliaria urbana.

Son problemas que nacen de las contradicciones del capitalismo perifrico, bajo el cual los pases latinoamericanos se ven constantemente empujados a perpetuar su carcter de economas primarias de exportacin, siempre vulnerables y dependientes, que tienen tanto el autoritarismo, como la violencia y la corrupcin, como condiciones necesarias para su cristalizacin. Al mismo tiempo, persiste la lgica perversa de que se privatizan las ganancias y se socializan las prdidas, siempre con la complicidad entre el Estado y los grandes grupos de poder econmico y poltico. Mientras tanto, la posibilidad de cristalizar patrones consumistas propios de un "modo de vida imperial" se diluye en la imaginacin de amplios segmentos de la poblacin, lo que slo puede lograrse mediante la sobreexplotacin del trabajo y de la naturaleza, lo que de hecho es algo irrepetible en general.

Ante tal injusticia e indolencia de poder, cuando las estructuras polticas se han vuelto hambrientas de poder por el poder, qu le queda al pueblo ms all de la resistencia y la protesta?

-Correo de la Ciudadana: Est usted de acuerdo con la idea de que Amrica Latina pierda su papel global en la actual reorganizacin econmica que est sufriendo el planeta? A qu estamos relegados?

Alberto Acosta: Aceptmoslo: Amrica Latina nunca ha tenido un verdadero liderazgo mundial en trminos de una reorganizacin de la economa mundial. Esta regin ha sido condenada desde las horas ms remotas del capitalismo - hace ms de 500 aos - como un sumiso proveedor de materias primas. La realidad no ha cambiado en absoluto. Por el contrario, con los regmenes neoliberales y progresistas, como ya se ha mencionado, la lgica del extractivismo y el desarrollismo ha dominado el imaginario poltico de la regin en las ltimas dcadas. Las conquistas y la colonizacin son constantes en Nuestra Amrica.

En este punto es lamentable ver la incapacidad de los gobiernos progresistas para dar paso a una slida evolucin integracionista. Esto habra permitido que la regin se posicionara como un bloque poderoso en el contexto mundial. Los discursos sonoros no superaron las acciones de sumisin neoliberal. La neoliberal IIRSA (Iniciativa para la Integracin Regional Sudamericana) se convirti en COSIPLAN (Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planificacin), en esencia tambin neoliberal al asegurar la vinculacin de varios recursos de la regin con las demandas del capital transnacional y los mercados metropolitanos.

Brasil, por ejemplo, durante el largo perodo de gobierno del PT, lejos de ser un motor de un proceso de integracin regional, ha profundizado sus prcticas subimperialistas en el continente, mientras que en el interior ha expandido el extractivismo, generando un proceso de clara desindustrializacin. Todo esto ha profundizado las condiciones tradicionales de dependencia del mercado mundial.

-Correio da Cidadania: Cules seran las alternativas al marco poltico y econmico imperante? Qu ventanas parecen ofrecerse para la apertura de un nuevo perodo histrico que va en la direccin opuesta a las imposiciones de este modelo de capitalismo y por qu son necesarias?

Alberto Acosta: Mientras los diferentes grupos de poder, aparentemente, se preparan para imponer el capitalismo total a travs de varias formas de autoritarismo, incluyendo la de corte fascista, las luchas populares necesitan organizarse y verse a s mismas como luchas de mltiples dimensiones. Deben asumir simultneamente una dimensin clasista y ambiental (trabajo y naturaleza contra el capital), una dimensin descolonial (como la histrica reivindicacin indgena), una dimensin feminista y antipatriarcal, una dimensin opuesta a la xenofobia y al racismo... Definitivamente, una lucha mltiple que debe buscar un maana ms justo para todos y todas. Una lucha que, partiendo de la rebelin, es la semilla de un nuevo futuro.

Dentro de este nuevo futuro, un elemento clave es la urgente necesidad de construir y planificar una nueva economa, al servicio de la vida humana -individuos y comunidades- y siempre en estrecha armona con la naturaleza: la justicia social debe ir siempre acompaada de la justicia ecolgica, y viceversa. La construccin de esta nueva economa es crucial, ya que la economa dominante en la civilizacin actual ahoga el mundo humano y natural, mientras acumula capital y poder en beneficio de pequeos segmentos de la poblacin. Y mientras tanto, los desposedos del sistema no tienen otro remedio para evitar morir en el olvido que luchar por el colapso de una economa que, siempre, busca salir de su crisis sacrificando vidas -e incluso la naturaleza- para sostener el poder de unas pocas lites.

En definitiva, lo que est claro es que la premisa descolonizadora y despatriarcalizadora, elementos fundamentales para superar la explotacin de los seres humanos y la naturaleza por el capital, exige la refundacin de los Estados nacionales coloniales, oligrquicos y capitalistas para que estas transformaciones no queden simplemente en los discursos. No se trata simplemente de ganar elecciones para acceder al poder, sino de construir el poder desde abajo, desde la izquierda y siempre con la Pachamama (la madre tierra) para impulsar un proceso de radicalizacin permanente de la democracia.

Por consiguiente, es urgente construir una nueva historia en el camino, que necesita una nueva democracia, pensada y sentida a partir de los aportes culturales de las diferentes comunidades, en particular de los pueblos marginados, ya que ellos son los creadores; es decir, una democracia inclusiva, armoniosa y respetuosa de la diversidad.

Todo ello en el marco de propuestas de transformaciones profundas y civilizadoras, en las que se debe hacer hincapi en garantizar simultneamente la pluralidad y la radicalidad. Una tarea que no ser posible de la noche a la maana, sino a travs de sucesivas aproximaciones, que enfrenten a todas aquellas mquinas de muerte que amenazan la supervivencia humana y la vida en el planeta. Requerimos acciones que fusionen las luchas de resistencia con acciones de re-existencia a nivel local, nacional, regional e internacional... Para hacer frente a la "internacional de la muerte" necesitaremos una "internacional de la vida", de una vida digna para todos los seres humanos y no humanos. Este esfuerzo debera liberar a las fuerzas sociales que ahora estn atrapadas en diversas instituciones del poder estatal, mejorando sus capacidades de autosuficiencia, autogestin y autogobierno. Todo esto exige no slo inteligencia en la crtica, no slo profundidad en las alternativas, sino sobre todo la accin creativa de las fuerzas polticas que hacen posible estos procesos emancipatorios.

http://www.correiocidadania.com.br   
Traduccin de Correspondencia de Prensa: https://correspondenciadeprensa.com


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter