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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2020

Cada vez nica, el fin del mundo

Miguel Casado
Rebelin


Cuando, en uno de los primeros libros de Luis ngel Lobato (Medina de Rioseco 1958), se lee: donde una vez imagin la silueta del mar, se evoca una imagen que conocemos los que fuimos nios del interior, sntesis perfecta de la imaginacin y la ausencia; recuerdo la zona portuaria que cada domingo distingua yo a lo lejos, ms all del tendido de cables de la vallisoletana calle de la Estacin. En Lobato, una reiterada imagen marina da nombre a una prdida que es raz de su mirada, carencia irreparable que se asocia a existir, y sus poemas asumen el espacio de lo elegaco, aunque rehyan su tpica buscando un mbito que acoja lo personal. Conoc a Luis ngel antes de que empezara a publicar, fui leyendo sus libros; pero ha sido el ltimo, Unos ojos en la travesa, el que me empuj a releer todos los anteriores, y a preguntarme por ese lugar.

Si al principio el poeta explora una memoria de la infancia que es reconstruccin de una atmsfera personal y colectiva, como un recorrido entre las ruinas que a menudo se dispersan por Castilla, enseguida la mayora de sus libros va a insistir en la centralidad del amor y el anlisis de la prdida amorosa. Opcin temtica, s, porque el tema parecera inscribir su obra en una tradicin petrarquista, romntica y, a la vez, conferirle su verdad. Por eso tiene mucho inters su trayectoria para apreciar de qu modo esto es y no es as.

La prdida subyace y aun precede al trazado de la historia, que nunca est contada, no enlaza ancdotas. A veces asume tintes inciertos, parece asunto de la escritura ms que de un exterior biogrfico. Sin embargo, esto no impide que su presin sea obsesiva, un pulso que decide la vida y este vaivn, esta pasin imprecisa y extrema imprimen un sello muy peculiar. Es un sueo fechado en 1984 el que se adelanta a interpretar la separacin amorosa ltima, posterior en tres dcadas, y as el final de la historia se asemeja mucho al principio. Mientras esto se devana de manera constante, su lnea emotiva se va haciendo escritura y mundo con la potencia de un mito, el denso depsito de siglos de literatura, una inclinacin a la prioridad de la palabra.

Son los ojos la imagen que articula, en sus retornos, el curso de este trayecto sin movimiento: los ojos del t, que ofrecen referencia y ya entonces en la privacin desde los lejanos poemas de Galera de la fiebre me asomo a la inquietud final / del abandono, / a los das sin tus ojos hasta los recientes, que resuenan a lo largo del ltimo libro tus ojos / cruzando la amnesia / de aquella travesa. Los ojos del yo, tambin, que muy pronto empiezan a presentarse como estancados, parlisis entre los sedimentos de una vida inmvil, de una repeticin tan intensa que no se siente como tal. Ojos estancados, ya no rganos de percepcin, sino obsesivos vigas de la memoria, regidos por un ensueo que no distingue entre lo ocurrido y lo deseado, tela de araa a la que se adhieren los datos de lo real y lo irreal. Aunque el tono de los primeros libros es muy diferente al que se impone a partir de Brillante y Lmparas, y su lengua es otra, el espacio de esta poesa quedaba ya constituido en el abismamiento de aquellos ojos. Se habla de una realidad, pero esta nunca aparece; las palabras apuntan a una experiencia, pero su ncleo de palabras no parece ubicarse en el mundo: habito / dentro de aquella esfera / transparente / que una vez me concediste. Lugar mental, esencial, lugar sentimental que el poema garantiza y preserva: el nfasis en la eufona, el sabor retrico de los adjetivos en los libros iniciales, es seguramente la forma de ese cuidado.

La convulsin a que este lugar es sometido por Brillante (uno de los apagones que suele sufrir por desgracia la edicin de poesa hizo que este libro de 2005 no se publicara hasta 2016), y por el extraordinario Lmparas, recuerda que el poeta se juega su mundo en la lengua. Un extraamiento lxico en el que dejan huella los relatos de ciencia-ficcin (una luz desprendida en el msculo del cielo) o las pelculas del gnero negro, una fragmentacin que impide cualquier engaosa fluidez, pues la interrupta sequedad reduce a astillas, a esquirlas, las frases a la manera de una vida tambin en aicos, tambin obstruida. El espacio est estancado, el tiempo no transcurre; pero los poemas generan otra clase de temporalidad: momentos encendidos que hablan por s solos, un juego de fechas manejado por el azar, los efectos fluctuantes de las bombillas, / sus nerviosas ligaduras juego de luces y pulsiones que se asociara al rock, grumos de emocin, un calendario de pasadizos. Esta clase de temporalidad establece el escenario, se hace espacial en la voz: bajo a la calle y busco tus palabras / entre las travesas del tiempo, a veces se cree escuchar una conversacin ausente, un dilogo sumergido. La forma es el contenido.

El arquetpico lugar sentimental es ahora un lugar existencial, all donde se vive, all donde se es. Aunque las imgenes se cierran como coloridas bolas minerales, brillo en el intersticio de los hechos, la vida se manifiesta transparente. Hiere. Las madejas de la noche / entre rescoldos de azar: ms que lmparas los poemas son chispazos, brotes de yesca, aspereza cortante. O hendiduras que remiten a las discontinuidades de la ciencia-ficcin. En los dos ltimos libros Dnde estabas el da del fin del mundo, Unos ojos en la travesa este espacio se asume de modo consciente: he prometido avanzar / con este libro de supervivencia, se prolonga, parece liberarse en el conocimiento, por doloroso que sea. Un elemento grotesco o histrinico a veces, unas puntadas sarcsticas, un fogonazo de ancdota, seran quiz grmenes de otra msica, quin sabe si otro mundo que la escritura dir. Hasta aqu, la lengua fue un lugar existencial, ofreci a su manera astillada el argumento de la historia; la entrega del poeta a sus apuestas hizo del riesgo sentido: el poeta del cine negro y del rock, conmovida metamorfosis del poeta romntico.

Lecturas:

Luis ngel Lobato, Galera de la fiebre. Valladolid, Fundacin Jorge Guilln y Diputacin Provincial, 1992.

Lmparas. Valladolid, Tansonville, 2010.

Dnde estabas el da del fin del mundo. Palencia, Clamo, 2014

Brillante. Madrid, Playa de Akaba, 2016.

Unos ojos en la travesa. Madrid, Playa de Akaba, 2017. Jacques Derrida, Cada vez nica, el fin del mundo. Traduccin de Manuel Arranz. Valencia, Pre-Textos, 2005.

(Texto publicado en Tamtam Press)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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