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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2020

En defensa de una democracia efectiva

Jorge Franco
Rebelin


Ayer 12 de enero se dio a conocer una declaracin titulada en defensa de la democracia suscrita por un centenar de personas, entre las cuales figuran conocidos dirigentes de la ex Concertacin. En lo esencial, se trata de un llamado a condenar las acciones de violencia asociadas a la multitudinaria protesta social que se ha venido expresando en las calles del pas desde el 18 de octubre pasado y a encauzar y superar el conflicto por el camino institucional surgido del llamado acuerdo por la paz del 15 de noviembre.

Dicha declaracin comienza sealando que en dictadura luchamos para recuperar la democracia, hoy debemos defenderla de la violencia irracional o premeditada de sus enemigos, quejndose luego de las manifestaciones de violencia y furia contra quienes se empean en superar la crisis y avanzar en el proceso constituyente, acordado por una amplia mayora poltica, que ve en la paz y en la convivencia civil el camino propio de la democracia y denunciando, finalmente, como real trasfondo de la violencia, la existencia de una voluntad calculada o ciegamente impulsiva que pretende profundizar o mantener la crisis que afecta a millones de chilenos y chilenas que desean seguir estudiando, trabajando y realizando sus vidas en un pas democrtico e institucionalmente seguro.

Llama la atencin primero que varios de los firmantes de este llamamiento contra la violencia y a favor de la democracia son personas que en su momento promovieron y festejaron el derrocamiento del gobierno constitucional del Presidente Allende. Todos los firmantes dicen haber luchado por recuperar la democracia, aunque es sabido que durante los aos de dictadura muchos de ellos jams corrieron el ms mnimo riesgo en Chile. Personas que luego se allanaron a pactar con la dictadura tras la derrota de sta en el plebiscito de 1988 y a legitimar esa transicin a la democracia que sus idelogos haban concebido de manera tramposa para neutralizar la voluntad popular e impedir que se pudiese materializar en el pas cualquier cambio realmente significativo: la llamada democracia de los acuerdos.

La preocupacin que ahora manifiestan se orienta a condenar exclusivamente la violencia que observan como parte de las protestas ciudadanas. Ni una sola palabra, en cambio, para condenar la brutalidad con que ha actuado la polica, daando severa e intencionalmente la integridad fsica de los manifestantes! Solo una tibia alusin a la necesidad de que la polica acte con mesura e inteligencia, en pleno respeto de la integridad y los derechos humanos de los ciudadanos que se manifiestan. Como se sabe, la expresin ms siniestra, aunque no la nica, de esa descontrolada violencia policial han sido los traumas oculares ocasionados a ms de 360 personas, causndoles a muchas de ellas una prdida total o parcial de la visin. En qu otro lugar del mundo ha ocurrido algo parecido? Y tampoco han faltado aqu los maltratos y vejaciones, ni los muertos y heridos a bala.

Pero, sin duda, el inters central de quienes firman esta declaracin es el de lograr que la crisis actual pueda ser superada a travs del proceso constituyente, pactado por esa amplia mayora poltica, que ve en la paz y en la convivencia civil el camino propio de la democracia. Un proceso acordado, recordmoslo, arrogndose una vez ms la representacin de esa amplsima mayora ciudadana que ha manifestado masivamente en las calles su profundo descontento, precisamente, con las polticas que a esa misma mayora poltica le han parecido hasta ahora tan claramente benficas y convenientes para el pas. Y cul ha sido el camino esta vez pactado por ella? Pues uno concebido ex profeso para impedir nuevamente que el marco jurdico-poltico sobre el cual descanse la convivencia social resulte ser, en definitiva, una genuina expresin de la voluntad soberana de la nacin.

Qu otro propsito sino ese puede tener el que el organismo constituyente que se elija carezca de todo poder real, no solo sobre la vida poltica del pas sino que incluso para dictar sus propias normas de funcionamiento? Qu otro propsito puede tener que la propia generacin de este organismo deba atenerse a las normas electorales actualmente vigentes, las cuales entregan a los partidos polticos legalmente reconocidos la facultad de seleccionar a los postulantes? Y, sobre todo, qu otro propsito puede tener la regla de quorum supramayoritario de dos tercios acordada para la elaboracin de todo el articulado de la nueva Constitucin, excluyendo adems la posibilidad de que los desacuerdos sean dirimidos directamente por la ciudadana a travs de una consulta plebiscitaria?

Esta regla de quorum es similar a la que actualmente impide toda reforma significativa de la Constitucin que nos rige, como lo evidenci esta semana la votacin que tuvo lugar en el Senado en torno al proyecto de reforma constitucional sobre el dominio y uso de las aguas, en que una mayora de 24 contra 12 result insuficiente para aprobarlo. De modo que, de mantenerse vigente como parte del proceso constituyente pactado por esa amplia mayora poltica como va para superar la actual crisis social y poltica, dicha regla de quorum supramayoritario constituir la artimaa requerida por los poderes fcticos que gobiernan el pas para privar todo lo que se haga de un efectivo poder ciudadano para modificar el actual estado de cosas. En otros trminos, solo estaremos ante una gigantesca operacin de gatopardismo, cuyo conocido lema es: hay que cambiarlo todo para que todo siga igual.

Sin embargo, para ser genuina y robusta, una convivencia social pacfica necesita estar claramente basada en principios y condiciones de real justicia social. De lo contrario, ella solo ser expresin de una situacin de obligada, y por lo mismo frgil y transitoria, sumisin de los que se ven sistemticamente atropellados y ninguneados por quienes los explotan, oprimen y discriminan. Por lo tanto, es evidente que si lo que realmente interesara a los firmantes de la declaracin que comentamos es el fin de la violencia, sea poltica o simplemente delictual, sobre todo si ella parece operar ya sin control alguno, para ello no basta con condenarla. Ante todo hay que interrogarse por las causas que la provocan, exasperando a la poblacin, y emprender una accin decidida para erradicarlas.

Por lo dems no es efectivo que toda forma de violencia poltica, por desagradable que ella sea, merezca ser siempre condenada, venga de donde venga como suele decirse. De hecho, los pueblos acostumbran incluso a erigir monumentos para honrar la memoria histrica de muchos que en su momento la ejercieron, no para oprimir sino para emanciparlos de tiranas infames y terminar con sus injusticias. Y los chilenos no somos una excepcin a este respecto. Por lo tanto la cuestin consiste ms bien en distinguir de partida entre una violencia legtima y otra ilegtima, lo cual en definitiva deriva de los fines que se buscan con ella -si agredir o defenderse, oprimir o emanciparse- y de las condiciones especficas en que se la utiliza. Si sus fines son legtimos, lo que siempre ser moral y polticamente repudiable es toda forma de violencia innecesaria.

Pero, como es obvio, un estallido social tampoco es el resultado de una decisin racional, sino de un descontento ya generalizado y explosivo. Ante ello parece sensato afirmar, como lo hace esta declaracin, que de la violencia y destruccin no emerger la solucin a las justas demandas del pueblo chileno y la nueva Constitucin que harn un Chile mejor. Sin embargo, los hechos parecen indicar exactamente lo contrario! Recordemos tan solo que este estallido social fue antecedido de innumerables manifestaciones de protesta pacfica que han sido sistemticamente desodas por esa misma amplia mayora poltica que ha gobernado el pas durante estas ltimas tres dcadas de democracia. Una casta poltica que siempre hasta ahora ha preferido atender a las demandas de los grandes empresarios e ignorar casi por completo los principales reclamos de la ciudadana, apostando simplemente al desgaste de sus movilizaciones.

Cabe preguntarse entonces, cul es la responsabilidad que les cabe a quienes se lamentan ahora de la violencia con que irrumpi el estallido social porque esto haya ocurrido? La verdadera crisis que afecta a millones de chilenos y chilenas es, insistimos, aquella a la que han conducido las polticas indolentemente acordadas hasta ahora por esa misma casta poltica que a travs de esta declaracin nos sermonea ahora diciendo que d emocrtico es un pas en el cual los ciudadanos participan activamente en los destinos de la nacin. Democrtico es un pas que no teme al pluralismo, al debate y a las ideas distintas. Que eleva a principios constitucionales los valores de la libertad, de la solidaridad, y del humanismo laico y cristiano.

Cabe preguntarse en qu pas viven estas personas! Ese no es el pas que conoce la inmensa mayora de los chilenos! Adems, dicho con toda claridad, democrtico es un pas en el que el pueblo es efectivamente el soberano, en el que sus representantes no se benefician a s mismos ni actan como les da la gana y en el que las leyes son, por lo tanto, una clara y genuina expresin de su voluntad mayoritaria. Nada de eso acontece en el Chile de hoy, en que las campaas electorales son transversalmente financiadas en su mayora por los grandes poderes fcticos empresariales, en que los polticos suelen apernarse en sus cargos, asignarse sueldos millonarios, con frecuencia junto a toda su parentela, y dejarse sobornar fcilmente. A ello se debe el profundo descrdito en que, a ojos de la inmensa mayora, ha cado toda la casta poltica. De modo que los valores morales de una cultura democrtica no se han extraviado en medio de la violencia y la intolerancia sino de la obscena venalidad y corrupcin de la propia casta poltica.

Por ltimo, arrogndose con su habitual desparpajo la representacin del sentir ciudadano, los redactores de esta declaracin, como parte de esa casta corrupta que se ha ganado merecidamente el generalizado repudio de la poblacin, sostiene ahora que la gran mayora de chilenos han escogido el camino del proceso constitucional dentro de las reglas y el respeto democrtico. Como si ignoraran que, hasta ahora, la gran mayora no ha tenido posibilidad alguna de escoger nada realmente significativo porque esa misma casta poltica siempre se las ha ingeniado para torcer el veredicto de las urnas y porque frente a los problemas ms relevantes se ha negado sistemticamente a consultar directamente su opinin, optando en cambio por resolverlos de comn acuerdo entre las cuatro paredes de cocinas como la del 15 de noviembre!

Es por eso que la mayora de la ciudadana ha terminado, eleccin tras eleccin, por abstenerse de concurrir a las urnas, sabiendo que su opinin y su sentir no es tomado para nada en cuenta en las decisiones que adoptan las autoridades. Autoridades que a pesar de resultar electas con porcentajes ridculamente bajos presumen haberlo sido con el voto de amplias mayoras. Lo que la actual rebelin popular y la profunda crisis social y poltica que ha provocado ponen a la orden del da es, en cambio, la necesidad de avanzar hacia aquello que la casta poltica ha motejado insistentemente de populismo, esto es hacia una real democratizacin de la vida poltica, econmica, social y cultural del pas.

En efecto, una democracia real significa algo muy distinto al pervertido sentido que la casta poltica le ha endosado a este concepto, como si su esencia consistiese en una mera disposicin a negociar y acordar, esforzndose incluso por unir el aceite con el vinagre. No, democracia significa, simplemente, el poder del pueblo, cuyo principio basal no es otro que el de la soberana popular. El pueblo es el nico soberano. En una democracia verdadera es la voluntad popular la que ha de imperar mediante simple mayora, no la sus eventuales representantes. En una democracia verdadera solo el reconocimiento y respeto a los derechos humanos, incluido el respeto a los derechos polticos de las minoras, escapa al libre juego de mayoras y minoras. En todo lo dems debe primar la voluntad de la mayora. Es en esa direccin que necesitamos abrir ahora un verdadero proceso constituyente en Chile!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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