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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2020

Una generacin feliz (II de III)

Jaime Richart
Rebelin


Como quien pasa bruscamente de la oscuridad a la luz del sol o de la luminosidad a la oscuridad, ha de ir adaptando la pupila al grado de luz o de penumbra, as pas mi generacin de un rgimen a otro; con los ojos entornados, observndolo todo con curiosidad y expectacin al mismo tiempo, pero tambin con cierto aturdimiento y temor a lo que podra seguir. Los militares transmitan con su silencio una atmsfera de tensin que recorra el sistema nervioso de todo el pas. Se hablaba de estar redactndose una Constitucin. Pero al final, lo que supimos es que ninguno de sus siete redactores proceda del pueblo llano. Por lo que no podramos abrigar mucha esperanza de que la concepcin general de lo que luego llamaron pomposamente Carta Magna (como si estuvisemos en los albores de la rendicin de la realeza a la aristocracia en 1215 en Inglaterra), incluyese la oferta de una reconciliacin simblica que de algn modo reparase el dao de postguerra causado por la dictadura a los perdedores de la guerra. Pero en Espaa, del curso de la historia nunca puede esperarse esa clase de grandezas.

El caso es que los de mi generacin, en trminos generales, cuando lleg el da cumbre, ya estbamos situados en la sociedad. La mayora, quiz todos, tenamos una vivienda en propiedad, un empleo slido, pues entonces no haba apenas paro, hijos y confort. Lo que hubiese de suceder en el plano poltico, tan acostumbrados estbamos al absoluto ayuno de poltica, lo mismo que de sexualidad, exclusivamente subrepticia, casi nos resultaba indiferente. Lo nico que sabamos por va de intuicin es que pronto habra tres cosas importantes: divorcio, libertad sexual y libertad de expresin. Y eso, de momento, nos bastaba. Porque, con la ingenuidad del inexperto, del que no ha vivido todava lo suficiente ni ha pasado por semejante trance, de lo que estbamos seguros es que aquella Constitucin, monarqua incluida, con el tiempo pasara a mejor vida. Pues las condiciones en que se manifest la volont general en las urnas eran espantosas. Estaban tan viciadas que no era posible que aquella suerte de pacto social votado casi de modo espasmdico, fuese a ser definitivo. Sobre todo una monarqua restaurada de repente. Pero aquellos no era el momento de leer el articulado y menos analizarlo. Lo que importaba era dejar atrs cuanto antes el Movimiento. Lo que s observbamos algunos es que el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial, polticos y jueces, eran hijos bastardos del Rgimen que creamos bamos ingenuamente a superar al completo. Desde luego, nadie en sus cabales en 1978 poda imaginar que el texto constitucional de una nacin nueva redactado en tan dramticas circunstancias, fuese a ser para siempre. Y menos an que cuatro dcadas despus, ahora, fuese a ser interpretado, en cualquier materia pero sobre todo en la territorial, con la convulsa rigidez de los fanticos capaces de encarcelar casi de por vida a quienes en un conflicto poltico territorial no haban empleado en absoluto la violencia material.

Se haba remodelado un poco la organizacin poltico-administrativa de las regiones y provincias, pero las delegaciones de gobierno en cada Autonoma no bastaban a los cocineros. Las Diputaciones, fiscalizadoras de cada Autonoma, reforzaran el principio franquista de la una, grande y libre. Los pases de la Europa Vieja y la CEE, que se sepa, ni oficial ni oficiosamente, naturalmente, se inmiscuyeron pero tampoco se pronunciaron acerca de aquella Constitucin que la mitad de Espaa, probablemente al igual que ellos, consideraba slo de circunstancias. Se conoce que debieron darse tambin por satisfechos al haber cesado por va natural la vergenza al sur del continente de un dictador fascista, despus de haber librado ellos aproximadamente por las mismas fechas en que ste se apropiaba del poder en Espaa, una pavorosa guerra contra otro militar de su ralea y ganarla. Ms adelante, un ms que seguro simulacro de golpe de Estado frustrado en Espaa tendra el objetivo de robustecer la figura regia, cada da de peor reputacin por la escasa dignidad mostrada en su comportamiento como rey, como hombre y como esposo. Su comparecencia en la televisin como salvador de una posible nueva dictadura militar, en un montaje en toda regla con la colaboracin de los medios de comunicacin, consigui recomponer un poco su figura y con ello se afianz la monarqua. Ah es nada. En realidad, si yo hubiese sido un pcaro o un fullero como ellos, tambin hubiera sugerido la artimaa. Por otro lado, de la Unin Europea, en concepto de fondos de cohesin, Espaa empez a recibir ingentes cantidades de dinero. Con todo ello se consolidaba el flamante Rgimen, pero para muchos como una democracia de mala muerte. Desde luego, gran parte de la ciudadana, la habitualmente perdedora, se vea ms asistiendo a una farsa que al supremo comienzo del verdadero gobierno del pueblo para el pueblo. Como deca Simn Bolvar: ms que por la fuerza, nos dominan (ahora) por el engao. Y as seguimos hasta ayer...

En todo caso, lo que que al menos media Espaa no poda imaginar es que pasado un tiempo prudencial, una, dos o tres dcadas, dadas las condiciones extraordinarias en que se promulgaba la Constitucin, enterrada ya aquella turbia Transicin, no se tomasen dos decisiones institucionales a cual ms deseada: la apertura de un proceso constituyente (o al menos la reforma profunda de la Constitucin) y el referndum monarqua/repblica. Pues bien, han pasado ms de cuatro dcadas y no slo no se han odo propuestas y ni siquiera mencin a ninguna de las tres, es que asoma todo lo contrario. Pues, de los dominadores polticos que provienen por va gentica de los centros neurlgicos de la dictadura, cada da que pasa con ms redobles, se escuchan tambores de guerra que anuncian el camino a no muy corto plazo de una nueva y grave involucin. De momento, slo se limitan a insultar al Parlamento y a la Justicia europeos a los que pertenecemos. Menos mal que, en principio, parece sta atemperar a la justicia espaola, a la que por ahora pone en evidencia su discurrir y proceder respecto a los miembros del gobierno cataln disparatadamente condenados...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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