Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2020

Resea
Capitalismo y patriarcado

Jule Goikoetxea
El Salto

Si queremos analizar el nivel de "patriarcalizacin" de un pas, deberemos medir no solo la mercantilizacin de las mujeres sino tambin su familiarizacin.


Tras leer el libro Patriarcado y Capitalismo de Josefina L. Martnez y Cynthia Luz Burgueo (Akal, 2019), no hay duda de que es un tesoro en lo que refiere a la compilacin de datos que tienden a darse y publicarse (no ingenuamente) por separado, de forma que no podamos ver la dimensin estructural del capitalismo patriarcal. El libro, organizado en once captulos, nos ofrece una panormica de la situacin actual de las trabajadoras, que en esta fase neoliberal donde el capitalismo industrial se entrelaza con el capitalismo financiero, digital y de servicios, lleva a la gran mayora de la clase trabajadora a una situacin vital de precariedad gobernada por una necropoltica que ya no disimula sus objetivos de aniquilacin: aniquilacin de vida, de recursos, de ecosistemas enteros, de toda lucha poltica, del buen vivir y de la dignidad; y es que como dice el lema pan y rosas no solo de pan viven las trabajadoras.

Los primeros captulos se centran en recoger, ordenar y analizar los datos de la miseria, la precariedad y la esclavitud que millones de mujeres sufren, no solo por ser mujeres, sino tambin por ser trabajadoras, y no solo por ser trabajadoras, si no por ser migrantes y racializadas, por ser no-europeas, no-blancas y no ajustadas a los patrones de comportamiento que el capitalismo heteropatriarcal ordena. Las autoras no solo marcan una lnea roja con respecto a las mujeres capitalistas, como Ana Botn, que defienden un feminismo neoliberal que no tiene como objetivo mejorar las condiciones materiales y por tanto simblicas (que refiere a la autoridad, al prestigio y a la capacidad de produccin epistmica) de las mujeres (que son en ms de un 95% de clase trabajadora), si no que instrumentalizan el feminismo para expandir el capitalismo y legitimarlo, como hace el capitalismo con todo tipo de luchas, sean obreras, antirracistas o anticolonialistas. No est dems, de todas formas, recordar que hay feminismo liberal igual que hay obrerismo patriarcal, aunque el libro se centre ms en lo primero que en lo segundo.

Merece especialmente la pena toda la informacin y los datos, incluidas las entrevistas, que describen la situacin de las mujeres trabajadoras, y en especial de los sectores feminizados y ms precarizados como son las trabajadoras del hogar, de la limpieza y del cuidado. Me ha resultado muy valioso el que hayan recogido datos no solo europeos sino mundiales en lo que refiere a la explotacin de las mujeres, ya que complementan la ltima investigacin que hemos realizado sobre el patriarcado liberal vasco, donde se realiza un anlisis de cuatro dimensiones del patriarcado y de su reproduccin en la era neoliberal. Los resultados coinciden: las mujeres trabajan una media de 400 horas ms al ao, reciben de media un 30% menos de salario, un 45% menos en lo que refiere a las pensiones, y el porcentaje del PIB que proviene del trabajo domstico no remunerado de las mujeres es de alrededor de un 40% (dependiendo el pas, en el caso de hego Euskal Herria entre un 32 y 34%). Son ellas las que piden excedencias para el cuidado y la crianza (92-95%), las que pierden capital econmico y social con cada hijo que tienen y las que sufren el 99% de la violencia directa de los hombres.

Algunos de estos datos se desgranan por captulos, donde se muestra que dependiendo del estado o rgimen de bienestar de los estados-nacin keynesianos, las mujeres trabajan ms o menos horas sin remuneracin. En los pases donde el estado es ms amplio, es decir, donde la densidad institucional publica es mayor (como en los pases llamados socialdemcratas del norte de Europa) las mujeres hacen menos trabajo domstico y no remunerado, mientras que en los pases de rgimen mediterrneo como Espaa, Italia y Grecia llegan incluso a las 20-25 horas de trabajo domstico semanal no remunerado, debido a que al nivel de familiarizacin es mayor, lo cual se debe en parte a que las instituciones pblicas no se hacen cargo del trabajo no remunerado de las mujeres, y los hombres tampoco. En el libro no se hace esta diferencia, pero los estados conservadores continentales, como Francia y Alemania, difieren de los mediterrneos en algunos aspectos, como por ejemplo en que las mujeres trabajan menos horas sin remuneracin. Por ltimo, tenemos los estados liberales (mal llamados liberales, ya que todos los son), que son prcticamente todos aquellos del imperio britnico, incluido los Estados Unidos, donde las instituciones pblicas son mnimas y el nivel de mercantilizacin de la clase trabajadora es mayor que en el resto de estados referidos. En estos ltimos el nivel de familiarizacin depende totalmente de la clase socioeconmica.

La combinacin genocida entre patriarcado y neoliberalismo capitalista, y de sus consecuencias, se muestra durante todo el libro de forma concisa y contundente. El bienestar material de las mujeres vara en funcin de su nivel de patriarcalizacin y no solo en funcin del nivel de privatizacin, financiarizacin y mercantilizacin de una comunidad poltica. Por lo tanto, si queremos analizar el nivel de patriarcalizacin de un pas, deberemos medir no solo la mercantilizacin de las mujeres sino su familiarizacin. Es cierto que el libro no se centra tanto en las bases estructurales de la desigualdad entre hombres y mujeres, sino ms bien en la desigualdad de las mujeres entre clases socio-econmicas diferentes. Se describe, pero no se explica la base de la subordinacin de las mujeres con respecto a los hombres de su misma clase socio-econmica, pero se comentan las diferentes dimensiones de la subordinacin patriarcal en el neoliberalismo. Para entender la subordinacin especifica de las mujeres, es decir, para entender el patriarcado, es necesario relacionar sistmicamente todas sus dimensiones: las relaciones patriarcales en el trabajo remunerado, en el trabajo no remunerado, en el estado (sistema de leyes, de justicia, educacin, sanidad, polticas pblicas, etc.), en el mbito poltico-publico (movimientos sociales, partidos, medios, calle, juerga, etc.), en el mbito de la sexualidad y en el de la violencia directa de los hombres contra las mujeres.

El libro no pretende ser explicativo, sino ms bien descriptivo, proporcionando un material absolutamente necesario para que, en pasos posteriores, podamos explicar el patriarcado neoliberal. Es cierto que, a diferencia de la primera parte, en la segunda parte del libro, a partir, sobre todo, del captulo V, el anlisis explicativo comienza a coger algo ms de fuerza. Las autoras ofrecen un resumen de las posiciones del feminismo obrerista, del feminismo materialista, del feminismo interseccional y negro, entre otros. Aqu es cuando ms dudas y preguntas me surgen. Lo cual es de agradecer. Difiero en varios puntos, uno de ellos, en lo que respecta al movimiento feminista autnomo, que creo que es, no slo imprescindible, sino que tiene que liderar (junto con las mujeres organizadas dentro de mbitos mixtos) la lucha feminista.

Un segundo punto en el que probablemente no disentimos pero que quiero traer a colacin por los debates que en torno a ello estn surgiendo, y en los que profundizaremos en otros foros ms dialgicos (como por ejemplo en el IV. Congreso Internacional de Marxismo Feminista que celebraremos en Bilbao en octubre de este ao), es el que refiere al feminismo materialista, que junto con el obrerista, son parte de una extensa familia de corrientes desarrolladas a partir del feminismo marxista y otras corrientes de tercera ola: me gustara simplemente recalcar que el feminismo materialista de Mies y Delphy, desarrollado posteriormente por Wittig, entre otras, poco tiene que ver con el feminismo del Partido Feminista de Espaa, a pesar de que se autodefinan de esa forma. Su feminismo est ms cerca del feminismo de la diferencia, el cual considero, en general, esencialista, conservador, trnsfobo y biologicista, y en las antpodas del feminismo materialista, obrerista, marxista y de todo feminismo que se precie de izquierdas y luche por la emancipacin, como lo es tambin el transfeminismo de las mujeres de la clase trabajadora, tal y como las autoras dejan claro durante todo el libro.

Tomando como excusa el anlisis que se hace en los captulos de la segunda parte del libro, me gustara profundizar en un tema que considero imprescindible para avanzar tanto en la dimensin terica como en el eje de la movilizacin poltica: el feminismo materialista, y si se quiere, el feminismo materialista transfeminista, al entender las mujeres y los hombres como clases sociales no conlleva ningn biologicismo (tampoco el feminismo obrerista ni el marxista) y por eso propone precisamente la desaparicin de la clase de los hombres y de las mujeres mediante diversas estrategias de lucha (la lucha de clases), para que el patriarcado caiga, igual que cuando se plantea la desaparicin del capitalismo mediante la lucha de clases capitalista-obrero. Y aqu viene el nodo gordiano que estoy deseando poder debatir en nuestros prximos encuentros: descartar que las mujeres son una clase social argumentando que no todas tienen los mismos intereses implica afirmar que la clase trabajadora tiene los mismos intereses, pero no hay ni una sola autora (ni autor) contempornea que defienda, dentro de la tradicin marxista (ni weberiana) esto ltimo. Todas las clases sociales, todas, tienen ciertos intereses comunes y otros divergentes, dependiendo de si hablamos de las reglas del juego (del capitalismo o del patriarcado), de los movimientos dentro de las reglas del juego (capitalismo indio o noruego, patriarcado saud o vasco, europeo o africano) o si hablamos del juego mismo (sistema capitalista o socialista; sistema patriarcal o feminista). La complejidad que constituye analizar, identificar y establecer intereses y condiciones materiales determinantes significa que tales intereses cambian dependiendo, no solo de la ubicacin de la clase, de las relaciones/posiciones de clase y de la estructura de la clase, sino tambin de si hablamos, como dice Wright del nivel de juego. Standing propone que el precariado es una clase, diferente a la clase asalariada, pero nadie entiende que eso implica la biologizacin del precariado, sino su politizacin (se est o no de acuerdo con l). Lxs autorxs actuales que teorizan las clases desde posiciones marxistas hablan de posiciones contradictorias de clase, de condiciones hbridas, de lo fino que hay que hilar al establecer qu constituye intereses objetivos (objetivo significa material? qu es material y qu no?, etc.), y qu intereses subjetivos (hablamos de preferencias individuales?, cmo se instituyen y constituyen las preferencias individuales y colectivas?, qu peso tienen en el anlisis unas y otras a la hora de determinar una clase social?, etc.)

Tenemos un apasionante y basto trabajo por hacer a la hora de teorizar el patriarcado, el cual necesita de categorizaciones y clasificaciones no patriarcales, ni biologicistas ni liberales ni cristianas, y para eso, entre otras cosas, estamos aqu luchando y escribiendo, de cuerpo a cuerpo, y de colectivo a colectivo, para que podamos producir marcos epistmicos y de lucha propios. Y eso solo se puede hacer de forma localizada, posicionada, territorializada, desde all desde donde cada cuerpo, cada grupo y cada colectivo poltico vive la opresin y la explotacin del capitalismo (hetero)patriarcal y colonial en sus diversas formas, tonos y texturas, y con sus diversos grados y tipos de violencias. As que, gracias de nuevo compaeras por este material tan necesario en nuestro camino hacia la emancipacin colectiva.

Nuestro objetivo no es, como el de Ana Botn, ir sola para llegar rpido, sino ir en manada, para llegar lejos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/polirika/capitalismo-y-patriarcado



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter