Portada :: Chile :: Chile: Rebelin antineoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2020

Que muera Chile, que renazca Chile

Daphne Barly
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En estos das nos encontramos despus del fin de un ao al comienzo de otro. Segn las investigaciones de Mircea Eliade, los orgenes de la celebracin de este paso se remontan a tiempos arcaicos, en los que diversas culturas simbolizaban, a travs de este rito, la regeneracin de los tiempos. Porque, aunque su fecha variaba segn el clima o los astros, sta siempre marcaba el fin de una era y el recomienzo de otra. As, repitiendo el paso de cierta Apocalipsis que conducira a una nueva Gnesis, durante este periodo intermedio se crea que el caos reinaba sobre la Tierra: se agotaban los recursos vitales, se expiaban los demonios, abundaban las orgas, los muertos volvan a la vida y eran abolidas las leyes, los valores e incluso el tiempo[1].

En Chile este ltimo 18 de octubre comenz el fin de una era. Porque el detonante de esta insurreccin popular pudo haber sido el alza del transporte, pero la protesta estall contra todo un modelo de vida. En esta rebelin, se ha luchado al mismo tiempo contra la Constitucin, contra el sistema de pensiones, de salud, de educacin, de desigualdad. Hoy estn en crisis a la vez la democracia representativa, el neoliberalismo, el patriarcado y la ecologa. En el fondo, es la cada de todo el sistema lo que se reclama: la muerte de un Chile para el renacimiento de otro Chile. An nos hallamos en este perodo intermedio de caos, que no sabemos si ser el que nos gue a la revolucin que necesitamos para tal transformacin. Pero ya sentimos que, entre esta podredumbre del capitalismo, algo nuevo est germinando.

En efecto, este ltimo ao experimentamos un acontecimiento indito en nuestra historia. Nunca antes habamos visto marchas tan multitudinarias, un apoyo ciudadano tan amplio, tal nivel de creatividad y organizacin popular, o una lucha tan viva, fuerte y constante. A lo largo de todo el pas, se ve que el pueblo chileno despert de su letargo. Al mismo tiempo, globalmente tampoco habamos visto tal magnitud y sincrona en luchas tan lejanas, diversas y espontneas. En Oriente Prximo y Lejano, en Europa y Latinoamrica: luchas por la democracia y por la cada del rgimen poltico; en contra de la desigualdad y de la privatizacin; insurrecciones indgenas, feministas, medioambientales. Desde uno u otro frente, abriendo una u otra fisura, se unen todas las rebeliones internacionales, inaugurando la crisis actual del capitalismo.

En Chile una de las demandas ms importantes de esta rebelin popular ha sido la Asamblea Constituyente. Luego de cuarenta aos de haber sufrido una Constitucin profundamente antidemocrtica y neoliberal, el pueblo se agot, para demandar a todas voces el ejercicio de su poder constituyente. Pues esta es una Carta Magna escrita en dictadura y protegida en democracia, sin ninguna alteracin profunda o intervencin popular alguna. Esta es una Constitucin que ha priorizado el derecho a la propiedad y al lucro, por sobre los de salud, educacin, jubilacin, vivienda o agua[2]. Por estas razones, ha sido sustancial en estas movilizaciones la demanda por un nuevo pacto social, ideado, escrito y rectificado popularmente. Se han convocado cabildos y asambleas abiertas, se ha ledo la Constitucin de 1980 ms que nunca, se ha imaginado colectivamente la fundacin de un nuevo Chile.

Sin embargo, la clase poltica ha hecho su propio acuerdo sin el pueblo, ofrecindole participar en la Convencin Constituyente slo por medio de la eleccin de representantes, idealmente de partidos tradicionales[3]. No han querido reconocer que el problema es la misma representacin democrtica. Pues es este sistema jurdico el que ha posibilitado que quienes dicen representarnos, hayan vendido nuestros derechos, profundizado nuestras desigualdades, criminalizado nuestras luchas[4]. Gracias a l, nuestro presidente, electo democrticamente, ha podido responder a la lucha de nuestro pueblo con el retorno de los militares y los tanques a la calle, y con la licencia a la polica para su asesinato, violacin, tortura y ceguera[5]. Es este rgimen poltico el que permite que, aun violando sistemticamente los Derechos Humanos y con un 5,1% de aprobacin[6], Piera siga ejerciendo, mintiendo abiertamente, sin reconocer responsabilidad alguna, sin dar una respuesta a las demandas nacionales y sin renunciar, por dos aos ms.

Tambin alrededor del mundo la democracia representativa ha entrado en crisis. Desde la sublevacin haitiana que ha paralizado el pas exigiendo la dimisin del corrupto presidente Mose, hasta las multitudinarias marchas argelinas que llamaron a la cada de toda la clase poltica. Desde las incansables luchas por la independencia de Honk Kong en China, hasta las fervientes protestas por la liberacin de Catalua en Espaa. Desde las potentes protestas libaneses, que lograron la renuncia de su primer ministro Hariri, pero no pudieron impedir la sucesin antidemocrtica de Diab, hasta las manifestaciones bolivianas que, siendo en un principio contra un posible fraude electoral de Morales, fueron cooptadas por el golpe de Estado de la dictadora ez. Las multitudes se han levantado en contra de sus gobernantes, en contra de su supuesta representacin, pero los regmenes polticos que deberan legitimar su participacin han actuado justamente en su contra.

La segunda gran demanda que ha encabezado nuestra insurreccin chilena ha sido por la dignidad del pueblo, que proviene de una crtica al desamparo y a la profunda desigualdad que vive el pas. En efecto, en este levantamiento se ha protestado activamente por jubilaciones dignas; algo imposible bajo el actual sistema privado, en el que las empresas de AFP pueden libremente lucrar con los ahorros de sus cotizantes, para luego entregarles sueldos que no alcanzan la lnea de la pobreza. Se ha combatido contra el sistema educativo, criticado desde las histricas protestas estudiantiles del 2006 y el 2011 por segregar continuamente a sus estudiantes, por lucrar con su educacin y por terminar endeudndolos a dcadas de haber egresado. Se ha luchado contra el sistema de salud, que entrega un servicio de primer mundo a quienes pueden costerselo, mientras que el gran resto vive con una constante carencia de recursos, especialistas, hospitales, adems de interminables listas de espera para el tratamiento de sus enfermedades. Tambin en estas protestas ha vuelto a estallar el escndalo del Sename, el organismo nacional encargado de proteger los derechos de nios y nias, que, bajo su propia tutela, los ha violado sistemticamente [7]. En los derechos bsicos, pero tambin de los sueldos, en la salud mental y en la calidad de vida, Chile sufre las desigualdades y las precariedades inherentes al sistema neoliberal, nacido en este pas.

Pues fueron los Chicago Boys quienes, volviendo de sus estudios bajo la tutora de Friedman, encontraron en la dictadura de Pinochet la cuna perfecta para el laboratorio del neoliberalismo. Aqu comenz la ltima metamorfosis del capitalismo, donde el Estado Benefactor se transform en Subsidiario: vendiendo los bienes pblicos a los privados, convirtiendo los derechos sociales en bienes de consumo, abandonando las necesidades populares para subvencionar las empresas particulares. En principio en dictadura, pero profundizndose en democracia, este sistema ha ido creciendo y extendindose, desde Chile hasta el resto del mundo.

Hoy en da, este modelo ya recorre una gran parte del globo. Los poderes del Estado se han debilitado, mientras que los del Mercado han ido asumiendo una soberana creciente sobre nuestras vidas[8]. Pero la insurreccin internacional se ha alzado contra este sistema de desigualdad. Las protestas en Hait tambin se levantaron contra polticas neoliberales de dcadas, responsables de la miseria del pas; en el Lbano se dieron contra toda la lite empresarial; en Ecuador, stas estallaron por el paquete de medidas econmicas neoliberales de Lenn Moreno; en Colombia, por las reformas neoliberales de Duque; e incluso en Francia, que ha resistido como refugio del Estado de Bienestar, hoy tambin han debido luchar para protegerse de la precarizacin de su jubilacin. El sistema neoliberal est quizs alcanzando su cima, pero llegado este punto, slo puede comenzar a caer.

Nuestra rebelin popular puede ser comprendida en gran medida como respuesta a la crisis de nuestro rgimen poltico y de nuestro modelo econmico. Pero, al mismo tiempo, hemos visto en estas protestas cmo tales crticas han podido aunarse con otras luchas, como la feminista, la indgena y la ecolgica. En Chile, la ola feminista vena enorme desde mayo del 2018, cuando las mujeres en masa se movilizaron en las calles, los liceos y las universidades, para reclamar justicia contra abusadores, acosadores y femicidas, por una educacin no sexista y por el fin del sistema patriarcal. As que, cuando este ao, a un mes del estallido social, Lastesis lanzaron Un violador en tu camino, las feministas ya estaban listas para tomar un relevo en las movilizaciones: con multitudinarias marchas y performances, y con una nueva ola de funas de agresores sexuales. No slo todo Chile recorri esta cancin de protesta, sino que mujeres de todo el planeta replicaron su performance, apropindosela y adaptndola a sus propios contextos. Globalmente, hemos gritado contra la dominacin machista, que ejerce su opresin sobre nosotras a travs de los poderes ejecutivo, jurdico y judicial, por medio de nuestras ideologas, creencias y culturas patriarcales. Tambin este ao, las manifestaciones en Mxico, en Espaa, en India, en el Lbano y en Argelia se alzaron contra la violencia de gnero. Y en las fechas histricas del 8 de marzo y el 25 de noviembre, nos hemos reunido en una gran marcha mundial, para decir al unsono que ya basta. Pues, como feministas, sabemos que para que algn da termine la opresin sexista, es todo el patriarcado el que tiene que acabarse.

Del mismo modo, en nuestra insurreccin chilena tambin hemos visto la unin a las protestas de nuestros pueblos originarios. La bandera mapuche se ha convertido en smbolo de la resistencia a una dominacin que comenz mucho antes del neoliberalismo, ya con la colonizacin espaola. Se han derribado estatuas de colonizadores, para levantar o enaltecer figuras de la resistencia indgena, as cuestionando la interpretacin hegemnica de nuestra historia[9]. Los cados de las luchas mapuches y los de esta batalla se han aunado, reconocindonos parte del mismo pueblo oprimido. Al mismo tiempo, hemos sido testigos de importantes levantamientos indgenas en Bolivia o Ecuador, o de manifestaciones anti imperialistas en Irak o Irn. En tierras cercanas o lejanas, los pueblos originarios se levantan para luchar contra el mismo sistema que nos impuso el primer mundo al tercero, forzndonos a permanecer en su continua dependencia.

Asimismo, tambin se ha unido a esta batalla el movimiento ecologista. Pues quizs en Chile no ha alcanzado an la envergadura de las luchas previas, pero en estas protestas hemos visto cmo se suman: tomas colectivas de ros, bloqueos de litio, importantes movilizaciones portuarias y mineras, adems de las consignas contra el saqueo del agua de trasnacionales de paltos o de minera, que han dejado en una brutal sequa a comunas como Petorca o La Ligua o contra las zonas de sacrificio ambiental como Quintero-Puchuncav o Coronel, que el gobierno ha decidido abandonar para el despojo sistemtico de una industria extractivista y txica. Tambin este ltimo ao, Chile se ha unido a las huelgas, marchas y manifestaciones mundiales de jvenes por el clima; para protestar contra el laissez faire de las empresas y los gobiernos que, frente a la inminencia del Calentamiento Global, siguen intensificando el mismo sistema econmico. Pues este es el ao donde ni siquiera el consenso cientfico sobre la emergencia de esta crisis fue suficiente para evitar el fracaso de las cumbres internacionales. Nuestres gobernantes no llegan a reconocer que necesitamos con urgencia un cambio radical de nuestra forma de vida; que nuestra sociedad individualista, consumista y abusadora, con su produccin extractivista, superproductiva, monocultivista y contaminante, est destruyendo nuestra Tierra. Mientras, ya hemos comenzamos a sentir los efectos inmoladores de esta crisis planetaria: las temperaturas se polarizan; las catstrofes naturales se multiplican; los incendios proliferan. En este 2019 hemos visto en llamas a Siberia, Alaska, Amazona, frica central, Indonesia, California y, por estos das, Australia.

Sin embargo, las lites empresariales y gubernamentales siguen empedernidos en defender el sistema. No es suficiente para ellas el estar frente a la primera crisis climtica planetaria que, siendo fruto nuestra industria, traer consecuencias apocalpticas para las prximas generaciones. El capitalismo puede estar entrando en una catstrofe mundial indita. Pero sta no es la primera crisis que atraviesa. De hecho, el sistema pervive a travs de la superacin de sus crisis peridicas[10], expandindose o reinventndose luego de cada conflicto[11]. Es as cmo podemos interpretar su transformacin al imperialismo[12], al neoliberalismo o su mutacin actual, todava amorfa, pero donde ya percibimos tendencias neofascistas, xenfobas, autoritarias, machistas y antiecolgicas[13]. El monstruo del capitalismo, con su capacidad de metamorfosis y su dominio de los poderes econmicos, polticos, policiales y militares, parece un enemigo invencible. Por eso nos preguntamos, si incluso en el momento ms lgido de la Guerra Fra donde la mitad comunista del mundo se le opona, el capitalismo venci; si Pinochet y el neoliberalismo vencieron, cmo podemos imaginar su muerte, en Chile y el mundo?

Fredric Jameson escribi una vez que era ms fcil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo[14]. Siguiendo su gesto, creo que hoy tenemos la alternativa real, urgente, de pensar un fin con el otro. Nos estamos acercando a una crisis del sistema que es a la vez social, poltica, econmica y ecolgica. Sin embargo, como izquierda anticapitalista, no hemos estado an a la altura de las circunstancias. Hemos sido parte de la insurreccin internacional ms fantstica de este nuevo siglo, pero no por eso hemos incidido en una revolucin global que acabe con este modelo de vida. Dispersndonos en nuestras luchas nacionales, entre una sumisin a cierta izquierda tradicional, una desconfianza en su etiqueta o una pugna entre nuestros sectores, no hemos podido organizarnos an como una fuerza capaz de hacerle frente al poderoso capitalismo. Lejos estamos de serlo. Pero hoy nos urge esta transformacin con urgencia. Por esto pienso que necesitamos matar nuestra izquierda moderna: romper con nuestras ortodoxias, perderle el miedo a las polaridades, encontrar la fuerza en nuestras interseccionalidades. Pues slo a partir de su herencia, podremos fertilizar y hacer parir una nueva izquierda, capaz de reunir, repensar y reconstruir nuestra democracia, nuestro feminismo, nuestra ecologa, nuestro anticapitalismo. Slo abrindonos a nuevas configuraciones, tcticas y estrategias, quizs nuestra izquierda pueda llegar a cavar la tumba del neoliberalismo en Chile.

Tal como profetizaban nuestras culturas originarias, para que nuestra humanidad pueda renacer, sta debe pasar por su propia muerte. Segn los pronsticos cientficos, dependiendo de nuestras acciones en las prximas dcadas, podramos enfrentarnos a una Apocalipsis climtica que ponga en peligro la sobrevivencia de nuestra especie. As, nuestro sistema econmico, poltico, econmico y social, responsable de esta catstrofe, tambin enfrenta una crisis que podra serle fatal. Es difcil imaginar a Chile renaciendo, en los albores de una era poscapitalista. Probablemente ya no estaremos aqu para verlo. Pero en la Naturaleza, todo lo que agoniza termina finalmente por morir. Para algn da volver a renacer.

Notas:

[1] Ver Eliade, Mircea, El mito del eterno retorno. Arquetipos y repeticin. En este libro trabaja esta repeticin escatolgica cosmognica en las culturas babilonia, india y maya, adems de ciertas interpretaciones griegas, judas y cristianas. Tambin podemos ver similitudes de tal concepcin cclica del tiempo con celebraciones del Inti Raymi andino o con cierta cosmovisin mapuche (ver anculef, Juan. Tayi Mapuche Kimn). A su vez, Mara Gimbutas, en El lenguaje de la diosa, retrotrae los orgenes de este culto a la regeneracin a un pasado an ms remoto, en nuestra poca matriarcal paleoltica y neoltica europea.

[2] Vale destacarlo, en la Constitucin actual, no son reconocidos como derechos bsicos el agua o la vivienda. Chile (que ya est enfrentando graves problemas de sequa) es el nico pas en el mundo donde el agua es privada.

[3] En el plebiscito de abril de 2020, la ciudadana podr votar por que la nueva Constitucin sea escrita por una Convencin Mixta, compuesta por delegades y parlamentaries, o una Constituyente, slo por delegades. An est en discusin asuntos como la paridad de gnero y las cuotas para pueblos originarios. Pero no est en cuestin el sistema parlamentario que regir la votacin: uno que privilegiar a les candidates de las listas y los conglomerados de partidos polticos tradicionales, por sobre la presencia de independientes. En su escritura, no habr ninguna incidencia del trabajo democrtico ejercido en Cabildos y Asambleas populares. Adems, para aprobar cualquier mocin, les representantes debern llegar un acuerdo de 2/3 del quorum y, sin acuerdo, no hay cambio. Se votar finalmente su aprobacin en un plebiscito de salida, pero slo con un apruebo o rechazo popular. No est claro an el procedimiento frente a un rechazo.

[4] No slo histricamente, sino que tambin en estos ltimos meses. Pues mientras el pueblo ha estado sufriendo en las calles un duro ataque policial, para reclamar cambios profundos en el sistema, el Congreso y en la Cmara de Diputados no han tocado el modelo, pero han despachado leyes antisaqueos, antiencapuchados y antibarricadas.

[5] Hasta el momento, 33 personas han muerto en las revueltas. Segn el ltimo balance de la INDH, 3.583 han sido heridas, 359 han sufrido traumas oculares y los derechos de 1.549 han sido violados. La represin ha estado altamente documentada, registrando videos de declaraciones de violencias sexuales, de golpes, lacrimgenas o detenciones a transentes (menores y personas en discapacidad incluidas), de atropellos y de muertes. Adems, los informes de la INDH, de la ONU, de la ANCNUDH y de la CIDH, entre otros, han ratificado la gravedad y la sistematicidad de estas violaciones a los Derechos Humanos. Sin embargo, hasta el momento, se han formalizado slo a 14 carabineros, por torturas cometidas el 21 de octubre.

[6] En la encuesta Activa Research del 2 de enero. Su mnimo histrico lo alcanz hace un mes en esta misma encuesta, con un 4,6%. En otras, su aprobacin ha rodeado el 10%. Por ejemplo, en la CADEM del 2 de diciembre.

[7] Ver https://ciperchile.cl/2019/07/02/el-brutal-informe-de-la-pdi-sobre-abusos-en-el-sename-que-permanecio-oculto-desde-diciembre/

[8] No slo en los casos referidos anteriormente, de la neoliberalizacin estatal, sino tambin por medio de tratados internacionales como el TPP, que se est discutiendo actualmente. Si ste se aprueba, la soberana de las empresas trasnacionales sobrepasar la misma legislacin nacional, tanto en materia de derechos de trabajadores, de pueblos indgenas y campesinado, como en las patentes culturales, de medicamentos o de semillas.

[9] En Arica, por ejemplo, destruyeron una estatua de Cristbal Coln. En La Serena, derribaron y quemaron la estatua del genocida Francisco de Aguirre, para instalar en vez a Milanka, una mujer diaguita. En Concepcin quemaron el busto del conquistador Pedro de Valdivia, para dejarlo a los pies del jefe mapuche Lautaro. En Temuco, colgaron la cabeza del aviador Dagoberto Godoy del brazo de la estatua del hroe mapuche Caupolicn. En Punta Arenas, arrojaron el busto del exterminador Jos Mnendez a los pies del monumento al indio patagn.

[10] Para estudiar las cclicas crisis econmicas, producto de la contradiccin entre capital y trabajo, ver Marx, Karl. El Capital, vol. III. Para ver tambin cmo se conectan con las cclicas luchas de las clases sociales, potencialmente revolucionarias, ver El Manifiesto Comunista.

[11] Para ver cmo ste se reconfigura a travs de estos ciclos econmicos de destruccin creativa, ver Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia.

[12] Para ver cmo el sistema ha exportado sus contradicciones internas, a travs del colonialismo y el imperialismo, ver Luxemburgo, Rosa. La acumulacin del capital, o Lenin, Vladimir. El imperialismo, fase superior del capitalismo.

[13] Pienso en esta interpretacin a partir de gobiernos como los de Trump, Bolsonaro o Johnson, que ―con violentos discursos contra inmigrantes, mujeres, disidentes sexuales y el medio ambiente alcanzan altos niveles de apoyo popular. Adems, a partir del excesivo uso de las fuerzas militares y policiales por presidentes como Piera, Lenin Moreno o ez, para reprimir las rebeliones populares, que ha logrado adherentes como los chaqueta amarilla en Chile.

[14] Jameson, Fredric. La ciudad futura. En: New Left Review, nmero 21 (jul/ago 2003), pgs. 91-106, p.103

Fuente:http://carcaj.cl/que-muera-chile-que-renazca-chile/



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