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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2020

Una generacin feliz (3 de 3)

Jaime Richart
Rebelin


Desde los primeros compases del nuevo Estado, como consecuencia de un trnsito poltico sin represalias ni contra el dictador que muri en la cama, ni contra los bienes de su familia enriquecida gracias a l, mi generacin ya copaba todas las instituciones del Estado, todas las instituciones de las Comunidades Autnomas y absolutamente las altas magistraturas. No se procedi a una purga de los jueces. Quin se atrevera siendo as que todo el poder estaba en manos de los mismos hasta el mismo da del bito? Todos los jueces y funcionarios de la justicia por oposicin, formados los jueces en una Escuela Judicial con el espritu y los mimbres ideolgicos del Movimiento, eran pues ideolgicamente franquistas por su propia naturaleza. Y no slo eso, es que luego, hasta hace relativamente poco, una vez jubilados los magistrados a la edad de 70 aos, el nepotismo continu y probablemente contina. Los jueces del Rgimen eran quienes hacan la seleccin. Por lo que sus descendientes y parientes no han dejado de seguir nutriendo en alta proporcin las filas de la Justicia. Tambin la de los policas.

De modo que slo una natural evolucin del entendimiento en la que se incluye una especial atencin a la epiqueya (es decir, la accin hermenutica que le permite al juez liberarse de la letra de la Ley -de la justicia- en favor del espritu -la equidad- de la misma), poda acelerar el enjuiciamiento de los magistrados para ponerse a la altura de los parmetros esperados de una justicia del siglo XXI. Pues bien, ese desdn por la epiqueya, sobre todo en materia penal, caracterstica del Rgimen, empez a causar estragos incluso en la propia judicatura. El caso de los jueces Baltasar Garzn y Elpidio Silva, Ruz o Bermdez son ejemplos elocuentes de un severo aviso a navegantes. Eran una simple muestra que pona en evidencia a una Justicia cerrando filas en torno a los criterios hirsutos seguidos por los jueces del franquismo...

Fijaos si la epiqueia, esa forma de interpretar la ley que atiende al espritu y no a su literalidad, es fundamental que el conflicto cataln podra perfectamente ser resuelto maana. Bastara la interpretacin amplia del artculo 2 del Ttulo Preliminar de la Constitucin. Espaa seguira siendo una, configurada como Estado federal. La federacin supone estados subnacionales, con un alto grado de atonoma, que anteceden al nacional, lo que da coherencia al sistema federal. Es decir, es una unidad delimitada territorialmente que en unin de otras entidades conforman un Estado. Como se ve, cuestin de semntica, de amplitud de miras y de voluntad poltica, no de romper o no romper Espaa, como los primates habituales manejan el asunto...

Voluntad poltica que no se atisba en modo alguno. Pero que si , por casualidad o valenta se manifestase, tal como se conduce la Justicia, ah le espera el valladar del Tribunal Constitucional pronuncindose sobre la unvoca manera de interpretar la Constitucin. (Ello pese a que nadie dio el alto al acto de estampar el maldito artculo 135, sin respetar adems el procedimiento para la enmienda o revisin de la Constitucin previsto en su artculo 168, y sin que ni fiscala ni partido poltico alguno denunciasen en forma el atentado). Pero en otros sectores de la sociedad ha pasado tres cuartos de lo mismo. De modo que pocos ncleos del poder abstracto y del poder concreto, desde el religioso hasta el sindical, se han desembarazado de lo que podramos llamar franquismo pedaggico. Cuarenta aos adoctrinados en todas las esferas y principalmente en la justicia, son demasiados aos como para que los rganos judiciales y las personas que los integran puedan haber cambiado de mentalidad. Y si la Justicia no colabora en la tarea de democratizar a este pas porque interpreta la Constitucin y la ley penal con la rigidez autoritaria del franquismo, difcilmente podrn profundizar la democracia quienes se enfrentan a los polticos herederos directos ideolgicos de la dictadura.

Pero vuelvo atrs. Hablo de los aos 80. De repente mi generacin, de la noche a la maana, se ve libre de remilgos y de ataduras. Ya podamos besarnos en la calle sin miedo a los guardias. Ya podamos divorciarnos. Despus de cuatro dcadas viendo en los bienes pblicos y en el dinero pblico eso que siendo de todos son del primero que se lo apropie, y si no lo hicieron en la dictadura era por temor a las consecuencias, en la democracia permisiva, ya podan aprovechar las muchas oportunidades que ofreca el empleo poltico a quienes lo desempeaban. As, tantos y tantas, adems de hacer de la poltica un muladar, encontraron en ella un filn de enriquecimiento personal. Empezando por la propia y larga familia del dictador. Incluso la catlica Iglesia vio su gran oportunidad para el despojo. Y as, de pronto, empez a registrar a su nombre en los Registros de la Propiedad centenares de inmuebles, de lugares y de monumentos pblicos que durante siglos pertenecieron al pueblo...

Hay algo que aadir a la felicidad, entendida como tal pero tambin dentro de su significado en profundidad, naturalmente no exenta de eventuales amarguras propias de la vida misma. Y es que burla burlando, desde que nacimos hasta hoy, todos los adelantos imaginables: desde la radio de galena al 4K y el inminente 5G, han ido desfilando ante nuestros ojos y desde ah hemos pasado por toda la gama sensorial de percepciones. Y an hay ms. Pues el desafo de la libertad de divorcio, adems de como prueba funcion tambin como placer: el placer de desdear lo permitido y acogernos muchos al placer de continuidad de la vida matrimonial o de pareja, con su cortejo la decisin, de bondades psicolgicas, morales y, por qu no decirlo, materiales.

Sea como fuere, descartando los y las que, por supuesto, por su posicin social y econmica superior lo son, de entre las clases medias de mi generacin a las que pertenezco la mayora en el fondo son franquistas. Estoy hay que tenerlo constantemente presente para no equivocar los caminos a seguir para el desarrollo democrtico. He conocido a algunas personas de talante revolucionario, pero por razones de resentimiento e incluso de venganza. Y no conozco a nadie sinceramente progresista por conciencia, por razn de justicia social y menos por raciocinio. Quienes dicen serlo, siguen pensando todava y en el fondo como conservadores.

An as mi generacin. disfrutando de al menos una pensin an modesta suficiente, poseyendo una vivienda en propiedad y aunque slo sea por razones de edad hemos reducido considerablemente nuestras necesidades... salvo, lgicamente, quienes tienen quebrada severamente su salud, es feliz. Unos porque viven conformes a la ficcin fabricada en 1978, otros porque les conviene seguir creyendo que esto es una verdadera democracia y que, o no son necesarios cambios o que poco a poco se harn sin impaciencia; y otros porque, sintindonos especialmente engaados desde el mismsimo pistoletazo de salida a este rgimen poltico, a duras penas sentimos ya el aguijn del engao. Porque la edad va aminorando la intensidad de las sensaciones, sean placenteras, desagradables o dramticas, y porque la falta de las libertades formales durante casi medio siglo robusteci seguramente la entereza y el nervio de nuestra libertad interior. De modo que, curados de espanto, acusamos el fiasco con tristeza pero tambin con resignacin y ya, con una significativa indiferencia...

Acostumbrada a vivir casi medio siglo sin las libertades formales, es decir, sin las libertades cvicas que disfrutaban los dems pases de la Vieja Europa que veamos como el nio goloso mira el escaparate de una confitera sin poder entrar, no va a permitirse ahora dejar de ser felices por un engao o autoengao colectivo manifiesto. Como la libertad interior de la que hablaba nos llevaba al Humanismo, llega un momento que nos refugiamos en la filosofa de Erasmo de Roterdam legada en su Encomio de la estulticia: la sociedad humana, si es feliz, lo es gracias a la estulticia colectiva...

Y como Espaa es proverbialmente un pa s de p caros pero tambi n de envidia, supongo que al menos alguno de los lectores de esta descripcin de la felicidad de mi generacin, estar en estos momentos sufriendo alg n espasmo...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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