Portada :: Opinin :: El cmic de la discordia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2006

El ltimo leo a la hoguera

Robert Fisk
La Jornada


As que ahora se trata de cartones sobre el profeta Mahoma con un turbante en forma de bomba. Los embajadores son retirados de Dinamarca, los sauditas y los sirios se quejan, las naciones del Golfo Prsico quitan de sus anaqueles todos los productos daneses y hombres armados en Gaza amenazan a la Unin Europea y a periodistas extranjeros. En Dinamarca, el editor de "cultura" del bobalicn diario en el que aparecieron esas tontas caricaturas -en septiembre pasado, por Dios- anuncia que "estamos siendo testigos de un choque de civilizaciones" entre las democracias laicas occidentales y las sociedades islmicas. Esto comprueba, supongo, que los periodistas daneses se mantienen fieles a la tradicin de Hans Christian Andersen. Ay, Dios, Dios! Lo que estamos presenciando es la puerilidad de las civilizaciones.

Comencemos en el Departamento de Verdades Domsticas. Esto no es una cuestin de laicismo contra el Islam. Para los musulmanes, el profeta es el hombre que recibi las palabras divinas directamente de Dios. Nosotros vemos a nuestros santos y profetas, cuando mucho, como figuras histricas, que se contraponen a nuestros derechos humanos, a la alta tecnologa y a nuestras libertades; los vemos casi como caricaturas. El hecho es que los musulmanes viven su religin, nosotros no.

Ellos han conservado su fe, pese a innumerables vicisitudes histricas. Nosotros hemos venido perdiendo nuestra fe desde que el poeta ingls Matthew Arnold escribi sobre "el largo y lejano rugido del mar". Hablamos de "occidente contra el Islam" en vez de "cristianos contra el Islam", porque tampoco quedan muchos cristianos en Europa que digamos. No hay forma de arreglar esto reuniendo a las religiones del mundo y preguntando por qu no se nos permite burlar de Mahoma.

Claro, siempre podemos ejercer nuestra propia hipocresa en torno de los sentimientos religiosos. Recuerdo que hace ms de una dcada una pelcula llamada La ltima tentacin de Cristo mostraba a Jess hacindole el amor a una mujer. En Pars alguien le prendi fuego al cine que presentaba la cinta, y en el incendio muri un joven francs. Tambin recuerdo que una de las principales universidades de Estados Unidos me invit a dar una conferencia hace tres aos. Lo hice. Mi conferencia se titulaba "Septiembre 11, 2001: pregunten quin lo hizo, pero por amor de Dios no pregunten por qu".

Cuando llegu a ofrecer la ponencia me encontr con que las autoridades haban eliminado la frase "por amor de Dios", alegando que "no queran ofender ciertas sensibilidades". Aj, as que nosotros tambin tenemos "sensibilidades".

En otras palabras, a pesar de que exigimos que los musulmanes se comporten como buenos laicos cuando se trata de la libre expresin -o de caricaturas vulgares-, todava tenemos que preocuparnos porque los adherentes a nuestra preciosa religin no se ofendan.

Tambin disfrut enormemente las pomposas declaraciones de hombres de Estado europeos que afirman que no pueden controlar la libre expresin ni a los peridicos. Eso es una tontera. Si uno de los cartones hubiera mostrado a un rabino en vez de al profeta con un sombrero en forma de bomba nos hubieran vociferado al odo "antisemitas", y con toda razn. Esta es la queja que siempre hacen los israeles de las caricaturas antisemitas que aparecen en los peridicos egipcios.

Ms an: en algunas naciones europeas -Francia es una, Alemania y Austria son otras- est prohibido en la ley negar genocidios. En Francia, por ejemplo, es ilegal decir que no existieron los holocaustos judo y armenio (nada ms esperen a ver la reaccin de Turqua ante este ltimo punto, si es que este pas llega a ingresar a la Unin Europea).

De modo que est prohibido hacer ciertas afirmaciones en Europa. No estoy seguro si esas leyes logran sus objetivos; no importa cuanto se prohba la negacin del holocausto, pues los antisemitas siempre encuentran forma de darle la vuelta a esas normas.

El punto, no obstante, es que a duras penas podemos hacer respetar nuestras prohibiciones polticas y leyes para evitar que haya caricaturas antisemitas o que se niegue el holocausto, y pese a ello nos ponemos a gritar en favor del laicismo cuando descubrimos que los musulmanes se ofenden por nuestras provocaciones e imgenes insultantes al profeta.

Para muchos musulmanes, la reaccin "islmica" por todo ese esculido asunto es una vergenza. Es perfectamente razonable creer que a los musulmanes les gustara ver que se introduzca algn elemento de reforma a su religin. Si los cartones hubieran promovido algn debate sobre el tema -si existiera la posibilidad de un dilogo serio-, nadie habra tenido objeciones.

Pero claramente hubo la intencin de que las caricaturas fueran una provocacin. Fueron tan absurdas, que lo que lo nico que causaron fue una reaccin.

Adems, este no es el momento ms adecuado para recalentar la vieja basura de Samuel Huntington sobre "el choque de civilizaciones". Irn tiene nuevamente un gobierno clerical. Lo mismo ocurre, para todo fin prctico, en Irak (donde supuestamente no iban a usar su democracia para elegir a un gobierno religioso, pero eso es lo que pasa cuando uno se pone a derrocar dictadores).

En Egipto, la Hermandad Musulmana gan 20 por ciento de los escaos parlamentarios en las recientes elecciones legislativas. Ahora tenemos a Hamas a cargo de Palestina.

Aqu hay un mensaje, no es cierto? Las polticas estadunidenses para el "cambio de rgimen" y la "democracia" en Medio Oriente no estn alcanzando sus objetivos. Estos millones de votantes prefieren el Islam a los gobiernos corruptos que les impusieron. El que los cartones sean arrojados a la situacin para atizar el fuego es ciertamente peligroso.

En cualquier caso, no se trata de si el profeta debe o no ser retratado. El Corn prohbe las imgenes del Profeta y an as millones de musulmanes tienen y crean esas imgenes. El problema es que las caricaturas representan a Mahoma como imagen de violencia estilo Bin Laden. Muestran el Islam como religin violenta. Y no lo es. O queremos que s lo sea?

The Independent

Traduccin: Gabriela Fonseca



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