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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2020

Las brutales tensiones del derrumbe de los polticos

Eduardo Gudynas
Rebelin


Nueve de cada diez chilenos no tienen confianza en los partidos polticos. Esa es una situacin impactante, y ms cuando son los polticos los que deberan encaminar el proceso hacia una nueva Constitucin, el mecanismo ms urgente para superar la crisis que qued en evidencia desde octubre de 2019. Estos y otros resultados arroj la muy reciente encuesta del CEP (Centro de Estudios Pblicos), confirmando la debacle de la poltica convencional, pero tambin dejando en claro que esa crisis es ms profunda de lo que asume buena parte de la clase poltica, sea por derecha como por izquierda (1).

Esta nueva evaluacin muestra que Chile enfrenta unas tensiones que slo pueden ser descritas como brutales. Es que la salida a la crisis por medio de una nueva constitucin que deje atrs definitivamente las herencias pinochetistas, est en manos de polticos, pero casi nadie los respalda. El 98% de los chilenos desconfa de los partidos, el 97 % del congreso y el 95% descreen del gobierno. La poltica convencional ha quedado en manos de una minscula minora a la que casi nadie apoya.

A pesar de ello, los partidos polticos que sostienen al gobierno siguen insistiendo en que una de las salidas puede ser una convencin constitucional mixta, con un 50% de parlamentarios. No entienden que los congresistas apenas reciben un 3% de confianza. El sentido comn demandara centrarse en la otra opcin, una convencin con constituyentes especficamente elegidos para esa tarea, y sobre todo provenientes de movimientos sociales. De todos modos, esos polticos convencionales ya estn entorpeciendo o bloqueando la postulacin de candidatos independientes. Lo hacen de varios modos, como exigirles los mismos mecanismos que usan los partidos polticos, desatendiendo la paridad de gnero, impidiendo que exista representacin especfica para los pueblos originarios, y hasta entorpeciendo el acceso a la televisin.

Al mismo tiempo, Sebastin Piera, quien de alguna manera sigue coordinando acciones para salir de este atolladero, se sumergi en el ms bajo nivel de apoyo pblico a un presidente en el continente: slo el 6% de los chilenos lo respaldan. Esto es menor que las adhesiones a Dilma Rousseff en Brasil (7 %) cuando se trataba su destitucin; y tambin menos que las recibidas por Fernando de la Ra en Argentina (8%) al tiempo de huir en helicptero desde la casa presidencial. Dicho de otro modo, casi todos los chilenos desconfan o creen incapaz a la persona que debera mostrar los caminos de salida a la crisis.

Ni siquiera los partidos polticos de la oposicin parecen entender esta problemtica ya que repiten posturas que los siguen alejando de los reclamos ciudadanos. Por ejemplo, para enfrentar la protesta en las calles, los parlamentarios de la coalicin de gobierno estn aprobando una ley antisaqueos con duras penas. En ella, acciones como la interrupcin de la libre circulacin de personas o vehculos mediante violencia o intimidacin o la instalacin de barricadas, pueden ser penadas de 61 das a casi un ao y medio de prisin; y los que lanzan objetos cortantes, punzante o contundentes (como una piedra), pueden ser encarcelados hasta por tres aos (2). Es una norma dursima, que criminaliza la protesta, pero que de todos modos recibi votos de apoyo de parlamentarios opositores, e incluso de aquellos que se llaman a s mismos de izquierda en Chile, como el PPD de Ricardo Lagos o legisladores del Partido Socialista.

Esto permite entender que el descrdito no afecta nicamente al presidente sino que golpea a todos los dems actores en todo el espectro ideolgico. Segn la encuesta del CEP, las evaluaciones negativas superan largamente a las positivas en lderes de la derecha poltica, como Jacqueline van Rysselberghe de la UDI (74% de imagen negativa o muy negativa frente a 6% positiva, lo que la ubica como la peor evaluada, incluso por debajo de Piera). Pero la oposicin poltica tambin es castigada por la opinin pblica. Por ejemplo, Camila Vallejo, diputada por el Partido Comunista cosecha un 61 % de imagen negativa. Los lderes ms jvenes que ilusionaban con una renovacin desde la izquierda al provenir del movimiento estudiantil, sufren el mismo padecimiento: Gabriel Boric recibe un 46 % de imagen negativa y slo un 19% positiva, y Giorgio Jackson, lder de Revolucin Democrtica y uno de los promotores del Frente Amplio, tiene 49% de imagen negativa y 19% de positiva.

Ms all de los lmites de encuestas como las del CEP, y la calidad de esos indicadores, lo que parece evidente es que las mayoras ciudadanas no slo no se sienten reflejadas en los dichos y acciones de los polticos, sino que cada vez ms desconfan de ellos. El problema es mucho ms agudo para las izquierdas, ya que se esperara que sintonizaran mejor con las demandas en las calles.

De hecho, el viraje hacia la izquierda que ocurri en varios pases vecinos a inicios de los aos 2000 fue el resultado de severas crisis en gobiernos conservadores o neoliberales, y que incluyeron estallidos sociales en algunos casos. En esos pases, las izquierdas escucharon, aprendieron, aprovecharon y lideraron esos procesos, y por ello vencieron en las elecciones. Es cierto que una vez alcanzado el gobierno, esos grupos poltico partidarios transitaron desde aquella izquierda al progresismo, como sucedi en Ecuador con Alianza Pas con Rafael Correa, o en Bolivia con el Movimiento al Socialismo con Evo Morales. Pero ese progresismo se conform como resultado de un largo proceso que tuvo lugar mientras estaban en el gobierno, alimentado entre otras cosas por repetidas concesiones al economicismo convencional o los extractivismos.

Al contrario de esa evolucin, parecera que la izquierda chilena muta rpidamente al progresismo, sin haber ganado el gobierno y estando en la oposicin. Esto no es exagerado y basta repasar la reciente carta de renuncia de casi 70 militantes al Partido Socialista (PS), quienes claramente sostienen que su partido hoy vive la deslegitimacin social ms profunda de su historia, por un liderazgo que nunca asumi la voluntad de la militancia en favor de un programa antineoliberal y crtico al capitalismo, y que se alej de los movimientos sociales, para sumarse a un polo socialdemcrata conservador. La carta es lapidaria: Chile despert, pero el PS sigue sumido en el letargo (3).

Similares reclamos se escuchan desde importantes lderes que actuaban dentro del Frente Amplio (FA). El alcalde de Valparaso, Jorge Sharp, expresa la raz del problema: No entiendo cmo el FA prefiere dialogar con estos sectores autoritarios de la derecha y no con los movimientos sociales, y agrega que la derrota de ese autoritarismo no se har con la derecha sino trabajando y construyendo con la gente (4). Sharp renunci en el pasado noviembre a Convergencia Nacional, uno de los grupos del Frente Amplio, cuando su lder, Gabriel Boric, se sum al programa del gobierno para una nueva Constitucin.

Los analistas y acadmicos ms cercanos a los partidos y ms alejados de los movimientos sociales no siempre parecen interesados en estas paradojas, y siguen apostado a la clase poltica convencional. Por ejemplo, el socilogo y consultor Eugenio Tironi estima que dado el bajsimo respaldo a Piera, la alternativa es "cogobernar" con el parlamento y en lo posible con los municipios, en lo que llama un "semipresidencialismo de facto" (5). Pero esto lleva a preguntarse si Tironi, como muchos otros acadmicos, realmente entienden lo que esa altsima desconfianza significa, ya que su receta es persistir con quienes gobiernan con el 97 % y 95 % de rechazo. No hay novedad sustancial en ello. Por eso no puede sorprender que alabe a Piera, afirmando que "ha demostrado el tipo de ductilidad que se adquiere en el mundo de los negocios y eso es meritorio para gobernar en los tiempos" actuales. En esa afirmacin se revela que Tironi, como otros analistas, siguen apostando a una estrategia de gobierno como si fuera un gerenciamiento empresarial; no es el pas el que est en crisis, sino la compaa y basta un buen gerente para lidiar con ello. No habra una crisis profunda en los modos de concebir y practicar la poltica como discusin pblica, sino que lo que se padece es una mala gestin.

Por el contrario, es ms apropiado aceptar que el estallido social de octubre de 2019 resulta de unas tensiones y contradicciones mucho ms complejas y profundas que un simple problema de gerenciamiento. En ese sentido, est mejor encaminada Kathya Araujo, al alertar sobre un efecto de fisin donde se rompen las adhesiones a las normas e instituciones de la vida en comn, prevaleciendo la desconfianza, la impotencia, la resignacin o, en su versin ms preocupante, el rechazo radical (6).

No se est frente a la cada del respaldo o popularidad de algunas figuras polticas, o de un partido, sino a un derrumbe generalizado de la confianza en todos y cada uno de los polticos y de sus organizaciones. La gravedad es alarmante, pero parecera que muchos todava no lo entienden. Las tensiones que se generan son brutales.

Es cierto que el rechazo a los modos convencionales de la poltica permiten nutrir reclamos de cambios profundos, como puede ser una nueva constitucin, terminar con la mercantilizacin de la seguridad social o la medicina, recuperar el control sobre el agua, tomarse en serio la plurinacionalidad, y as sucesivamente. Esa reaccin contra la poltica clsica ha permitido romper con mitos anquilosados, retomar debates postergados, alimentar el activismo, y una apertura a alternativas de cambio que parecan impensables hace unos meses atrs.

Pero a la vez, el rechazo puede ser tan extremo y sostenido, que carcome las opciones de construcciones polticas alternativas, justamente cuando ms se necesita de ellas. El proyecto de lograr una nueva constitucin para que sea exitoso requiere una recomposicin del tejido poltico, un regreso de la confianza. Esto no ser sencillo ya que aunque amplios sectores de la ciudadana han despertado, los polticos convencionales y los gerentes siguen actuando para silenciarlos. Es necesaria una apertura a la pluralidad de los movimientos, y en lugar de criminalizarlos, callarlos o inmovilizarlos, es urgente escucharlos, respetarlos y cobijarlos, ya que es con ellos que se podr reconstruir la confianza con la poltica. Al mismo tiempo, esos movimientos tambin deben asumir desafos: se estn acercando al momento en que debern organizarse, coordinarse y representarse para que sus voces se escuchen, debern crear una poltica a su medida para que sus demandas de cambio se realicen.

Referencias

1. Estudio Nacional de Opinin Pblica N 84, Diciembre 2019, Centro de Estudios Pblicos, en: https://www.cepchile.cl

2. Senado aprueba ley antisaqueos con divisin opositora, F. Cceres, La Tercera, 13 enero 2020, https://www.latercera.com/politica/noticia/senado-aprueba-ley-antisaqueos-division-opositora/972665

3. Siguen las renuncias en el PS: 70 militantes dejan el partido con crticas a la directiva de Elizalde, El Mostrador, 16 enero 2020, https://www.elmostrador.cl/dia/2020/01/16/siguen-las-renuncias-en-el-ps-70-militantes-dejan-el-partido-con-criticas-a-la-directiva-de-elizalde

4. Jorge Sharp: Tenemos que ver cmo aprovechamos el proceso constituyente para ir por todo, entrevista de F. Cceres, La Tercera, 18 enero 2020, https://www.latercera.com/politica/noticia/jorge-sharp-alcalde-valparaiso-tenemos-ver-aprovechamos-proceso-constituyente-ir/978600

5. Eugenio Tironi: Piera ha demostrado una capacidad de dominar su propio ego que era bastante inimaginada, entrevista de F. Artaza, La Tercera, Santiago, 19 enero, https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/eugenio-tironi-pinera-ha-demostrado-una-capacidad-dominar-propio-ego-bastante-inimaginada/978621

6. Katya Araujo, "Desmesura, decepcin y desapego", Santiago No 8, Universidad Diego Portales, diciembre 2019.

Eduardo Gudynas es analista en temas de desarrollo en CLAES (Centro Latino Americano de Ecologa Social).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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