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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2020

En respuesta al artculo El marxismo (afortunadamente) no es una ciencia, de Rosa Guevara Landa
El marxismo es la ciencia de las humanidades (III)

Luis Carlos Muoz Sarmiento y Luis Eustquio Soares
Rebelin


Los tres axiomas cientficos iniciales del marxismo

Exiliados en Francia, Karl Marx y Arnold Ruge editaron los Anales Franco-Alemanes (feb/1844), dos volmenes en una nica edicin. En los Anales son publicados dos ensayos de Marx: Sobre la cuestin juda (1844) y Crtica de la filosofa del derecho de Hegel (1844), textos en los cuales es posible evidenciar un joven Marx en formacin, aunque ya radicalmente democrtico, al mismo tiempo hegeliano y feuerbachiano, sin dejar de ser un humanista secular.

En esos ensayos, el primer vector del marxismo, como ciencia de las humanidades, emerge objetivamente, sin medias palabras y se expresa mediante el siguiente axioma cientfico: las sociedades humanas son construcciones histricas y, como tales, pueden revisarse, remodelarse, transformarse, democrticamente, en beneficio de las mayoras, razn por la cual el pasado y el presente histricos deben ser cuestionados y negados; jams, en tanto excluyen a las mayoras, ratificados; jams, naturalizados; jams eternizados.

De este axioma cientfico, emerge una categora fundamental del marxismo como ciencia de las humanidades, la dialctica, entendida como mtodo para negar lo existente y constituido y, al mismo tiempo, para afirmar el proceso histrico; afirmacin que encontrar la siguiente sntesis en el Manifiesto Comunista (1848), de Marx y Engels: El motor de la historia es la lucha de clases.

Otro ensayo de extrema importancia, en el proceso de formacin del marxismo como ciencia de las humanidades, es tambin publicado en los Anales franco-alemanes: Elementos de una crtica de la economa poltica (1843), del no menos joven Friedrich Engels, ensayo en el cual reflej el conocimientos de dos mundos opuestos, industriales y clase obrera, que marc su paso de la filosofa a la economa poltica y que evidencia, con meridiana objetividad cientfica, el siguiente segundo axioma del marxismo: la ciencia es un proceso de produccin inconsciente que est directamente relacionado con el punto de vista del trabajo, porque este es el verdadero contenido y las formas histricas. Para ello, tuvo en cuenta el concepto de alienacin segn Feuerbach, al contrastar las teoras filosficas alemanas con su experiencia de la vida obrera en la industria textil de su padre en Manchester: como, tambin, lo muestra el filme El joven Marx (2015) del haitiano Raoul Peck. (2)

Para llegar a esa conclusin cientfica, Engels, a su vez, analizar a los principales economistas ingleses del periodo, como Adam Smith y David Ricardo, as como al francs Jean-Baptiste Say, defensor del libre comercio, y llegar a deducir que su lmite, como cientficos, provena de la tendencia a naturalizar las relaciones econmicas, aunque las describieran objetivamente, de manera cientfica.

Si para el Marx de La cuestin juda y la Crtica de la filosofa del derecho de Hegel, lo que existe est histricamente constituido y es histricamente transformable, el ensayo de Engels complementa al de Marx, para llamar la atencin sobre lo que viene objetivamente primero, la economa poltica, y, por lo tanto, las relaciones econmicas materialmente estructuradas.

Un tercer axioma cientfico del marxismo como la ciencia de las humanidades emerge, aunque como esquema: el materialismo histrico/dialctico, entendido como el anlisis objetivo de la estructura material de las sociedades, teniendo como referencia la crtica a la crtica de la economa poltica burguesa, vlida solo si se lleva a cabo desde el punto de vista del trabajo o de la humanidad sufriente que piensa, axioma que hallar en el libro La miseria de la filosofa (1846), de Marx, potencialmente, la siguiente formulacin: Es evidente que el lenguaje de Ricardo no podra ser ms cnico. Poner en el mismo plano los costos de fabricacin del sombrero y los de mantenimiento del hombre, es transformar al hombre en sombrero. Pero no protestamos tanto contra el cinismo. El cinismo est en las cosas; no en las palabras que las expresan. Escritores franceses como los seores Droz, Branqui y Rossi, buscan la inocente satisfaccin de probar su superioridad sobre los economistas burgueses observando la etiqueta de un lenguaje humanitario; censuran a Ricardo y a su escuela el lenguaje cnico porque se sienten vejados con la exposicin de las relaciones econmicas en toda su crudeza, con la traicin de los misterios de la burguesa (MARX, 1985: 55).

Crtica a la crtica de la economa poltica pequeo-burguesa

Con estos tres axiomas del marxismo, esquemas de esquemas, que sern desarrollados plenamente por Marx y Engels, si el referente fuera el siglo XIX, con el puntapi inicial realizado a travs del ensayo parisino, de Marx, los Manuscritos econmico-filosficos (1844), se formula, aqu, la crtica a la crtica pequeo-burguesa realizada contra los dos ms recientes ensayos publicados, por nosotros, en Rebelin. (3) y (4) Crtica formulada por Rosa Guevara Landa, por medio de diez puntos, con el ttulo, ya citado, El marxismo (afortunadamente) no es una ciencia. (Ver nota 1)

Antes de abordar la crtica del prejuicio pequeo-burgus, realizada por Rosa Guevara Landa, a los dos ms recientes textos publicados por estos autores, es oportuno definir la categora pequeo-burgus, analizada por Marx precisamente en el libro La miseria de la filosofa, una incisiva crtica al de Proudhon, cuyo ttulo es Filosofa de la miseria (1846), que pretenda ser un trabajo genuino sobre economa poltica. El fragmento sobre el libro de Marx proviene de un dilogo que tuvo en torno al de David Ricardo Principios de economa poltica y tributacin (1817), en el cual el economista ingls deca, en lneas generales, que no haba diferencia alguna entre los costos de distribucin de sombreros (smbolo de la oligarqua inglesa) y la disminucin en los costos de mantenimiento para los trabajadores, porque, de esta manera, tanto el sombrero como el salario pagado al trabajador podran ser ms bajos, sin que alterase el orden de las cosas. Y orden es la palabra preferida en el diccionario, prctico, de la tirana, como lo recuerda un filme alemn: La repentina riqueza de los pobres de Kombach (1971), de Volker Schlndorff, a propsito, una dura crtica en torno al fin de la servidumbre feudal de los campesinos en el norte de Hesse (1821). Seis campesinos deciden atracar al recaudador de impuestos: una vez lo hacen, tendrn que comprobar que unos hombres pobres, con dinero, siempre habrn de despertar sospechas. (5)

En fin, Marx dialoga con Ricardo, con el objetivo de ironizar sobre Proudhon, de quien Marx dijo, en una clebre carta (24/ene/1865): Proudhon tena una inclinacin natural por la dialctica. Pero nunca comprendi la verdadera dialctica cientfica, no pudo ir ms all de la sofstica. En realidad, esto estaba ligado a su punto de vista pequeoburgus. Al igual que el historiador Raumer, el pequeo burgus consta de por una parte y de por otra parte. Como tal se nos aparece en sus intereses econmicos, y por consiguiente, tambin en su poltica y en sus concepciones religiosas, cientficas y artsticas. As se nos aparece en su moral e in everything [en todo]. (6) (Como ahora se nos aparece Rosa Guevara Landa). Adems, quien tena como propsito, en Sistema de contradicciones econmicas o filosofa de la miseria, tal es su ttulo completo, moralizar las cosas. Para el autor de Una contribucin a la crtica de la economa poltica (1859), el cinismo no provena de las palabras, sino de las cosas: de ah, la expresin el cinismo de las cosas. Lo que quiere decir que el cinismo no reside en las palabras, sino en las cosas: esto es, en la estructura material del modo de produccin capitalista, razn por la cual Ricardo sera mucho ms honesto que Proudhon, porque al menos describa las cosas como ellas son: en el capitalismo, el trabajo es una mercanca, as como el sombrero lo es; la nica diferencia est relacionada con el hecho de que la mercanca laboral humana es la que produce las otras mercancas.

La crtica (y la persona) pequeoburguesa, en estos trminos, se define as: desde su lugar supuestamente separado, con palabras bonitas, el pequeoburgus cree que puede cambiar el mundo con simple indignacin, moralizando el cinismo de las cosas. Peor, mucho peor, no queriendo ver que las cosas son lo que son y no lo que se desea. As, la crtica a la crtica de la pequeo-burguesa Rosa Guevara Landa, inicia con el dcimo punto de su crtica a nuestros dos ms recientes ensayos publicados en Rebelin, que es el siguiente: 10. Un profesor de Metodologa de las ciencias sociales, uno de los pensadores espaoles que ms ayud al giro ecomunista [sic] de la tradicin, Manuel Sacristn (1925-1985), comentando al final de sus das un texto de Lucio Coletti (entonces un marxista en transicin hacia el berlusconismo), anot en sus materiales de trabajo un aforismo-reflexin que merece ser recordado porque da pistas en apenas dos lneas sobre cmo entender correctamente la tradicin en que muchas ciudadanas y pensadoras (tambin con [os]) [y con es, agregamos, porque no solo hay pensadoras] nos seguimos reconociendo: No se debe ser marxista (Marx); lo nico que tiene inters es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradicin que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan. Esa decisin es moral, poltica, no cientfica aunque la ciencia pueda echarnos una mano para avanzar en esa confluencia cernudiana que tantas (y tantos) deseamos.. [sic: es, ms bien ]

Con este fragmento, Rosa Guevara Landa se objetiva como pequeoburguesa, en los trminos de Marx de La miseria de la filosofa, porque simplemente oculta el cinismo de las cosas, marca de produccin capitalista que, tambin, se define universalizando el cinismo de las cosas, esto es, las relaciones mercantiles, que transforman hombres en sombreros: o sea, en cosas. Esto, independiente de nuestro deseo; es la realidad que estamos en la obligacin de enfrentar cientficamente, porque esta confrontacin depende de la objetividad histrica y, as, no puede ser realizada sin los tres axiomas iniciales de la ciencia de las humanidades, que es el marxismo.

Es ms: Landa (ese apellido aristocrtico, que viene como apellido de Rosa Luxemburgo y Guevara) muestra que su cuestin es moral, no es siquiera tica: la moral pequeoburguesa que se define por fetichizar palabras y expresiones abstractas, sin relacin con la realidad concreta, como la palabra tradicin: es dentro de la tradicin que se intenta avanzar por la cresta de las olas? Pero, cul tradicin, la del pensamiento crtico? Este, dicho en tales trminos, es otra abstraccin. Es el pensamiento crtico de la lucha de clases (que, bajo el punto de vista del trabajo oprimido, solo tendr posibilidades de xito si apunta, en cada poca, a la estructura material del cinismo de las cosas)? Adems, toda tradicin no es siempre conservadora, como la de la alianza franquismo e Iglesia catlica, que dej millones de personas asesinadas no solo de/en Espaa, sino de/en otros pases europeos?

Segn datos del documental Morir en Madrid, de Frdric Rossif, en 1936, al comenzar la Guerra Civil, que solo para la historia oficial se extendi hasta 1939, en Espaa apenas 20 mil personas eran dueas de la tierra y haba provincias enteras en manos de un solo hombre. Y eso que no eran sino, ms o menos, 501.000 kms2, casi como Francia, en los que quedaron tendidos entre 150 y 200 mil cuerpos de diversos orgenes: espaoles, catalanes, vascos, africanos, entre ellos no pocos musulmanes de los 40 mil que pelearon por una guerra ajena, italianos, alemanes, rusos, ingleses e irlandeses, entre ellos los de las Brigadas Internacionales a los que Dolores Ibrruri, La Pasionaria, les dio las gracias por su participacin, como despus lo har Orwell con Homenaje a Catalunya y Loach con su filme Tierra y Libertad, en el que dej claro que el enemigo de un grupo poltico (los anarquistas) casi siempre est por dentro: el POUM o Partido Obrero de Unificacin Marxista, trotskista, cuyo ms enconado rival era el leninista PSUC o Partido Socialista Unificado de Catalua.

As, en octubre de 2013, los responsables de la asociacin Jueces para la democracia critic al Ejecutivo espaol, por incumplir la Ley de Memoria Histrica y recordaron que Espaa, con ms de 114.000 desaparecidos durante la Guerra Civil es el segundo pas del mundo, tras Camboya, con mayor nmero de personas vctimas de desapariciones forzadas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados [] No podemos compartir de ningn modo el discurso de que la recuperacin de la memoria democrtica suponga reabrir heridas. Resulta inadmisible que un Estado democrtico siga negando a toda la sociedad el derecho a conocer el pasado y la necesidad de establecer un plan de administracin programado, sistemtico y financiado pblicamente que permita con agilidad la localizacin y la sepultura digna de todas aquellas personas que fueron asesinadas con ocasin del golpe militar de 1936 y la posterior represin franquista, dice el comunicado. (Natalia Junquera, El Pas, 9/oct/2013). (7) Queremos imaginar que Rosa Guevara (no) estar de acuerdo con este horror y as le devolvemos el desafortunado afortunadamente, entre parntesis, de su respuesta. El mismo horror que muestra un documental como El silencio de otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar, al describir la lucha silenciada de las vctimas del franquismo. (8)

Y el cinismo de las cosas de Guevara Landa empeora: qu significa confluencia entre la realidad y el mar de los deseos? De qu realidad se est hablando? Cules deseos? Son deseos que solo se deslizan en la realidad? O por ser deseos, deben ser mantenidos en el ms sigiloso secreto? O sern deseos de una tradicin y la tradicin de unos mares de deseos? La tradicin civilizatoria europea? Cul, la de la empresa colonial y la del saqueo de los pueblos? O la tradicin de la lucha de clases interna, objetivada cientficamente por el marxismo, y su efecto ontopositivo en la emergencia de la Revolucin Sovitica de 1917, o en la china, de 1949, o en la cubana, de 1959? O incluso en la lucha anticolonial de los pueblos masacrados, humillados, deshumanizados, barbarizados por la tradicin literal de los mares de deseos de Occidente? Idlicos mares de deseo como los que durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX ofreca, aun a despecho del deliberado engao, de la premeditada farsa, del consabido simulacro, el American Way of death, ya no Life, como el que muestra un filme, ya clsico, por perpetuamente contemporneo, como Belleza americana (1999), del britnico de origen portugus Sam Mendes, el mismo de 1917? (9)

Objetivado el lugar de enunciacin de Rosa Guevara Landa, que es su universo psicodlico pequeoburgus, es necesario hacer la crtica a la crtica de los otros nueve puntos de su crtica al argumento que defendemos: el de que el marxismo es la ciencia de las humanidades, porque no se deja llevar por los cinismos sin cosas, pero est en la obligacin cientfica de objetivar el materialismo histrico del cinismo de las cosas, sobre todo teniendo en cuenta la fase actual de la civilizacin burguesa, dominada por el imperialismo de la tarjeta de crdito gringo, con su industria cultural que, integralmente, se dedica a la demagogia de las cosas blicas, al organizar y liderar guerras en todo el mundo, incluso contra la tradicin de lucha de clases del marxismo europeo. Como las que hoy intenta provocar en Amrica Latina.

Si lo que cuenta es un condimento cientfico de realidad, para que los mares de los deseos no se desvinculen de golpe de la realidad constituida, la crtica de Rosa Guevara Landa contiene un tantito as de realidad, para recordar la expresin del Che Guevara, quien, con motivo de la Conferencia de Punta del Este (8/ago/1961), deca: Y recordemos siempre que no se puede confiar en el imperialismo [yanqui], pero ni tantito as, nada. Sobre todo, en su tradicin humanista y democrtica, en cuyo nombre anula el cinismo mutilado de los cuerpos palestinos, iraques, sirios, libios o de los cuerpos drogados por el fanatismo religioso y por mares catrticos de deseos, sin lastre alguno en la efectiva realidad histrica.

El tantito as de realidad de Rosa Guevara Landa se basa en la forma y en las palabras, ocultando la realidad concreta; es decir, el contenido. Es por eso que su crtica no toca en la realidad concreta que describimos: el capitalismo, en su fase imperialista, con el dominio, a partir de la II GM, del capitalismo imperialista yanqui. No, eso no viene al caso. Lo importante es intentar atrapar contradicciones formales, de vocabulario, las nubes de nuestros deseos. Una de ellas proviene del argumento nuestro segn el cual los campos tericos dominantes que circulan en la Academia de la tradicin occidental de hoy son mquinas revisionistas, porque ocultan la realidad concreta. Al respecto, ella dice que nosotros ignoramos que circulan autores como, v. gr., David Harvey, quien es marxista.

Ahora, los marxistas que circulan merecen un anlisis por aparte y no existe, de modo dominante, por lo que se sabe, el campo terico marxista, como s hay los de los estudios culturales, el poscolonialismo, el decolonialismo, por citar algunos. Y no podra haber, porque Rosa Guevara Landa dej evidenciado que no debemos usar el trmino marxista. En lugar de este, se debe usar tradicin: el ms conservador de ellos. Bravo! Quizs, esta clave recomendacin proviene, preciso, de un hecho concreto: la osada cientfica del marxismo, que exige (esa es la palabra), que seamos honestos, por ticos, no por moralistas, para enfrentar la estructura materialista que est en la base del cinismo de las cosas.

Tambin, dice ella desconocer, siempre afecta a la forma, el que sea verdad universalmente vlida. Ahora, acaso ignora que el capitalismo es mundial e impone el cinismo de las cosas mundialmente? Eso no es de por s una verdad universalmente vlida, sin ignorar las diferencias, como la de que la estructura de esa verdad universalmente vlida, hoy funciona as: imperialismo yanqui, subimperialismo europeo y japons, pueblos saqueados y robados, pases antiimperialistas o que simplemente dicen no (con todas las contradicciones) a esta estructura? Eso no es universalmente vlido? O es demasiada realidad para los mares de los deseos? Y ya que se habla de contradicciones, como en el caso de Proudhon, segn Marx, bien valdra aplicarlas al discurso de Rosa Guevara Landa, segn Lenin, basados en el libro Sobre la contradiccin, de Mao Ts-Tung. A propsito de la dialctica como problema filosfico y, ms all, como asunto concerniente al materialismo histrico en tanto asunto dialctico/cientfico, deca Lenin: En su significacin correcta, la dialctica es el estudio de la contradiccin dentro de la esencia misma de las cosas. De ah, al estudiar dicha ley no se puede evitar un amplio estudio de temas ni un cmulo de problemas filosficos: si se obtiene una visin clara de todos ellos, segn Mao, podremos tener una comprensin fundamental de la dialctica materialista. (10) Y al hacerlo, sin duda, se tendr un resultado cientfico. De ah, entonces, podr colegirse, estimada Rosa, que la dialctica materialista hace del marxismo, sin discusin, un mtodo, no dogma, que es ciencia, la ciencia de las humanidades.

En general, estamos de acuerdo con el punto 3 de su crtica, cuando dice que el marxismo proviene de una tradicin revolucionaria (la nica tradicin que no es conservadora, al menos hasta antes de que triunfe la revolucin). Finalmente, dice algo que quizs pueda explicar la abstraccin fetichista del punto 10, al resguardarse en la palabra tradicin. Con lo que no estamos de acuerdo, es con que venga a decirnos que esta tradicin revolucionaria no tiene nada que ver con la objetividad cientfica, que es universalmente vlida (esto tampoco quiere decir que queramos implantar en la conciencia colectiva tal idea por un prurito sin sentido). Eso no, porque estar de acuerdo con eso es incurrir en el error del cinismo sin cosas y, por lo tanto, rendirse a una lgica pequeoburguesa que abstrae la tradicin revolucionaria, transformndola en fetichismo revolucionario, que de hecho es uno de los principales problemas de una parte importante del marxismo occidental, incluyendo ah a David Harvey. Ah reside el apoyo que ese marxismo dio a las Primaveras rabes del nuevo Lawrence de Arabia de hoy: las Revoluciones de Colores organizadas por el imperialismo yanqui/sionista, con sus perritas falderas Francia e Inglaterra, las mismas que le ayudaron a deshacerse de Mohammad Gadafi, por ejemplo, ante todo pensando en los 237 mil millones de euros que l, ingenuamente, haba depositado en los bancos europeos, como si se pudiera confiar, otra vez, tantito as en el imperialismo, llmese estadounidense, o en el sub europeo/japons.

El punto 7 de la crtica es una verdad. No disentimos del trozo que dice que la tradicin (?) revolucionaria debe incluir: La lucha de clases, las fuerzas productivo-destructivas, las relaciones sociales de produccin, fuerza de trabajo, capital constante, capital variable esas s son (interesantes) categoras tericas del marxismo. Estamos por completo de acuerdo. En lo que diferimos es en que esas categoras deban ser separadas del materialismo histrico/dialctico (por lo ya dicho, incluso, sobre las contradicciones), que no es ms que la exigencia cientfica (para evitar los mares de los deseos) de que la realidad histrica debe ser objetivada/contextualizada. Eso incluye, ante todo, la importancia de objetivar cada caso: la realidad histrica de frica, Asia, Amrica Latina e incluso de Europa y EEUU, desde que esas realidades se objetiven universalmente, teniendo en cuenta el modo de produccin real existente, a escala planetaria. Por eso tambin el marxismo es una ciencia; y no un dogma.

Disentimos, tambin, en lo que dice, an en el punto 7, respecto al uso de la categora totalidad, precedida de la expresin: parte de totalidad. Ahora, la categora cientfica del marxismo, totalidad, no tiene partes aisladas. De lo contrario, no sera totalidad. Ella nos exige cientficamente que objetivemos la totalidad del modo de produccin realmente existente, a escala planetaria. El papel de la dialctica, en este caso, no es separar las partes, sino conectarlas a la totalidad dinmica del ser social de la civilizacin burguesa, en su era imperialista, como partes de la realidad, v. gr., latinoamericana, africana, asitica, europea.

S, el marxismo es la ciencia de la lucha de clases, universalmente concreta/vlida.

Para nosotros, la cuestin fundamental es: cul es el problema de que el marxismo sea una ciencia? O, dicho de otro modo, qu es la ciencia marxista? Ms all de los tres axiomas expuestos al inicio (la historia es una construccin humana; el trabajo o la lucha de clases como trabajo es el referente de la ciencia marxista; el materialismo histrico/dialctico contextualiza, en el tiempo y en el espacio, los dos primeros axiomas), hay un cuarto axioma, que, precisamente, se explicita en el Manifiesto Comunista, obra, entre otras, listada por Rosa Guevara, para decirnos que el marxismo no es una ciencia. Ahora, el Manifiesto es, como se sabe, fruto de una controversia cientfica, entre Marx y Engels, al interior de la Liga de los Justos. Dicha controversia consista en que ambos militaron en la Liga de los Justos y propusieron, antes que nada, cambiar el nombre de la Liga, al considerar cientficamente que el trmino Justos era universalmente abstracto. Habra, por lo tanto, que encontrar un nombre objetivo, que fuese universalmente concreto. Y ese nombre es comunismo.

El principio cientfico de este choque provino de la pregunta: qu es universalmente concreto? Ahora, teniendo en cuenta el materialismo histrico/dialctico de los modos de produccin esclavista, feudal y capitalista (sin olvidar los de las comunidades primitivas), universalmente concreto es: humanidad no es el trmino que se defiende por s solo, tampoco la palabra justos. Lo que se tiene objetivamente es una humanidad dividida entre opresores y oprimidos. El cuarto axioma cientfico del marxismo es, por lo tanto, el siguiente: la lucha de clases de los oprimidos contra los opresores (los dueos de los medios de produccin, histricamente constituidos) es el motor de la historia.

Este axioma es fundamental, por ejemplo, para objetivar el feminismo: el feminismo no debe ser analizado de forma universalmente abstracta, sino de forma universalmente concreta, porque se ocupa principalmente de las trabajadoras del mundo. Rosa Luxemburgo lo saba perfectamente. Este mismo axioma cientfico del marxismo vale para pensar el racismo y tambin la propia lucha obrera, la propia lucha de clases. Por ejemplo, si la estructura de la civilizacin burguesa ratifica, por si misma, una rigurosa divisin social del trabajo, que condena a 4/5 partes de la Humanidad a la plusvala absoluta, a la sobreexplotacin de sus trabajos, es evidente que la lucha de clases no debe ser tratada de modo universalmente abstracto, sino de manera universalmente concreta, y, dentro de ella, el feminismo y el combate al machismo, al patriarcado y al androcentrismo, sempiternas aberraciones que han minado histricamente la resistencia de los pueblos al maltrato, pero que antes han propiciado el espacio ideal para algo que si se suprime de un tajo, los prejuicios, permitir tener una Humanidad tolerante con la diferencia y, por ende, libre. Libre, incluso, para entender que dicha diferencia es el camino ms expedito para llegar a la igualdad y no su antinomia.

En este contexto, la lucha de clases, que debe tener una incuestionable prioridad, es: el fin de la sumisin colonial de los pueblos del mundo. Sin eso, todas las dems cosas son mares de deseos. Quijotismos (y no de buena ley). (11) Quijotismos quijotescos, valga el pleonasmo. Como el de pretender ignorar que la objetividad del marxismo apenas es puesta en duda por el capitalismo, el sistema de los opresores por antonomasia, al cual se le recuerda, ahora que el planeta est en un punto de inflexin sin precedentes desde la ptica climtica, lo que dice el filsofo/ecologista Jorge Riechmann: Para hacer frente al cambio climtico deberamos cuestionarnos antes los resortes bsicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino ms bien ejercicios de diplomacia teatral. [] Se intenta poner un lmite a las emisiones a la atmsfera de gases de efecto invernadero, pero los lmites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. El cambio climtico es el sntoma, pero la enfermedad es el capitalismo. (12) En la botica del marxismo podra encontrarse el remedio.

Notas:

(1) http://slopezarnal.com/el-marxismo-afortunadamente-no-es-una-ciencia/?fbclid=IwAR3zWwR-ntGYqB2Zgn_7kNWNuwxzvCJsLIYD7b1sM4UAQVFxeW0HY7SfAtc#more-842

(2) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=236836

(3) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=264377

(4) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=264378

(5) https://www.filmaffinity.com/es/film794664.html

(6) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/sp65s.htm#fnB0

(7) MUOZ SARMIENTO, Luis Carlos. Cine y Literatura: El matrimonio de la posible convivencia. Universidad Los Libertadores, Bogot, 2014, 1412 pp.: 58-59.

(8) https://www.youtube.com/watch?v=O_6u4GsuZqE

(9) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263710

(10) TS-TUNG, Mao. Sobre la contradiccin. Ediciones en lenguas extranjeras, Pekn, 1967, 85 pp.: 1.

(11) https://elpais.com/diario/1991/11/13/opinion/689986802_850215.html

(12) https://ctxt.es/es/20170920/Politica/15167/cambio-climatico-riechmann-acuerdo-paris-ecologia-medioambiente-ctxt.htm?fbclid=IwAR1eNaj1bj6G2lJa6vYIw1VdiMnNtxbuFamFO30AfXehpRiP6i2fK3EYrs4

Luis Carlos Muoz Sarmient (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazn de EE, desde 2012, y columnista, desde el 23/mar/2018. Corresponsal de revista Matrika, Costa Rica. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Coleccin 50 libros de Cuento Colombiano Contemporneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao Eds., 2017). Mencin de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al III Congreso Int. Literatura y Revolucin El estatuto (contra)colonial de la Humanidad (29-30/oct/2019). Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en Rebelin.

Luis Eustquio Soares (Rio Pomba, MG, Brasil, 1966) Pos doctorado en Literatura Comparada (UFMG), desde 2004 es profesor (Asociado II, hoy) de Teora de la Literatura y Literaturas en Lengua Portuguesa, en la U. Federal de Espritu Santo (UFES). Poeta, escritor, ensayista. Lder de los grupos de investigacin Literatura, Industria Cultural y Lectoescritura Crtica y Literatura, Idea de Comunismo y Kynismo. Autor de Jos Lezama Lima: Anacrona, lepra, barroco y utopia (2008, Edufes); El evangelio segn Satans (2008, El perro y la rana), Amrica Latina, Literatura y poltica (2012, Edufes); La sociedad de control integrado: Franz Kafka y Guimares Rosa (2014, Edufes). En el primer semestre de 2020, aparecer Siete ensayos sobre los imperialismos Literatura y Biopoltica (Edufes), coescrito con su amigo/colega colombiano Luis Carlos Muoz Sarmiento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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