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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2020

Un nuevo bloque de poder

Fernando Molina
Nueva Sociedad


El derrocamiento de Evo Morales, ms que a un gobierno transitorio, dio lugar a un nuevo bloque poltico y social que busca refundar el pas borrando lo ms posible huellas, smbolos y polticas de los ltimos 14 aos.

La situacin boliviana actual solo puede comprenderse si se toma en cuenta la siguiente nocin del socilogo Fernando Caldern: En Bolivia el Estado es muy dbil y la sociedad, muy fuerte. Esto explica tanto las peculiaridades de la cada del presidente Evo Morales, que no trataremos aqu, como los sucesos de los dos primeros meses de la transicin que esta inici.

El Estado boliviano es dbil significa que sus instituciones no poseen un cuerpo propio y son fcilmente instrumentadas por los grupos de presin y las fuerzas polticas. Significa, tambin, que las normas no se dictan ni se cumplen por medio de procedimientos regulados y abstractos, sino de forma subjetiva y de acuerdo con la correlacin de fuerzas coyuntural.

De lo dicho se infiere el significado de la sentencia opuesta. La sociedad boliviana es fuerte porque a menudo se impone al Estado y lo usa para sus propsitos.

Coincidentemente, Bolivia es el segundo pas con ms linchamientos, solo despus de Guatemala. En un linchamiento, la sociedad prescinde del Estado o inhibe la accin de este con el fin de ejecutar, por cuenta propia, su concepcin de la justicia.

Esta concepcin es primitiva, pues se funda en un principio moralista, aplica la ley del talin y se desencadena a causa del miedo a una amenaza externa. Las vctimas de los linchamientos suelen ser forasteros, gente que los linchadores encuentran sospechosa porque no pertenece al mismo grupo que ellos. La estlida creencia de los linchadores en su propia superioridad moral bloquea su capacidad de comprender y empatizar con los seres humanos que sufren y se quejan por sus tormentos. Cuando este bloqueo se activa, los excesos ms terribles son alentados por la muchedumbre; se aplaude y protege a los crueles, y se sospecha o escarnece a los tibios y a los renuentes.

Las clases medias bolivianas consideraban los linchamientos prcticas salvajes, propias de indgenas, con las que ellas nada tenan que ver. Sin embargo, su conducta respecto a los jerarcas del anterior gobierno y los dirigentes y militantes del Movimiento al Socialismo (MAS) puede describirse como un linchamiento por etapas o progresivo.

Este comenz antes de la cada de Morales, cuando los recin formados grupos de choque en contra del ex-presidente, que se llaman a s mismos La Resistencia, comenzaron a buscar y agredir a masistas en las principales ciudades del pas. Estos grupos se haban radicalizado a causa del asesinato a bala, por parte de miembros del MAS, de dos manifestantes en Montero, el 29 de octubre pasado, en medio de las protestas que siguieron a las elecciones. El 7 de noviembre, La Resistencia secuestr por algunas horas a la alcaldesa de Vinto (Cochabamba), Patricia Arce, y la someti a escarnio (como invariablemente ocurre en todos los linchamientos). Si Arce no perdi la vida fue porque por un equipo de televisin grab a sus captores. En los das siguientes, con el fin de presionar a los funcionarios evistas para que renunciaran y la crisis se profundizara, grupos de civiles quemaron, en Potos, la casa de la madre del ministro de Minera, Csar Navarro, y secuestraron a su sobrino; tambin capturaron, en la misma ciudad, al hermano de Vctor Borda, presidente de la Cmara de Diputados. En Oruro, fueron atacadas las casas de la hermana de Evo Morales y del gobernador de esta regin, Vctor Hugo Vsquez.

Estos hechos fueron acompaados por el linchamiento de los masistas en las redes sociales, dominadas por los sectores ms acomodados de la poblacin. Los ataques que ya existan contra los usuarios digitales de izquierda, ligados al gobierno o simplemente crticos del sesgo antiinstitucionalista y racista que iba adquiriendo la lucha contra la dictadura del MAS, se tornaron simplemente frenticos. Las redes se inundaron de mensajes de odio, delaciones, falsas acusaciones e informacin creada a posta para aterrorizar a los navegantes y azuzarlos en contra del masismo.

Luego de la renuncia de Morales, la tarde del 10 de noviembre, sus seguidores se manifestaron violentamente en El Alto y La Paz y quemaron una fbrica, una estacin de buses, varios edificios policiales y las casas del rector de la universidad pacea, Waldo Albarracn, y de la periodista Casimira Lema. Estos excesos no fueron combatidos por la Polica, que entonces continuaba desorganizada por el motn que se haba declarado en sus filas los das anteriores. Tampoco actu el Ejrcito, que por razones todava no esclarecidas prefiri esperar en sus cuarteles hasta el 11 de noviembre por la noche.

La indefensin de los barrios de La Paz durante estas 36 horas, en especial de los que colindaban con la periferia campesina, algunos de ellos muy ricos, reinstal en la mentalidad de muchas familias el atvico miedo al ataque indio, efecto irracional de una larga historia de racismo y conflictos tnicos. Numerosos vecinos varones se armaron con cuchillos y bates, salieron y montaron barricadas para defenderse de las turbas de alteos y las hordas de campesinos como las llamaron los medios de comunicacin que, suponan, venan dispuestas a saquear sus casas y a violar y matar a sus residentes. Cuando, finalmente, los militares y policas coaligados comenzaron a patrullar las calles, fueron recibidos con un alivio que se trastoc rpidamente en adhesin fantica.

Los vecinos de clase media de La Paz y El Alto y, por identificacin natural, los de las dems ciudades del pas, que ya estaban molestos con la izquierda por la exclusin, los abusos y la torpeza del gobierno del MAS, y tambin por su convencimiento de que haba habido un monumental fraude en las elecciones, giraron entonces completamente hacia la derecha. De ah en adelante, su principal preocupacin no fue otra que la pacificacin del pas mediante la implacable represin militar de cualquier fuerza y cualquier demostracin que reivindicaran a Morales, al MAS o el anterior estado de cosas.

El vigor de este sentimiento fue tal que ahog las aspiraciones republicanistas que haban alentado estas clases, confirm a los militares el acierto de su decisin del 10 de noviembre de no defender al presidente constitucional y proporcion a la elite poltica hasta entonces opositora, por primera vez en dos dcadas, una agenda que poda realizarse con un amplio respaldo popular.

Jeanine Aez, la segunda vicepresidenta del Senado y, por esto, la ms alta autoridad poltica que quedaba en el pas despus del desbande del gobierno masista, perteneca al ala dura de la Asamblea Legislativa. Conform su gabinete con otros halcones y con representantes de los distintos sectores de las clases medias movilizadas, muchos de ellos provenientes de Santa Cruz, Beni y Tarija. Aez los convoc tanto por afinidad personal ella es beniana como porque estas regiones fueron la punta de lanza de la rebelin contra Morales. Esta conformacin ministerial anticip el desembarco, en todos los poderes del Estado excepto el Judicial (por razones que se explicarn enseguida), de una nueva elite poltica. Una elite que era distinta de la masista por su procedencia clasista y regional, como ya hemos explicado, pero tambin por ser ms homogneamente blanca. En cambio, era similar a la anterior en su deseo (revolucionario antes y contrarrevolucionario ahora, si queremos adoptar la nomenclatura marxista) de refundar el pas, hacer desaparecer el legado de los ltimos 14 aos y monopolizar el poder poltico.

Se ha especulado que esta salida no habra sido posible si la presidenta de la Cmara Alta, Adriana Salvatierra, del MAS, no renunciaba junto con Morales y lvaro Garca Linera, pero esta teora no toma en cuenta que, en las circunstancias polticas de ese momento, era altamente improbable que el gobierno de una dirigente del MAS hubiera sido respetado, tanto por la gente, que continuaba movilizada y demandaba la consumacin del linchamiento, como por los propios militares y policas, que a esa altura ya solo podan llevar el alzamiento hasta su conclusin final, fuera esta la que fuere.

Desde el comienzo, el nuevo gobierno consider al MAS narcoterrorista y su gestin, un narcogobierno. Estos conceptos se convirtieron en parte del sentido comn que emergi de la accin combinada de las redes, los medios de comunicacin y la competencia entre muchos intelectuales incluso de izquierda para justificar con ms y mejores argumentos una transicin que no fue golpe, sino fraude.

A causa de la debilidad del Estado de la que hemos hablado, los fiscales y los jueces comenzando por los del Tribunal Constitucional y terminando por los del ltimo juzgado de provincia, todos ellos nombrados de una u otra manera por el gobierno anterior, se cuadraron con el nuevo orden. Ninguno plante la ms mnima resistencia o crtica a las rdenes de los vencedores; en cambio, se empearon en tratar de borrar las huellas de su pasado comprometedor por medio de su diligente contribucin a la pacificacin, entendida como sancin ejemplificadora de los movimientos sociales y de los individuos que sirvieron al rgimen cado. As, la Justicia se convirti en una guillotina al servicio de los nuevos gobernantes y de las fuerzas sociales que estos representaban.

La pacificacin cost la vida de al menos 29 manifestantes, cientos de heridos y miles de detenidos. El gobierno aprob un decreto posteriormente abrogado para eximir a los militares de responsabilidad penal por las consecuencias de la represin. Al mismo tiempo, neg que las muertes hubieran sido causadas por las fuerzas del orden. La fiscala respald esta inverosmil afirmacin. La Resistencia se moviliz en contra de los delegados de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que llegaron a Bolivia para investigar lo sucedido. La polica no hizo nada para proteger a los familiares de las vctimas que deban declarar ante esa comisin de los grupos de activistas. La inmensa mayora de los medios de comunicacin seal, sin recurrir a otras fuentes que las oficiales, que en Sacaba (10 muertos indgenas, ninguno poltico) y Senkata (10 muertos indgenas, ninguno poltico) grupos armados pretendieron consumar atentados terroristas. Esta versin fue convalidada hasta por los profesores marxistas de la universidad, mostrando hasta qu punto la voz de los indgenas sin educacin ni dinero iba a ser silenciada durante el nuevo periodo histrico.

Esta relacin de hechos muestra, ad ovo, cmo un conjunto de fuerzas sociales, polticas, intelectuales y comunicacionales se articul para dominar a la sociedad. En otras palabras, la emergencia de un nuevo bloque de poder en Bolivia .

Ese bloque est conformado por las fuerzas militares y policiales, la Justicia, los medios de comunicacin, las universidades y las organizaciones e instituciones de las clases medias y altas (en lugar preeminente, los comits cvicos y la red de grupos de choque de La Resistencia, pero tambin las asociaciones empresariales, las fraternidades, las logias, los clubes sociales, etc.).

En este bloque participan con voz y voto los jefes y las expresiones polticas de la derecha y la extrema derecha, sean de viejo cuo (el ex-presidente Jorge Quiroga), sean relativamente recientes (el Movimiento Demcrata Social, que es el partido de la presidenta Aez y de muchos ministros) o sean recin llegados (los lderes cvicos Luis Fernando Camacho y Marco Pumari, que constituyen la referencia poltica de La Resistencia). Los partidos de centro, como Comunidad Ciudadana, del ex-presidente y ex-candidato presidencial Carlos Mesa, y Unidad Nacional, de Samuel Doria Medina, solamente han tenido una participacin acotada a la negociacin de la sucesin presidencial; en este momento, respaldan a Aez sin participar en su gobierno.

Las causas por las que el nuevo bloque de poder est consagrado a la eliminacin el linchamiento del enemigo en torno del cual se constituy son dos: a) la necesidad de adaptarse, de forma populista, al estado de nimo vengativo de las clases medias, que dominan el escenario luego de su victoria sobre los movimientos sociales masistas; b) su ya mencionado carcter refundacional.

Las formas de este populismo son, tambin, de dos tipos:

- Populismo judicial: hay una persecucin sistemtica y masiva de las ex-autoridades y ex-funcionarios del MAS, desde el propio Morales, buscado por sedicin y terrorismo (que se sanciona con la pena mxima de 30 aos de crcel); sus ministros, algunos de los cuales estn refugiados en la residencia de Mxico en La Paz, sin posibilidad de obtener salvoconductos; hasta los mensajeros, las nieras, los notarios y los parientes de los altos cargos, culpabilizados por ayudarlos (llevarles papeles, darles poderes notariales, sacar dinero del banco para ellos). Al mismo tiempo, se investiga el patrimonio de 600 ex-ministros, ex-viceministros, ex-directores, gobernadores y alcaldes del MAS, con el fin de encontrar movimientos sospechosos que pudieran llevar a cualquiera de ellos a engrosar la larga lista de procesados por corrupcin que ya existe.

Los jueces son presionados para que manden a todos los imputados a prisin preventiva. Repitiendo prcticas del gobierno del MAS, las autoridades polticas consideran que un denunciado es de hecho culpable de lo que se lo acusa. Aez ha pedido al Parlamento que anule una ley de abril de 2019 que estaba orientada a dificultar el encarcelamiento preventivo de los sospechosos.

Andrnico Gutirrez, lder de los sindicatos cocaleros y precandidato del MAS, anunci que este 22 de enero, el da en que el mandato de Morales se hubiera cumplido, comenzar otra etapa de la resistencia pacfica al fascismo, sugiriendo que organizara movilizaciones de protesta. En respuesta, el gobierno lo amenaz personalmente y reanud los patrullajes militares, con carros de asalto, cnticos y coreografas que arrancan el aplauso de los transentes, que se encuentran asustados por varias campaas de desinformacin en las redes sociales que alertan sobre la reanudacin de los ataques masistas y piden tomar fotos, grabar y difundir inmediatamente si ven algo sospechoso.

En un intento de frenar la ola represiva, la mayora masista en la Asamblea Legislativa aprob una Ley de Cumplimiento de los Derechos Humanos, que exige al gobierno de Aez pagar indemnizaciones a las familias de las vctimas, invita a los polticos que se sientan injustamente perseguidos a presentar recursos ante la Justicia y garantiza la libertad de expresin. Pese al carcter genrico de esta ley, el oficialismo la ha rechazado, afirmando que en realidad busca la impunidad de los narcoterroristas.

El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, se ha convertido en uno de los ms populares colaboradores de la presidenta Aez a plan de dursimas amenazas (cazar personas, pasar por delante de los sospechosos, etc.) y de detenciones diarias, por las cuales ahora trabaja en la ampliacin de las crceles.

- Populismo represivo: los grupos de civiles de La Resistencia tienen el aval de la Polica para imponer su ley en las calles. Morales los considera grupos paramilitares y fascistas. Estas organizaciones civiles operan cotidianamente en torno de la residencia diplomtica de Mxico en La Paz. Sus miembros se turnan para revisar los automviles que entran y salen del exclusivo barrio La Rinconada, donde aquella se encuentra.

La Resistencia arrest informalmente y tambin ilegalmente, pero con apoyo de la Polica y la Fiscala al ex-ministro de Gobierno, Carlos Romero: grupos de civiles rodearon su domicilio, le cortaron el agua y el acceso de comida, y luego acecharon la clnica en la que tuvo que refugiarse ulteriormente, pese a que no estaba acusado de nada. Esta situacin fue aprovechada por un abogado interesado en hacerse un sitio en el nuevo sistema poltico (varios de estos justicieros andan por ah buscando la forma de iniciar procesos contra masistas para recibir algn beneficio) y la Fiscala termin acusndolo por corrupcin y hacindolo detener, esta vez de forma legal.

La Resistencia est compuesta por vecinos de clase media y por jvenes estudiantes que, durante la crisis, se armaron con palos, cascos y escudos improvisados para enfrentar a las columnas de trabajadores y de campesinos que pretendan neutralizar las protestas en contra del monumental fraude.

El nuevo bloque de poder no cuenta ms que con unos pocos parlamentarios, pero tiene la capacidad de inhibir y dividir a la bancada del MAS en la Asamblea Legislativa. Su poder, entonces, es absoluto. En apenas dos meses, pese a la retrica sobre un gobierno provisional, ha invertido las orientaciones de la poltica exterior, alineando a Bolivia con Estados Unidos, que volver a darle cooperacin econmica (el presidente Donald Trump dijo que ayudar a Bolivia era vital para los intereses de su pas). Tambin ha cambiado los principios de la poltica econmica, pues liber las exportaciones de los controles estatales que les haba impuesto la anterior administracin, rebaj las tarifas elctricas a las industrias y a los grandes consumidores en una proporcin mayor que a los pequeos, y ha sacado a las empresas estatales del sitial de privilegio en el que se encontraban.

Como se ve por sus polticas, el nuevo bloque busca llevar la sociedad boliviana en direccin opuesta a la sealada por el bloque de poder anterior, haciendo un movimiento de pndulo que es constante a lo largo de la historia boliviana. En este caso, el pndulo est yendo desde un estatismo desordenado y despilfarrador de energas, que beneficiaba legal e ilegalmente a una elite plebeya (chola e indgena) y nacionalista, hacia un capitalismo de camarilla, tambin despilfarrador, que beneficiar legal e ilegalmente a una elite meritocrtica (es decir, blanca) y conservadora.

Como elocuente smbolo de este viraje, la escuela castrense que se llamaba Juan Jos Torres en homenaje a un presidente militar que fuera asesinado por el Plan Cndor, ya no impartir asignaturas antiimperialistas y cambiar de nombre por el de Hroes de ancahuaz, que hace referencia a los militares que capturaron y asesinaron a Ernesto Che Guevara en 1967.

El nuevo bloque en el poder est all para quedarse, sin importar cules de sus miembros terminen por ganar las elecciones del 3 de mayo. Un ganador de centro quiz atenuara sus aspectos ms agresivos. Pero no cabe duda de que si en estas elecciones el ganador fuera el MAS lo que resulta improbable, el resultado no sera reconocido ni aceptado. Son vanas las ilusiones que, respecto a un milagro electoral, abriga Morales en el exilio. Las dificultades que hoy sufre su movimiento se repetirn durante toda la campaa. La derrota del MAS es profunda y ser duradera (y, en parte, se debe a los errores personales de Morales, que este hara bien en aceptar). Quien desee comprender el proceso boliviano debe revisar la historia latinoamericana de la segunda mitad del pasado siglo. Nada ms reciente puede comparrsele.

Fernando Molina. Periodista y escritor. Es autor, entre otros libros, de El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales (Pulso, La Paz, 2009) e Historia contempornea de Bolivia (Gente de Blanco, Santa Cruz de la Sierra, 2016).

 https://nuso.org/ 


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