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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2020

El legado indeleble de Guantnamo
O cmo todo ha ido transformndose en un mundo "Gitmo"

Karen J. Greenberg y Joshua L. Dratel
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


El centro de detencin en la Baha de Guantnamo, Cuba, abri sus puertas en enero de 2002 a los primeros 20 detenidos de la guerra contra el terrorismo. En cuestin de 100 das llegaran 300 ms, a menudo encapuchados y con aquellos infames monos naranjas, y eso sera solo el principio. En el momento lgido, la poblacin del centro aumentara hasta casi 800 presos de 59 pases. Dieciocho aos despus, todava retiene a 40 de esos prisioneros, la mayor parte de los cuales permanecer sin duda all, sin cargos ni juicio, para el resto de su vida. (Eso puede suceder tambin con los cinco cuya liberacin se orden hace ms de una dcada). En 2013, la periodista Carol Rosenberg los etiquet sagazmente como presos de por vida. Y esos detenidos no son el nico legado perdurable de la Baha de Guantnamo. Gracias a ese campo de prisioneros, nosotros, como pas, hemos llegado a entender aspectos de la ley y la poltica en formas tales que podran tambin representar cambios para siempre.

Expongo a continuacin ocho formas con las que las polticas txicas de esa instalacin fuera de nuestro territorio han ido contaminando las instituciones estadounidenses, nuestras leyes y nuestras costumbres a lo largo de los aos transcurridos desde 2002:

  1. Detencin indefinida: El primer elemento en cualquier lista de los frutos de Guantnamo tendra que ser la categora detencin indefinida. En el contexto de las leyes de Estados Unidos y hasta el lejano enero de aquel ao, la nocin era extraa y prohibida a la vez. La detencin sin cargos ni juicio estaba prohibida de facto en virtud del derecho a un debido proceso contenido en la Quinta Enmienda, una realidad que se haba venido honrando desde la fundacin de la Repblica. Aunque a los detenidos se les otorg finalmente el acceso a abogados y el derecho a que se revisaran sus casos, solo un puado de ellos ha podido hacer realidad el derecho a ser acusado o a ser liberado.

La detencin indefinida que comenz en la Baha de Guantnamo ha generado ahora su imagen especular en los campamentos para inmigrantes indocumentados (y sus hijos) a lo largo de la frontera mexicana de Estados Unidos. Hay diversos elementos all que parecen copias al papel carbn de Guantnamo: jaulas de alambre al aire libre, guardias armados y maltrato fsico de migrantes y solicitantes de asilo, tanto adultos como nios. En la Baha de Guantnamo el gobierno no empez a distinguir entre menores y adultos hasta aos despus de que se abriera la instalacin, otro ejemplo de una poltica impulsada por Gitmo que antes era inconcebible en el sistema legal estadounidense. De alguna manera, la situacin en la frontera puede ser realmente an peor, ya que los detenidos all se encuentran en condiciones insalubres con apenas acceso a la atencin mdica.

Y aqu hay otro aspecto en el que la frontera est superando a Guantnamo. El gobierno debe permitir que el Comit Internacional de la Cruz Roja acceda a sus instalaciones de detencin en tiempos de guerra, por lo cual las condiciones mdicas y de salud en Gitmo pudieron monitorizarse y mantenerse a un nivel relativamente decente una vez que terminaron esos tres meses iniciales de jaulas al aire libre. Sin embargo, en los centros de detencin fronterizos, los nios tienen que permanecer con paales sucios, alojados junto a sus madres y padres con temperaturas heladoras y en situaciones parecidas a las de una crcel, negndoseles el acceso a una atencin mdica adecuada, incluidas las vacunas.

  1. Un nuevo lenguaje legal con el objetivo de eludir la ley: Desde el principio en Guantnamo se desafi el lenguaje normal de la ley y la democracia. No poda llamarse prisioneros a los all detenidos, ya que entonces tendran que ser considerados prisioneros de guerra y, por lo tanto, estaran sujetos a las protecciones de los Convenios de Ginebra. Las jaulas y los complejos carcelarios prefabricados posteriores (transportados desde Indiana) no podan etiquetarse como prisiones por la misma razn. As pues, el gobierno se invent un nuevo trmino, combatiente enemigo, derivado de beligerante enemigo ilegal, que tena legitimacin legal. El propsito, por supuesto, era crear una categora legal completamente nueva que, al igual que la prisin ms all de las fronteras, fuera inmune ante las leyes existentes, estadounidenses o internacionales, relativas a los prisioneros de guerra.

Esta evasin de la ley no solo ha persistido hasta el da de hoy, sino que se ha infiltrado en otras reas de la poltica exterior de Washington. Recientemente, por ejemplo, los abogados de la administracin Trump invocaron el trmino combatiente enemigo para justificar el asesinato con drones del general iran Qassem Suleimani en Iraq. Mientras tanto, en la frontera, los solicitantes de asilo se han transformado en inmigrantes ilegales y, sobre esa base, se les han denegado derechos esenciales.

  1. Cobertura legal: Mientras iba institucionalizndoe un nuevo lenguaje, el Departamento de Justicia ofreci su propia versin de cobertura legal. Su Oficina de Asesora Jurdica (OLC, por sus siglas en ingls) se enrol para proporcionar justificaciones legales, a menudo secretas, para las polticas subyacentes a lo que entonces se llamaba la Guerra Global contra el Terror. La OLC ideara, de hecho, una lgica disparatada para muchas polticas de esa guerra anteriormente prohibidas, sobre todo para los programas de tortura e interrogatorio de la CIA cuyas tcnicas de interrogatorio mejoradas se utilizaron en los sitios negros (o prisiones secretas) de la Agencia por todo el mundo con varios detenidos de alto perfil que luego fueron enviados a Guantnamo.

Antes del 11 de septiembre, pocas personas de fuera saban de la existencia de la Oficina de Asesora Jurdica. Sin embargo, en los aos transcurridos desde entonces, se ha convertido en el departamento de referencia de la Casa Blanca para opiniones legales retorcidas, a menudo secretas, destinadas a justificar acciones del ejecutivo previamente cuestionables o no autorizadas. De forma notoria, los memorandos de la OLC justificaron asesinatos selectivos por aviones no tripulados de figuras clave en grupos terroristas, incluido un ciudadano estadounidense. Recientemente, por ejemplo, se ha utilizado esa oficina para explicar una serie de cuestiones, incluyendo por qu no se puede acusar a un presidente en ejercicio (ver: ex asesor especial Robert Mueller) o la concesin de inmunidad absoluta a los funcionarios de la Casa Blanca para que puedan eludir citaciones para testificar ante el Congreso (ver: audiencias de impeachment en el Congreso). Y como cualquier memorando de la OLC puede mantenerse en secreto, quin puede saber, por ejemplo, si se escribieron o no memorandos legales similares para cubrir actos como el reciente asesinato del general Suleimani?

  1. Marginacin y destitucin de profesionales: Desde su inicio, los supervisores de Guantnamo fueron apartando a los profesionales o funcionarios gubernamentales que se interpusieron en su camino. Cabe destacar que el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, nombr a una serie de individuos para que dirigieran Guantnamo y le informaran directamente a l en lugar de pasar por cualquier cadena de mando preexistente. De ese modo elimin eficazmente a quienes contradecan sus rdenes o las polticas establecidas bajo su mando, incluyendo, por ejemplo, que los prisioneros en huelga de hambre deban ser alimentados a la fuerza.

En la era de Trump, esta aversin a los profesionales se ha extendido por muchas agencias y departamentos del gobierno. Lo que ocurre ahora es que, a menudo, esos profesionales se van por decisin propia. El Departamento de Estado, por ejemplo, ha disminuido de tamao de forma ininterrumpida desde que Donald Trump asumi el cargo, ya que aquellos que no estaban de acuerdo con las polticas administrativas se marcharon o dimitieron en cifras significativas. Del mismo modo, en el Pentgono, y a un ritmo constante, los funcionarios dimitieron o acabaron despedidos a causa de los desacuerdos polticos.

  1. La utilizacin de las fuerzas armadas para operaciones de detencin: En el otoo de 2002 el general Tommy Franks, jefe del Comando Central de Estados Unidos, se quej a Rumsfeld de que se estaba desaprovechando a sus tropas para dedicarlas a operaciones de detencin. Cientos de prisioneros haban sido capturados en la invasin de Afganistn que comenz en octubre de 2001, pidindose al personal del ejrcito que sirvieran como guardias en los centros de detencin establecidos en las nuevas bases militares estadounidenses en aquel pas. Aunque muchos de esos detenidos seran trasladados posteriormente a Guantnamo, el ejrcito no se libr de esa tarea. Una fuerza de trabajo conjunta de sus cuatro ramas se desplegara en Guantnamo para servir como guardias para los detenidos que iban llegando. Algunos de ellos insistieron en que no era una tarea para la que estaban preparados, que su servicio anterior en las brigadas militares como vigilantes del personal de servicio que hubiera violado la ley no era una preparacin adecuada para custodiar a los prisioneros procedentes del campo de batalla. Pero fue en vano.

Hoy, ese ejrcito se ha desplegado de forma similar en la frontera sur en apoyo de las operaciones de detencin que all se llevan a cabo, una presencia constante de ms de 5.000 soldados desde los primeros das de la presidencia de Trump, incluido el personal militar en servicio activo y la Guardia Nacional. Segn la ley de EE. UU., el ejrcito no est autorizado para aplicar la ley nacional. Una carta de 30 miembros del Congreso al Inspector General Adjunto del Pentgono, Glenn Fine, sealaba: El ejrcito no debera tener ningn papel en la aplicacin de la ley nacional, por lo que el despliegue de tropas de Trump en la frontera sur corre el riesgo de erosionar las leyes y normas que han mantenido en esferas separadas la aplicacin de las leyes militares y el derecho interno. Fine est revisando ahora ese despliegue, pero quin sabe cundo (o incluso si) ver la luz del da.

  1. Secretismo y retencin de la informacin: En lo referente a Guantnamo, los funcionarios del Pentgono que hablaban del nmero de detenidos all ofrecan por lo general solo aproximaciones en vez de cifras especficas, tampoco mencionaban los nombres de los prisioneros. Se mantena normalmente a los periodistas alejados de las instalaciones y estaba prohibido que hicieran fotografas. Mientras tanto, una capa de secretismo cubra el trato previo dado a esos detenidos, muchos de los cuales haban sido sometidos a abusos y torturas en los sitios negros donde haban estado recluidos antes de ser trasladados a Gitmo.

Actualmente, en la frontera, la poltica hacia los periodistas, infamemente llamados por este presidente los enemigos del pueblo, est siendo un claro fruto del estilo Gitmo. Se ha retenido la informacin y se han hecho esfuerzos para mantener a los periodistas y fotgrafos fuera de los campos de detencin fronterizos. Las peticiones que se han presentado, en virtud de la Ley de Libertad de Informacin Periodstica, han sido a menudo los medios singulares por los cuales el pblico ha conseguido tener alguna idea acerca de las polticas fronterizas del gobierno. Incluso se ha negado el acceso en los centros de detencin a los miembros del Congreso, mientras que la Agencia de Aduanas y Proteccin Fronteriza de EE. UU. no ha sido capaz de llevar a cabo una recogida de datos que permita a las familias migrantes reunirse o permitir que cualquier agencia de supervisin determine con precisin el nmero de detenidos, en particular de los nios.

En el escenario blico persiste un secretismo similar. Solo este mes, por ejemplo, la administracin se neg a presentar ante Congreso (y menos an ante el pblico) alguna evidencia de su afirmacin de que el general iran asesinado por un dron representaba una amenaza inminente para los Estados Unidos y sus intereses.

  1. Desprecio por el derecho y los tratados internacionales: La administracin del presidente George W. Bush, al tildar la Convencin de Ginebra de pintoresca y obsoleta como parte de su justificacin para la detencin y el reclusin de prisioneros en la guerra contra el terrorismo, empez a socavar constantemente la adhesin de Washington a los tratados y convenios internacionales de los que anteriormente haba sido tanto parte firmante como principal fuerza moral. Y lo que sigui fue, por ejemplo, una contravencin de la Convencin contra la Tortura, tanto en el programa global de torturas de la CIA como en la aquiescencia de Washington ante el maltrato de los detenidos entregados a otros pases.

La falta de respeto por las obligaciones del tratado y por la santidad de la cooperacin internacional en asuntos que afectan a la paz, la salud y la armona mundiales no ha hecho ms que extenderse estos aos con las decisiones de la administracin Trump de retirarse de los acuerdos y tratados de diversos tipos. Entre estos se incluyen: el acuerdo climtico de Pars, el acuerdo nuclear con Irn y los tratados de armas nucleares de la era de la Guerra Fra con Rusia (el acuerdo de las Fuerzas Nucleares Intermedias del ao pasado y, ms recientemente, el hecho de ignorar las advertencias de los rusos de que no va a haber tiempo suficiente para negociar la renovacin de un acuerdo esencial para la limitacin de armas nucleares New Start, acuerdo que finaliza en 2021). Como resultado, el mundo se ha convertido en un lugar ms peligroso e impredecible.

  1. Ausencia de rendicin de cuentas: Aunque el gobierno de Obama puso fin a algunas de las polticas recientemente legalizadas de la era de Bush, incluido el uso de la tortura, no ha habido inters alguno por responsabilizar a los funcionarios del gobierno por conducta ilegal e inconstitucional. Como expres el presidente Obama, siguiendo la frmula tradicional en cuanto a tomar medidas para hacer rendir cuentas a determinadas personas por el programa de torturas de la CIA, era hora de mirar hacia adelante en lugar de mirar hacia atrs.

Hoy en da Donald Trump y su equipo esperan un tipo similar de impunidad de estilo Gitmo para ellos. Como ha dicho muchas veces, como presidente, puedo hacer lo que quiera. La retencin de la ayuda militar a Ucrania en un intento de obtener informacin sobre su rival Joe Biden (y su hijo) es solo un ejemplo de las licencias que se permite. Hay un sentido de inmunidad ante la ley profundamente arraigado en esta administracin (como ha quedado demostrado con la negativa a declarar ante la Cmara de Representantes por parte de destacados funcionarios).

Merece la pena sealar que el impeachment del presidente por parte de la Cmara de Representantes fue un raro paso adelante en lo que se refiere a responsabilizar a los funcionarios por las violaciones de la ley en esta poca (aunque la condena en el Senado es esencialmente inimaginable). Queda por ver si esa rendicin de cuentas se impondr alguna vez, en el contexto de la poltica global, al asesinato de Suleimani, a la separacin de los nios de sus familias en la frontera, o en el contexto de la interferencia electoral. Por el momento, parece poco probable. Despus de todo, todava vivimos en la era Guantnamo.

El coste de la guerra contra el terror en trminos de vidas y del tesoro nacional est bien documentado. A los contribuyentes estadounidenses les ha costado al menos 6.400 millones de dlares (probablemente mucho ms), a la vez que ha provocado la muerte de hasta 500.000 personas, de las cuales se estima que casi la mitad eran civiles (una cifra que no incluye las muertes indirectas por enfermedad, inanicin y otras causas relacionadas con la guerra). Mientras tanto, se ha ido creando una nueva narrativa, estilo Gitmo, para la ley y la poltica de seguridad nacional.

La irona es inequvoca. El centro de detencin en la Baha de Guantnamo se estableci a propsito fuera de EE. UU. para que no estuviera sujeto a las leyes y polticas internas del pas. Como muchos advirtieron en aquel momento, la idea de que permanecera como un hecho aparte y anmalo iba a ser seguramente ilusoria. Y, de hecho, as ha resultado ser.

En lugar de seguir siendo una anomala fuera del pas, Guantnamo se ha ido trasladando gradualmente hasta nuestro territorio, y ese es sin duda su legado indeleble.

Karen J. Greenberg, colaboradora habitual de TomDispatch, dirige el Center on National Security de Fordham Law, y es editora-jefe del CNS Soufan Group Morning Brief. Es autora y editora de muchos libros, entre los que figuran Rogue Justice: The Making of the Security State y The Least Worst Place: Guantnamos First 100 Days .

Joshua L. Dratel es un abogado que vive en Nueva York y suele litigar en casos clave de seguridad nacional relacionados con el terrorismo, la vigilancia y los denunciantes por conciencia. Es colaborador del nuevo volumen de Greenberg Reimagining the National Security State: Liberalism on the Brink .

Julia Tedesco colabor con sus investigaciones en la redaccin de este artculo.

Fuente:http://www.tomdispatch.com/post/176652/tomgram%3A_greenberg_and_dratel%2C_the_gitmo_era/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a los autores, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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