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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2006

Occidente vs. Islam
Mahoma y la libertad de prensa

Lisandro Otero
Rebelin


La publicacin de unas caricaturas ofensivas en un diario dans, luego reproducidas en muchos otros peridicos europeos, ha dado lugar a una extendida confrontacin que ha suscitado manifestaciones, protestas, apedreamiento de consulados, incendio de embajadas y una vasta ola de rencor en el mundo rabe contra Occidente.

La caricatura muestra a Mahoma con un turbante en forma de bomba. Imaginemos casos similares, un rabino portador de una bazuca con la cual extermina palestinos, o una imagen de Jesucristo piloteando un avin F-86 desde el cual ametralla iraques. Ello dara lugar a un vasto clamor de los rganos occidentales acusando de antisemitismo o de blasfemia anticristiana a los autores.

Lo que trata de demostrar la presa europea es que el Islam es una religin violenta y ello es una afirmacin torpe y majadera porque ignora los infinitos matices dentro del Islam y las fisuras sociales que fraccionan y otorgan una coloracin mltiple a esa civilizacin. No son las religiones las que combaten sino los estados que responden a sus organizaciones polticas. El rencor contra el Islam se origina por su resistencia a no dejarse dominar por la ocupacin extranjera, por su inconformidad con la explotacin intensiva de sus recursos petroleros.

Para colmo de necedades ahora la prensa europea, e incluso la estadounidense, ha comenzado a reproducir las caricaturas masivamente como una manera de reafirmar la libertad de prensa, que, alegan, ven amenazada. La realidad es otra. Europa y Estados Unidos se han empeado en una guerra contra Irak y necesitan convencer a sus ciudadanos que esa guerra es justa, que ha sido emprendida contra sujetos agresivos, colricos y crueles. Esto se ha hecho en todas las guerras. Durante la Segunda Guerra Mundial alemanes y japoneses aparecan en caricaturas, en la cinematografa, en la prensa, en la radiodifusin, como horribles engendros del odio y la maldad. Se creaba as una imagen negativa que predominaba sobre cualquier raciocinio. Es lo que se est haciendo ahora: hay que montar una cadena de reflejos condicionados que permitan una retaguardia de opinin favorable a la guerra.
Todos saben que la libertad de prensa no existe. Las grandes corporaciones propietarias de los medios de comunicacin los sitan al servicio de sus intereses y condicionan la emisin de noticias a las necesidades de las tesis que deseen imponer. Esto fue bien visible al iniciarse la guerra en Irak cuando medios reputados como "neutrales" y "serios" como el New York Times y la CNN dieron versiones tan distorsionadas, tan intrigantes e impostoras que comprometieron su reputacin y mermaron su capacidad de influir en la opinin.

La guerra en Irak vino a demostrar a los que an dudaban que la cacareada libertad de prensa es un mito inexistente. Los peridicos estadounidenses unidos a sus estaciones de radio y de televisin se dedicaron a defender la verdad oficial del gobierno de Bush sin deslizar ni un tomo de hesitacin en sus presentaciones. En el lenguaje de los locutores se hablaba constantemente de cmo las tropas haban ido a Irak a restablecer la democracia, a luchar por la libertad del pueblo iraqu, a aplastar para siempre el terrorismo. En ninguna emisin se comentaba sobre las ambiciones de los grandes consorcios petroleros, ni se mencionaban las evidentes vinculaciones financieras de Bush, Cheney y Condoleezza con los carteles del hidrocarburo: Chevron, Texaco, Mobiloil, Shell. No se fue a las entraas del fenmeno que el mundo est sufriendo: la voracidad imperialista de los grandes monopolios del capitalismo desarrollado.

El pueblo estadounidense se traga estas monsergas y sale con sus banderitas a la calle, inflamados de patriotismo, creyendo realmente que combaten por el rescate de un pueblo encadenado sin percatarse que estn siendo usados como autmatas para satisfacer el apetito de ganancias de las empresas petroleras y de los despiadados peones que las sirven desde las esferas de gobierno.

Cada da el capital monoplico se concentra ms y las pequeas empresas pasan a manos de las grandes corporaciones que son las dictadoras de la opinin. Los nuevos amos de la prensa son inmensos "holdings" insertados en lo que se llama la industria de la comunicacin y estn ligados a peridicos, revistas, cadenas de radio y televisin. La libertad de expresin de la prensa es, en realidad, la libertad del gran capital financiero de moldear la opinin pblica de acuerdo con sus intereses.

El futuro de la economa de mercado nos depara, en los medios de comunicacin masiva, una gran tecnocracia totalitaria unida electrnicamente a un cerebro comn en una computadora central que dar las pautas de comportamiento ante cada contingencia. La "libertad de informacin" ha desaparecido ante un pacto colectivo de aceptar una "verdad" nica. El albedro cognoscitivo se eclipsa ante la robotizacin de la encuesta y el sometimiento del criterio.

No puede esgrimirse la inexistente "libertad de prensa" como una excusa para fomentar el odio religioso, la xenofobia y la intolerancia como parte de una guerra psicolgica para aplastar la justificada rebelda nacionalista de los pueblos rabes.
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