Portada :: Espaa :: Por una vivienda digna
(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2020

El derecho a la vivienda y Adam Smith

Ricardo Rodrguez
eldiario.es


El modo en que Aguado invoc a Adam Smith para oponerse a cualquier tipo de regulacin pblica del mercado de vivienda reproduce una imagen simplista. Aguado, sobre regular los precios del alquiler: "Confiemos en Adam Smith, en que oferta y demanda sigan resolviendo problemas del siglo XXI"

Escribi John Kenneth Galbraith en su muy recomendable Historia de la economa que La riqueza de las naciones es, junto con La Biblia y El Capital de Karl Marx, "uno de los tres libros que los eruditos de pacotilla creen tener derecho a citar sin haber ledo". No tenemos por qu dudar de que el seor Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, s lo haya ledo ni debemos tomarle por un "erudito de pacotilla", pero el modo en que invoc a Adam Smith para oponerse a cualquier tipo de regulacin pblica del mercado de vivienda reproduce una imagen como poco simplista del pensamiento del gran ilustrado escocs y, lo que es peor, no aporta absolutamente nada a la solucin de un grave problema social.

La lectura de La riqueza de las naciones a quien piense en Adam Smith como defensor de un capitalismo sin restricciones le puede deparar notables sorpresas. Fue, sin duda, un decidido partidario del librecambismo pero en absoluto dogmtico, como lo prueba su opinin favorable a las leyes de navegacin y el control de la usura, que justifica de manera inequvoca afirmando que "todo ejercicio de la libertad natural de unos pocos individuos que ponga en peligro la seguridad de toda la sociedad es y debe ser restringido por las leyes".

La gastada metfora de la mano invisible aparece una sola vez a lo largo de ms de mil pginas y una vez ms en su otra obra magna, La teora de los sentimientos morales, y proviene, antes que de ningn postulado econmico, de la conviccin moral de que un profundo sentimiento de simpata mueve al ser humano a alcanzar el bien comn cooperando con sus semejantes al tiempo que busca satisfacer su propio inters. Deducir de aqu la exclusin absoluta e intemporal de cualquier intervencin pblica en la economa es, como mnimo, una osada simpleza. El principio en torno al cual gira el conjunto de la obra, y que se enuncia en su mismo inicio, nos dice que el trabajo es el fondo del que deriva toda la riqueza de una nacin ("el suministro de cosas necesarias y convenientes para la vida"), hasta tal punto que tanto la renta de los terratenientes como el beneficio de los empresarios procede en ltima instancia del valor que el trabajo incorpora a los materiales y a la tierra sobre los que se realiza. Lo que significa que ya en Adam Smith late la idea en la que Marx fundamenta su nocin de plusvala.

Pero lo que ms puede asombrar al lector actual confundido por el tpico es la dureza con la que se refiere a los empresarios, de quienes asegura que, a diferencia de los terratenientes y los trabajadores, no slo no tendern a moverse por inters coincidente con el general, sino que lo harn con frecuencia justo por el opuesto a ste. Les acusa de perseguir siempre ensanchar el mercado y estrechar la competencia, por lo que advierte con severidad frente a cualquier propuesta de ley que venga de esta "clase de hombres", "que tienen generalmente un inters en engaar e incluso oprimir a la comunidad".

Resulta difcil captar el significado exacto del llamamiento hecho por el seor Aguado a confiar en Adam Smith y al efecto salvfico de la oferta y la demanda. Del sistema general de La riqueza de las naciones no cabe inferir con certeza ni el respaldo ni la exclusin de una regulacin de precios. Adam Smith asume como presuncin que la falta de intervencin poltica aproximar el precio de mercado al precio natural. Pero tambin reconoce la excepcin que a las viviendas en las ciudades otorga la ubicacin y la limitacin del territorio, lo que le lleva a proponer un gravamen regulatorio sobre el suelo.

S se nos antoja seguro, en cambio, que le hubiese repugnado la venta de viviendas sociales a fondos de inversin efectuada en Madrid, dado que los fondos no accedieron a ellas precisamente en un mercado libre y que resulta manifiesta la intervencin de la Administracin a favor de determinados intereses particulares, esencia del gran mal que Adam Smith odia en el mercantilismo.

La conocida como ley de la oferta y la demanda fue formalizada por Alfred Marshall a finales de siglo XIX sintetizando la percepcin de Adam Smith y David Ricardo, que conferan mayor peso a la oferta y el coste de produccin en la determinacin de precios, y la nocin de utilidad de los marginalistas que vean preponderante la demanda. A lo largo del tiempo, ha sido objeto de multitud de correcciones, siendo quiz la ms trascendental la que acometieron de modo simultneo pero por separado Joan Robinson y Edward Chamberlin al probar que no existen mercados de competencia perfecta en el mundo real. De modo que tampoco esta bandera por s sola nos arregla nada. Y aun si se repara en la distincin entre demanda absoluta y demanda efectiva (con capacidad de compra) que tan sencilla y magistralmente explica Adam Smith, nos percataremos de que cabe que la oferta de viviendas encuentre una demanda suficiente de personas y empresas que no las necesitan para vivir, fijndose un precio fuera del alcance de muchos ciudadanos, que quedarn as en la calle. Y esto vulnera el artculo 47 de la Constitucin, que obliga al seor Aguado ms que su inspiracin doctrinal.

Adam Smith es un clsico, como lo son Karl Marx, John Stuart Mill, Alfred Marshall o Keynes. La lectura somera de cualquier texto suyo nos har ver la naturalidad con que cada uno de ellos aprovechaba los hallazgos de los dems, tan diferente de la chata divisin del mundo en buenos liberales y malvados intervencionistas, o viceversa, que conduce a responder con la misma vulgar consigna a cualquier pregunta sea cual sea el contexto. Son clsicos porque su amplitud de miras les permiti encontrar un nuevo enfoque a los problemas que obsesionaron a sus contemporneos, lo que hace tiles sus ideas ms all de su poca que no inmunes al envejecimiento. Pero ningn clsico ilustre nos ahorra el esfuerzo de pensar por nosotros mismos, ni de analizar de manera concreta la realidad concreta que afrontamos. Y menos que a nadie a nuestros representantes y gestores pblicos, a quienes tenemos derecho a exigir un poco menos de pereza mental y algo ms de realismo.

Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/derecho-vivienda-Adam-Smith_6_992560742.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter