Portada :: Chile :: Chile: Rebelin antineoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2020

Escenas de la resistencia popular
El tiempo del fuego

Eugenia Rodrguez Cattaneio
Brecha


A pesar de la represin y el olvido meditico, la revuelta chilena contina en marcha, con miles de personas que se manifiestan a diario a lo largo del pas. Brecha recorri Chile durante el mes de enero y presenci cmo grupos de autodefensa y voluntarios mdicos ayudan a sostener las redes de solidaridad popular contra los abusos constantes de la polica.

El primera lnea se para en medio de la calle, lanza una piedra contra el parabrisas del blindado, abre los brazos y grita sealndose el pecho desnudo: Trame a m, paco culiao!. A su lado, Isidro, con una bandana roja al cuello, ladra y ensea los dientes. El blindado acelera la marcha, gira la manga que lanza el chorro de agua y dispara. El chico salta, esquiva el chorro, levanta una piedra de la calle y la estrella contra el blindado que avanza sobre la multitud en la Alameda. El chorro arrasa con todo a su paso: piedras, polvo, manifestantes, vendedores, transentes y perros. Isidro se revuelca en el asfalto, se levanta y vuelve al ataque.

En el medio la espantada de gente que corre a refugiarse detrs de los rboles, de todas partes salen primera lnea: llevan piedras, palos, escudos de cartn y lata, y van a detener un camin blindado. Son los que van a recibir los palos, pero no les importa. Todos quieren estar all, adelante. Con todo, si no, pa qu?, muestra un escudo en letras rojas. En la parte de atrs, en letras chiquitas, tiene escrito Resiste.

No tenemos miedo, dicen cuando les pregunto. Una tarde estaba todo el mundo disfrazado de superhroe: uno llevaba un traje de dinosaurio y otro llevaba un casco estilo medieval. No slo no tienen miedo a los carabineros, sino que, adems, se ren en su cara.

Hasta que la dignidad se haga costumbre, expresan los grafitis, en todas las calles de las ciudades por las que pas en Chile.

***

Hoy es lunes. Todos los das, a las cinco de la tarde, en los alrededores de la Plaza de la Dignidad empiezan a congregarse manifestantes y curiosos. Toman cerveza, arman tabaco, bailan. La mayora de ellos slo estn sentados en los cordones de las veredas. En la zona no quedan semforos ni seales; el trnsito lo dirigen inspectores en horas pico y cualquiera que se calce un chaleco amarillo a cambio de unas monedas el resto del tiempo.

Lo que era la entrada del metro de Baquedano, incendiado durante las protestas masivas de octubre, es ahora un lugar de peregrinacin para turistas y manifestantes. Exhibe obras de arte callejero y una muestra sobre femicidio. Los lunes son tranquilos; los complicados son los viernes, seala un chico de unos 20 aos, sentado sobre la barandilla. Yo vengo todos los das, despus de trabajar. No estoy en primera lnea, pero vengo y me siento aqu para apoyarlos.

Un chico sin camisa y con una mscara de Anonymous activa un extintor en medio de la calle, envolviendo la esquina en una nube amarillenta y espesa. Cuando se le termina, lo deposita en una hilera en la rotonda de la plaza, a modo de barricada, cortando el trnsito. Varios chicos caminan entre los autos levantando extintores vacos. Un mnibus frena y les pasa uno nuevo por la ventanilla.

Sobre la avenida Vicua Mackenna prenden una barricada con ramas, tablas y botellas de plstico. Dejamos pasar slo ambulancias, bomberos y autos que lleven nios o ancianos, dice un primera lnea. Tiene la cara tapada, pero como el calor es agobiante y no lleva camiseta, deja al descubierto sus tatuajes en la espalda. Se lo digo y se re. No necesitan pruebas para llevarte. Si te agarran, te acusarn sin pruebas, ests o no ests en la barricada. Pero tienen que agarrarme.

A las cinco de la tarde, puntuales, llegan los carabineros a despejar la zona. Si hay miles o si hay pocos, si hay barricadas o no hay barricadas, lanzan gases, agua, y se posicionan en las esquinas formando una hilera con los escudos delante.

***

Llega el viernes. Miles bajan por la Alameda. Por toda la avenida golpean ollas y sartenes, lanzan piedras contra las chapas de los comercios, adoquines contra el zinc de las paradas de mnibus. Cuando la tensin sube, el repiqueteo se hace ms rpido, ensordecedor. Hay cuatro blindados rodeando la plaza, dos en el puente que cruza el ro Mapocho, dos a media cuadra, en Ramn Corvaln y la Alameda, dos bajando por el Parque Forestal y otros dos se divisan inmviles por la avenida Vicua Mackenna. Impresionan tantos juntos.

Un gritero recorre la multitud en el Parque Forestal, y todos corren hacia el puente que cruza el ro Mapocho. Un molo! Ha sido un molo!, se escucha que gritan los manifestantes. Una columna ligera de humo se eleva entre los rboles, un fuego azulado arde un momento sobre el cap de un blindado y se apaga. Un molotov dio en el blanco. Al instante suenan las sirenas. Los capuchas corren como gacelas entre los rboles. Encerrona! Encerrona! La gente empieza a correr en todas direcciones. Los que ofrecen cigarrillos cubren sus cajas con nailon y levantan vuelo. Una seora que vende agua y refrescos aprieta el carrito contra su cuerpo y se queda inmvil. Los rescatistas forman una fila contra la pared con sus escudos delante.

Por la calle avanza un zorrino, el blindado que tira gas lacrimgeno por los laterales. Todo queda envuelto en una nube griscea. Arriba, atravesando la Alameda, un pasacalles dice: Por el derecho a respirar en paz. De un mvil bajan los carabineros y avanzan, despacio, en lnea recta.

T, quieta aqu me tira una mano detrs de una columna, o quedars en la lnea de combate. Corre cuando yo te diga. Una lluvia de insultos, escupitajos y pedradas cae sobre los carabineros. Paco perkin! Paco jalero! (1) Violadores, asesinos! Tu esposa te est cagando!, (2) gritan los manifestantes. Desde el blindado una lluvia de gases lacrimgenos corta la va de escape. Detrs de la columna nos apilamos diez o 15 personas, a salvo de piedras y balines, pero no de los gases. La gente tose y se retuerce asfixiada. No se muevan, no se muevan!, ordena alguien. En la calle suenan las estampidas de las bombas lacrimgenas y las piedras que rebotan contra el cemento.

Los carabineros empiezan a correr detrs de los encapuchados, con pasos torpes debajo de sus trajes, blandiendo cachiporras y escopetas de perdigones, pero los capuchas ya estn muy lejos, mezclados con la multitud en la Alameda. Esta vez, se salvaron. Un seor, con dos perritos pekineses, sale de un edificio, con una mascarilla antigs en la boca. Pasa delante del blindado con gesto indiferente y sigue de largo.

***

Frustrados, los carabineros destrozan una vez ms el memorial de Mauricio Fredes y se llevan un escudo del Capitn Amrica como trofeo. Mauricio Fredes falleci durante la represin con un carro lanzaagua el viernes 27 de diciembre del ao pasado. Segn el parte mdico, falleci por inmersin al caer dentro de un pozo abierto en la vereda. El lugar se ha convertido en un centro de peregrinacin para los manifestantes, que exhiben all los proyectiles que les tiran los carabineros. Cae uno, nos levantamos todos, se lee en la pared.

Por un momento la manifestacin parece estar en paz. Un grupo de danza hace una performance bailando con trajes tpicos, y una banda con tambores y trompetas atraviesa la Alameda tocando msica. Una nia vestida con un mono de calavera salta junto a su padre: El que no salta es paco. A lo largo de la Alameda, sentados en fila, serenos pero alertas, todos empapados, los primera lnea comen lentejas en platos de plstico. Sonren para la foto. La comida, que cocinan con donaciones, la distribuyen colectivos como Lenteja Combativa.

El gritero y las sirenas anuncian que en la primera lnea se reanuda la represin. Vuelve el guanaco a despejar la calle en la que miles se manifiestan. A lo lejos veo girar como serpentinas las bombas lacrimgenas hacia la derecha, y luego hacia la izquierda, devueltas por los manifestantes. En la plaza la multitud festeja con vtores cada vez que un carro armado se ve obligado a retroceder ante la primera lnea.

Cruzando la calle, un hombre de unos 50 aos, a cara descubierta, vestido dejeans y camisa celeste, levanta un cascote de cemento sobre su cabeza y lo lanza jadeante sobre el cordn de la vereda. El cascote rebota, pero queda intacto. El hombre lo levanta una y otra vez, hasta que el pecho de la camisa se le empapa de sudor. El cascote se rompe en mil pedazos, el cordn de la vereda se agrieta, y un chico de unos 20 aos, con una remera amarilla envuelta en la cabeza, arranca los fragmentos haciendo cua con un trozo de hierro. Varias chicas juntan los fragmentos y los meten en mochilas y bolsas.

Bajo lo que fue un portal de un edificio antiguo, un grupo de chicos y chicas vestidos de negro, con capucha y guantes, hacen pared, mientras otros tantos mezclan sustancias de varios bidones en botellas pequeas y las apilan con cuidado contra la fachada. Son los matapacos, los que tiran los molotovs.

Delante, van los escuderos. Detrs, los que tiran piedras, bombas de tinta, hondas y molotovs. Ms atrs est la segunda, los que apagan los gases lacrimgenos, y luego los que ayudan rociando espray con agua de laurel o bicarbonato para contrarrestar el efecto de los gases, los que llevan ropa extra para que los que estn empapados puedan cambiarse, los que reparten comida, los que tocan msica.

***

Por hacer, portar o tirar un molotov, se arriesgan a penas de hasta diez aos de crcel. Pero la ley es lo de menos.

El miedo no es la crcel dice R, un primera lnea que ha estado aqu desde octubre, lo que pasa aqu es que puedes desaparecer. Hay cabros a los que se llevaron y no sabemos dnde estn.

Cmo que no saben dnde estn?

Se encoge de hombros. No saben dnde estn y listo. Es alto y flaco, tendr 25 o 30 aos. Viene todas las tardes despus del trabajo. Se cambia de ropa, se viste de negro y se cubre la cara con una mscara. En su trabajo nadie lo sabe, podran echarlo.

No estoy aqu por m, estoy aqu por todos. Para que podamos estudiar todos, para que podamos tener una jubilacin digna todos. Esto no es de ahora, siempre ha sido as. Aqu la dictadura nunca termin. Pero ya basta de tener miedo.

Si los carabineros agarran a uno, lo apalean hasta cansarse. No importa si estaba en la manifestacin o slo iba de su casa al trabajo. Apaleado se queda. Eso corre para todos: manifestantes, transentes, periodistas, voluntarios mdicos o rescatistas.

Slo en el contexto de la revuelta social iniciada en octubre, el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile registra 158 querellas por violencia sexual, cuatro de ellas, violaciones, y 770 querellas por torturas y tratos crueles. Hay al menos 405 personas con prdidas oculares, y ms de 2 mil heridos por disparos.

***

Los heridos seran muchos ms y ms graves si no fuera por los voluntarios que prestan servicios mdicos y por los rescatistas que se quedan cerca de la zona de combate para sacar a los heridos. Hay 15 o 20 grupos que prestan asistencia; muchos son mdicos, o estudiantes, enfermeros, dentistas.

Somos neutros dice R, de la Fundacin Cruz Azul. Atendemos a manifestantes o a carabineros indistintamente, a quienes estn heridos. Pese a esta neutralidad, los carabineros los amenazan, los golpean y gasean como si fueran el enemigo. Mientras espero para hablar con ellos, el guanaco nos roca a todos, desde lejos. Atendemos a gente intoxicada por el gas, con quebraduras o golpes por el chorro del guanaco, cortes, heridas por perdigones, de todo. Hay momentos en que disparan ms perdigones, y hemos atendido a personas con prdidas oculares o heridas profundas. En otros momentos les han agregado diferentes qumicos al agua y a los gases lacrimgenos, y hay personas con la piel quemada.

Pese a que la evidencia de abusos es clara, el gobierno no ha tomado en cuenta el testimonio de decenas de voluntarios. No slo eso: muchos estn all de forma muy discreta, porque les han dicho en sus trabajos que sera mejor que no participaran de la revuelta de ninguna manera. Para el gobierno, la revuelta no existe, es invisible.

***

Dos nios, de 12 o 13 aos, agitan el fuego en una barricada. Tienen mscaras antigs como las que se usan en la construccin, pero ms chiquitas.

De dnde sacaron las mscaras profesionales?

Nos las hizo su padre, que trabaja en la construccin.

Les pregunto con quin vinieron.

Solos responden encantados. Venimos siempre que podemos. Cuando se arma la guerra, todos somos amigos de todos.

Los volv a ver como a las 11 de la noche, ya sin mscaras, en la entrada de mi edificio. Escapaban de una encerrona nocturna en el parque Bustamante. Una vecina les daba agua y les deca que volvieran ya a sus casas.

Al da siguiente, por la Alameda, escapando de la represin con chorros de agua, casi tropiezo con otro nio que no tendra ms de 8 o 10 aos de edad. Corra junto a otros tres o cuatro chicos, vestidos con shorts y camisetas de un equipo de ftbol.

Dnde vives? le pregunt una mujer, intentando agarrarlo.

En una casa con puertas y ventanas, como todo el mundo responde el nio, desafiante.

No te enfades, slo queremos cuidarte insiste la mujer. Dnde estn tus padres?

Estn en casa, como todos los padres vuelve a espetar el nio, y corre junto a sus amigos al grito de Paco culiao! Renuncia, Piera!.

Es posible que fueran del Sename, el desprestigiado Servicio Nacional de Menores. Un rumor no confirmado dice que muchos de los que pelean en primera lnea son chicos del Sename y que por eso no tienen nada que perder. La mayora de las personas que vi all no lo eran, y s tenan mucho que perder.

Un informe de 2017 de la Polica de Investigaciones, publicado por Ciper, concluy que en el 100 por ciento de los centros que administra el Sename y en el 88 por ciento de los gestionados por particulares se constataron abusos (Ciper, 2-VII-19). En los muros de Santiago se lee, por todas partes, No + Sename, y su reforma es una de las reivindicaciones de los manifestantes. Hay al menos 100 presos de la revuelta que son menores de edad, algunos de ellos derivados al Sename.

***

En el barrio Yungay, la Coordinadora por la Libertad de lxs Prisionerxs Polticxs18 de Octubre organiza un conversatorio. El saln est repleto, y decenas de personas quedan de pie casi hasta la puerta de entrada. Muchos de los detenidos durante la revuelta se estima que ms de 2.500 personas han sido arrestadas, pero no hay una cifra exacta nunca antes haban participado en una manifestacin, y sus familias estn desconcertadas. De a uno se ponen de pie y hacen sus consultas. Qu hacer si los cambian de lugar sin avisar? Cmo agilizar los procedimientos? A quin denunciar los abusos dentro de las crceles?

La madre de M llora desconsolada en el hombro de otra mujer. Su hijo, de 29 aos, est en prisin, acusado de tirar un molotov. Desde ese da, su vida gira en torno a consultar con abogados, averiguar los derechos de su hijo, intentar visitarlo, descubrir las violaciones a los derechos humanos que existen en las crceles, las mafias que operan dentro y el absoluto desamparo legal en el que se encuentra. Uno no piensa en lo que ocurre en las crceles hasta que le toca de cerca, dice despus de que se calma.

La coordinadora tambin tiene un punto de acopio, donde reciben donaciones para los presos y sus familias. Organizan rifas y eventos para conseguir financiamiento, porque tanto psicolgica como econmicamente las familias estn muy afectadas. El objetivo es que la situacin de los presos sea pblica, que se los considere lo que son, presos polticos, y poder tomar acciones todos juntos.

Ser antisistema es fcil fuera de la crcel. Adentro, no, testimonia un chico que estuvo preso dos meses y fue liberado. Las autoridades quieren invisibilizarte, quebrarte. Utilizan lo que tienen a su alcance, sobornan a otros presos a cambio de cigarros o droga para acosarte. Ah adentro no nos defiende nadie, salvo nosotros mismos. Tenemos que estar unidos, saber quines somos. Otros presos me preguntaban: Por qu hiciste eso si no ganabas dinero? De qu te sirve? No lo entienden.

R est preso por desorden pblico. Su madre siempre supo que participaba en la revuelta y lo apoya. Mi hijo me pregunta si sigue la revuelta, y yo le cuento que s. Est completamente aislado y no sabe nada de lo que est pasando, pero me dice que si afuera estn resistiendo, puede resistir l tambin.

Notas

1) A partir de la difusin de imgenes en las que los carabineros consumen cocana antes de salir a reprimir, algo que el gobierno desminti alegando que se trataba de mentholatum para contrarrestar los efectos del gas lacrimgeno que ellos mismos tiran a los manifestantes.

2) Debido a un video viral por el que se descubre que la esposa de un carabinero le es infiel con otro carabinero.

https://brecha.com.uy/


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