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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2020

Un luntico rencoroso y peligroso destroza una nacin

Eric Nepomuceno
La Jornada


El ultraderechista   Jair Bolsonaro viene de cumplir poco ms de 400 das como presidente de la nacin ms extensa, poblada y econmicamente poderosa de Amrica Latina: Brasil.

Tiempo suficiente para imponer un retroceso que alcanza a todos, absolutamente todos, los aspectos de mi pas. No hay un solo sector, ni un msero segmento que no haya sido blanco de su furia devastadora.

La educacin pblica est destrozada en todos los niveles inclusive en los que no dependen directamente del gobierno federal, el medioambiente experimenta una destruccin incomparable, el patrimonio pblico est siendo subastado a precios ridculos y en condiciones vergonzosas, la poltica externa construida a lo largo de muchas dcadas ha sufrido un vuelco sin antecedente, inclusive si se considera la dictadura militar (1964-1985) que Bolsonaro afirma que no existi.

El espacio consolidado desde hace al menos 25 aos dej de existir, abatido por muestras vergonzosas de vasallaje ilimitado frente a Washington y un dar la espalda a lo que se construy por dcadas.

Los programas sociales creados a lo largo de los pasados 30 aos, antes incluso de la llegada de Lula da Silva a la presidencia, son vaciados de manera silenciosa e implacable.

Actuando a nombre de desideologizar el gobierno, Jair Bolsonaro y compaa han impuesto una ideologa de ultraderecha radical, que abarca todos los sectores de la vida cotidiana, lo que incluye la imposicin de un neoliberalismo fundamentalista en la economa a manos de Paulo Guedes, ministro de Economa.

Una de sus frases refleja exactamente su pensamiento: si dependiera de m, yo privatizara hasta el Palacio da Alvorada, en mencin a la residencia presidencial.

A propsito, el modelo soado por Guedes, ex funcionario de Pinochet instalado por Bolsonaro en el Ministerio de Economa, es el mismo que hundi a Argentina en el pantano heredado por Alberto Fernndez y que, a la vez, llev a la explosin social que se mantiene por ms de tres meses contra el derechista Sebastin Piera, arrinconado en un Chile paralizado.

El gobierno de Bolsonaro teje auto-loas mencionando la creacin de unos 640 mil puestos de trabajo en 2019.

Se olvida de que son plazas en condiciones muy inferiores a las que tuvieron alguna vez los ms de 11 millones de brasileos que no tienen empleo, y de los otros 34 millones que lograron subempleos, trabajos precarios o temporales.

Cuando viene de cumplir el primer mes de su segundo ao como presidente, Bolsonaro da hartas y amplias muestras de que pretende concentrar fuego en uno de los blancos ms detestados por l, los derechos de los indgenas brasileos. Y el ataque, que promete ser implacable, viene siendo armado desde hace mucho.

Documentos internos de la Fundacin Nacional del Indio (Funai), que bajo Bolsonaro pas a manos de un comisario de polica, indican que descubrieron una antropologa de lnea trotskista, un marxismo ortodoxo y una amenaza comunista en las ocupaciones, por parte de pueblos originarios, de reas que ya fueron determinadas, luego de exhaustivos exmenes, por la Justicia, para ser sealadas y respetadas, pero que el gobierno desoye impune.

Es decir: mientras manda al Congreso un proyecto de ley indicando qu reas de preservacin sean dedicadas a la agricultura agrotxicos inclusive o a la pecuaria, totalmente ausentes de las culturas originarias, Bolsonaro pretende que se libere la minera, que contamina ros y arroyos con el mercurio utilizado.

Hay que reconocer, en todo caso, que el ultraderechista no hace ms que pretender legalizar todas las ilegalidades que estimula desde que deposit su humanidad en el silln presidencial.

Lo que falta constatar, o al menos calcular, es qu pas quedar luego de que Bolsonaro y compaa logren imponer su saa devastadora.

La misin bsica del ultraderechista brasileo es dar combate final a un comunismo que l detecta, amenazador, hasta en su refrigerador cada vez que desea agua fra, y qu hace con que duerma poqusimas horas cada noche, y siempre con una pistola en la mesita de luz.

Una obsesin o tara que lo lleva a ver un enemigo a ser abatido, al precio que sea, cualquiera que no coincida con sus ideas delirantes.

Qu hace con que su gobierno impida a funcionarios de la Funai, la entidad encargada de proteger a la cultura y la vida de los indgenas, que visiten reas llevando canastas bsicas.

Y que describa a los ambientalistas como esos tipos que viven en departamentos, tomando whisky y fumando cigarrillos, mientras defienden al medioambiente lejano.

De mesinico, Jair Messias no tiene nada.

Bueno, ser un mesinico destrozador.

Nunca, nunca vale reiterar, ni siquiera en tiempos nefastos de una dictadura cuya existencia l niega, mi pas ha sido tan violado y destrozado.

Nunca.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/02/09/opinion/012a1pol


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